viernes, 1 de abril de 2011

INAUGURAN PASIONES, EN TEATRO UNAM


Por Pablo Saldaña Amador
México (Aunam). La vida como un reallity show, como una lucha constante por salir de lo común y “ser alguien”, mediante el abandono de ideales y la supremacía del individualismo; eso es lo de hoy y por ello es necesario abordarlo y comunicarlo con energía, de todas las formas posibles, para seducir a los “fracasados” que se empeñan en pensar y luchar por el bien común.

A través de la inauguración de su nuevo departamento, una pareja tratará de persuadir a su mejor amigo de que vive en el error de ser escritor y profesor de una primaria pública, y tratará de conducirlo al mundo consumista y triunfador. Para lograrlo, utilizarán todas las artimañas y argumentos a su favor: sexo, comida, arte, familia…



De esto habla La Inauguración, obra escrita por el ex presidente checo Václav Havel y que si bien en 2011 pareciera ser una ácida crítica al capitalismo globalizado en realidad fue escrita en 1975 contra el régimen soviético. Los extremos se parecen y se juntan.

El elenco, Hernán Mendoza, Nailea Norvind y Sergio Ramos, desborda energía, pasión y fortaleza en el escenario, para metaforizar la lucha de contrarios y el choque ideológico que tiene lugar. Si bien en ocasiones pareciera que el espectador está ante una caricatura de la realidad, en verdad yace frente a un espejo, donde en ocasiones se verá reflejado en uno u otro de los tres personajes.

También variará su comprensión e interpretación de las acciones, dependiendo de los tópicos abordados. La lucha no sólo ocurre en el escenario, sino en el interior de todos los presentes. La idea de esta puesta en escena no es mostrar, sino que el público se pregunte y reflexione. Y los actores lo tienen claro y su labor es, por decir lo menos, exacto.

Para el director, David Psalmon, la fuerza de la obra se encuentra en su universalidad y atemporalidad, pues en la realidad checa o la mexicana, capitalista o socialista, de los setenta del siglo pasado o en pleno siglo XXI, la obra describe con perfección al ser humano envuelto en un mundo al que no pertenece, a un mundo sin contexto ni sociedad.

El trabajo de dirección y adaptación de la obra, que pasó de habituarse en un departamento de anticuarios coleccionistas a un set televisivo sin perder su esencia, no permite resquicios. Los asistentes no tendrán tregua en la lucha de la pareja protagonista contra los ideales y el espíritu “retrógrada” de su amigo invitado.

Por si fuera poco, la ambientación, escenografía, luz, sonido… todo enmarca la propuesta de forma circular: el arte contemporáneo colgado del techo, el confesionario que pasa a ser una cabina para baile erótico, una torre de televisiones en la cual se complementa –durante los comerciales- la dominación ideológica, la silla eléctrica, que al final será decisiva en el proceso de tortura, sin olvidar la rueda de neón.

Al final, el rompimiento de las posturas presentadas se dará en el espectador, quien decidirá su propio destino al salir del Foro Sor Juana Inés de la Cruz, del Centro Cultural Universitario, y si será el mismo que ocurre en la obra o no, sólo dependerá de cada uno de los que vayan a verla.

Para que cada quien saque sus propias conclusiones y juzgue a los personajes a su entender, La Inauguración, puesta en escena con un toque de viedo-arte, se repetirá de jueves a domingo hasta el tres de julio. Feliz y grato inicio de temporada en Teatro UNAM.



Fotos: José Jorge Carreón
Cortesía Teatro UNAM

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BUSCA XAVIER ESQUEDA FORMAS PLÁSTICAS EN LA MÚSICA


  • Muestra en el Chopo incluye desde dibujos hasta instrumentos de diversas regiones del mundo
Por Angélica Jackeline Ferrer Campos
México (Aunam). El Museo Universitario del Chopo expone hasta el 1 de junio Los Colores de la Música, muestra del artista plástico Xavier Esqueda.

El recorrido por esta exhibición comienza con música de todo el mundo y de diversos géneros; algunas de las melodías que se pueden escuchar reúnen a músicos tan dispares como Los Panchos, Cri- Cri, Bach, Ravel y Debussy.


Posteriormente, se comparten con el público partituras con notas musicales elaboradas con diferentes colores que rompen con el esquema tradicional del pentagrama; además, instrumentos musicales retitulados por el autor como Samrat Yantra (Cítara), Homenaje a Joni Mitchell (Guitarra), Pluviófono (Palo de Lluvia), Xilophones africanos con resonadores veracruzanos (Xilófono con guajes), Viéle pour enchantement (Viola), por destacar algunos.

También se observan pinturas e imágenes que el artista mexicano decidió incluir porque “retribuye el goce que los músicos le han prodigado, invocando sus parafernalias desde los espacios lúdicos y fantásticos a donde lo han trasportado”, apunta Luis Carlos Emerich. Por ello, coloca el Gramófono para un perro solo y El grillo radioescucha para hacer hincapié en Homenaje a Jules Massenet, donde las balas y la sangre plasmada en una playera blanca intentan consternar al espectador.

La exposición, compuesta por 44 piezas que recabó el también integrante del Sistema Nacional de Creadores de Conaculta, en palabras de Luis Ignacio Sáinz “rebasa los cánones convencionales de lo real y sus manifestaciones; el razonamiento, el análisis y la reflexión quedan a un lado para dar paso a los universos simbólicos en los que prevalece la mirada y el gozo provocando, quizá, que el impacto de su lenguaje icónico no coincida forzosamente con su tiempo. Es un buscador de formas que constantemente indaga, propone, inventa y descubre”.



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JUSTICIA, EN ZONA DE DESASTRE: GRANADOS CHAPA


Por Adrián Roa Mendieta
México (Aunam). La impartición de justicia en México es una zona de desastre, es un problema equivalente a la pobreza y la inseguridad, aseguró el periodista Miguel Ángel Granados Chapa. La justicia es un problema para los menesterosos, ya que los juicios son mal entendidos; el 80 por ciento de ellos los imparten defensores de oficios, mal pagados y mal preparados.

“En el sistema mexicano se está en la cárcel mientras se averigua si la persona es inocente. Mientras menos haya en las cárceles es mejor, un buen ejemplo: Presunto Culpable”, dijo Granados Chapa en la presentación de la serie televisiva “Que la justicia se escuche…hacia una reforma judicial”.

La cinta censurada a causa de un amparo interpuesto con la concesión de un juez sintetiza la realidad, “resume en buena manera lo que pasa en el sistema judicial mexicano”. El también miembro de la Academia Mexicana de la Lengua hizo referencia a la reforma constitucional en materia de justicia penal aprobada en el 2008, ésta debe estar completada en el 2016.

“Es una nueva administración de justicia, yo sé que es desesperante, agobiante pues las cosas van lento pero se van a transformar hasta físicamente los juzgados. Habrá un nuevo tipo de enjuiciamiento: los juicios orales”, recalcó el conductor del programa que se estrenará el lunes 3 de abril a las 21 horas.

Existen toneladas de papel que nadie lee en su totalidad; son sentencias no elaboradas por jueces que repiten los argumentos del Ministerio Público. En el nuevo proceso, según Chapa, el juez tiene que resolver inmediatamente al escuchar los testimonios y revisar las pruebas.

La serie, que será transmitida por TVUNAM, recopila entrevistas de especialistas en la materia. Dentro de ella, se enuncian los principios del nuevo sistema y se critica al antiguo. “Los jueces tienen que rehacer sus habilidades, tienen que ser renovados, reconstruidos; claro que les cuesta trabajo pero tendrán que asumir la transformación. El programa busca filmar, estimular el cambio. El programa atiende a una necesidad crucial de nuestro país”, explica.

La emisión televisiva no busca particularizar en personas, busca examinar el sistema para transformar la justicia. No se relatan casos específicos, más bien, ofrece una visión amplia, una mirada general al sistema de enjuiciamiento penal.

En la mesa del auditorio “Alfonso García Robles” del Centro Cultural Tlatelolco, estuvo su director Sergio Raúl Arroyo, el director de TVUNAM, Ernesto Velázquez Briseño, el realizador del programa Enrique Quintero Mármol y el abogado Ernesto Canales Santos.

Este último recalcó que “si algo le faltaba para impulsar la justicia era una serie como esta”. Canales Santos agregó que al tratar de modificar nuestro sistema de justicia estamos pidiendo un cambio de cultura, de conducta. Esto no se logra de la noche a la mañana pero “no podríamos pedir más, ni en nuestros sueños”.

El proyecto comenzó hace año y medio; la preocupación en cuestión de una verdadera reforma constitucional en materia de justicia por parte de numerosos organismos civiles culminó con esta presentación.




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DIVERSIDAD, EL ESTILO DE DOMINIC MILLER


Por Fanny Ruiz Palacios
México (Aunam). El guitarrista Dominic Miller, encargado del cierre del Primavera Jazz Festival, organizado por la Fundación Sebastian, llegó al Distrito Federal a presentar su más reciente producción discográfica: November

Hijo de padre americano y madre irlandesa, por lo cual su primer idioma es el anglosajón, afirma que hablar español sólo es una parte de lo que hace. Se considera inglés, a pesar de nacer en Buenos Aires, Argentina, un 21 de marzo de 1960. “Estuve allí hasta los 11 años, después viví en Estados Unidos, Inglaterra y ahora vivo en Francia, vengo por todos lados”.

Siete producciones

Ha grabado siete discos y ha realizado giras a diferentes partes del mundo. En 1995 grabó Primer Toque, en 1999 salió a la venta Second Nature, en el 2002 trabajó con Neil Stacey en la producción de New Dawn, un año después se publicó Formas, en el 2004 salió al mercado Tercer Mundo, dos años más tarde llegó Cuarta Pared, en el 2009 a lado de Peter Kater generó En un sueño y en el 2010 lanzó su último disco nombrado November.

Mi November

November es una reunión de géneros diversos y esto ha generado aceptación en el público, “es una producción que ha dado buenos resultados”. El título no tiene gran significado, pues le resultaría pretencioso: “mi manager tomó el nombre de una canción y se le asignó al disco. November no quiere decir nada, sólo noviembre”.

Conexiones y cambios

Para dar a conocer su trabajo ha realizado viajes por diferentes partes del mundo “hemos tocado en lugares de Europa y Asia, ahora vamos a Sudamérica lo cual representa una nueva experiencia para mí”. Además, lo interesante de estas giras es “hacer una conexión con la gente por medio de la música”.

Dominic Miller tiene una excelente relación con la guitarra eléctrica, pero en esta ocasión decidió dejarla por la acústica. “Quise cambiar mi sonido, como artista es importante cambiar las cosas de vez en cuando para no quedarse en una sola forma”.

Señaló que sólo se trata un instrumento, “puedo tocar rock con una guitarra acústica y música clásica con la eléctrica, así que no hay diferencia para mí […] Me parece más sencillo lo acústico cuando toco sólo y lo eléctrico se me facilita cuando acompaño, sin embargo, estoy más cómodo con la guitarra acústica”.

Para el guitarrista inglés y argentino es importante disfrutar todos los géneros musicales y no hacer distinciones, “no tengo diferencia con música clásica o música rock, todo es lo mismo, además, no soy especialista de estilos, lo mío es la diversidad”.

Mi consejo al músico joven

Para Miller, “los músicos son más buenos ahora, hoy el estándar es más alto que en los años 80 y 90. Por eso mi mensaje a los jóvenes es continuar con la música porque es un buen momento para hacerlo”.

A quienes incursionan en lo sonoro les dejó como mensaje que deben aprovechar las diferentes culturas del orbe; porque de lo contrario no podrán crecer como artistas, llegarán a una pared y no podrán continuar. “Mi consejo al músico joven es tener sus oídos muy abiertos”.

Trabajo en conjunto… y con Sting

Dentro de su experiencia musical, destaca su trabajo realizado con grandes como: Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Chris Botti, Bryan Admama, Vinnie Colaiuta, Phil Collins, Sheryl Crow, Donovan, Julia Fordham, Peter Gabriel, Pat Metheny, Backstreet Boys, Mark Hollis, Mark Hudson, Michael Kamen, Manu Katché, AR Rahman, Nigel Kennedy, Kenny Kirkland, Kristina Kovač, Level 42, Jimmy Nail, Howard Nueva, Pino Palladino, Guy Pratt, Pretenders, Rod Stewart, Aguijón, Ian Thomas, Tina Turner, Steve Winwood, Walter Wray, Rick Wright y Paul Young.

Dominic Miller es un personaje destacado por su genialidad con la guitarra y a pesar de su labor con diferentes personalidades y grupos, es identificado por ser el guitarrista de Sting. Él está consciente de ello, de tal modo que en su sitio web se presenta de esta manera: “soy un guitarrista conocido por mi asociación con Sting”.

Para Miller el punto clave de trabajar con alguien como Sting es que le da libertad para hacer cuantas actividades desee y “este trabajo como solista es prueba de ello”.

“Seguramente mi carrera no es tan grande como la de él, pero lo importante es que me esfuerzo por hacer bien mi trabajo”. El guitarrista de origen argentino está complacido en acompañar a Sting, por lo cual piensa continuar sus labores artísticas cuando terminé esta etapa de su vida profesional.

Son 20 años los que ha dedicado a la música a lado de Sting y en su página en internet se refiere a esta faceta: trabajar con Sting “ha definido mi carrera […] estoy muy orgulloso” puesto que “su viaje es también mi viaje y para mí es un gran privilegio ser parte de eso”.



Fotos: Cortesía Agencia Magnos


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LA SEÑORA DE LOS PIES DESCALZOS

Por Angélica Montiel Flores
México (Aunam). En medio de un sol ardiente y de sus inconmensurables radiaciones aparece una mujer tal como si resurgiera de la profundidad de la tierra y, siguiendo el ritmo de palpitantes percusiones, mueve sucesivamente los pies, primero el derecho, luego el izquierdo, siempre alternándolos, los levanta apenas unos centímetros del concreto, vuelve a bajarlos; se agacha, se levanta y brinca. Gira. Mueve las manos y, en suma, ella toda es impetuosamente bulliciosa. Está descalza. Quizá sus movimientos son el producto del ardor que quema sus pies, quizá son el éxtasis y la pasión que siente cuando el sonido grave de los tambores retumba en sus sentidos.

Es sábado 19 de marzo. El reloj ha marcado las 14 horas con treinta minutos. El zócalo capitalino, como la mayoría de los fines de semana, está atiborrado de gente. Me ubico entre la magnánima estructura arquitectónica de la Catedral y el majestuoso vestigio del Templo Mayor. El sol está que arde: estamos a unos 24 grados centígrados. Y sin embargo, el show debe continuar.

Antes que todo, se escucha el resonar de los tambores (tres de éstos para ser exacta). El trabajo de hombres y mujeres, así como la piel (de algún animal) estirada sobre un cilindro de madera, logran el efecto deseado. Sonidos graves y estrepitosos convierten el ambiente en un escenario de ritmo y baile, de júbilo y euforia en el cual comienzan a asomarse los curiosos.

Paulatinamente, un grupo constituido por tres mujeres y cuatro hombres con taparrabos coloridos y despampanantes (por supuesto, aquéllas portan una blusa, la cual, afortunadamente no rompe con la armonía del vestuario) comienza a delimitar un círculo alrededor de los tres cilindros aparatosos. Inmediatamente emprenden el ritual dancístico.

Se dejan llevar por los ritmos marcados de las percusiones. Se agachan, se levantan, giran, levantan un pie, luego el otro, dan pequeños golpecitos con sus talones en el suelo (cual si lo fuesen a romper) y, vuelven con su rutina. Sin embargo, tal como si alguien me hubiese despertado de un sueño, me doy cuenta del acompañamiento musical de cascabeles y maracas.

El caso es que todo, desde los movimientos, las vueltas, los saltos, las sentadillas, los tambores, los cascabeles, las maracas, y en fin todo el conjunto dancístico y musical, logra un acoplamiento y acompañamiento tal, capaz de cautivar a los transeúntes que al pasar se detienen para mirar los hallazgos de un grupo de personas a quienes no les importa exponer sus pieles a los rayos iracundos del astro solar.

Y esta es la parte que más me sorprende. He estado mirando durante cinco minutos el espectáculo. Todo me parece perfecto, armonioso, en su lugar, y de pronto escucho a alguien del “público” decir sorpresivamente: “¡wow, esa mujer está loca, cómo puede estar descalza con este sol!”

¿Qué dice, quién esta descalza? Son las primeras preguntas que se me vienen a la mente y de pronto….efectivamente ahí está: una señora de aproximadamente treinta años se está moviendo al ritmo de la euforia sin ninguna clase de calzado que pueda sortear los estragos del férvido pavimento. Y sin embargo, ella luce bastante bien. De vez en cuando intercambia una sonrisa con sus colegas, ora una palabra, quizás una instrucción, ora otra sonrisa.

Sinceramente no parece que le moleste el enardecido asfalto. Es como si de una u otra manera se despabilara de todo su dolor (si es que lo sentía) y se concentrara en sus pasos de baile. O mejor (aunque estas sólo son cavilaciones mías) es como si se entregara en cuerpo y alma a la Tierra sagrada o incluso como si surgiera y se completara en ella…El caso es que no emitía ningún indicio de dolor o hartazgo, más bien parecía disfrutarlo.

Así transcurrieron treinta minutos aproximadamente. Los tambores y los danzantes cesaron sus movimientos. Un integrante del grupo pasó con una canasta pequeña para solicitar la cooperación voluntaria de las personas que habíamos estado observando su trabajo. Después de haber recolectado la contribución monetaria de los espectadores se acercó al círculo dancístico, luego este se disolvió, se disgregó. Todos los participantes se fueron, excepto dos: un señor y la señora de los pies descalzos.

El señor, muy delgado y con una cabellera trenzada y sumamente larga, se quedó para darnos una explicación, o mejor dicho una opinión de su labor como defensor y propagador de las culturas y tradiciones originarias del país, las cuales son expresadas, de alguna u otra manera, en los rituales dancísticos.

Asimismo, nos exhortó para que nos acercáramos con su colega, “la señora de los pies descalzos” (colaboráramos con diez pesos o más) y nos beneficiáramos con una ceremonia de liberación, mejor conocida como “limpia”; despojáramos nuestras malas vibras y nos cargáramos de pura energía positiva.

Algunos de los espectadores se entusiasmaron con la oferta. Se acercaron y fueron formando una fila conforme su llegada. Mientras tanto el señor de la trenza larga exponía una perorata en contra de la intolerancia y la discriminación hacia lo prehispánico, por una parte, y la señora de los pies descalzos arrancaba algunos hierbajos de un ramo, encendía copal y enunciaba palabras que mi visión no fue capaz de traducir, por la otra.

Finalmente, la primera persona de la fila fue atendida por “la señora de los pies descalzos”. Ella pisaba el suelo firmemente, no titubeaba. Estaba de pie; las plantas de sus pies se apoyaban completamente en el pavimento; y ella, tan segura y firme, seguía con su trabajo. Arrancaba más hierbajos. Esparcía el humeante olor del copal. Enunciaba oraciones. Intercambiaba palabras o frases con sus “pacientes”. Se movía de un lado a otro…

Al terminar con ese primer cliente, se pasó con el otro, se enfocó en éste y comenzó de nuevo con el ritual. Y cuando terminara, se pasaría con el siguiente y así sucesivamente con el resto, con los demás. Pero siempre estaría de pie, descalza y aguantando la quemazón de un sol y un asfalto ardientes, que no perdonan y que, de hecho, pueden llegar a herir…






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jueves, 31 de marzo de 2011

¿Y CUANDO NADIE TE AYUDA?

Por Paulina Landeros Alvarado
México (Aunam). Día soleado; mucho viento. Una joven que estudia Odontología en Ciudad Universitaria enciende su computadora para investigar del tema y poder comenzar a hacer su tarea de Operatoria Dental. Lo primero que hace, como toda estudiante moderna, es iniciar sesión en Facebook; tiene un nuevo mensaje: “Ya te estuvimos viendo y no nos gusta tu comportamiento. Recuerda que sabemos dónde vives y dónde estudias. Un día te vamos a pasar a dejar una sorpresita.”.

Es el tercer mensaje de esta categoría que la chica recibe en las últimas dos semanas. El destinatario solía ser su exnovio en la preparatoria. Hace un par de años y mientras el romance seguía vivo, juraba amarla por siempre y hasta presumía fantasear casarse con ella; hasta que un día se olvidó de todo esto y se “enamoró” de la mejor amiga de esta chica. A la fecha siguen andando y son ellos los agresores virtuales de esta joven estudiante.

La chica decide contestar el mensaje: “¿Qué es lo que quieres de mí? Lo nuestro se acabó hace más de dos años. ¡Ya supérame!”. Cierra sesión y comienza a hacer su tarea; a la hora, recibe respuesta del susodicho: “No te hagas. Tú nunca me quisiste; solamente me usaste cuando anduvimos. Andrea (la ex mejor amiga de la chica) me lo hizo ver. Juro que te voy a hacer la vida lo más miserable que pueda. Por cierto, sabemos que te gusta llamar la atención. Prometo encargarme de que todos te noten cuando te pase a dejar un ’regalito’ en tu Facultad.”.

La chica siente miedo. No puede demostrarlo. Dicen que lo peor que puedes hacer es mostrarles a tus enemigos que estás asustado. Comienza a pensar en posibles respuestas que puede dar a estas amenazas, pero ¿qué tanto sentido tiene dialogar con estas personas? Es claro que lo único que quieren es perjudicarla. En eso, le viene a la mente una interesante idea: ¡una de sus profesoras adjuntas es feminista! Es posible que ella sepa algo. Decide escribirle un correo para contarle lo sucedido. Le pide su consejo y le pregunta si conoce a alguien que pueda ayudarla.

Termina su tarea y apaga la computadora. Tiene que dormir porque se levanta muy temprano al día siguiente, pero no logra concebir el sueño. Le marca a su mejor amigo y le pide que la escolte el día siguiente mientras se encuentre en la escuela. Él accede a pasar por ella y a cuidarla de “gente indeseable” como les dice. “No tengas miedo. Es solo un cobarde de primera. Mira que amenazar así a una mujer… Además, cuando en verdad quieres dañar a alguien, no le adviertes; solo lo haces.”

Su amigo tiene razón: si en verdad quisiera hacerle algo, ya lo habría hecho. No tiene mucho sentido amenazarla porque le da la oportunidad de defenderse o, aunque sea, de prepararse de un ataque. Esta idea la reconforta y le permite dormir unas cuantas horas hasta que la alarma del celular interrumpe su descanso. Se levanta y se encamina a su Facultad.

Al llegar, les platica a todas las personas que puede, aunque siempre se hace la valiente. Lo hace ver como si no le diera mucha importancia a las amenazas. Sin embargo, algunos de sus compañeros se preocupan por ella y prometen protegerla. “Si los ves, me marcas y vengo corriendo por ti, ¿eh?”, le dice uno de ellos. La chica aprecia el apoyo, pero ni con eso se puede quitar esas extrañas mariposas del estómago que la hacen voltear a todas direcciones cada vez que tiene que cambiarse de salón. La sensación de nervios la invade por el resto del día. Finalmente, su amigo pasa por ella y la lleva a su casa; está sana y salva.

“Ya está la comida. Sube a cambiarte y baja de inmediato, por favor.”, le pide su madre. La chica sube, pero no puede resistir la tentación: enciende la computadora para ver si su profesora adjunta ya le respondió el correo. Su bandeja de entrada está vacía; lo cual no es del todo malo porque significa que tampoco hay nuevos mensajes de amenaza.

Los días pasan… A la semana y media del incidente, le responde la profesora adjunta: “Conozco una amiga que es abogada y feminista. Ella de seguro te puede ayudar. Dime cuándo y hacemos una cita las tres para ir a platicar tu caso.”. La chica responde y se terminan citando ese mismo fin de semana.

El sábado después de una hora y cuarto y dos cafés acompañados de pan dulce en El Jarocho de Coyoacán, la abogada termina diciéndole a la chica que no hay una ley en nuestro país que defienda a las personas que sufren acoso cibernético debido a que es prácticamente imposible demostrar que su exnovio fue el que mandó esas amenazas ya que cualquiera puede crear una cuenta falsa en internet y hacerse pasar por él.

“Lo único que te queda es hablar con un notario y levantar un acta para que haya un antecedente. Lo malo de esto es que los notarios cobran caro.” La chica, algo decepcionada, decide darse por vencida. Ya que es estudiante no tiene el dinero para pagar ese servicio. Tampoco puede decirle a su familia porque su extremadamente conservador padre nunca supo de la existencia de este novio. Si llegara a confesarle que anduvo con un chico hace dos años y que ocultó la relación, quién sabe qué podría suceder…

Afortunadamente la chica sigue bien. A veces le mandan mensajes para insultarla o para amenazarla, pero ella ya no les presta tanta atención. Ya ha intentado hacer de todo, pero nadie puede ayudarla. Planea seguir su vida y rodearse lo más que pueda de gente de confianza… por si llegan a aparecerse estos individuos.





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¿POR QUÉ A MÍ?

Por Anaid Díaz Amezcua
México (Aunam). La música no tiene suficiente volumen para lograr evitar el nerviosismo, ni sus canciones favoritas lo hacen olvidar; la blancura y los murmullos de una sala de hospital huelen a tristeza, al menos en este piso no hay sonrisas y el brillo en los ojos es resultado de las lágrimas. Me llamo Rojo es el libro que le mantiene las manos y mirada ocupadas a un joven que se parece a cualquier otro: ojos profundos y tranquilidad rota, traicionada por los desesperantes movimientos de su pierna izquierda que, sin querer, tambalean las sillas al mismo ritmo.

Un silencio incómodo se ha paseado por minutos junto conmigo y aunque él no puede vernos, en medio de la soledad, lo acompañamos. De la voz de la enfermera sale el aliento más helado: "Alejandro, pasa, por favor." Al unísono de sus pasos, suenan los latidos de su corazón deseando salir corriendo y escapar de su propio cuerpo.

Su seguridad se está quebrando y parece que ya no puede más con la angustia que le pesa en el cuello. Silencio, va a comenzar lo peor: “Tengo listos los resultados de los estudios; no quiero alarmarte pero no son buenos. Antes que nada debo hacerte unas preguntas…”, mencionó el médico mientras el color de la cara de Alex se iba pareciendo más al blanco, él sabía que las cosas no estaban del todo bien y luego de esas preguntas referentes a su vida sexual se escucharon las palabras que le derrumbaron el alma: “tienes Virus de Papiloma Humano, uno de los tipos más agresivos, no puedo darte un tratamiento efectivo en este hospital, pues solo los hay para mujeres, te proporcionaré los datos de una clínica en la que te atenderán, es peligroso pues a la larga puedes desarrollar cáncer…”

Cáncer, ¡qué palabra tan insoportable! Sin querer, sus ojos se llenaron de lágrimas y a pesar de las barreras comenzaron a salir; las preguntas que le hizo al médico parecían no tener final, mientras que los reproches hacia él mismo le dolían como puñaladas y más que tristeza, el coraje le recorrió el cuerpo con un calor concentrado en la cabeza.

Acompañada del mismo silencio yo lo miraba de lejos, y secándose las lágrimas recibió una llamada que no pudo contestar. El teléfono seguía sonando y al final decidió apagarlo, no quería saber nada de nadie, menos de ella, ¿con qué cara la iba a ver, cómo iba a decirle que acababa de destrozarle la vida?

De nuevo con la música a todo lo que da, emprendió el camino de regreso, sus pasos más rápidos de lo normal parecían querer volar y no podía más que pensar en ella. Camila es su novia, pareja de vida por más de un año, compañera de recuerdos (los mejores), cómplice de risas con tintes sexuales y guardadora de secretos pero no conocedora de todos, pues un engaño no puede confesarse fácilmente.

Ese ha sido su mayor error, una aventura con la persona equivocada, en el lugar equivocado, en un día ni siquiera memorable, al contrario, los recuerdos se han borrado por múltiples razones: una fiesta no tan buena, en un lugar lejos de casa, donde en solo un minuto una persona cambió su vida por completo teniendo como consecuencia una cruda no tan pesada como la cruda moral, la cabeza le dolía de arrepentimiento y de dudas.

Pero con los resultados médicos entre sus manos, fue inevitable dejar de recordar la escena: los tragos de vodka con jugo de arándano iban en aumento en una fiesta donde lo electro predominaba, Alex algo aburrido bailaba con una persona que llamaba su atención, ambos envueltos en alcohol comenzaron a besarse, cada vez más, cada beso más intenso, cada vez más lejos de los labios; la parte más oscura de la casa los invitaba a alejarse, las manos no paraban de moverse y de un momento a otro tenían más cuerpo desnudo que con ropa para dar pie a un orgasmo repentino que se fue como llegó, sin decir nada y con una mirada de desconocidos que quizá no volverán a verse.

Las noches que siguieron para Alejandro fueron las más largas, llenas de reproches y dudas. Una de las preguntas que taladraban su cabeza era ¿por qué a mí?, ¿por qué con una mala noche destrozó su vida y acabó con la de Camila?, ¿qué pasará con ella, cómo decirle?... hubo muchas lágrimas, los libros no cumplían su cometido de distraer, de dar solución y la buena curiosidad de investigar sobre el virus le hacía más daño, pues a pesar de no encontrar mucho de lo que le esperaba, para Camila no había más que tempestad.

Yo sigo viéndolo a través de su ventana, el cielo es nublado y parece que Alejandro ha tomado una decisión. Parar las lágrimas es lo primero que hace, recoge sus cosas, menos el libro que lo ha acompañado en las horas más duras de su vida, se mira al espejo y con un gesto de total desprecio hacia el reflejo se dice: “eres un ser despreciable, le has hecho daño a la persona que más amas por un momento de estupidez, el sexo está prohibido, no hay ser más maldito que tú, ¿quieres vivir? No lo mereces”.

El teléfono suena de pronto y con una fuerza descomunal lo arroja contra el espejo como queriendo acabar con esa pesadilla destruyéndose a sí mismo, sale, corre deseando volar, y no bastando con la voz de su conciencia, el cielo lo castiga empapándolo con una lluvia como pocas, ¿a dónde va? Solo sus pasos lo saben…




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EL JAZZ SE ESCUCHA Y ADEMÁS SE VE


Por Rodrigo Neria
México (Aunam). La iluminación sobre el escenario colorea todos los elementos de un verde claro, luego hay una transformación a un color azul y después pasa a ser amarillo, los rostros de Alex Otoala e Iraida Noriega se transmutan constantemente como los sonidos que de ellos emanan, Alex hace constantes cambios entre la guitarra acústica y la eléctrica, Iraida juega con el timbre de su voz. Es el primer concierto del Primavera Jazz Festival 2011 organizado por la Fundación Sebastián.

Noche primaveral

El lobby de la Fundación Sebastián, se encontraba semi vacío, las nueve de la noche, hora de inicio del concierto, ya era marcada por diferentes relojes. Pasaron cuarenta minutos y las personas organizadoras del festival comenzaron a llamar al impaciente público para que se acercaran a las escaleras de caracol que descienden a la parte baja del mobiliario donde esperaba el escenario.

Dos pares de banquillos bajos y altos en el centro de la tarima, uno rodeado por tres guitarras, en los extremos derecho e izquierdo se encontraban de pie unos bloques de cartón de unos dos metro de alto y uno de ancho.

- Primera llamada – emerge una voz de alguna parte del recinto.
- Fiuuuuuuuuuu – chifla un joven y mira su reloj.
- No seas naco, aquí no se chifla – lo regaña su acompañante, una mujer joven de cabello largo y oscuro.
- Pero ya son las diez, ya esperamos una hora, además hace mucho calor – la queja no sirve de nada, la mujer mira hacia enfrente y no lo hace caso.

Las sillas comienzan a llenarse y con el paso del tiempo los 300 lugares están casi ocupados.

- Tercera llamada.

Jazzmoart

Las luces se bajan, la voz de Iraida comienza a llenar el espacio, la guitarra de Otaola la acompaña, ella canta en portugués; él no tiene lengua la guitarra sustituye su voz y logra expresarse y compaginarse con ella.

De la parte trasera del escenario Jazzmoart, artista platico amante del jazz, el amor y el arte, emerge. Con un cúter comienza a moldear los bloques de cartón. Dobla y corta, corta y dobla hasta dejar una figura semejante a un pájaro.

Abandona el escenario pero después regresa con un bote de pintura negra y un gran pincel. Líneas amorfas y círculos se plasman sobre el cartón moldeado. Otaola, Iraida y Jazzmoart, improvisan sobre el escenario, cada uno con la herramienta que mejor explota sus habilidades. El jazz no sólo se escucha, también se ve.

Tres grandes representantes

Jazzmoart, ganador del Premio internacional de dibujo Joan Miró en 1985, repite la operación con bloqué de cartón en el otro extremo. Otaola, con su peculiar gorro del que cuelgan cuatro largas trenzas, muestra la experiencia que tiene al tocar la guitarra adquirida en sus grupos de rock como Santa Sabina o San Pascualito rey, afina las cuerdas rápidamente y logra interpretar una melodía acorde a la voz de Iraida, considerada una de las cantantes de jazz más importantes del país.

El jazz es improvisación y los tres artistas sobre el escenario es lo que se dedicaron a hacer. El artista plástico terminó de transformar las dos torres de papel inerte en seres con vida, rodeados de tiras multicolor.

El guitarrista, sin decir palabra se dedicó a transmitir sentimientos a través de las cuerdas, y con ayuda de un distorsionador de sonido, creaba con la guitarra las percusiones, que se repetían incesantemente, la resonancia de una sola cuerda se repite y se mezcla otorgándole un sonido eléctrico a la presentación.

Y la voz, que cambia de matices y tonos, que llena el espacio, que lo vacía, que juega con los demás componentes sonoros, que crea tensión, que aflora los sentimientos, y que se pierde con lo efímero de los sonidos, crea un ambiente inolvidable en esta noche de calurosa primavera.





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martes, 29 de marzo de 2011

DOMINIC MILLER, CON LA MÚSICA EN EL ALMA

Por Paulina Landeros Alvarado
México (Aunam). Escalera circular enmarcada por una hilera de focos amarillos; sillas grises formadas en hileras; un escenario al fondo iluminado con una tonalidad azul turquesa. Una guitarra eléctrica color hueso descansa junto al atril; la acompañan un piano negro, una guitarra acústica color negro, una serie de platillos y tambores y un bajo color noche. De entre las sombras causadas por las cortinas ubicadas detrás del escenario, salen cuatro músicos.

La estrella de la noche, el músico argentino Dominic Miller, se encuentra en el centro; una abundante melena rubia a la altura de los hombros enmarca su rostro; los prominentes labios esbozan una sonrisa. Lo escoltan tres caballeros más: un hombre alto y delgado de cabello oscuro que se encuentra a su derecha se apropia del piano; un serio sujeto de cabello rubio y corte militar posa sus manos sobre el bajo; el último músico, delgado y alegre, que luce una cabellera larga y rizada, saluda al público con sus baquetas mientras se sienta al frente de las percusiones.

Una deliciosa música de jazz inunda la noche. El público aplaude tenuemente al final de cada canción… al menos hasta que llega la cuarta melodía. La guitarra retumba en el lugar; está sola. Suenan unas notas conocidas que regresan al público a la época de los sesentas. El bajo comienza a secundar a la guitarra acústica. A Day in the Life de The Beatles es el único sonido que se percibe.

La canción casi termina; el público enloquece. Los ensordecedores aplausos opacan a los instrumentos que finalizaban la melodía. La gente grita. Dominic Miller, el guitarrista de Sting que aún conserva su espíritu de niño, agradece a su audiencia. “Es un honor estar en México. Gracias por la bienvenida. Esta canción fue A Day in the Life; antes que esa –hace una larga pausa y mira al techo–…; la verdad no me acuerdo cuáles tocamos antes”, finaliza en un español bastante claro acompañado de unas risas.

Llega la sexta canción; una luz verde ilumina a los músicos y a sus inseparables instrumentos. “Esta canción se la escribí a mi hijo cuando él tenía tres años…; ahora tiene veintitrés –sonríe con unos ojos paternales–. No crean que hago esto nada más porque sí, ¿eh? –menciona con un tono sarcástico y eleva el tono de voz– Tengo dos esposas y varios hijos que mantener… ¡Necesito trabajar de algo!”

El show continúa y las percusiones toman protagonismo. El baterista agita su larga cabellera café de un lado al otro mientras sonríe. Golpea el banco en el que está sentado con la mano izquierda causando un sonido seco que retumba al ritmo de la música mientras domina los tambores con la baqueta en su mano derecha. Una melodía rebosante y similar a los ritmos latinos hace eco en el lugar. Miller voltea a ver fijamente al dueño de las percusiones con unos ojos que reflejan seriedad. Un solo de batería opaca por completo a los demás instrumentos que siguen tímidamente su ritmo. El público grita.

Termina el minuto y medio de fama de las percusiones y Miller sonríe. Señala al baterista con la mano izquierda; el público aplaude. “Es un honor venir a México. Es la primera vez que toco en este lugar –sonríe y se coloca la mano derecha enfrente de las cejas para desviar la luz de sus ojos, frunce el ceño y observa a su público; abre los ojos más de lo normal en señal de sorpresa–. ¡Es un honor tocar ante todos ustedes!”.

Una luz amarilla ilumina a MIller; tonalidades rojas, a los demás artistas. Retumba Rush Hour en la sala. Tiene lugar una guerra de instrumentos. Las percusiones dominan el lugar; el baterista le contagia su inquieta sonrisa a todos los presentes; suena un ritmo latino. Los dedos del músico corren inquietamente a lo largo del tambor; la baqueta que sostiene su mano derecha roza ligeramente los platillos. Los pies de todos los presentes zapatean siguiendo el ritmo. Ahora es el turno de la guitarra. Responde con una escalera de tonos. Los dedos de Miller vuelan sobre las cuerdas; son casi imperceptibles a la vista. Las abrumadoras luces del escenario y la desbordante emoción hacen que gotas de sudor se deslicen sobre la frente del guitarrista.

De nuevo es el turno de las percusiones para responderle la guerra de ritmos a la guitarra. Se van alternando los solos se estos dos hasta que, poco a poco, se comienzan a combinar los sonidos. El delgado pianista comienza a tararear; los demás músicos le siguen. Miller voltea a ver a la audiencia y ubica su micrófono frente a ella; el público también se suma a la tarareante melodía.

“Gracias –dice un Miller sonriente –. Muchas gracias por sus aplausos.” Los cuatro músicos se ponen de pie y se abrazan frente al público. Hacen una reverencia y abandonan el escenario. “¡Otra, otra –gritan los espectadores al ritmo de los aplausos –, otra, otra!” A los pocos minutos sale Miller. La frase una más se forma en sus labios. Su dedo índice se alza imponiéndose frente a la audiencia. “Esta se llama The Last Song”.

Quince minutos más de jazz alimentan al ansioso público. La gente le aplaude a las melodías moviendo cadenciosamente sus cabezas. Cientos de pies bailan tímidamente en sus lugares. Finalmente el concierto llega a su fin. Los músicos agradecen en español y se retiran.

La música sigue sonando en los corazones de los asistentes a las instalaciones de la Fundación Sebastian, organizadora de este primer Festival Jazz Primavera. El ritmo ha sido contagiado. No cabe duda de que estos músicos disfrutan su trabajo; lo disfrutan tanto que le logran trasmitir esa alegría a los espectadores que ahora llevan, también, la música en sus almas.








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lunes, 28 de marzo de 2011

“¡CALDERÓN, ESCUCHA: MARGARITA ESTÁ CON LUCHA!”


  • Celebran y manifiestan su diversidad con marcha lésbica
Por Melissa Hernández
México (Aunam). El sol imperante de primavera calienta en toda la ciudad como nunca. Bajo él, realzan en las calles flores que nadie ha sabido cómo cuidar ni valorar: bellas, delicadas, difíciles y complicadas.

En cualquier lugar que se encuentren inundan de ese aroma cual si fueran fragancia de las más caras. Es un honor tener su presencia en este mundo, pues le dan color y vida. Así son las mujeres.

Debajo de la tierra, en el subterráneo, salen caminando en medio de escaleras y tumultos de gente que llevan a un mundo donde la vida es más que efímera; luchan por hacerla menos que eterna, pero al menos duradera.

Con los rayos del sol sobre sus hombros y espaldas gritan, corren; unas se ponen bloqueador solar, otras se dan una “manita de gato”; algunas más sólo miran y aguardan el momento para unirse al contingente.

Por aquí y por allá se levantan arcoíris cuyo brillo deslumbra con el resplandor de la luz, dan los últimos retoques a sus pancartas que llevan leyendas con consignas sociales como “No más femicidio, no más violaciones” y “¡Este cuerpo es mío, no se toca, no se viola, no se mata!”

Es un punto de reunión donde se encuentran amigas, compañeras, conocidas, desconocidas y todas con un mismo fin: hacer valer sus derechos y conmemorar los asesinatos de mujeres. Ahí se encuentran todas ellas tomadas de las manos, abrazadas, compartiendo lo mejor que tienen: su amor aunque la sociedad margine.

Dejándose llevar por la marea de los colores, transitaron por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, damas gritando con orgullo: “¡Pucha con pucha, lesbianas a la lucha!”, en medio del barullo y apretones de cientos y miles de ellas.

“Esta marcha no es de fiesta, es de lucha y de protesta”

Un flash por ahí, el sonido de un obturador captando el momento por acá, una entrevista por allá hacen de la congregación un instante importante en la sociedad: se están haciendo notar.

A los costados de la expedición se encuentran algunos mirones que son invitados a unirse. Las activistas se quejan denunciando no ser una marcha de fiesta pues algunos comienzan a poner el desorden. El recorrido se detiene unos instantes para organizarse de nuevo.

A pesar de que en pleno siglo XXI la discriminación está a la orden del día, el salir del armario se ha vuelto una actividad paulatinamente normal y cotidiana; sin embargo, los padres de muchas de las participantes no saben de su orientación sexual; aunque eso no es impedimento para poder exigir sus derechos.

Alrededor de dos horas de recorrido con rótulos en mano, gritando consignas llegan a su destino sedientas y listas para disfrutar un poco de música en vivo de las cantantes que vienen desde Texas para animar: Krudas Cubensi.

Finalmente termina esta caminata liderada por el Comité Organizador de la Marcha Lésbica, COMAL, en conjunto con asociaciones civiles del resto del país. Esta comunidad decide celebrar de alguna forma el éxito de su manifestación asistiendo a bares o fiestas lésbicas en honor a ellas.

Zona Rosa es uno de los epicentros que recibe a la mayor parte de esos seres que el resto de la sociedad ha maltratado, violado, mutilado, vejando su integridad e intentado olvidar: las lesbianas, pues en su ignorancia no reconocen que la riqueza de un país radica en su diversidad.

Hace cinco años comenzó el proyecto de una revelación promoviendo el respeto y buscando una igualdad como individuas, más allá de la sexualidad y sus vaivenes, pues “no es un carnaval comercial y mercantil sin contenido social, sino una manifestación política (no partidista)”. El 19 de marzo han vuelto a salir con la frente en alto y el orgullo por delante.




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PRESENTA CARLOS AMADOR SU LIBRO EL MUNDO FINITO


  • Estamos viviendo la fiesta de la humanidad pero sabemos que se va a acabar
  • Finalmente somos animales y la vida de ahora es la excepción y no la regla
Por Abigail Saucedo
México Aunam). El mundo finito. Desarrollo sustentable en el siglo de oro de la humanidad, trata de cómo la especie humana se ha encontrado en una fiesta desde la aparición del Homo Sapiens hasta nuestros días, “sin embargo, tarde o temprano será insuficiente cualquier cosa de la que cada vez se use más, nada puede crecer indefinidamente en un mundo finito”, aseguró el autor, Carlos Amador.

En la presentación, realizada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, participaron Hortensia Moreno, Salvador Mendiola, María Adela Hernández Reyes, Gloria Hernández como moderadora y el escrito, quien realiza un análisis acerca del cambio climático y la disminución de las reservas de petróleo a nivel global, dos dificultades que afectan el presente y el futuro.

Por su parte, el profesor de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, Salvador Mendiola, habló acerca de el planeta Tierra, señaló que lamentablemente estamos en un planeta que nos odia, un planeta que el hombre ha usado para su propio beneficio, y en donde, el mismo ser humano ha creado problemas que después no ha sabido resolver.

Ulises Soberano, alumno y en esta ocasión acompañante del profesor Mendiola, expresó que hoy en día los hombres tienen todo a su alcance, en estos tiempos las personas tienen muchas facilidades, pueden producir su comida, trasladarse sencillamente y además tener acceso a la tecnología. Y sin embargo, con todos los cambios que él mismo ha generado ahora existen problemas como el pico de Hubbert, que atentan contra el siglo de oro de la humanidad que maneja el autor “el petróleo se encuentra a 100 dólares por barril”, afirmó.

La profesora María Adela Hernández Reyes cuestionó al escritor del libro acerca de que habló un poco acerca de sí mismo y de su proceso en la realización de este material. “Yo escribo como periodista, pero pienso como científico, lo que hay que buscar para concluir una opinión son los datos duros y estos se sacan de los libros”, añadió.

Amador, al preguntarle acerca de por qué no tuvo colaboradores dijo que “la Academia de Ciencia Mundial está lejos de investigar las cosas interesantes, los temas importantes del libro no le interesan ni a la comunidad científica mundial ni a la de México”.

Al referirse acerca del capítulo “estación esperanza”, Carlos Amador dijo que la idea de este apartado, es no ser tan pesimistas y conservar las cosas buenas de la “fiesta”, una es los avances que ha habido respecto a la libertad de género, “Pienso que la ciencia es un gran problema pero aplicada correctamente es la única posibilidad de mantener este cambio de manera razonable, y así saber cómo poder preservar las cosas que me gustan, la energía, la educación, la producción de alimentos, la tecnología, etc.

Por último explicó acerca de la controversial conclusión de su libro ante la acerca de que a pesar de estar en un mundo con un panorama poco agradable, una buena idea era reproducirse y dejar a un hijo en un planeta que se está terminando “la razón es que todos finalmente somos animales y la vida de ahora es la excepción y no la regla de ser animales; todo se ha vivido en ambientes menos favorables que ahora, así ha sido siempre la vida, es la realidad que nos toca”, afirmó.






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LOLLIPOP: UNA TARDE DE AMBIENTE

Por Jacquelyn José Tovón
México (Aunam). Ya oscureció. Miles de luces neón se han prendido: verde, azul, rojo… Varios cuerpos, enfundados en jeans ajustados para marcar las escasas curvas, recorren las calles de regreso a casa después de pasar un buen rato, más que de diversión, de libertad. A lo lejos se escucha una canción de Disney, que disminuye conforme se alejan: “cierra los ojos y recuerda que yo soy tu amigo fiel”.

Sesenta pesos la entrada más consumo, eso sí, nada de alcohol, sólo agua y jugo; todo sano. Además, como es tardeada tienes que salir a las 8 de la noche. El único requisito para entrar es ser menor de 25 años y, si no compartes los gustos de los constantes visitantes, por lo menos hay que respetar y tener un amplio criterio.

A las cuatro de la tarde el acceso está atestado: chicos y chicas se forman en una prolongada fila para acceder al lugar de donde sale un sonido conocido: “Rah-rah-ah-ah-ah! Roma-Roma-ma-ah! Ga-ga-ooh-la-la! Want your bad romance?” Desde el ingreso los cuerpos se empiezan a mover: hay prisa por adentrarse en el recóndito y oscuro cuarto y comenzar a disfrutar.

Los chavos que llegan acompañados toman la mano de su novio; a su vez, las chicas rodean la cintura de su novia. Los que asistieron solos o en compañía de amigos avivan los ojos para observar mejor y captar a alguien de interés. Las brillantes luces no dejan reconocer bien a las sombras que bailan animadas, pero el mismo compás del cuerpo indica quién es ‘de ambiente’.


“Tú me hiciste sentir que no valía y mis lágrimas cayeron a tus pies; me miraba en el espejo y no me hallaba: yo era sólo lo que tú querías ver”. Empieza la música. Los que ya lograron pasar, dejando sus cosas en la paquetería para que no les estorben, inmediatamente acuden al centro de la pista. Durante una hora, cuerpo tras cuerpo penetra la entrada, unos deciden quedarse frente a la barra junto a los envases de Boing, Fanta o Jarrito.

Otros, suben las escaleras de caracol para situarse en la terraza de fumadores que se empieza a llenar: los afortunados que llegaron temprano escogieron una de las seis mesas disponibles que ocupan un mínimo espacio de la misma. El viento entra y lleva un toque de frescura al rostro. Adornada con diferentes plantas y con vista a la calle, el sonido de la música llama a quien recorre las calles.

En la oscuridad, entre luces florescentes se quitan las caretas que a veces, portan afuera. Aunque son pocos, algunos ocultan su condición, que indirectamente dejan salir junto con sus palabras: “bitch”, “buga” “pasita”, al igual que con el provocador contoneo de las caderas, el deslice de las manos por el pecho y las miradas directas que lanzan a sus espectadores.

Libertad, comodidad y seguridad se respiran más que el mismo humo de cigarro que emerge de pequeños tubos que entran y salen de las bocas, un poco secas por cantar a pecho abierto, pero sonrientes porque disfrutan el espectáculo que se genera con tantas personas bailando una misma pieza.

“Y me solté el cabello, me vestí de reina, me puse tacones, me pinté y era bella. Y caminé hacia la puerta; te escuché gritarme, pero tus cadenas ya no pueden pararme”.

El espacio es pequeño para la cantidad de jóvenes que se ha reunido, no son menos de 50: predominan los jeans ajustados, mascadas de colores, playeras con escotes y los tenis de marca. Son más hombres que mujeres. Al ritmo de la música, se prenden los cigarros, el cenicero empieza a reunir una cantidad considerable de desecho. Indistintamente éstos caen al suelo, la música hace vibrar las mesas y los cuerpos; los movimientos nerviosos los envían al vacío.

“Y miré la noche y ya no era oscura, era de pinches feas…” Los más atrevidos se suben a la tarima para demostrar sus mejores pasos. Necesitan un guía para iniciar su coreografía. Por lo ensayado de sus pasos, se advierte quiénes son clientes frecuentes: a un mismo paso, decenas de chicos se mueven en idéntico compás; las manos, elevadas, giran equilibradamente, como si de una marcha militar se tratara: parejitos, parejitos.

El movimiento de las caderas empieza: con los pies separados balancean las caderas primero, hacia adelante; después, a la derecha, para regresar al frente y bruscamente dirigir la cintura para atrás. Las manos estiradas hacia arriba, como tratando de alcanzar las estrellas se mueven de derecha a izquierda; el cuello gira lentamente, mientras un ligero salto hace que los danzantes cambien de posición; ahora las parejas se ven de frente sin quitar la seria expresión del rostro.

Bailan mejor que la misma intérprete, siempre con la vista al frente, en ocasiones dirigen los ojos a alguien que los mira con curiosidad o envidia: “¡Maldita!, mira cómo se mueve”; “¡Ay!, yo quiero hacer eso!”; “Te dije que ensayáramos más”.

“Y todos me miran, me miran, me miran, porque sé que soy fina porque todos me admiran. Y todos me miran, me miran, me miran, porque hago lo que pocos se atreverán”. La letra de la canción no puede ser más acertada: En las sombras, sin miedo a ser criticados, dos jóvenes se acarician con pasión, desenfreno y olvidando que hay más asistentes dejan escapar delicados sonidos.

No son los únicos: en el fondo, un par de chicos que parecen tener ropa adherida al cuerpo como si fuera pintura negra puesta sobre el lienzo de su piel, intercambian miradas, palabras y después, saliva. Con un banco acolchonado como único soporte se acarician, primero con ternura, las manos de uno sostienen el rostro del otro. Poco tiempo después las mismas manos se deslizan por encima de la ropa de su ‘amigo’.

Justamente, en gustos se rompen géneros; nada es absoluto; no hay nada mejor que la variedad. Algunos no se enamoran del sexo, más bien de la persona. Por lo que al descubrir la presencia de dos mujeres ‘buga’ que visitan el lugar por primera vez, no se hacen esperar las invitaciones de cigarro para abordarlas. Al parecer las chicas están un poco indecisas, ¿con quién tendrán que compartirlos?

Conforme avanza la tarde, entre bailes y movimientos provocativos, entre miradas y sonrisas, el fresco de la noche que se aproxima entra con el aire que se cuela por la terraza y refresca los ardientes cuerpos que siguen bailando sin mostrar cansancio. Mediante señas, las nuevas parejas se animan a bajar a la ‘sala romántica’.

Un cuarto oscuro, dividido en varios segmentos por largas y rojas cortinas, espera a los amorosos que esa noche saldrán felices e ilusionados de Lollipop. Los sillones que noche tras noche sostienen cuerpos y soportan movimientos que destilan fuego se van ocupando. Dúos entran y salen después de disfrutarse por un rato en la comodidad de la privacidad.

Cuando las luces de los otros antros entran por el espacio abierto del segundo piso, por lo menos un par de parejas que se acaban de formar han salido en busca de un lugar solitario, los que no, siguen danzando y coreando la canción de Gloria Trevi: “Y miré la noche y ya no era oscura, era de lentejuelas...”

A las ocho de la noche en punto chicos alegres abandonan el lugar: “vamos a Lipstick”; “wey, yo tengo hambre”. Las canciones infantiles invitan a dejar el lugar. Ahora, entrarán ‘los grandes’. La tardeada tuvo un final feliz para algunos; otros, terminaron enojados con sus parejas porque coqueteaban con desconocidos. Envueltos en olor a cigarro, los mismos cuerpos que tenían urgencia por entrar, salen con cautela y un tanto desanimados, incluso bostezando.

El frente de Lollipop está lleno otra vez, los cuerpos se alejan en busca de otro lugar o de regreso a casa. A lo lejos se escucha una canción de Disney que sale de allí, lo que indica que es hora de abandonar el antro: “cierra los ojos y recuerda que yo soy tu amigo fiel. Nuestra gran amistad el tiempo no borrará, ya lo verás no terminará. Yo soy tu amigo fiel, yo soy tu amigo fiel, sí, yo soy tu amigo fiel…”.




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