viernes, 22 de junio de 2018

LA VIDA DESPUÉS DEL SISMO... Y LA LUCHA AÚN SIGUE

Por Jehieli Blanco y Carolina Lucio
Ciudad de México (Aunam). 19 de septiembre de 2017, los noticieros en la televisión transmitían desde las 7:19 horas la ceremonia de conmemoración a 32 años del sismo de 8.1 grados en escala de Richter que azotó la capital del país:

“Damas y caballeros se encuentra con nosotros el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, el licenciado Enrique Peña Nieto acompañado por el secretario de Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos; de Marina, Vidal Francisco Soberón Sáenz y de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Se dirigen al pie del asta monumental en la Plaza de la Constitución para levantar nuestra bandera nacional a media asta en memoria de las personas que perdieron la vida en el sismo de 1985. [...] Hoy, México rinde homenaje a las víctimas y recuerda el heroísmo de mujeres y hombres que, ayer como hoy, se trazaron un solo objetivo: volver a poner a México de pie y en marcha”.


Otros canales televisivos compartían desde Tlatelolco, la Cruz Roja y la Plaza de la Solidaridad (lugar donde se encontraba el Hotel Regis), los momentos de silencio y las misas en memoria de las víctimas del 85. Entre tanto, los programas de entretenimiento recapitulaban las situaciones más conmovedoras de aquella tragedia:

“Hace 32 años, un terrible sismo de 8.1 grados Richter nos cambió la forma de ver la vida [...] se escuchaba los gritos de las personas atrapadas entre las ruinas y, conforme pasaban los días, el olor a putrefacción se percibió en el aire. Las cifras hablan por sí mismas, cerca de 30 mil estructuras presentaron daños totales y 60 mil parciales. Las colonias más afectadas fueron Tlatelolco, Centro, Roma y Obrera. A la fecha se desconoce el número total de víctimas, pero hay estimaciones que van desde las tres mil personas desaparecidas, muertas o enterradas; hasta los 40 mil muertos.

El terremoto del 85 ha sido la experiencia más horrible que les ha tocado vivir a los habitantes de la Ciudad de México, la población civil salió en ayuda de los más afectados, removiendo escombros, brindando refugio, donando agua, ropa, comida, cobijas. Nunca jamás se había visto un movimiento civil de tal magnitud. Al día de hoy surgen dos interrogantes: ¿Realmente estamos preparados para un terremoto? A pesar de tanta experiencia en sismos ¿conocemos y dominamos los protocolos?”.

La realidad sería que, ni siquiera el macrosimulacro realizado ese mismo día a las 11:00 horas con el supuesto de un movimiento telúrico de ocho grados, prepararía a la población mexicana para recibir dos horas más tarde, un sismo de magnitud 7.1 grados Richter en el que no sonaría la alerta hasta después de once segundos iniciado el sismo, impidiendo las evacuaciones correspondientes.

El saldo final que el terremoto dejó, según datos de la Secretaría de Gobernación, fue de al menos 369 muertos, miles se quedaron sin agua ni electricidad, cuantiosos daños materiales, miles de heridos y más de tres mil edificios en la Ciudad de México quedaron severamente dañados al borde del colapso. En este sentido, la Secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), señaló que más de 250 mil mexicanos se quedaron sin su vivienda.

Desde los primeros instantes del acontecimiento, tal como hace 32 años, la ayuda que se hizo presente con prontitud fue por parte de la población civil, pues en las calles se podían contemplar enormes cadenas humanas sacando escombros, organizándose en brigadas de acopio, recepción de medicamentos, comida y herramienta para los rescatistas, además de especialistas que brindaban servicio médico y psicológico.

Una vez que el gobierno dimensionó el tamaño del desastre, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) activó el Plan DNIII-E en las áreas dañadas de la Ciudad de México, donde se desplegaron alrededor de tres mil militares, mujeres y hombres, así como 15 binomios caninos para colaborar junto con autoridades de Protección Civil, en la búsqueda y rescate de personas atrapadas entre los escombros.

Sin embargo, en muchas zonas el auxilio de las autoridades no llegó con prontitud pues, según testimonios de quienes participaron como brigadistas, la ayuda se concentró en puntos específicos y de atención mediática, lo que provocó el retraso de herramientas y maquinaria en otros lugares además de impedir el paso a la sociedad civil para la remoción de escombros. La justificación que ofrecían las autoridades era “apegarse a los protocolos correspondientes, y esperar instrucciones”.

El panorama que dejó el sismo fue sin duda devastador no sólo para miles de familias que perdieron a sus seres queridos, sino también para aquellos que perdieron su patrimonio. La pesadilla para los damnificados apenas iniciaría al tener que luchar en un lento y complicado proceso para recuperar sus pertenencias, reconstruir sus viviendas y superar los daños psicológicos ocasionados por el terremoto.

Mi vida después del sismo...

Guadalupe del Sagrario Fernández

Esperanza Trujillo Uribe, ama de casa residente en Nezahualcóyotl, Estado de México, a pesar de no haber resultado afectada en cuanto a su inmueble, más que “simples grietas”, si tuvo que enfrentarse a otros problemas como la falta del agua en su colonia Campestre Guadalupana.

“El agua faltó mucho a raíz del sismo, afectó mi economía, pues debía comprar una pipa cada semana. Aunque hablamos con las autoridades correspondientes, no nos solucionaron nada”, comentó la afectada refiriéndose al Organismo de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Neza (ODAPAS).

Trujillo Uribe mencionó que, si bien la falta de agua le perjudicó a ella, el problema se visibilizó más en sus vecinos, pues el presupuesto económico no les alcanzó para pagar una pipa de agua, por lo que tenían que acarrearla desde la toma principal. Tuvieron que pasar más de seis meses después del sismo, para que las autoridades restablecieran el servicio de agua en la delegación Nezahualcóyotl.

La señora no solo experimentó la falta de un servicio básico, también recuerda la ansiedad e insomnio que sufrió en los días posteriores, pues tenía que dormir con una botella de agua cercana a su cama para percibir cualquier movimiento telúrico ya que su colonia ni siquiera contaba con alertas sísmicas. “Tenía tanto miedo que no podía ni conciliar el sueño, la falta de alarma me preocupaba mucho hasta que por fin las vinieron a instalar”.

Es por esto que el sismo del pasado 19 de septiembre no sólo derivó en considerables costos humanos y económicos, sino también en daños emocionales, entre los más recurrentes: estrés, depresión, angustia y temor, que según especialistas entrevistadas de la Facultad de Psicología de la UNAM, se originaron por la magnitud del sismo, pero también por la poca información y cultura que se tiene al tratar la prevención de desastres, pues los simulacros no se desarrollan para prevenir o saber controlar las emociones en los distintos sectores de la población.

Las repercusiones y secuelas que los desastres naturales pueden llegar a generar en las victimas tienen duración de meses o inclusive años si no se da la atención médica adecuada, así lo confirmó el psicólogo clínico del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la UNAM, Francisco Valencia Ríos.

Otro de los casos en esta situación es de la señora Guadalupe del Sagrario Fernández, quien luego de experimentar el “más terrible sismo” en el sexto piso de su trabajo, menciona que al llegar a su departamento en Hacienda de las Escaleras número 72, Delegación Tlalpan el cual quedó inhabitable, el mundo se derrumbó para ella.

Con lágrimas en los ojos relata: “Era un desastre horrible. Vidrios rotos, bardas tiradas, mis pertenencias estaban en la calle... para mí fue muy impresionante, si no hubiera estado con mis amigas, me hubiera puesto a gritar y llorar. No era cuestiones materiales, es el patrimonio que construí en muchos años. Después de recordar ese día, constantemente vivo con temor y preocupación. No puedo estar en lugares cerrados, con mucha gente o que estén muy altos porque me da mucha angustia”.

Esta misma escena pero con sus distintas variantes, lo experimentaron miles de familias mexicanas quienes en entrevista coincidían: No importaba tanto las cosas materiales como el valor sentimental que tenían. No importaba cuánto dinero costaban sus pertenencias, sino el esfuerzo con el que lo habían conseguido.

Tras el sismo, las víctimas quedaron sin un lugar al cual regresar después de un día cansado, en donde comer, dormir o realizar sus necesidades básicas. Ahora han tenido que vivir en diferentes sitios, albergues, casas hechas de material reciclado, de campaña o de lonas. Tal es el caso del Multifamiliar Tlalpan, una de las “zonas cero” más devastadas en la Ciudad de México en la que perdieron la vida cinco adultos y cuatro menores de edad por el colapso del edificio 1C.

Dentro del lugar, se percibe un ambiente de luto, pero también de solidaridad. Pues mientras unos barren la calle del estacionamiento donde instalaron una carpa, otros se encargan de colocar los guisados en las mesas, acomodar las sillas y repartir los platos desechables para la hora del desayuno. Cientos de personas se han instalado en el parque de juegos infantiles de aquellas unidades habitacionales, algunos con mejores “techos” pero todos carentes de un espacio privado.

Petra Puebla, de 64 años, es una de las afectadas del edificio 1C que desde el sismo vive en una pequeña casa de madera construida al lado de la carpa principal, en la cual los damnificados de este multifamiliar se reúnen diariamente para compartir los alimentos que “Doña Pierre”, como es conocida en la comunidad, junto con otras mujeres se encargan de preparar y distribuir de acuerdo a los víveres y donaciones de comida que les brinda los civiles o las autoridades.

La señora Pierre reflexiona que, a pesar de haber perdido su departamento, da gracias de permanecer con vida pues desde muy temprano había salido de casa, por lo que no tuvo que enfrentar la situación de quedar atrapada debajo de los escombros, aunque menciona, hay jóvenes y una madre en el campamento que prefieren haber muerto junto con sus familiares, a pasar una vida en soledad.

Sin duda los meses en este campamento no han sido fáciles, sin embargo, los propios miembros y organizaciones exteriores han buscado mantener ocupados o entretenidos en alguna actividad a quienes han perdido su patrimonio o familiares en el sismo. Francia Gutiérrez, una de las voceras del Multifamiliar narra que, desde aquel septiembre, han asistido varios grupos de artes y recreación que buscan apoyarlos emocionalmente y de alguna forma, hacerles olvidar por un momento la difícil situación en la que se encuentran.


Menciona que el tema de la cultura y el entretenimiento no ha sido una agenda que impulsaran desde el principio, fue a partir de la ofrenda del Día de Muertos, cuando comenzaron con las festividades y eventos culturales en el campamento “¡y que tema tan más relevante! Fue muy simbólico ponerles la ofrenda a los muertos del edificio colapsado”, comentó Francia.

La vida en este campamento tiene ya una agenda establecida: las reuniones de comisiones son los martes; reunión con autoridades, los jueves; asamblea de vecinos, los viernes; juntas por edificio, el fin de semana. Y sin embargo, buscan hacerse espacios para la cultura porque consideran, ayudan a ponerle otra cara al proceso, pues a través de la creatividad pueden venir otras formas de lucha.

Los Damnificados están Unidos

Los meses pasan y, ante la falta de resoluciones, la desconfianza ciudadana va en aumento, relegando cada vez más al gobierno y los partidos políticos. La sociedad civil está lastimada y busca organizarse para prontas soluciones. Así lo hicieron cientos de damnificados que decidieron no quedarse de brazos cruzados, sino actuar para exigir la ayuda de las autoridades, así se creó Damnificados Unidos, un colectivo que comenzó primeramente por levantar su propio censo de daños pues los datos que proporcionaban las plataformas gubernamentales, no hacían visible las afectaciones del desastre.

Desde septiembre y en reiteradas ocasiones, este colectivo de vecinos de distintas zonas como Hipódromo-Condesa, Roma, Insurgentes Sur, Tláhuac y Tlalpan, buscaron establecer contacto con la Asamblea Legislativa del Distrito Federal; sin embargo, solo han obtenido despensas, cheques y vales del gobierno que prácticamente no les sirve para nada.

Este colectivo aseguró que están en contra de La Ley de Reconstrucción, pues para quienes terminaron de pagar por sus viviendas, significaría volver a endeudarse con los créditos hipotecarios que ofrece el gobierno. Héctor de la Cueva, uno de los voceros de Damnificados Unidos, menciona que no cederán ante los créditos, ni tampoco hacia la posibilidad de redensificación, al ser este un proceso en el que las ganancias serán para aquellas empresas constructoras que contribuyeron al mismo desastre.

Por su parte, Luz Olivia, doctora y afectada, declaró que los créditos buscan aprisionar a los damnificados, siendo una total injusticia para quienes no cuentan con la posibilidad de pagar como es el caso de los adultos mayores, que representan a más de la mitad de los damnificados del sismo: “Algunos de ellos no tienen más ingresos que una limitada pensión”.

A pesar de que el ex jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, presentó un informe en el que señaló que para el Ejercicio Fiscal 2018, el presupuesto para reconstrucción estaría conformado por 5 mil millones de pesos del Presupuesto de Egresos de la Ciudad de México, 2 mil 754 millones de pesos provenientes de las secretarías de Desarrollo Social (SEDESO) y de Educación (SEDU), así como 1,018 millones de pesos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS); la señora Sagrario Fernández, del edificio en Hacienda de las Escaleras n. 72, opina que hasta el día de hoy, el gobierno no ha canalizado correctamente los apoyos brindados pues los vales o cheques, han ido a parar a manos de personas que no lo necesitan.

Afirma esto debido a que, según el dictamen de su departamento, los daños estructurales fueron los más graves del edifico, lo que propició que muchos de sus vecinos, quienes no fueron materialmente afectados, cobraran también los vales de apoyo brindados por la delegación además de cheques y abonos que ofrecían otras organizaciones en la delegación Tlalpan.

“Es triste ver cómo la gente busca generar ganancias con la desgracia de otras personas. Se les dio 130 mil pesos a quienes no lo necesitaban, mientras cientos de damnificados en otros estados no tenían ni un espacio digno donde dormir”.

Han pasado ocho meses...


Tras ocho meses del sismo del 19 de septiembre, todavía hay personas que viven en tiendas de campaña, varios edificios en pausa para la reestructuración o para una solución a los edificios destruidos, ¿y la autoridad...? Con la intención de construir un memorial.

Mientras tanto en las calles de la Ciudad de México, decenas de damnificados gritan al unísono: “¡Damnificados unidos, serán reconstruidos!, ¡Y la gente se pregunta, y esos ¿quiénes son? ¡Somos damnificados exigiendo solución para la reconstrucción!, ¡Y ¿donde está el dinero que el mundo nos donó? ¡Con eso nos alcanza para la reconstrucción!”.

La manifestación se daría después del octavo encuentro de Damnificados Unidos de la Ciudad de México, donde se dialogaron los avances y obstáculos que han tenido los afectados con las autoridades de la CDMX.

Al fondo del recinto, el señor Manuel de 63 años, residente de la Colonia del Mar, Tláhuac, comentaba: “El gobierno nos endeuda con créditos que no podremos pagar y luego nos dan material de construcción, pero yo pa’que los quiero si no sé cómo construir una casa. Es la primera vez que venimos acá con los Damnificados Unidos a que nos guíen en los procesos que tenemos que hacer para que nos reparen los daños en nuestra colonia”.

La sesión se dividió en dos grupos que permitió una pronta resolución de dudas, aunque el proceso de recepción de documentos y la falta de un dictamen estructural de algunos damnificados, alargó más de lo planeado la reunión, por lo que se decidió tomar un receso y unirse a las marchas que se estarían efectuando a lo largo del día por distintos grupos de damnificados.

“Compañeros damnificados e invitados: ¡Acompáñenos a las calles! ¡Levantemos nuestras voces con cientos de damnificados que también lo están haciendo a ocho meses de espera!” vociferó Francia Gutiérrez Hermosillo del Multifamiliar Tlalpan, mientras en el público se repartían cartulinas con leyendas como: “Por una reconstrucción sin exclusión” “Seguimos esperando”, “Recursos también para la Colonia del Mar”.

Pese a la fuerte temperatura que se registraba para la 1:00 pm, alrededor de cien personas entre hombres y mujeres, algunos con bastón o rodilleras, tomaron las calles de la colonia Hipódromo Condesa, impidiendo la circulación vial con una enorme pancarta que mostraba el dibujo de un hombre parecido al ex jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera quien, con una sonrisa en el rostro, mostraba bolsas llenas de dinero acompañado de la leyenda: “Miles de damnificados seguimos en las calles. La emergencia no ha terminado y el Estado no ha cumplido”.

Los automovilistas detenidos en la calle de Nuevo León, gritaban y reclamaban desde sus automóviles. Mientras uno de los damnificados vociferaba sin ningún altavoz: “Hoy a ocho meses venimos a expresar nuestro dolor, nuestra rabia y nuestra exigencia por que no pase un día más en que tengamos que vivir en las calles o tengamos que bloquearlas”.

“¡Solución, solución, exigimos solución!” entonaban al unísono los damnificados para disipar las bocinas de los conductores que retumbaban en toda la calle. A pesar de los insultos, uno de los damnificados se dirigía con respeto: “Les pedimos una disculpa y su comprensión; su espera de unos minutos en el tránsito no es nada comparado con las semanas que llevamos tratando de obtener soluciones para la reconstrucción de nuestras viviendas”.

Con puño en alto, los cientos de manifestantes tomaron un minuto de silencio por aquellos que perdieron la vida en el trágico suceso del 19 de septiembre, pero también por aquellos que siguen esperando un proceso digno de reconstrucción. Ante tal acto, las bocinas de los automóviles siguieron resonando hasta cierto momento cuando parecieron unirse al silencio de los manifestantes.

La mudez permaneció hasta que alguien gritó: “¡Damnificados Unidos, será reconstruido!”, uniendo al resto de los manifestantes quienes, hasta el día de hoy, no pierden la esperanza de vivir nuevamente en una casa propia, dejar de bloquear avenidas y tratar de superar aquel fatídico día en el que lo perdieron todo, menos la perseverancia y la fuerza.

“Sismo detectado, intensidad moderada” avisa por la mañana del 16 de mayo de 2018 la aplicación SkyAlert, que después de unos segundos, la alerta sísmica resonaría en toda la ciudad, regresando a la memoria de los capitalinos, el temor de aquel 19 de septiembre.

Entre las calles y avenidas de la ciudad se aprecian a cientos de personas que han decido interrumpir sus actividades para resguardarse. Todos esperan algún movimiento telúrico con gran temor. La expectación ante lo que pudiera llegar a pasar se ve reflejado en los rostros de las personas que inmediatamente sacan sus celulares para leer la actualización del Sismológico Nacional en Twitter, el preliminar es de 5.2 grados en la escala de Richter.

Entre los comentarios de oficinistas en la avenida Churubusco, uno destaca de la multitud: “No ha pasado nada, igual y al rato nos tiembla, pero mientras hay que seguirle a la vida...”.






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DE CHARLA Y CANCIÓN CON FERNANDO DELGADILLO: SESIONES ACÚSTICAS

Por Ixtlixochitl López
México (Aunam). La lluvia afuera del Teatro de la Ciudad hace que la gente apresure el paso hacia el recinto, cuyo vestíbulo está lleno, algunos se cercioran de estar lo suficientemente secos para entrar, otros se quedan a bobear el material discográfico y los souvenirs de la entrada, mientras los más despistados siguen buscando el boleto de entrada en sus bolsillos.


Las butacas del recinto se van llenando de historias variadas. El andar nervioso de una joven custodiada por el conquistador. La sonrisa sólida que mira la certeza del amor echa carne. Dedos entrelazados que cumplen la promesa cumplida. La sesión acústica no tiene límite de edad.

Para dar inicio a la velada sale al escenario Luis Antonio González, quién con sus rolas ociosas, anécdotas freaks, de navidad y mujeres, pone un toque de humor a la solemnidad del encuentro y rompe con el estigma de la bohemia y la trova. Tras dejar bien ejercitados los músculos faciales del respetable, y algunos bien intencionados dolores de panza, el cantautor sale para dar pasó a Fernando Delgadillo y sus compinches.

Mientras afinan los instrumentos, bromean sobre cómo llegaron a estar todos juntos en un escenario “antes trabajábamos en una tienda departamental, pero un día nos corrieron y dijimos: ¿Qué tal si hacemos una banda así, novedosa?” La gente vuelve a reír y la distancia entre el público y la banda se desvanece hasta convertirse en camaradería.

El rasgueo de la guitarra revela las notas de la primera canción, gritos y aplausos dominan la sala. Los ojos de quienes miran tratan de tragar toda la luz que hay sobre la tarima y la voz prefiere mantenerse en silencio para que los oídos puedan capturar todo el sonido de los instrumentos.


Al compás de momentos felices suena la guitarra, se le une la batería y el pandero. La ilusión del recorrido a través de un campo de flores se desvanece, pero queda la complicidad de los músicos que van pintando con efectos sonoros cada una de las narraciones de Fernando.

Las peticiones llueven en el supuesto silencio entre canciones, pero el repertorio es tan amplio que rara vez coinciden y más bien se atropellan. El hombre de la guitarra principal va cambiando las hojas sobre el atril, de pronto escucha una solicitud que le complace y ubica la letra de inmediato. El respetable se rinde ante el gesto.

Los Prodigiosos Canchanchanes Místicos abandonan el templete por un momento para dar paso a la voz y la guitarra en solitario. Clásicos y nuevos temas se intercalan para ir despachando las demandas. Las miradas se hacen cómplices y los dedos de las manos se entrelazan, el momento para el romance llego, pues las canciones que van al mero corazón suenan bajo una luz blanca que dibuja líneas paralelas en el aire.

Pero también hay desamor. Los menos afortunados en el asunto corean las letras que van ayudando a decantar el dolor y el recuerdo de los que amaron. “Decía un rockero argentino llamado Luis Alberto Spinetta que si uno no estaba enamorado, como que nada tenía sentido y agregaba que lo único malo de andarse enamorando era tener que desenamorarse.” En un tributo al cantautor Fernando Delgadillo suelta “Tu hombro derecho” y “Amor de voceador”. Miradas resignadas o muecas de desconsuelo se asoman desde la oscuridad, pero se quedan atrás con el aplauso y la consigna de disfrutar la noche que ya casi llega a su fin.

Alguien entra al escenario y susurra al oído de Fernando “Tenemos que entregar el teatro a buena hora, muchachos” dice y, ante la desilusión de la gente, recibe de vuelta a Daniel Delgadillo (coros y pandero), Yuri Nilo (coro, cello y guitarra), Manolo Rodríguez (batería) y Giovanni Buzzurro (bajo y guitarra) quienes con “Tu prisa”, “Momentos pendientes” y “Llueve” dan fin a las sesiones acústicas de más de dos horas que se ha ido entre la charla y la canción.




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lunes, 18 de junio de 2018

BAILAR POR Y PARA MÉXICO DESDE EL BALLET FOLKLÓRICO DE AMALIA HERNÁNDEZ

Por Marco Tonatiuh Villanueva González
Ciudad de México (Aunam). En el corazón de la Ciudad de México se encuentra la mayor casa de expresión de la cultura y las artes, el majestuoso Palacio de las Bellas Artes. En la sala principal frente al público hay un enorme telón; en él, dibujado los majestuosos volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Las ocho en punto de la noche el telón se abre. Suena la música y en escena se encuentra Edson Jaír González Gonzaga, bailarín del ballet Folklórico de México de Amalia Hernández.


Durante un recorrido por la cultura mexicana, en poco más de una hora; con vestuarios típicos de diferentes regiones del país; alusiones al mundo prehispánico, y a la mezcla de culturas el bailarín acepta que “somos un país de muchos contrastes de mezclas y de ritmos es por esto que cuando bailamos las personas de México y otros países se identifican”.

Durante la función, es difícil hablar con él, puesto que en la sala principal del Palacio de Bellas Artes y tras bastidor se respira un ambiente de nerviosismo. Los bailarines corren de un lugar a otro y esperan su turno para salir a escena. Se encuentra la utilería que necesitarán para cada pieza musical. Es evidente que no se puede hablar muy alto pues cualquier ruido extraño podría desconcertar a los bailarines.

Es hasta el término de la función que Jair González puede contestar a las preguntas que se le plantean.

Inicio en la Danza

El bailarín de aproximadamente 1.76 de altura, cuerpo delgado y atlético y al que un par de gotas de sudor le escurren sobre sus mejillas se encuentra agotado. Es el reflejo del cansancio, después de bailar una de las piezas más complicadas no solo para una persona que practica el arte de bailar folklor, si no para un bailarín completo: la danza del venado.

Edson Jair González Gonzaga nació el 1 de Abril de 1986 en la Ciudad de México. Recuerda con una sonrisa la época en la que empezó a bailar y descubrió que era lo que quería hacer. Fue durante su adolescencia, cuando participaba en fiestas de quince años, que el maestro coreógrafo lo invitó a formar parte de su compañía.

“Fue así como empezó a llamar mi atención la danza. Esto fue lo que disparó la chispa y entonces me di cuenta qué quería estudiar”, mientras pronuncia estas palabras, suspira. Seca con un pañuelo pequeño aquellas gotas de sudor que sus rojas mejillas sostienen como símbolo del cansancio físico y mental que un bailarín tiene después de ejecutar perfectamente cada movimiento sobre el escenario.

Estudiar danza no es una cosa fácil y Gonzaga reconoce que de no ser por el apoyo de su madre no hubiera podido lograr este sueño: “tengo la fortuna de tener a una madre que ha estado al frente apoyándome en cada paso: desde que mostré que quería estar cerca de la danza, ella ha sido mi sustento para lograrlo”. Se nota que le causa un poco de nostalgia hablar sobre su madre, lo observaría cualquier persona porque sus ojos se han tornado un poco cristalinos.

Su formación académica la realizó en la Escuela Nacional de Danza Folklórica del Instituto Nacional de Bellas Artes.

El tiempo otorgado dentro del salón principal se terminó; los bailarines se cambiarán y arreglarán todo para dejarlo ordenado.

Ser bailarín en México

Ha pasado alrededor de una semana después del primer encuentro. Jair se encuentra sentado en una mecedora color café obscuro con un par de cojines verde claro. Viste unos jeans azul, con una playera color marrón y tenis deportivos blancos.

De manera amable me recibe y las preguntas comienzan: ¿Es difícil ser bailarín en México? “Sí, falta mucho apoyo para los bailarines sobre todo para que no sea tan complicado llegar a obtener un lugar en las grandes compañías y en las mejores escuelas”, calla un par de segundos, piensa su respuesta, después agrega: “No hay una institución que garantice que por ser bailarín tendrás todos los derechos sociales” pero esto no lo desanima a pesar de saber que la remuneración de su trabajo depende de los espectáculos que tenga y que a veces no hay tantas funciones como le gustaría.

Reconoce también que en México, dentro del mundo laboral de la danza, dedicarse al ballet folklórico es de lo mejor.

Se encuentra un poco nervioso… está sentado y mueve de manera constante sus piernas. O es quizás el cúmulo de energía que tiene, pues hace días que no ha podido ensayar ni estar en función por el accidente que sufrió cuando regresaba de practicar en Chapultepec.

González menciona: “Soy becario de Fundación Amalia Hernández, no tengo registro bancario es por eso que es complicado tener seguro social”. El bailarín sufrió hace pocos días una lesión que por el momento lo tiene imposibilitado y por esto agrega: “Sí, tengo un seguro de gastos médicos por el ballet pero es complicado pues primero debo hacer el gasto y después se me reembolsa y si no puedo dar función pues no hay mucho flujo económico”.

Sus brazos tienen heridas que dejó el accidente. Jair viajaba en bicicleta y se atoró con un cable que se encontraba tirado en el suelo, éste le provocó perder el equilibro, caer de la bicicleta y tener un esguince de segundo grado en el pie izquierdo.

Llegada a la compañía

Para formar parte de la compañía es importante el talento y cumplir con el perfil que se requiere, Jair agrega que “miden realmente tu talento, es un proceso algo largo pero al final tiene su recompensa”. Llegar al ballet de Amalia Hernández significó un gran logro, pues después de terminar de estudiar danza acudió al proceso de selección. “Al principio bailas con el grupo experimental”, recuerda que debió aprenderse todo el repertorio de las puestas que presentaban.

Fue así que se aprendió todas las coreografías. “Un maestro que ahora es el coordinador artístico llegó y me dijo ‘tienes que bajar tres kilos; tu zapateado está bien; tu estatura está un poco baja pero está bien’, me remarcó que tenía que bajar los tres kilos para la siguiente semana”. Reconoce que al principio le parecía un poco exagerado pero en el siguiente filtro tuvo que hacer más esfuerzos, pues la disciplina y exigencia eran el doble.

Durante un ensayo, la directora le dijo, “tú estás muy bien, te quiero para la residente“. Fue así como Jaír González entró al ballet folklórico de México de Amalia Hernández y tiene ahora diez años bailando. Tras una gran carcajada recuerda que todo pasó muy rápido “Tenía que quitarme todos mis miedos; ya me encontraba con bailarines de gran experiencia y la escuela me ayudó pues me dió todo el conocimiento escénico”.

“El ambiente es muy competitivo pues llegar al ballet de México de Amalia Hernández, presentarte todo el año en Bellas Artes no es algo fácil, se necesita técnica de ballet, de contemporáneo, de zapateado, estar a la altura de las exigencias, que tengas un rango de peso específico, que mantengas una musculatura adecuada, tener condición física”.

Mantenerse constante es necesario y dar más lo es también, muchos de los bailarines que se encuentran dentro de la compañía toman clases aparte de los ensayos y tienen un entrenamiento dedicado a la disciplina de la Danza.

Baila para el Mundo


“Pertenecer a la Compañía de Danza folklórica es encontrarte en una talla Internacional de artistas”.

¿Cuándo bailas sientes que estás representando a México?

“Claro, es la primera compañía de danza que representa a México, es mostrar el orgullo de nuestras tradiciones”.

Bailar por y para México es lo que mantiene a Jaír González Gonzaga en constante trabajo para mejorar, es la tenacidad y pasión por la danza lo que lo ha llevado a bailar en los mejores teatros y ciudades del mundo.

Se ha presentado en Latinoamérica en países como Nicaragua, Argentina, Colombia, Perú entre otras, también en Estados Unidos en lugares como Houston Texas, Los Ángeles California, Nueva York y Europa.

Bailar en el extranjero es también la oportunidad de que los demás países vean lo que se está haciendo en México, pues “El ballet folklórico en el extranjero es muy aplaudido les gusta, tiene una gran aceptación, además en el extranjero hay mucha gente mexicana que está trabajando“.

Para Jair González es importante “quitar el estigma que se tiene de que los mexicanos son violadores y rateros” y qué mejor que la Danza para colaborar a quitar prejuicios, pues existe mucha gente talentosa no sólo en el arte sino también en muchas otras disciplinas.

Con voz fuerte menciona: “Es la danza donde también enseñamos que sabemos hacer las cosas bien y que existe gente muy capaz”.

En México ha realizado funciones para figuras importantes, con una sonrisa recuerda: “Baile la Bamba para el ex presidente Felipe Calderón en el Castillo de Chapultepec; también para el presidente Enrique Peña Nieto baile frente a él como solista de la danza de la pluma; con Elisa Carrillo primera bailarina del Staatsballett Berlín, participé en la gala con Elisa y amigos, donde baile la danza del venado”.

En el Festival Internacional Cervantino ha participado varias ocasiones, también bailando en el Auditorio Nacional como solista de La vida es un juego y en festivales en Veracruz, Puebla y otros estados de la República Mexicana.

Con una alegría que se refleja en sus ojos, pues al sonreír se vuelven una pequeña línea, recuerda: “Fue una función un 15 de septiembre en Estados Unidos donde había más de seis mil personas y yo bailando la danza del venado, fue inexplicable… además, había muchos mexicanos”.

El espíritu de un Bailarín


Jaír González muestra un cajón de tamaño grande de color azul. En él guarda fotografías, programas de mano, boletos y todo aquello que le recuerde cada país, ciudad, teatro o escenario en el cual ha estado bailando.

Observo mientras comienza a sacar todos aquellos documentos que atesoran una década dedicada al arte de bailar, de hacer vibrar los corazones de México y el mundo.

Aceptar que el tiempo es algo que no puedes detener, y en la vida de un bailarín es complicado. “Como bailarín estás acostumbrado al movimiento, bailas, trabajas con tu cuerpo; pero no es lo única forma en la que bailas, también está la docencia y muchas otras cosas que puede hacer por la danza”.

Reconoce que en algún momento debe dejar de bailar; pero sabe que aún no es el tiempo, que le faltan quizá otros diez años más. “Me retiraré cuando mi cuerpo ya no me permita bailar más”, para Jair, el arte, y en especial la danza, es algo que nos humaniza, nos conecta como seres humanos y como sociedad.

Para Edson Jair González Gonzaga bailar es su mayor pasión y es este amor lo que lo mantiene de pie en un ambiente complicado, gozar del ballet, emocionarse, sentir nervios y disfrutar de la energía antes y después de cada función es lo que lo hace bailar. “Me gusta hacer mi trabajo y es lo que me ha llevado a ser uno de los primeros bailarines”.

Cuando sea el tiempo de cerrar el ciclo como bailarín a Jair González le gustaría dar clases, y también estudiar otra carrera que complemente su formación artística, “nosotros estamos comprometidos con algo mucho más grande e inexplicable”.

Muchas veces los bailarines están condenados al olvido; pero para Jair González lo que lo mantiene de pie son “las mejores funciones donde bailas para la gente al aire libre, aquellas en las que la gente no pagó un boleto para verte y agradecen la función y te llenan de energía, pues en la actualidad, no es fácil pagar un boleto en Bellas Artes“.


Fotos: Facebook de Jair González







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