viernes, 4 de agosto de 2017

UNA CITA EN EL ZÓCALO CON LAS CULTURAS DEL MUNDO

Por Bacilio Antonio Hernández
Ciudad de México (Aunam). Las cintas de colores que salían desde el centro de aquella gran columna de metal simulaban la misma forma de los listones atados a un palo que se utiliza para la danza de los matachines y me hacían recordar ese baile tradicional del estado de Hidalgo. Tiras de colores vistosos y brillantes eran las que revoloteaban en el aire con el golpeteo del viento.


Aquella tarde la ciudad parecía derretirse por el calor que oscilaba cerca de los 29 grados. En tan sólo una semana, la temperatura había aumentado tanto que los citadinos, al mismo tiempo, se quejaban e ironizaban sobre ello.

El Sistema de Transporte Colectivo Metro vivía la más terrible de sus temporadas. Dentro de sus vagones el calor era insoportable y causaba que toda persona que viajara en ellos sudara a los pocos minutos de haber ingresado. Enjugarse el sudor de la cara era imprescindible.

En este escenario, la novena presentación de la Feria Internacional de las Culturas Amigas (FICA) comenzó su primera semana de actividades y aunque para este año se implementó una dinámica diferente, seguía viviéndose en los alrededores un ambiente de mucho jolgorio.

En el Zócalo, la bandera ondeaba imponente; al fondo, la Catedral Metropolitana y, a un costado, el Palacio eran testigos de aquella gran fiesta internacional en la que se reunían, como ya desde hace nueve años consecutivos, 94 países de los cinco continentes.

Para este año, el lejano continente africano se hizo presente a través de Costa de Marfil. Este país, que se encuentra en la zona occidental del continente africano, logró su independencia el 7 de agosto de 1960. Poseedora de cultura similar a sus países hermanas como Ghana, Liberia y Guinea, en Costa de Marfil destacan los festivales de música y arte.

Entre tanta algarabía se alcanzaba a escuchar a la representante marfileña decir que su nación tenía mucho de especial porque poseía grandes muestras culturales para presentar como sus artesanías, sus muestras gastronómicas, entre otras.

La feria se me hacía diferente, a diferencia de lo que viví especialmente en este espacio en los últimos dos años. En 2015, cuando acudí a la FICA por primera vez, la gente saturaba el espacio; pisotones, empujones y caras enojadas eran las que se podían esperar al caminar a través de los estrechos pasillos donde se encontraban los cubículos que le correspondía a cada país.


Cada uno de los países invitados mostraba parte de sus atractivos culturales con folletos y muestras únicas de artesanías, Egipto, por ejemplo, contaba con una barca en la cual se encontraba encima una mujer que representaba a una reina egipcia, probablemente Cleopatra, vestida de traje color oro, con incrustaciones de piedras brillantes, brazalete y pectoral en todo dorado.

Así transcurría aquella tarde calurosa y despejada. A lo lejos no podía dejar de escucharse el sonido de los organilleros, inconfundibles de la Ciudad de México, entonando el “Cielito lindo”, canción por sobre todas las cosas ícono de la identidad y folclore mexicano.

Rodeado de fastuosos edificios, el Zócalo capitalino recibía sobre su superficie gente de diferentes países, personas que quizá llevaban tiempo de radicar en la ciudad, pero que ése día se dieron el espacio para representar a su país en tan significativo evento cultural.

Seguido el recorrido, por la parte del continente americano podía visualizar un sinfín de colores brillantes, alegres y armónicos, penachos de plumas, collares de cuentas, bordados de flores y colibríes.


Los tejidos de trama elaborados con telar de cintura eran inconfundibles, quesquémiles bordados a mano con hilo de algodón suave se podían apreciar. Su textura parecía encerrar la esencia de las manos artesanas que los habían elaborado. Las muñecas de trapo no faltaban con sus vistosos vestidos y listones de colores.

La parte de Centroamérica destacaba por su singular parecido entre sus artesanías. La cultura mesoamericana, sin lugar a dudas, había dejado un legado cultural muy amplio; que había perdurado a través de los siglos.

“Como México no hay dos”, era la frase que mencionaba uno de los expositores colombianos de nombre Christian quien mencionaba que, al igual que nuestro país, Colombia estaba repleto de literatura gracias a grandes escritores como García Márquez, aquel experto de la pluma que nos dejó como herencia su Cien años de soledad; cómo no recordar al pueblecito de Macondo y al coronel Aureliano Buendía o a José Arcadio. También mencionaba que Colombia era cuna de reinas de belleza como Paulina vega y Luz María Zuluaga, así como hogar de bellos paisajes imprescindibles de visitar.


El trayecto continuaba y al llegar a la parte de Haití me percaté de que, a diferencia de los dos años anteriores que había asistido a la feria, faltaba la presencia de Asu, una mujer haitiana, que se mudó al entonces Distrito Federal en el 2009. Asu participó en la FICA durante tres años, en 2014, 2015 y 2016. Solía ofrecer crema de coco por tan sólo 20 pesos el vaso, carne frita de pollo y cerdo, una ensalada llamada piklis y unas tortitas hechas a base plátano macho.

Asu era una conocida de la familia. Este año no estuvo presente en la feria porque se mudó junto con sus hijos a los Estados Unidos. El año pasado, en la octava presentación de la feria, mencionaba que su amor por México era infinito, que en cuanto tuviera la oportunidad de regresar lo haría sin pensarlo y se quedaría aquí para siempre. La penúltima vez que había visitado su país fue para vivir el duelo por la pérdida de su madre, quien había perdido la vida durante el terremoto ocurrido en Haití el 12 de enero de 2010.

Asu era tan sólo una de las tantas personas que conformaban la gran feria. Todos los países tenían algo singular que mostrar: la India, por ejemplo, llevaba música e inciensos; Italia, fotografías del coliseo romano; Francia, la icónica Torre Eiffel; los Países Bajos, diferentes artículos con sus característicos colores naranja y azul. Gente de diferentes etnias, diferentes tonos de piel, desde el más oscuro hasta el más blanco, ojos de colores claros, oscuros, azules, cafés y verdes, se concentraban en aquella importante reunión cultural que iniciaba en la enigmática plancha del zócalo capitalino.

La calle de República de Brasil servía como corredor para llegar a la Plaza de Santo Domingo, lugar donde se concentraban los sabores y olores de los diferentes platillos. Los olores dulces y ácidos de alimentos como la longaniza eran los que más predominaban, los sonidos de los alimentos a la plancha se escuchaban al mismo tiempo de que el humo salía y se disipaba por los espacios de aquel techo espacio que albergaba la muestra gastronómica.

El espacio muy colorido y al mismo tiempo reducido impedía que las personas transitaran bien. Sin embargo, valía la pena pues la diversidad de alimentos y bebidas que podían encontrarse era muy vasta.

Entre el antojo y el hambre, la sed por el calor me obligó a pedir un choripán argentino y una bebida venezolana que llamaban coktail. El choripán es un platillo, similar a una torta, que lleva una capa de mayonesa artesanal, un chorizo asado parecido a una salchicha y condimentado con una salsa de chimichurri hecha a base de perejil, orégano, vinagre, y aceite. Por otro lado, el coktail es una bebida hecha a base de canela, piña y agua de Jamaica. Tenía un sabor muy fresco y agradable, la vendedora hasta bromeó en que era afrodisiaco.


Fui a una de las mesas que se habían instalado en la plaza de Santo Domingo, donde los visitantes podían descansar y consumir los alimentos. Ahí entre tiras de colores y bajo los rayos del sol, rodeado de plantas y persona, me dispuse a degustar mis alimentos.

Eran aproximadamente las cinco de la tarde y poco a poco el cielo comenzaba a nublarse, haciendo que el calor disminuyera. Las personas que transitaban por aquel lugar comenzaron a dispersarse aún más.

Entre los comensales, sentados por ahí, se escuchaban las pláticas de que este año la feria había roto el esquema tradicional de tener todo junto. No obstante, era rescatable el hecho de que se podía transitar un poco más rápido y había más tranquilidad.

Más tarde la visita a la feria acabaría y sería hora de regresar a casa, por la misma calle de República de Brasil, adornado con motivos de papeles festivos y estampillas sobre el piso. Las nubes se habían vuelto más densas y la brisa se tornaba cada vez más fresca. Así regresaba a casa después de aquella Feria Internacional de las Culturas Amigas en su emisión del 2017.

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LAS IMÁGENES ASTRONÓMICAS QUE ENGAÑAN

  • La plática informativa se enfocó en el análisis de las ilustraciones usadas a lo largo de la historia para difundir información ligada con la astronomía
  • El impacto de las imágenes puede desembocar en errores coloquiales dentro de la sociedad
Por Yafhed Martínez Hernández y Mónica Santos Vargas
Ciudad de México (Aunam). El físico Wilder Chicana Nuncebay, responsable del área de Astronomía y Ciencias del Espacio del planetario Luis Enrique Erro del Instituto Politécnico Nacional (IPN), impartió la plática “Las imágenes astronómicas que engañan”.


En el planetario “Ingeniero Joaquín Gallo” de la Sociedad Astronómica de México (SAM), Chicana explicó que las ilustraciones que acompañan distintos textos científicos representan información gráfica únicamente entendible para algunas personas que son especialistas en el área o son capaces de entender la representación. Sin embargo, estas imágenes suelen contradecirse con la información escrita y, por ende, se dibujan cosas que no son claras o que no pueden representarse debido a la falta de información.

Durante la plática, el físico abarcó diversos temas como los dibujos alquímicos y los gráficos cosmológicos, los cuales son altamente descriptivos y tienen como función explicar qué planetas se consideraban como tales en determinada época.

Chicana resaltó la importancia entre dato y conocimiento, así como la relevancia de cuestionarse la información que es leída y vista a través de las ilustraciones, pues “las estrellas son sólo puntos fijos, lo demás está en tu cabeza”.

El astrónomo resaltó también muchos ejemplos coloquiales de la información que percibe nuestra sociedad, como la percepción del medio día, las representaciones gráficas de las fases de la luna, las ilustraciones sobre la órbita de la Tierra y la observación de galaxias y nebulosas desde nuestro planeta.

Chicana mencionó el gran poder de influencia social en algunas imágenes, como por ejemplo el disco Dark side of the moon de Pink Floyd, cuyo título hace alusión a una idea predeterminada y que es distinta ya que “es diferente decir cara oculta, no visible, a está oscuro y no se puede ver” puntualizó.

Para finalizar, Chicaria resaltó la importancia de cuestionarse la información escrita e ilustrada sobre los fenómenos para poder entender los procesos que ocurren, ya que no toda la información a veces es correcta y no todo está dicho aún ya que ”estamos acostumbrados al dato”.

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martes, 1 de agosto de 2017

100 AÑOS DE LOGROS DEL DEPORTE UNIVERSITARIO EN EL OLVIDO

Por Monserrat Aceves
Ciudad de México (Aunam). El deporte en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cumple 100 años, pues fue en 1917 cuando se creó el Departamento de Educación Física en la Escuela Nacional Preparatoria, el primer órgano que reguló al deporte en la máxima casa de estudios y el origen de lo que hoy es la Dirección General de Deporte Universitario (DGDU).

Placa con los nombres de los fundadores 
del Centro de Educación Continua Sobre Estudios Superiores del Deporte (CECESD)

Durante este siglo de deporte, nuevas disciplinas han sido incluidas y otras han desaparecido. También en estos años se encuentra la fundación de Medicina del Deporte y el Centro de Educación Continua sobre Estudios Superiores del Deporte (CECESD).

En cien años se ha logrado la obtención de medallas y reconocimientos importantes y fomentado la formación de grandes deportistas y entrenadores. Varias asociaciones deportivas se consolidaron, como el club Pumas, que pasó de ser un equipo de fútbol estudiantil a un equipo de fútbol profesional de Primera División.

Muchas generaciones han aportado su grano de arena al Deporte Universitario, por ello es importante destacar la relevancia de su centenario como reconocimiento a todas las personas que han formado parte de la historia del deporte de la Universidad y que han dejado en alto el nombre de la UNAM.

La importancia del deporte en la formación de una persona



Cronología del Departamento de Educación Física en la UNAM

En 1974 Javier Jiménez Espriú, Secretario General en el periodo de Guillermo Soberón como rector, remarcó ante la comunidad universitaria la importancia del deporte en la institución. Expresó que la UNAM tenía entre sus metas formar a profesionistas, investigadores y técnicos útiles a la sociedad, lo que implicaba una formación integral que incluía una “mente sana en cuerpo sano”.

Ya en el Manual de Procedimientos de 1970 de la entonces Dirección General de Actividades Deportivas (DGAD), se justificaba la práctica deportiva en la institución por ser un complemento necesario en la educación integral de las personas.

Así, el deporte en la Universidad se fomentó, desde sus inicios, con una finalidad humanista. Las distintas disciplinas deportivas fueron promovidas como un medio de integración social y se fomentó el rendimiento físico e intelectual con la intención de formar mejores profesionistas para el país.

Sobre esta finalidad, la doctora María Cristina Rodríguez, directora de Medicina del Deporte en la UNAM, señala que “con el deporte se disminuye el índice de obesidad” y que la gente que hace deporte “tiene mejores hábitos para comer, sabe hidratarse, sabe cuidar mejor su cuerpo, sabe coordinar, sabe manejar mejor su fuerza”.

Los entrenadores Antonio Solórzano, Javier Vázquez, José Sámano y Angélica Larios coincidieron en que en la UNAM el deporte ayuda a adquirir habilidades, formar una disciplina, fomentar valores y a la disminución de adicciones, ya que en su opinión el deporte fomenta que los jóvenes quieran una vida saludable.

Logros del deporte universitario

A cien años del deporte en la máxima casa de estudios se han acumulado una gran cantidad de logros que van más allá de medallas o reconocimientos a deportistas y entrenadores destacados. En el aspecto deportivo, la UNAM es reconocida por sus instalaciones, por la atención de Medicina del Deporte y por los cursos impartidos en el Centro de Educación Continua sobre Estudios Superiores del Deporte (CECESD).

Angélica Larios, presidenta de la Asociación de Esgrima de la UNAM, se refiere a dichos éxitos como la “suma de muchos esfuerzos”, pues para ella, aunque estos pueden ser representados por “una medalla, una tesis, una investigación que al frente muestran a un titular, atrás de ellos se encuentra el trabajo de muchas personas y cosas que fueron sumando un pedazo” para consolidar una meta establecida.

Para la directora de Medicina del Deporte de la UNAM, los triunfos de una institución son un reflejo de su desarrollo, de su nivel deportivo y de su equipo de instructores.

“El deporte y el desarrollo de una institución van muy de la mano, así que cuando se tienen deportistas de élite es que también se tienen estudiantes de élite”.

Por su parte, Antonio Solórzano, presidente de la Asociación de Box de la UNAM, comentó que la disminución del consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes que practican deporte puede considerarse también un logro de la universidad.

Llegar a una meta es en sí ya un logro, y con 48 deportes divididos en 54 disciplinas, la historia del deporte en la UNAM está llena de varios momentos con objetivos cumplidos. Detrás de estos resultados está la disciplina, el esfuerzo y la dedicación de muchas personas.

Cronología del algunas disciplinas practicadas en la UNAM

Deportes pioneros

La esgrima, la lucha y la gimnasia son los tres deportes que nacieron prácticamente a la par del deporte universitario, es por eso que de forma breve se expondrá la historia de estas disciplinas en la UNAM y algunos de los logros que han dado a la Máxima Casa de Estudios.

Esgrima: cosechando logros por más de cien años

La esgrima es el deporte con más antigüedad en la Universidad, pues se impartía como una materia en la Escuela Nacional Preparatoria, ya que era parte de la formación militar que solía darse a los alumnos. Nacida como una disciplina para la guerra o batirse en duelo, la esgrima comenzó a transformarse en un deporte competitivo a finales del siglo XIX.

Lucien Merignac, un esgrimista francés, fundó la escuela donde se formaron los primeros maestros de esgrima. Entre los graduados de esa escuela salió el maestro Óscar Mauro Camacho Huerta, quien fue decano de la esgrima en la UNAM.

La disciplina comenzó en la Sala de Armas de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso, donde impartía clases Rafael David padre. Entre sus mejores alumnos tuvo a Ángel Escudero, que posteriormente se convirtió en profesor.

Otro profesor destacado de la UNAM fue Óscar Camacho Huerta, quien de acuerdo con el tomo II del libro La UNAM por México y un artículo rescatado de la plataforma del Museo Universitario del Deporte (MUDEP) de la UNAM, se encargó de la formación de decenas de esgrimistas universitarios quienes sobresalieron en el ámbito nacional e internacional.

Un ejemplo de lo que ha dado la esgrima a la UNAM son los resultados cosechados por Angélica Larios, egresada de la Facultad de Psicología, quien ahora encabeza la Asociación de Esgrima en la UNAM y coordina Psicología del Deporte. Después varias competencias en su carrera, Larios logró clasificar a los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, un gran resultado a nivel nacional pues en más de 20 años ningún esgrimista mexicano había logrado tal meta.

Angélica Larios, presidenta 
de la Asociación de Esgrima de la UNAM

Gimnasia: logros que se cultivan desde el nacimiento de la Universidad

La gimnasia es otro deporte que prácticamente también nació junto con la Universidad. Sin embargo, cuando se presentó el proyecto para la fundación de la UNAM en 1910, el estallido del movimiento de la Revolución Mexicana dificultó la organización interna del deporte, por lo que fue hasta la creación del Departamento de Educación Física en la Escuela Nacional Preparatoria que se incorporó esta disciplina.

En 1955 se funda el gimnasio de Ciudad Universitaria, ubicado en el frontón cerrado, el cual se convirtió en uno de los lugares mejor acondicionados para la práctica de la gimnasia en el país, en el cual se han formado muchos practicantes de este deporte.

El 15 de marzo de 1962 nace la Asociación de Gimnasia de la Universidad Nacional Autónoma de México (AGUNAM) y también ese mismo año la Confederación Deportiva Mexicana otorgó el rango de Entidad Deportiva a la UNAM con las facultades para promover y desarrollar el deporte entre la población infantil y juvenil, de tal manera que se creó el Club Pumitas de Gimnasia.

La gimnasia de la Universidad es semillero de atletas, entrenadores, jueces y dirigentes reconocidos en México. Durante todos los años que se ha impartido, esta disciplina ha obtenido grandes resultados. Algunos gimnastas han logrado su pase a los Juegos Olímpicos y a otras competencias importantes de carácter nacional e internacional.

En 1968, en casa, Armando y Fernando Valles participaron en los Juegos Olímpicos; ambos son medallistas panamericanos. Ocho años después, en las Olimpiadas de Montreal en 1976, estuvo presente la gimnasta auriazul Patricia García Pureco. Entre los actuales entrenadores se encuentran Luz Delfín, egresada del CECESD, iniciadora de la modalidad gimnasia aeróbica deportiva en la UNAM y juez internacional, al igual que Gloria Vicencio, jueza internacional de de gimnasia de trampolín.

Lucha olímpica: generadora de grandes logros

El inicio de la lucha en la UNAM se ubica en 1923, siendo uno de sus precursores Domy Betancourt, quien perteneció a las generaciones primigenias de la primera Escuela de Educación Física que existió en el país y que estuvo a cargo de la de la UNAM durante la segunda y tercera década del siglo XX.

Durante los III Juegos Centroamericanos realizados en San Salvador en 1935, cuando la lucha aparece por primera vez en el programa deportivo, el universitario Antonio Rubio logró la medalla de oro, considerándose el primer luchador puma en conseguir un lauro internacional.

De acuerdo con el artículo La lucha de la UNAM presente en doce ediciones de Juegos Olímpicos, disponible en la página del Museo Universitario del Deporte (MUDEP), de Londres 1948 a Barcelona 1992 fueron doce las ediciones en las que la lucha de la UNAM tuvo al menos un atleta presente.

En las primeras épocas de la lucha en la UNAM, el centro más importante para su desarrollo fue el gimnasio de Leyes, ubicado en la calle de San Ildefonso. Ahí se mantuvieron los entrenamientos hasta finales de los años setenta, cuando los planteles 1, 2 y 3 dejaron el centro de la ciudad.

En palabras de Javier Vázquez, “los triunfos en la lucha son el reconocimiento personal para el deportista, quien con esmero se empeña en conseguir una meta. Luego se trata de traer ese reconocimiento a la Máxima Casa de Estudios para seguir reafirmando que el deporte de la lucha es un deporte de tradición aquí en la universidad y de muchos lados”.

La atención medica en la UNAM: un logro para los deportistas

Hoy en día se cuentan con cuatro clínicas en donde se brinda atención médica principalmente a los deportistas de la UNAM, pero también al público en general, que incluyen consultas odontológicas, psicológicas y de nutrición. Sin embargo, estos servicios se implementaron hasta 1974 cuando se crea la Coordinación de Medicina del Deporte, a cargo del doctor Gabriel Mendoza Manso, y se funda la clínica cercana a la alberca, la del frontón cerrado y la de fútbol americano, para la atención de los atletas representativos de la UNAM.

En cierto sentido, la atención médica en la Universidad se inició gracias a los jugadores de fútbol americano. De acuerdo al artículo Historia de la atención a los atletas de la UNAM del MUDEP, en 1940 el equipo entrenaba en el Deportivo Hacienda, ubicado en la colonia Roma. Por la cercanía, los lastimados iban a la Cruz Roja en la calle de Durango.

Posteriormente, fue el doctor Victorio de la Fuente Narváez quien comenzó con la atención directa con los jugadores y después, cuando el equipo se trasladó a Ciudad Universitaria, en los vestidores se instaló un cuarto donde se hacían los vendajes, ya que el entrenador Roberto Tapatío Méndez era practicante en la Cruz Verde y poseía los conocimientos que más tarde transmitiría a sus asistentes, “El Chivo” Córdova y a Omar Cardona.

Sin embargo, aunque ya se atendía de una forma más frecuente a los jugadores, el doctor De La Fuente seguía revisándolos y comenzó a asistir a los juegos junto con Fernando Llanero quien era deportista y médico.

Varios médicos, estudiantes y deportistas colaboraron con el doctor Victorio de la Fuente para atender a los lesionados del equipo de fútbol americano hasta que se crea la Coordinación de Medicina del Deporte, un resultado consolidado principalmente para la comunidad de deportistas de la UNAM.

Un logro que se perdió: CECESD

Diploma que acredita a Antonio Solórzano (presidente de la Asociación
 de Box de la UNAM) como fundador del CECESD

Corría el año de 1987. Rogelio Rey Bosch era Director de Actividades Deportivas en la UNAM y tuvo una gran apertura a escuchar propuestas que permitió presentar y poner en marcha un proyecto impulsado por varios entrenadores de diferentes disciplinas deportivas de la Universidad. De acuerdo con Antonio Solórzano, uno de los fundadores, se aspiraba a llegar a la consolidación de una Facultad del Deporte.

José Sámano Hernández, entrenador de Taekwondo y también uno de los pioneros del Centro de Educación Continua sobre Estudios Superiores del Deporte (CECESD), indica que la idea surgió porque muchos de los instructores de la Universidad, en su momento, fueron competidores para después convertirse en entrenadores, aunque de una forma empírica.

“En ese momento sólo había una licenciatura en educación física, que no es lo mismo que ser un entrenador deportivo”, aclara.

Sin embargo, Sámano señala que para consolidar una facultad se necesitaba primero ser una escuela y como no existía esa posibilidad, debido a que era un trabajo muy grande y complejo, se decidió hacer un diplomado en entrenamiento deportivo con lo que se fundó el CECESD, el cual capacitaría a los entrenadores de la UNAM en metodología del entrenamiento, técnica, psicología, pedagogía, etc., con el fin de que pudieran mejorar su trabajo como profesionistas.

El proyecto arrancó con la esperanza de que algunas facultad de la UNAM se interesará en él y se creará una licenciatura en entrenamiento deportivo educación física. Empero, cuando Rogelio Rey Bosch se fue, el CECESD fue en retroceso hasta que en la actualidad sólo se imparten algunos talleres y cursos. El diplomado, de acuerdo con el entrenador Sámano, desapareció en 2007.

Para ambos entrenadores, el diplomado en entrenamiento deportivo del CECESD significó un logro para el deporte universitario pues se tuvieron buenos alumnos y maestros. De este curso salieron Ariel González, quien se desempeñó como preparador físico de los Pumas y luego de la Selección Nacional, y Gilberto Fuente, que dirige las fuerzas básicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

El diplomado resultó ser un gran éxito, pues había acumulado prestigio en la UNAM. No obstante, Sámano señala que el no haber conseguido el reconocimiento como licenciatura lo dejó en desventaja, pues de repente “comenzó a crecer ese boom en la UVM, el Tecnológico de Monterrey, la Autónoma de Nuevo León, la Veracruzana, Chihuahua. Terminó por desaparecer esa gran fuerza porque preferían cursar una licenciatura de quizá dos años más que un diplomado”.

“Las otras instituciones empezaron a crecer y en algunas comenzaron a dar maestrías y doctorados con respecto a lo que era el deporte y nosotros nos hemos ido rezagando. No sólo no hicimos la licenciatura, sino que desaparecimos el diplomado que teníamos, entonces caminamos hacia atrás y ya nos quedamos fuera”.

Por su parte, Antonio Solórzano menciona que el problema es que el deporte se sigue viendo como algo complementario y no se le da la importancia que debería.

“[El deporte] ya es todo un universo y es igual de importante como cualquier otra profesión, pues te da disciplina, inculca valores y promueve un tejido social positivo”.

El puma amarrado: los problemas del deporte universitario

A cien años de logros en el deporte universitario no hay ningún evento programado para su celebración. A pesar de que la fecha de la creación del primer órgano que reguló a los deportes en la Universidad está presente en varios lugares –el manual de procedimientos de la DGAD de 1970, el Anuario de Deportes de 2014, la página de la Dirección General del Deporte Universitario y el MUDEP–, el dato parecer ser completamente desconocido.

Guadalupe Palma, jefa de la Biblioteca del Deporte del CECESD comenta que ha tratado de conseguir una cita con Alejandro Fernández Varela Jiménez, director General de la DGDU, para comentarle del centenario del deporte en la UNAM. Sin embargo, no ha recibido respuesta alguna. La mayoría de los entrevistados hizo hincapié en que el licenciado Varela Jiménez ha mostrado poca accesibilidad para tratar temas con los entrenadores y trabajadores en general.

Para los entrenadores, el deporte en la máxima casa de estudios no tiene el lugar que se merece pues es visto como algo aparte de la Universidad, como un pasatiempo y no algo fundamental en la formación de sus estudiantes.

Angélica Larios y José Sámano coinciden en que la UNAM ve al deporte como un accesorio, pues se le da prioridad a la parte académica y se ve a la actividad física como una distracción para los estudiantes.

“En la Universidad se quiere hacer un proyecto deportivo, pero entonces hay que contemplar que la misión de la institución es hacer profesionistas y educar, no hacer deporte. Por lo tanto, mientras éste no sea parte del proyecto educativo, nos seguiremos enfrentando a los problemas de una dependencia administrativa que no tiene dinero para impulsar un proyecto deportivo”, señala Sámano.

Un entrenador de esgrima con 45 años en la institución que decidió reservar su nombre expresa: “en la UNAM, el puma se tiene amarrado y todo el potencial que podría tenerse con una gran cantidad de alumnos en nueve planteles de la Escuela Nacional Preparatoria, cinco de Colegio de Ciencias Humanidades, otro número grande de Facultades y en una cuenta que podría seguir, se está desperdiciando”.

Hoy se están quedando en el olvido cien años de de triunfos de muchas personas que han contribuido a dejar en alto el nombre de la máxima casa de estudios. A pesar de las dificultades originadas por el desinterés de algunos directores de lo que actualmente es la DGDU, se debe reconocer y recordar que los que conforman al deporte universitario siguen destacando en competencias nacionales e internacionales y en el medio deportivo en general.

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