viernes, 3 de mayo de 2013

PROSTITUTA, VENDEDORA Y SANTERA: MERCED, LA CINCUENTONA


Por Jesús Leonardo Quiroz Ruiz
México (Aunam). Son cien pesos, todo incluido. -¿El hotel está muy lejos de aquí?- No papacito, no te espantes. Está atrás del Esparta-. Se alejan, ella camina sobre la banqueta, da vuelta en calle Manzanares. Él detrás, como si la virgen la hablara.

¿Quién dijo que el amor y las caricias no se podían comprar? Pues aquí se ofertan desde 50 pesitos con baño y toda la cosa.

La madrina: una mujer de más de 50 años, cejas gruesísimas y labios rojos. Un corsé de charol le da forma a sus llantas. 20 centímetros la separan del suelo: plataformas. Una Santa muerte de plata en el pecho y un churrito de mariguana son sus mejores accesorios. No se prostituye, sólo vigila a sus chicas pues si se le va una sin dar cuota la casa pierde.

De pronto, un grito ensordecedor se multiplica, se propaga entre todos los comerciantes: “¡Pásale, pásele güerita!” Así le gritan a cualquier mujer, sea morena, blanca, rubia, apiñonada, negra…aquí todas son güeras. Los vendedores se disputan a gritos a los consumidores. A lo largo y ancho del anillo de Circunvalación se pueden ver cientos, miles de puestos ambulantes, eso sí muy bien colocados y algunos con la cerrajería soldada al mero corredor Merced.

El escenario de los mercados de la Merced no se encierra en cuatro paredes, ¡no! Es imposible limitarlo al Mercado de Sonora, Nave menor, Nave mayor, Merced Dulces, etcétera.

La Merced, es el barrio, es la colonia Merced Balbuena, Zona Centro, Centro Histórico y casi Morelos. Barrio conformado por vecindades coloniales que huelen a humedad y a adobe. Son las quesadilleras; vendedores, marchantas; prostitutas; hoteles de quinta como el Necaxa y el Navío; el viene, viene; la fayuca; los dulces tradicionales mexicanos… Todo ello y más significa al viejo barrio. Casi 56 años de existencia.


Cáele el 24 de septiembre y seguro recibirás, comida, regalos, invitaciones para bailar en la rueda y un caballito de aguardiente para hacerle honor a la Virgen de los reclusos: la de la Merced.

Aquí se encuentra de todo y cuando digo todo lo hago en el más amplio sentido de la palabra. Uno puede buscar flores artificiales, adornos de popote para los quince años en la calle, frutas de todo tipo: exóticas, de temporada y las que maduran a fuerza. Carnes importadas, agujas sinaloenses, sartenes, cuetes, disfraces, hierbas, veladoras, brujos, santeros y el amor, claro.

Es un caos caminar por cada pasillo, uno dice: “no es fin de semana ¿por qué chingao hay tanta gente?” Hazte pa´ acá que ahí viene el diablero. –“Golpe avisa culeros”- es el amable discurso que emite el cargador que trae en el diablito como 90 huacales de jitomates.

Entre tanto gritoneo, carteles mal escritos y ambiguos, uno se pregunta ¿dónde hay una silla? De pronto te das cuenta que las únicas sillas disponibles se reservan para los clientes de los famosos huaraches de siete pesos, sí de siete pesos y 30 centímetros de largo. Los vendedores son mañosos, tal pareciera que son comunicólogos pues juegan con la imagen -Pon hasta adelante las berenjenas brillosas y las marchitas atrás.

–“Me da un kilo de berenjena, por favor. ¿Las puedo escoger?”- “No Marchanta, aquí es parejo todo o si escoge le cobro más”-. La güerita da unos pasos y se percata que le dieron pura de segunda y ni para hacérselas de a tos porque estos mulas son bien ojetes. Evítate un insulto y aguántate con lo que compraste.

No todos son iguales, como en la vida, hay de todo. En la puerta ocho de la nave mayor se encuentra Doña Cuca, un sinónimo de buena onda y gentileza; famosa por sus exquisitas gorditas de suadero con quesillo, longaniza, frijoles, papa…todas ellas fritas en manteca. El atascón de lípidos, harinas y colesterol están a la orden del día, pero tú éntrale al fin y al cabo una vez al año no hace daño. Échate harta salsa, sí pica pero no hace hoyo.

Nuevamente, se escucha: “¡Pásele, pásele güerita! Aquí le amarramos al ser amado, na´mas tráigame una foto y con eso se lo chinga”. A lo lejos se ve el logo del metro -“Mamá apúrate, ya siento que huelo a cebolla, no soy tu burro de carga ¿qué tanto quieres comprar?”.



Fotoa: Archivo Aunam.




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1 comentarios:

Anónimo dijo...

A nombre del Colegio de Abogados de Ciudad Nezahualcóyotl, felicito a Jesús Leonardo Quiroz, por la crónica tan bien escrita y me refiero por el lenguaje popular y cotidiano de la Merced en la que describe en una mínima cuartilla exhaustivamente muy bien. Felicito e invito a que siga escribiendo otros temas tan descriptivos como hace referencia. Y sobre todo gracias a Nuestra Máxima Casa de Estudios. Atentamente Licenciado Jaime Alonso Cruz, secretario de relaciones Académicas del órgano colegiado señalado.