martes, 3 de mayo de 2016

UN DÍA PARA SOÑAR A RITMO DE JAZZ

Por Montserrat Antúnez Estrada

México (Aunam). Los festejados levantan las manos. Brincan sobre tapetes de colores, mueven las caderas en círculos. Una asistente disfrazada de princesa presume su habilidad al dar una marometa. Niñas y niños celebran, como sucede desde hace 62 años, la fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas para reafirmar sus derechos.

Es su día, es su fiesta. Hoy son dueños del Centro Nacional de las Artes (Cenart) y toman como cómplice la música jazz que ameniza el lugar.

Espacios cubiertos de lonas blancas, cercados con tablas de colores, conforman los más de 17 espacios que el festival “¡Todos a jugar con música de jazz y más!”, ofrece para los menores. El Día Internacional del jazz y el Día del niño en México comparten más que la fecha de su celebración.

En los carteles amarillos colgados de los postes de luz que hay en el Centro se afirma que el jazz: “representa el poder de la música contra la discriminación y en favor de los derechos civiles”.

Las risas y juegos de los niños que caminan del brazo de sus padres, los que corren y gritan alrededor del lugar, así como los que aún no aprenden a hablar, también se oponen a injusticias. Son muestras de oposición en un país en donde el 53.9 por ciento de menores de 18 años vive en situación de pobreza.

Cientos de familias recostadas en el pasto escuchan a la agrupación Magnolia México Jazz Band. El conjunto no acapara las miradas y sonrisas de los espectadores sino los más de 30 bailarines que si bien no son expertos en el arte de la danza sí lo son en el de la espontaneidad.

Los danzantes se encuentran en la tarima en frente del escenario al aire libre. Vestidos de superhéroes y heroínas, con playeras de diferentes colores, niñas y niños de distintas edades siguen, sin éxito, la coreografía que un par de animadores comparten. “¡Mira, mira!”, grita un niño de un metro de estatura mientras baila y agita las manos para llamar la atención de su papá.

En el espacio llamado “Josephine Baker”, nombrado así en honor a la reconocida bailarina de charleston de los años 20, la artista Myrna de la Garza invita a las niñas y niños, junto con sus padres y abuelos, a moverse sin timidez: “Bailemos porque podemos hacerlo”.

Una señora, de pie, se mueve de izquierda a derecha. Frente a ella un niño de 9 años brinca sobre su lugar levantando las dos piernas. “¡El jazz es un baile a favor de la libertad!”, grita la animadora.

Los asistentes continúan moviéndose. Lo hacen como si, sin saberlo, honraran a esos 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes que, en México, realizan alguna actividad económica. Myrna pide a los presentes cerrar los ojos: “Abróchense los cinturones. Hoy es un día para que niños y adultos soñemos”.




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lunes, 2 de mayo de 2016

BANDERAZO DE SALIDA PARA EL CONTINGENTE PUMA

Por Rafael Vadillo
México (Aunam). Los 183 atletas que representarán a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Universiada Nacional 2016, tomaron protesta durante la ceremonia de abanderamiento del contingente Puma el pasado 28 de abril. Dicho evento contó con la presencia del rector de la Universidad el Dr. Enrique Luis Graue Wiechers.

Representantes de 16 disciplinas deportivas (de 42 que ofrece la UNAM), dentro de las que destacan basquetbol; voleibol; fútbol; béisbol; tenis; atletismo; judo, halterofilia; entre otras, se dieron cita en las instalaciones del Frontón Cerrado en la Ciudad Universitaria para el acto protocolario.


En presencia de directivos, académicos, trabajadores, estudiantes y prensa, el Dr. Enrique Graue dio el banderazo de salida para los jóvenes estudiantes que pondrán los colores de la Máxima Casa de Estudios en alto el próximo mes de mayo en Guadalajara, Jalisco; lugar donde se llevará a cabo la Universiada Nacional.

El rector de la Universidad hizo hincapié en el esfuerzo y los sacrificios que, los estudiantes-atletas, han realizado para llegar a ese momento cumbre y les aconsejó dar su mayor esfuerzo, y sobre todo, divertirse a lo largo de la justa; no sin antes desearles el mayor de los éxitos.

Durante el acto protocolario también se contó con la presencia del Lic. Alejandro Fernández Varela Jiménez (Director General de Deporte Universitario), del Dr. César Iván Astudillo Reyes (Secretario de Atención a la Comunidad Universitaria), de la Dra. Mariana Duhne Ramírez (estudiante de la Facultad de Medicina, parte del equipo de halterofilia y medallista en la Universiada Nacional 2015) y de Humberto Ceballos Martínez (alumno de la Facultad de Ingeniería y parte del equipo de voleibol de sala).






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EL LUGAR DE LOS OLORES Y SABORES

Por Tania Olmos Martínez

México (Aunam). El silencio no está presente en este lugar: gritos sin sentido y música de géneros gruperos, son los sonidos que se escuchan. El mercado de la Merced es uno de los lugares populares en México para comprar por minoría y mayoría, para adquirir cualquier tipo de productos: encuentras desde carnes frías y legumbres, hasta brebajes santeros.

Es muy fácil encontrar este mercado, sólo tienes que viajar en la línea 1 del Metro y bajar en la estación “Merced”. Después subes por las escaleras hacia la salida y cuando pongas un pie afuera del metro ya estarás en el ambiente mercantil de la colonia.


Hay una variedad enorme de colores, aromas y sonidos. En los pasillos de éste enorme mercado, se escuchan gritos como el clásico “Pásele güerita, ¿qué va a llevar?” o algunos más originales cómo “¡Tú pide y yo lo consigo, aquí hay de todo, mi reina!”.

El lugar es una paleta de tonos y colores, algunos llamativos como las piñatas, otros naturales como el verde del limón y el morado de la cebolla. Algunos puestos tienen organizada su fruta en montañas de colores, pero hay algunos que se dedican sólo al comercio de una mercancía, ya sea sólo cebollas, o sólo limones, por lo que se pintan de un sólo color.

Justo en el año de 1952 se construyó “La Nave Madre” que es el mercado de la Merced original, por ser el primero que se hizo. Con el paso del tiempo la colonia se convirtió en un lugar mercantilista, por lo que se tuvieron que construir “naves” similares que albergaran los nuevos puestos.

Por esta razón “La Merced” está conformada por varios mercados, en los que los puestos se clasifican según el tipo de mercancía que venden. Por ejemplo, en “La Nave Madre” está la mayoría de las dulcerías y los expendios de frutas y verduras; cruzando la calle, a un costado de este mercado, está la nave de las carnes frías.

Para adquirir algún puesto e iniciar tu propio negocio debes esperar que se ponga en venta un local, ya que la mayoría de éstos se heredan y permanecen con una familia de generación en generación. Por ejemplo el caso de don Manuel Hernández, vendedor de chiles secos en la Nave Madre, dice “Este puesto le perteneció a mi abuelo y yo desde pequeño he trabajado aquí”. Ese local es de su familia desde hace poco más de 20 años.

Sin embargo, en la espera de un local, ya sea dentro de la nave o fuera, debes de pagar una cantidad que se aproxima a los 90 mil pesos, claro que el precio depende del lugar en el que se ubique.


Las personas que recorren los pasillos del mercado de legumbres se dan cuenta del cambio de aromas. Se debe a los puestos que venden un solo producto, por la cantidad de kilos que tienen de la misma mercancía. Cuando pasan por un pasillo de verdura y en seguida hay un local de chiles secos, el aroma que sobresale es el fuerte olor del chile guajillo, o el del chipotle.

Si los aromas son cambios drásticos en las legumbres y sobre todo en los chiles secos, en el mercado de las carnes frías es un mundo de olores fuertes. Al caminar por el primer pasillo recibes un golpe de olor a viseras y más de 20 personas te gritan en la cara “Compra aquí, qué buscabas”, “La mejor carne está aquí, pásale”, o “Aquí hay de todo”.

La variedad de olores es proporcional a la cantidad de mercancía y productos que puedes comprar en la nave de las carnes frías. Es posible adquirir carnes de res, puerco, algunos mariscos, pollo fresco o congelado, y también todos los demás productos que se derivan de estos como: carne al pastor y carne para tacos (ya preparada para azar), longaniza y lengua cocida.

La mercancía de la nave de carnes frías, es organizada en columnas de casi un metro de carne de res, de pollo o bistecs de carne de puerco. Pero los productos como el chicharrón y la pata de puerco para tostada, se acomodan diferente, dice Julio, alias “el Junior”, empleado de una carnicería “La pata y el chicharrón van en tinas para que no se les paren las moscas, le calculo que le cabe como más de 15 kilos a cada tina”.

Además, en la nave de las carnes frías, también hay cremerías. Se encuentran casi en las salidas del mercado. Venden quesos y, por galones, crema y leche. Justo al salir de esta nave hay puestos en la calle, estos ya no son productos como los del mercado, sino que venden mercancía como cacerolas, recipientes de plásticos y hay muchos puestos más de comida preparada.

Entre los pasillos cercanos al metro de la Merced puede adquirir adornos florales para fiestas; una variedad de calzado, discos piratas y en algunos pasillos está la santería.

Este último tiene pequeños locales pintados de colores oscuros como el negro y morado: con olor a incienso y letreros que dicen “Amarres por $500.00” o “Se leen las cartas”. A esto se agregan imágenes de la Santa Muerte y de San Judas Tadeo. Aquí venden velas aromáticas, brebajes para sanación del espíritu, pociones de amor y otros tés a basa de hierbas para sanar.

Algunos puestos tienen mayor competencia que otro, por ejemplo, la Nave Madre con frutas y verduras alberga más de 700 puestos del mismo tipo y en la nave de las carnes frías, más de 500 puestos son de carnes, lo que ocasiona una gran variedad de precios, calidad y productos.

La variedad de cosas que puedes encontrar y comprar en este mercado, son la razón de que muchos mexicanos adquieran sus despensas en este lugar. Los precios son accesibles, se pueden encontrar ventas por mayoreo, lo que disminuye el precio. Esto es lo que buscan las personas: variedad de productos, calidad de estos y economizar con sus precios.




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LA CARA ANTIGUA DE LA MUERTE

Por Katia Morales Marcelino
México (Aunam). A las dos de la tarde, la salida de la estación del metro Cuatro caminos, escupe y traga gente. Cientos de personas cruzan sus caminos en los torniquetes, unos salen y otros llegan. Los que entran no saben que el transporte avanza más lento de lo normal y los que salen, no prevén que el día es más soleado y caluroso de lo tolerable.


Un pasillo se extiende justo antes de llegar a la Calzada Ingenieros Militares. A lo largo, diminutos locales atiborrados de “maquinitas traga monedas” y una que otra improvisada “boutique” con fayuca. Los más solicitados son los negocios de comida con sus típicas gorditas de chicharrón que escurren caliente y rico aceite; así como las inigualables “flautas” adornadas con sustanciosa crema y sospechosa lechuga.

Cuando por fin los locales se quedan atrás, la Calzada aparece en toda su extensión. A los lados, miles de “combis” se encuentran formadas para llevar a sus inquietos y sudados pasajeros. Los choferes se tornan renuentes a dar el paso a los peatones y exasperados comienzan a pitar y chiflar a la combi de enfrente. Debe ser el sol, su intensidad pone de mal humor a cualquiera.

El cruce con la Calzada México–Toluca inicia cuatro calles más adelante. En el camino, las personas siguen fluyendo y con ellas pequeños “puestos” de tacos de procedencia dudosa: “¡Llebele [sic] 3 X 10!”, dice su propaganda.

La llegada


A mano derecha en la intersección y media calle más, el Foto Museo Cuatro Caminos tiene sus puertas abiertas al público. Rubén Mejía es el encargado de la recepción. No tiene más de veinticinco años, pero las sombras debajo de sus ojos y la expresión con un tono de desagrado contrastan en su rostro juvenil.

En la entrada, el nombre de una de las exposiciones activas en el museo, da una grata bienvenida. “ENRIQUE METINIDES. EL HOMBRE QUE VIO DEMASIADO”, se encuentra escrito con letras negras que resaltan con la amplia e impecablemente blanca pared de diez metros por tres de alto

A los pies de ésta, una ambulancia propia de los años 60, completamente blanca con excepción de una cruz roja en un lado con la leyenda “Cruz Roja Mexicana”. Su delantera es de tipo Volkswagen, pero más alargada. Reluciente y brillante, como si los años no hubieran pasado por ella. “Toda una reliquia, pero de las que más vidas salvaron”, dice Ilse Portales, joven encargada de dar informes sobre el vehículo.

A lo largo de la pared, una pequeña muestra de lo que se espera de la exposición fotográfica –con temática en Nota Roja- de Jaralambos Enrique Metinides Tsironides, afamado fotógrafo mexicano de los años cincuenta. Al fondo, una foto en blanco y negro de un accidente automovilístico. Son tres jóvenes a los pies de un convertible. Dos de ellos aparentemente muertos y el otro, con un severo golpe en la cabeza; fumando un cigarro y tomando en brazos a uno de sus compañeros. Está volteado hacia uno de los dos policías posicionados al lado suyo.

Mirada a la muerte


La sección derecha del museo es enorme –aproximadamente mil metros cuadrados de superficie-. Está conformada por altos techos negros, con luces empotradas e inmaculadas paredes blancas. De acuerdo con el portal online del museo, el lugar fue un proyecto de remodelación iniciado en 2012, por parte de la Fundación Pedro Meyer, sobre una antigua nave industrial que se encargaba de fabricar plástico, en la década de los cuarenta.

Las paredes se encuentran tapizadas por 120 obras que el fotógrafo ha realizado durante casi setenta años. Todas ellas, enmarcadas en cuadros negros de tamaño similar –cuarenta centímetros por sesenta-. Pareciera que lo formal del marco tratara de mitigar lo impactante que cada una de las imágenes conserva.

De acuerdo a la Asociación Mexicana de Investigadores en Comunicación las imágenes de nota roja se caracterizan por la dramatización, exaltación y descontextualización de la violencia. Expone la tragedia, la exhibe. Podría hablarse, entonces, de una clara caracterización de las obras: accidentes automovilísticos, crímenes pasionales, delincuencia y/o riñas y, no menos importante, imágenes que retratan el dolor de la sociedad.

Después de los primeros diez cuadros, los nervios comienzan a flaquear. La imagen de lo inevitable, un robo y asesinato dentro del bosque del Chapultepec en 1995. Un joven tirado boca abajo, no se ve que ha sido apuñalado tres veces. Pareciera que sólo duerme.

Primera mueca de horror: la muerte de Adela Legarreta Rivas. La periodista mexicana quedó “prensada” de la cadera a los pies en su vehículo, un 29 de abril de 1979; su manicure y peinado, están casi intactos.


Segunda mueca de horror: Jesús Bazaldúa, un joven ingeniero de telefonía, se encuentra suspendido de uno de esos viejos postes de luz de los años setenta. Su brazo y pierna deshechos por sesenta mil voltios. La maraña de cables contrasta con el cielo de fondo.

Primera mueca de desconcierto: Gregoria Cruz habla con un policía, se ha vuelto en una homicida. Tirada sobre la calle Tacuba, Tiburcia González ya no respira, tiene una puñalada en el estómago. En ese tiempo las mujeres indígenas tenían como modo de subsistencia, la venta de dulces y Tiburcia vendía el mismo tipo que Gregoria, algo inimagible para 1968.

Pasados los cuadros que ocasionan un sentimiento de horror, comienzan a aparecer aquellos que obligan a la empatía y al dolor, a la inevitable sensación de tener un nudo en la garganta. Una madre indígena de los años sesenta está en la sala de espera de la Cruz Roja de la Colonia Roma, tiene sangre en cara y ropa. No es su sangre, sino de su pequeño de dos años que acaba de ser atropellado por un autobús. Esta inconsciente.

Por último, uno de los más impactantes. La parte trasera de un automóvil de los cincuenta, en su interior una mujer y a su lado un niño de tres años. Su coche acaba de chocar contra un camión, nadie sobrevivió. Todos los vidrios están rotos, la gente trata de mirar a través de ellos.

Mirada al presente


Después de dos horas se comienza a estar harto y perturbado del nivel de violencia y muerte que puede llegar a ser captado por una cámara. Después del último vistazo y del estado de ensoñación y horror, se comienzan a notar más voces en el lugar. Más personas están admirando las obras, en comparación con las seis que estaban a las dos y media, cuando Rubén levantó la vista e invitó a pasar.

“Me mandaron para mi clase de Artes. Vine con mi novia. Espero que salgamos rápido”, dice Edgar Cruz, estudiante de secundaria. Acto seguido, voltea hacia la chica delgada con un audífono en el oído que está a su espalda y le sonríe.

Actualmente se dice que la violencia va en aumento. El sociólogo Fernando Escalante comenta que más bien ha habido un incremento de la exposición pública de la violencia, así como de sus perfiles de actuación. Ahora se representa a la muerte en sus formas más brutales: tortura, descabezamiento, descuartizamiento. El día a día del país se pierde entre las primeras planas, con la imagen más sangrienta que se haya podido fotografiar.




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LA REVOLUCIÓN INTERRUMPIDA EN EL MERCADO DE LA MERCED

Por Raúl Parra Rosales
México (Aunam). El Mercado de la Merced tiene una oferta de lo más vasta; en él pueden encontrarse yerbas, especias, frutas, verduras, legumbres, adobos, embutidos, granos y hasta revolucionarios, como don Raúl, un sobreviviente del movimiento estudiantil del 68 con un amplio bagaje como activista político.


El mercado

El principal mercado minorista de la capital está emplazado en el barrio homónimo, La Merced, al oriente del Centro Histórico de la Ciudad de México. Durante más de un siglo, de 1863 a 1982, fue el mayor proveedor de productos alimenticios a gran escala para los capitalinos.

Las calles aledañas están repletas de puestos donde se venden frutas y verduras a precios muy bajos, en una zona conocida como el tianguis. Los visitantes caminan con dificultad por los estrechos pasillos que se forman entre los puestos y el tránsito de los carros, mientras los marchantes tratan de seducirlos con sus ofertas.

Al interior, una nave de medio kilómetro de longitud está abarrotada de toda clase de alimentos. Su extensión parece ser tan infinita como la del océano en el horizonte. La mercancía salta a la vista: hay enormes canastas desbordadas de legumbres y costales colmados de cereales que se elevan casi dos metros por encima del suelo.

Hay personas con carretillas moviéndose en todas las direcciones. Los marchantes vociferan los nombres y precios de sus productos y tratan de pescar a los posibles clientes. La Merced es un mercado incluyente; en él convergen hombres y mujeres de todas las edades, estratos, géneros, ideologías y nacionalidades.

Pero en el mercado no sólo se oferta comida; también hay una zona destinada a la venta de artículos para el hogar: el paso a desnivel. Éste se ubica junto a los cárnicos y alberga prendas de ropa, canastas y una gran variedad de telas.

La gente

Tal como su nombre lo indica, el paso a desnivel no se encuentra a la misma altura que el resto del mercado, sino que está en una depresión y se accede a él descendiendo por unas escaleras. Muy cerca de hay un local donde se venden capazos para recién nacidos, que en México se conocen como ‘moisés’.

El tendero, un hombre senil y espigado de pelo cano y lentes, fuma un cigarrillo mientras espera a su próximo cliente. Es don Raúl, un octogenario con 57 años de antigüedad en el mercado. Su negocio se llama “El Moisesito” y llegó a tener tres sucursales, pero ahora sólo queda la matriz.

El paso a desnivel está relegado a la marginación y se encuentra en pésimas condiciones. Las escaleras se inundan constantemente debido a que abundan las goteras. Esto ha mermado la prosperidad de las ventas. Don Raúl explica que tuvo que cerrar los otros tres locales porque los ingresos descendieron en un 99 por ciento.

De acuerdo con el propietario de “El Moisesito”, otro problema es ocasionado por los vendedores ambulantes, quienes proliferan en esa zona y bloquean el acceso. Los comerciantes les han comunicado la necesidad de una restauración a las autoridades, pero no han obtenido respuesta.

La revolución interrumpida


Don Raúl hace un paréntesis a la conversación y sube a una escalera para cambiar la cubeta situada debajo de una gotera; el agua en su interior está a punto de desbordarse. A partir de ese momento prefiere hablar de temas más relevantes.

El hombre blanco y delgado, de piel arrugada por los estragos el tiempo, retrocede cinco décadas y rememora cómo sobrevivió a la matanza de Tlatelolco:

“Yo estuve ese día, íbamos en un carro y cuando llegamos [a la Plaza de las Tres Culturas] vimos que unos soldados estaban quemando los camiones y le echaron la culpa a los estudiantes […] Como usábamos melena, y el ejército disparaba a todos los que tuvieran el pelo largo, una camioneta se me emparejó. Afortunadamente pude dar la vuelta y eludirlos”.

Don Raúl estudió en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), pero en las manifestaciones se juntaba con los de la UNAM. Durante sus años de lozanía fue muy aguerrido y participó activamente en los movimientos sociales. Recorrió todo México participando en las campañas políticas y llegó a pertenecer a la porra de la Universidad Nacional, cuando era comandada por Luis Martínez “Palillo”.

El hombre se resiste a que su testimonio sea desestimado, y para probar la autenticidad de sus palabras ingresa a un pequeño almacén ubicado en la zona posterior de su local. Vuelve con una pequeña bolsa y revela su contenido: una serie de fotografías con figuras destacadas de la política nacional e internacional.

Los presidentes José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari; Fidel Velázquez, líder perenne de la Confederación de Trabajadores de México (CTM); Rigoberta Menchú, defensora de los derechos humanos y Premio Nobel de la Paz en 1992; y Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial asesinado en 1994, son algunas de las personas con las que aparece retratado. Sin embargo, la más destacada es en la que está con Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución cubana y mandatario de ese país de 1959 a 2008, a quien conoció en la isla en 1982.

Tras más de un cuarto de siglo de activismo, don Raúl se cuestionó un día «¿Qué es lo que estoy pidiendo?» y puso en una balanza lo que podría ganar frente a lo que podría perder. A partir de entonces dejó la lucha y se decantó por una vida más tranquila.

Don Raúl atiende a dos clientes que se acercan; la tranquilidad de su semblante reafirma su decisión. Hoy ya no tiene que huir ni esconderse, permanece protegido por el anonimato que le brinda la multitud de vendedores en su lugar de trabajo. Ahora sólo se dedica al cuidado de su familia y su negocio en el Mercado de la Merced.





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jueves, 28 de abril de 2016

LA NOVENA AURIAZUL A LA UNIVERSIADA NACIONAL

Por: Rafael Vadillo Santos
Fotos por: Michelle Ramírez Corral
México (Aunam). Los Pumas de béisbol lograron su clasificación a la Universiada Nacional 2016, torneo que se llevará a cabo el próximo mes de mayo en Guadalajara, Jalisco, tras vencer 12 carreras a 2 a su similar del Instituto Politécnico Nacional (IPN) este fin de semana en el Parque Universitario de Béisbol de Ciudad Universitaria.


La escuadra felina estuvo en el grupo A, de la fase regional del Consejo Nacional del Deporte de la Educación (CONDDE), junto a la Universidad Iberoamericana (UIA) y la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh). Comandados por Ernesto Montero Morales, los Pumas avanzaron al partido decisivo en el segundo lugar de este grupo; luego de terminar la primera ronda con marca de un partido ganado y otro perdido.

En un encuentro que mantuvo el marcador empatado a dos carreras a lo largo de las siete entradas oficiales, los peloteros de la Máxima Casa de Estudios, lograron sacar ventaja en los extra innings gracias al bateo oportuno de Juan Aguilar de la Facultad de Contaduría y Administración; Uriel Pichardo de la Facultad de Ingeniería; Alexis Martínez de la Facultad de Estudios Superiores Aragón; e Ian Trujillo de la Facultad de Química, quien además se adjudicó la victoria como pitcher.


Con este resultado, los auriazules se unen a la UIA como representantes de la Región VI (Ciudad de México, Estado de México, Morelos y Guerrero) del Condde en la próxima Universiada Nacional. Los actuales campeones del Torneo Nacional de Primera Fuerza de la Comisión Nacional Estudiantil de Instituciones Privadas (Conadeip) en su edición 2016, asistirán a esta justa en busca de mejorar su actuación del año pasado (Universiada Nacional UANL 2015) donde terminaron la fase de grupos sin conocer la victoria.





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DESFOGUE DE VIERNES POR LA NOCHE

Por Katia Morales Marcelino
México (Aunam). Dicen que las penas con pan son menos, pero cuando se tiene un mínimo de 200 pesos, buen aguante etílico, ritmo de nacimiento y amigos fiesteros; en vez de pan, se prefiere la cerveza. A las diez de la noche las danzarinas luces neón de color azul del bar Exa Live reciben gustosas a todos aquellos –mayores de 18 años- que necesiten iniciar el tan ansiado “desfogue” que permita liberar todas aquellas penas laborales, amorosas y estudiantiles.


La puerta es pequeña y el sujeto con sobrepeso que responde al nombre de Víctor Quintanar no hace fácil la entrada. “Que se diviertan”, dice. La construcción parece una enorme chimenea: paredes de ladrillos entre tonos rojos y café claro son el material principal y no más de cien metros cuadrados tiene de extensión el bar. De éstos, la mitad está ocupada por 20 mesas y la otra mitad destinada para una diminuta pista, un escenario y la barra.

La decoración la conforman guitarras autografiadas dentro de delgados escaparates de cristal. En uno de estos, el instrumento porta de su lado izquierdo una indescifrable maraña de líneas negras, debajo un pequeño letrero: Sin Bandera, dice. A donde la mirada voltee se hacen presentes fotografías de Marc Antony, Lupillo Rivera, Alejandro Fernández, Soda Stereo, Jenny Rivera, Paulina Rubio y todos aquellos artistas que tienen un lugar dentro del bagaje musical mexicano.

Medio centenar de personas se han dado cita, en su mayoría hombres. Botellas y tarros de cerveza, micheladas y cocteles -el alcohol en todas sus presentaciones- son dejados en las manos de los asistentes. Entre las mesas, tres hombres y dos mujeres con delantal rojo, maniobran y se deslizan sigilosamente, dirigen sonrisas y preparan cuentas.

A las once y media de la noche, los visitantes que interpretan sobre el micrófono sus canciones favoritas, han disminuido. El alcohol comienza a hacer estragos: el sentimiento dentro de las interpretaciones va en aumento y la “pena ajena”, también. Los artistas con mayor raiting en el karaoke son José Alfredo Jiménez, Paquita “La del Barrio” y Jenny Rivera.

Para la media noche, el karaoke cierra su última ronda y la música da un giro de 180 grados. En los altavoces retumba “El verde de tus ojos”, cumbia interpretada por el grupo “Los Llayras” -¿de qué otra forma se puede dar ambiente para bailar, si no es con géneros tropicales?-. Los asistentes no se hacen del rogar y dan rienda suelta a sus mejores pasos de baile.

“Me estoy divirtiendo mucho, hace un buen que no salíamos”, le dice Mariana López a su novia Patricia Ochoa. Ambas son estudiantes de la carrera de Mecatrónica en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas (UPIITA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN). “Vivimos cerca de aquí. Nunca habíamos podido venir, pero ya nos lo habían recomendado”, dice Patricia. Acto seguido, se dan la media vuelta y vuelven a acoplar sus delgados cuerpos, al son de la música.

A la una y media de la mañana del día sábado, los asistentes comienzan a salir del lugar. Unos trastabillando, otros preparando sus cigarros y encendedores. En la acera, algunos buscan un taxi que se atreva a llevarlos a casa a esas horas de la madrugada. La fiesta y la “bebedera” han terminado, un día más en la lista de las visitas de estas personas a bares parecidos a Exa Live.

No saben o no quieren saber que la demanda de bares en la Ciudad de México va en aumento. De acuerdo con El Universal, en 2014 se tenía la penosa cantidad de haber 3 bares por cada biblioteca pública, dando a México el décimo lugar en consumo per cápita de alcohol en América Latina con 7.2 litros anuales. Desconocen también que en 2010 el periódico La Jornada dio a conocer que el 15% de decesos y discapacidades durante ese año, fueron debido a los estragos del alcohol.

No lo saben, seguirán arribando al local 102 de Plaza Lindavista. Nada cambiará. En la entrada el logo del bar, caracterizado por un cuchillo y un tenedor cruzados, en medio de una guitarra, continuara apareciendo como una luz al final de un día agotador. Dando paso a ese desahogo etílico que se comienza con la voz de José Alfredo Jiménez diciendo “Amanecí otra vez, entre tus brazos…” y que se concreta con pasos de baile, unas cuantas vueltas y varias cervezas.




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EL SAQUEO DE LA RIQUEZA MINERA DE HIDALGO

Por Raúl Parra Rosales
México (Aunam). Hay oscuridad total, a cada paso disminuye el oxígeno. La atmósfera es húmeda y el terreno, irregular. Gotas de agua caen lentamente sobre los cascos de los cautivos, quienes gritan despavoridos ante la imposibilidad de ver lo que hay a su alrededor. Instantes después de esfuma la penumbra; los forasteros respiran aliviados al retomar consciencia del lugar donde están: la Mina de Acosta, en Mineral del Monte, Hidalgo.

Cerca del mediodía, 40 alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) llegan a la Mina de Dolores. Por la módica cantidad de cinco pesos, un tranvía les ahorra media hora de camino y les permite tener una vista privilegiada del colorido pueblo a aquellos que van en la parte superior. El recorrido a la Mina de Acosta se hace en un santiamén.


El costo del acceso al Museo Memorial Mina de Acosta es de 40 pesos para el público general y 30 para estudiantes. En el panorama prevalece el verde del pasto, mientras que la edificación es blanca y tiene el techo rojo. Rufino Carmona Jiménez, un minero retirado que a sus 53 años gana mil 200 pesos mensuales por hacer visitas guiadas, ya espera al grupo dentro del museo.

El hombre moreno, de baja estatura y cabello corto, que está curtido por la experiencia y porta un casco amarillo, explica que el museo es conocido a nivel internacional. “Me ha tocado hacer entrevistas para Televisa, Venga la Alegría, Reforma en prensa, y hasta para Venezuela”, expresa con orgullo.

La historia minera de Hidalgo está definida por el saqueo. Durante los más de 450 años que se mantuvo con vida, entre 1552 y 2005, el distrito minero Real del Monte-Pachuca tuvo tres amos extranjeros: los españoles, los ingleses y los estadounidenses. En el siglo XIX, los mineros nacionales percibían un salario diario del equivalente a dos pesos en la actualidad.

El museo es pequeño, está compuesto por apenas una sala donde se exhiben teodolitos, máquinas de escribir, relojes, sumadoras, calculadoras, brújulas, bombas de vapor, lámparas de carburo y equipos fotográficos utilizados durante las distintas etapas del desarrollo de la mina.

El grupo se dirige a la calesa, enclavada en el patio central del lugar. Esta estructura metálica de color rojo, que se erige varios metros sobre el suelo, es la entrada principal a la mina. Antaño, cuando aún se encontraba en funcionamiento, permitía que siete u ocho mineros descendieran hasta las entrañas de la tierra mediante el uso de un sistema de claves y toques.


Por indicación del guía, y debido a cuestiones de seguridad, los visitantes pasan a un pequeño cuarto donde se ponen cascos de diversos colores. Éstos representan una categorización jerárquica: el rojo es para los soldadores; el naranja para los mecánicos; el azul para los electricistas; el amarillo para la gente de producción; y el blanco, inalcanzable para los mexicanos, le pertenece a los jefes.

Finalmente llega la actividad que originó el viaje: conocer el socavón de la mina. Los estudiantes se aglutinan e ingresan al túnel, encabezados por Rufino Carmona. Sus dimensiones son estrechas; algunos se agachan para no golpearse la cabeza. En los muros hay fotografías que exhiben las condiciones paupérrimas en que trabajaban los mineros nacionales en el siglo XIX: tan sólo vestían huaraches y sombreros de palma, sin ninguna garantía de seguridad.

Las paredes del túnel están enmohecidas, la luminosidad es escasa. El verde del hongo sobresale cual diamante entre el pardo de las rocas, tal como lo hicieran el oro, la plata, el cuarzo, el plomo, el bronce, el zinc y el cobre durante los años mozos de la mina. La imperante humedad refleja el problema más grande de cualquier excavación: el exceso de agua.

El grupo avanza, conforme más se adentra el frío se vuelve insoportable. A la derecha hay una veta de plata, reducto del esplendor pasado. En el trayecto, los visitantes conocen una letrina minera, conocida como ‘cuba’. Al final han recorrido los 450 metros del túnel de la Mina de Acosta que desemboca en la Mina “La Dificultad”. Ahora se encuentran a 120 metros de profundidad, en el primer nivel, pero ya no descenderán más; no son tan desafortunados.

De acuerdo con Rufino Carmona, de todo lo que extrajeron del distrito minero Real del Monte-Pachuca a lo largo de su historia, tan sólo el 2 por ciento se quedó en territorio nacional; el resto fue a parar a Estados Unidos y a Europa. Sin embargo, para él, lo peor es la pérdida de oportunidades laborales: “Cierran las minas y se acaba la principal fuente de empleo”.





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SINTIÉNDOLO TODO

Por Yuritzi Elvira Rodríguez Trejo
México (Aunam). Las paredes del Pepsi Center ubicado a un costado del Word Trade Center de la Ciudad de México cambiaban de color con las luces estroboscópicas que provenían del escenario en donde la banda Alemana de pop-rock Tokio Hotel presentaba su más reciente álbum de estudio Kings of Suburbia como parte de su gira internacional Feel It All World Tour.


“Jamás había sido tan feliz en mi vida, desde que anunciaron que vendrían no dejaba de pensar en cómo sería tenerlos de frente” comenta Penélope Montes de Oca, estudiante de psicología del Instituto Politécnico Nacional, cuando recuerda el día del concierto de su banda favorita.

Penny, como prefiere que la llamen, tiene 20 años, no pasa del 1.60 metros de estatura y su cabello es de color café, del mismo tono que sus ojos. Se encuentra sentada en posición de loto mientras juega con el pasto del Parque Hundido en la Ciudad de México. Bretzel Rodríguez, una de sus mejores amigas está sentada junto a ella. Ambas tienen el último disco de la agrupación en sus piernas.

Bret sonríe mientras Penny cuenta su experiencia en el concierto y asiente al mismo tiempo que ésta última intenta dar datos precisos, como la hora de llegada al recinto, el momento en que la banda telonera Allison subió al escenario y cuando finalmente sus ídolos desde hace más de 6 años comenzaron con el show.

“Recuerdo que en Facebook se decía que varias fans se fueron a acampar desde un día antes y me enojé mucho” – sonríe Bret - “Ese día llegue como a las 6:00 am y ya había varios formados, pero no tantos, luego de esperar muchas horas por fin nos separaron por paquetes”.

Tokio Hotel es una banda de pop-rock que comenzó en 2001. Con su primer sencillo Durch Den Monsun lograron conquistar Europa y posteriormente en 2007 con Scream ,álbum en inglés con el que buscaban llegar a más seguidores lograron pisar tierras mexicanas gracias al apoyo de las radiodifusoras nacionales y de sus seguidores.

La agrupación no había lanzado ningún material discográfico desde el 2009, con Humanoid y su última gira Welcome to the Humanoid City Tour (Bienvenido a la Ciudad Humanoide) fue la última vez que estuvieron en México durante los primeros días de diciembre de 2010.

Feel it All World Tour fue una oportunidad única para sus fanáticos, formados principalmente por mujeres, ya que por primera vez los pases al Meet & Greet se vendieron, lo que ocasionó que la posibilidad de conocer a la agrupación fuera más accesibles. Los precios iban desde 25, mil hasta los mil, 200 pesos según las cualidades de cada paquete, los cuales estaban nombrados por canciones.

“No tenía mucho dinero y los pases volaron, así que compré uno sencillo, el Dancing in the Dark, sólo incluía Soundcheck (prueba de sonido), pero valió cada centavo” Afirma Bret “Nos dejaron entrar como a las 6:00 pm y la música se escuchaba hasta a fuera del Pepsi, tocaron Coverd In Gold y Dark Side Of the Sun y creo que Girl Got a Gun, la emoción no me deja recordar”.

Adolescentes de diversas edades se formaron afuera del recinto durante horas, incluso hubo quien decidió dormir ahí. A cada segundo que transcurría las emociones se sentían a flor de piel, cada minuto era uno menos a la espera de cinco años para poder ver a su banda favorita en vivo.

Eran alrededor de las 9:00 pm cuando Allison, banda mexicana de rock había dejado el escenario cuando Tokio Hotel ocupó su lugar. Diversas luces de colores bailaban sobre una tela delgada casi transparente mientras las primeras notas de We Found Us se encargaba de comenzar el show, lo que despertó la adrenalina de sus seguidores quienes no dejaron de corear cada pedazo de la canción mientras Gustav tocaba la batería, Georg el bajo y Tom la guitarra, éstos últimos usaban paliacates en sus rostros, mientras Bill, el vocalista, lucía un traje ajustado negro con dorado, una capa del mismo color y una corona.

Durante el transcurso de la noche, las actividades que los fans realizaban para mostrar su amor por los músicos variaban. Casi desde el comienzo del show los fans habían organizado utilizar globos con focos de led en su interior para hacer brillar todo el recinto, los cuales podían adquirirse afuera del lugar y tenían la imagen de un Alien en ellos, símbolo que identifica a los fanáticos del grupo.

El lugar estaba repleto de luces de colores brillantes y para el momento de interpretar Masquerade casi al final del concierto los fans usaron máscaras con el emoticono de un extraterrestre y algunos corazones, para posteriormente entonar las famosas “mañanitas” pues ese día los gemelos Bill y Tom Kaulitz, cumplían 26 años de edad.

Los cambios de vestuario fueron numerosos, principalmente de Bill Kaulitz: pantalones de mezclilla rotos acompañados de un abrigo rojo; trajes negros con cintas color neón que reflejaban las luces provenientes del escenario e incluso camisa blanca con pantalones de vestir negros y una gran cantidad de cadenas plateadas que adornaban el cinturón del cantante.

Justo antes de Great Day, canción con la que finalizaba el show, Gustav Schäffer, y Georg Listing, subieron al escenario un pastel de cobertura blanca mientras los fanáticos continuaban cantando, pero ésta vez en inglés, al momento en que los hermanos Kaulitz casi al borde de las lágrimas se abrazaban y agradecían por el apoyo recibido durante tanto tiempo.

Para algunos fans, la fiesta terminaba en ese momento, para otros afortunados aún podrían verlos un poco más, ya que el paquete Great Day contenía la convivencia después del concierto en donde podrían realizar preguntas a los músicos y tomarse fotografías con sus teléfonos celulares y la “profesional”, que constaba de una foto grupal tomada por un experto.

Después de esperar una hora, el reloj marcaba las 12:00 am y Bill, Tom, Gustav y Georg salieron al pequeño cuarto pintado de blanco con algunas sillas en el centro de color negro para contestar las preguntas de sus seguidores. Todo se llevó con normalidad y se entonó por milésima vez el “Happy Birthday”.

Los músicos habían cambiado su vestuario por uno más cómodo: todos usaban pantalones de mezclilla negros a excepción de Bill, cuyo pantalón era de vestir, Tom usaba una playera blanca de adornos circulares oscuros y su largo cabello café en un chongo; Georg llevaba una playera negra con una camisa de mezclilla azul sin abrochar y Gustav una playera color rosa con una gorra negra de Addidas.

El vocalista de más de 1.90 metros, usaba una camisa blanca con las mangas dobladas hasta los codos y un par de tirantes negros para sostener su pantalón de tela ligera. El rubio dejaba ver sus múltiples tatuajes de sus brazos, destacando el ubicado en su mano izquierda que la cubre por completo; el dibujo está compuesto por huesos y sobresalen una flor acompañada de una pequeña ave.

El público que permaneció en el recinto estaba conformado por mujeres mayores de 18 años; algunas tenían el cabello pintado de colores llamativos como el rosa y morado, otras más usaban ropa en tonos neón; varias de ellas tenían tatuajes relacionados con la banda: (el logotipo formado por tres barras horizontales y una vertical, pedazos de canciones e incluso el nombre de cada integrante).

Las preguntas se terminaron de realizar y llegó el momento de tomar las fotografías. Las fans hicieron una fila y una a una las fanáticas pasaban a tomar las selfies y la imagen grupal para posteriormente recoger el poster autografiado y dejar el lugar, lo que marcaba el final de las emociones, sólo hasta que llegué el momento de sentirlo todo otra vez.




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miércoles, 27 de abril de 2016

TRAS EL RASTRO DEL TURIGO

Por Ximena Navarro Esquivel

Las lluvias y vientos que azotaron la capital del país habían dejado un cielo claro, inusualmente despejado, que perduró hasta la tarde, cuando una pareja fue en busca del Turigo: un vehículo dedicado al transporte de una sola persona, que se puede encontrar en la Plaza de la República o el Monumento a la Revolución.

Este medio de transporte de dos ruedas, similar al patín del diablo, es “hermano” del Turibús.

El último es un transporte cuyo fin es promover y elevar a la Ciudad de México como un destino turístico de categoría internacional, según el propio gobierno de la ciudad.

Los rayos solares calan mientras se recorre la Plaza de la República, espacio que ha albergado por 77 años al Monumento que conmemora la Revolución Mexicana de 1910. Dicha área no sólo resguarda al mausoleo de los héroes revolucionarios, sino también a jóvenes de cabellos de colores sobre patinetas, a adolescentes solitarios, parejas de enamorados, niños en bicicleta y al escurridizo Turigo.

El Ninebot, nombre otorgado por la empresa Segway Inc. en 2002, pero rebautizado por las autoridades de la Ciudad de México en 2016 como Turigo, fue anunciado a través de las redes sociales de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, así como en medios nacionales como El Universal o Milenio el pasado febrero.

De acuerdo con el anuncio reciente, el Turigo debía de aparecer rápidamente entre las parejas entrelazadas de jóvenes o entre los adolescentes que arman una coreografía frente a propios y extraños; sin embargo, el Turigo se resistió a ser hallado.

Al ingresar a la plazoleta por el lado de Insurgentes Centro, se aprecia la entrada del Museo Nacional de la Revolución, espacio, donde, por lo general se ubica algún guía de turistas, quien brinda información acerca de las actividades turísticas del lugar (como Turigo). Vestida con un chaleco negro, una joven de no más de 25 años es cuestionada sobre esta novedad, hace una mueca de molestia e indica que esa información la tienen los policías.

Al caminar debajo del monumento a la lucha más reciente y significativa en la historia de México, se aprecian a jóvenes sentados con las piernas cruzadas sobre el suelo polvoriento; a niños risueños deseosos de huir de la mano de sus padres; mas no se divisa a ningún policía y mucho menos a un Turigo.

En una de las esquinas del mausoleo está parada una muchacha; también de chaleco negro y de no más de 25 años, pero mucho más risueña que su compañera, quien dice haber visto a algún ninebot o “patín del diablo eléctrico”. De repente señala al vehículo de no más de 14.2 kilogramos que se abre paso entre los jóvenes, sus patinetas y las quinceañeras de vestido azul marino con sus respectivos chambelanes.

Turigo es conducido por un joven de cabello largo y lacio, de piel blanca, cuyos anteojos se ven obstaculizados por el juego que el viento de la tarde hace con su pelo castaño claro. Responde amable a las preguntas que una pareja de jóvenes estudiantes le hace respecto al Ninebot.

“Existen dos paquetes. El de $299 y el de $350, en el último también te dan un pase para el turibús, en el primero no. Te conviene más el segundo porque comprende todo un día sobre el Turibús. También te incluye la capacitación y el recorrido de una hora sobre el Monumento a la Revolución…¡Ah! Y el casco también va incluido”. Con una sonrisa agrega: “Es preferible que hagas el recorrido entre semana, porque en fin de semana es muy difícil circular”.

Después, el joven continúa su marcha hasta llegar a una pequeña estación solitaria conformada por una mesa de madera, una lona de plástico con el nombre “Turigo” y un banco de metal negro ubicados afuera del edificio del Frontón México.

Vox populi acerca de Turigo

“O comes o te subes al Turigo”, señala la señora Elizabeth Velez, quien asegura que jamás había oído hablar sobre este medio de transporte, hasta hoy. Lo considera “caro” y el recorrido le resulta predecible. Elizabeth conoce este medio de transporte creado por Segway Inc. gracias a que acaba de acercarse a la “estación” del mismo, orillada por las súplicas de su hijo de once años y cara regordeta.

Ni el joven de suéter guinda sentado junto a la estatua de Jiménez Deredia dispuesta sobre la explanada, ni la chica de cara pecosa, cabello rojizo y mirada llena de desconfianza, ni dos jóvenes sobre patineta -cuyas risas nerviosas impidieron que informaran sobre sus respectivos nombres-, han oído de este aparatito.

Los rayos del Sol han cedido al avance del día. Ya no calan, pero sí cala el viento helado. El cielo continúa con un azul inusual. El vendedor de rosas rojas ha pasado dos veces y ha fracasado en ambos intentos. Pero el Turigo se ha ocultado.

Hay un bebé de un año y medio que ya sabe andar en una pequeña bici sobre la cuesta de Plaza de la República, pero el Turigo ya no es visible. Los jóvenes vendedores de “cupcakes” andan sobre la Plaza, pero del Turigo y su recorrido nadie sabe nada.

Ni en el Caballito de Sebastián, ni Bellas Artes, ni mucho menos la Alameda se puede hallar al vehículo motorizado. El “carrito” (el cual consolida la prioridad que tiene el gobierno de la Ciudad de México respecto al turismo) no es hallado los fines de semana con facilidad, tampoco es conocido por quienes tienen la tarea de guiar al turismo en lugares como el Monumento a la Revolución.

El ninebot de dos ruedas, largo manubrio y superficie plata con azul, es escurridizo, es difícil de encontrar, tanto como el cielo cristalino en la capital del país.






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GEN, EL TREMENDO BATERISTA

Por Carlos Jiménez Mejía
México (Aunam). Mucha gente cree que ser músico y ser rockero es puro desmadre, tomar cerveza, tener muchas chicas, ahogarte en dinero... "están muy equivocados, aunque sí, no puedo negar que todo eso está presente, pero más allá de eso, ser un profesional de la música y formar parte de una banda significa muchísima responsabilidad. Tienes que pararte temprano, ir a la prueba de audio, dar entrevistas, no puedes estar alcoholizado, debes de tocar bien, debes vestirte bien y estar siempre limpio, ser y parecer un músico. Tener una banda es como tener una empresa y siempre tienes que estar al nivel".


Mientras la tarde comenzaba a apagarse, el café seguía siendo la bebida más solicitada por los asistentes, la puerta del pequeño establecimiento ambientado con suave jazz se abrió por enésima vez y a su paso, entró al lugar un hombre joven robusto de gran sonrisa y aparente alegría. Vestido con pantalón de mezclilla y playera negra, combinados con una gruesa chamarra de piel negra y cierres plateados, tomó asiento en una de las mesas ubicadas junto a los vidrios que separaban el interior del café de la calle.

Mientras revisa su celular y da pequeños sorbos al té verde con hielos que pidió, comenta entre risas: “No debería estar tomando esto, mucho menos con hielo, porque ando con gripa y mañana viajo a Hidalgo para tocar con La Tremenda. Pero no importa, lo bueno es que estamos chavos y todavía aguantamos”.

Su nombre es José Luis Ventura Gen, nació en la Ciudad de México, tiene 25 años y es el actual baterista de la histórica banda de ska La Tremenda Korte. Gen, como lo llaman sus amigos, es un músico apasionado, que más allá de los logros en su corta carrera musical y de los tantos conciertos en directo ante miles de personas, no deja de sentir la música en cualquier parte del mundo. Disfruta de golpear la mesa o los tubos del metro con sus dedos, intenta redobles con sus piernas y recuerda los ritmos más tradicionales del ska con su portátil batería imaginaria.

Gen no creció como cualquier niño viendo caricaturas, jugando con decenas de juguetes o comiendo dulces sin límite. Su vida siempre estuvo llena de deporte y música; pero a pesar de que tuvo una estrecha relación con la última tocando el piano para después intentar fallidamente con la guitarra, a los seis años descubrió su pasión por la batería.

“Mi mamá dice que desde muy chico yo agarraba las cazuelas y jugaba a ser baterista, cuenta que le andaba pegando a todo y hasta la fecha lo hago, en mis ensayos o en los viajes, soy muy inquieto y siempre estoy usando cualquier cosa como set de batería”.

Desde pequeño fue a clases de música; pero fue hasta que cumplió 10 años cuando le compraron su primer batería, de esas que traen un par de platillos de aluminio y que no suenan nada bien. Pero no se queja, está convencido de que si no le hubieran dado esa batería, se habría olvidado de su pasión y hubiera tomado la música como un pasatiempo más. Su vida no hubiera cambiado.

Desde que se adentró en la música soñaba con estar en un escenario, pero nunca imaginó llegar a formar una banda o poder estar en una y conocer lo que realmente es estar allá arriba ante miles de personas. En el 2010, con unos amigos, formó The Rebel Vendetta, en la que tocaban surf instrumental. Desde ahí cambió su mentalidad, “cambié mis entrenamientos de futbol por ensayos con la banda o ensayos en solitario, seguí estudiando, pero la música se convirtió en mi principal interés”.

Un hombre con suerte

Antes de ser el baterista trabajó con La Tremenda Korte como jefe de escenario y production manager por casi tres años; hasta aquel día cuando cumplió 22, el primero de diciembre del 2012, y el anterior baterista decidió salirse de la banda.

“Entonces me habló Bodoke, uno de los guitarristas y me dijo ‘Güey, cáele al ensayo a las tres porque Omar no va a poder ensayar. Tráete tus baquetas, tu tarola, tus platos y acá nos vemos’. Al principio me saqué de onda porque yo sólo era parte del staff, no el bataco. Pero como necesitaban un paro para el ensayo y yo me sabía prácticamente todas las rolas, fui”. Esa noche tocaron
algunas horas.

Al final del ensayo, sin preguntar Bodoke le dijo: ‘Oye, Omar ya no va a estar tocando con nosotros, así que prepárate porque la próxima semana tocas en el Pepsi Center con nosotros’.

Aquella noticia le dio mucha alegría porque había trabajado duro para llegar hasta ahí, era el día de su cumpleaños y por fin había ascendido de puesto, fue el mejor regalo. Todavía recuerda que cuando regresó a mi casa no se la creía. “Me considero un hombre con suerte, muchos bateristas y muchos amigos míos o personas que he conocido, me han dicho que quisieran estar en el lugar donde ahora estoy”.

José Luis es a pesar de su corta edad, uno de los músicos mexicanos más importantes en la actualidad, pues forma parte de una de las bandas ícono de la “tercera ola” del género ska. Con La Tremenda Korte ha colaborado y alternado escenario con bandas como Ska-P, The Specials, Skatelites, Los Auténticos Decadentes, Los de Abajo, Underworld, Café Tacvba, Molotov, La Maldita Vecindad y Los Hijos Del Quinto Patio, Inspector, entre otros.

Sin embargo, no todos los momentos de Gen a lo largo de su vida y su carrera han sido fáciles, ya que durante contadas ocasiones ha experimentado sucesos que lo han hecho sentir tristeza o miedo por la música, aunque a pesar de lo difícil, nunca ha sido suficiente para alejarlo de su más grande pasión: tocar.


La música es un riesgo

“El momento más triste de mi carrera fue cuando asesinaron a nuestro percusionista a mediados del 2013. A Yogui lo mataron los Zetas, se escucha muy cabrón, pero prácticamente lo descuartizaron. Por él comencé a trabajar en La Tremenda y haberme enterado por medio de la televisión sobre lo que le pasó a mi amigo fue verdaderamente terrible. Él siempre ocupó y ocupará un puesto enorme que nadie va a llenar, fue una pérdida muy fuerte para mí y para la banda”.

A pesar de lo difícil, ahí no acabó el asunto. Un día después de la noticia, Manuel, el vocalista, dio una conferencia de prensa para honrar la memoria de su amigo y hablar de lo sucedido. Sin embargo, los medios amarillistas publicaron que habían hablado de los Zetas, del Z-40 y del narcotráfico, declarándoles la guerra. Tras esas publicaciones comenzaron a llegar amenazas a la banda en correos, redes sociales y otros medios. Incluso dejaron de ir un tiempo al norte a tocar.

Afirma que vive con el miedo de que un día tomen represalias contra el grupo, por algo que no dijeron. “Mi familia me ha dicho que lo deje pero al igual que todo trabajo la música es un riesgo y estando aquí tienes un compromiso no sólo con la banda, sino con el público que está escuchándote en su casa y esperando por verte tocar”.

El debut

Tras un silencio largo y un par de sorbos al té helado, Gen recuperó la sonrisa que se había esfumado al hablar de su compañero perdido. Su celular sonó un par de veces, después de pensar un par de segundos no contestó y continuó hablando con la sorpresiva alegría inicial.

“El día que más recuerdo fue cuando debuté con La Tremenda Korte en el Pepsi Center de la Ciudad de México, el 18 de Diciembre del 2012 en el festival El Rock Nos Une”. Ahí compartió escenario con Julieta Venegas, La Cuca, Ely Guerra, Los Victorios, Los Bunkers, Panteón Rococó y los que ahora son La Maldita Vecindad, bandas y artistas que desde siempre le han gustado.

Los boletos estaban agotados, había lleno total; le temblaban las piernas y no tenía cabeza para dimensionar el lugar al que estaba a punto de llegar y lo que estaba a punto de experimentar en él. Antes de subir al escenario brincaba, tomaba agua, volvía a brincar, no podía estar quieto, los nervios se lo comían vivo. Su primera presentación y ver a miles de personas aplaudiéndole en un recinto de tal magnitud, no lo cambia por nada. Todavía recuerda cada sensación al estar allá arriba, “algo totalmente increíble”.

“Lo mejor que pudo haber pasado y lo mejor que nos pudo haber pasado como banda es habernos conocido. Tal vez no somos los mejores músicos, pero sin sonar pretencioso o mucho menos, la química que tenemos en el escenario nos hace sonar muy cabrón, tenemos un show impresionante y lo mejor es que lo disfrutamos al máximo y nos llevamos súper bien”.

Una historia diferente

Mientras el tiempo seguía su inalterable curso y el té estaba a punto de terminarse, Gen se acomodó en el asiento. Se notaba un brillo especial en sus ojos cada vez que comenzaba a hablar de música, de baquetas, de distintos tipos de tarolas y de lo increíble que ha sido formar parte de una de las bandas que marcó un antes y después en la escena ska mexicana.

“Soy muy clavado en las grabaciones, si no me sale un redoble lo hago mil veces hasta que sale y queda perfecto. Estar en estudio es una especie de reto, antes de empezar me digo “¿Sabes qué, güey? Tienes que sacarla como está en la maqueta o no nos vamos a ir hasta que salga la rola”, después grabo una y otra vez, aunque me tome días enteros. Justamente eso pasó con La Tremenda hace unos meses cuando grabamos Alerta, el disco más reciente”.

Hubo una rola de la que hizo 30 tomas aproximadamente, porque a pesar de que iba bien no le gustaba del todo; no dejó de grabar hasta que la canción quedó al cien.

Sin embargo, tocar en vivo es distinto: “la adrenalina antes de subir, ponerte nervioso y que estando allá arriba la gente coree tus canciones es indescriptible y aunque disfruto de ambos momentos, me gusta más tocar en vivo porque nunca sabes lo que pueda pasar”.

A diferencia del estudio, en directo hay una sola toma y siempre hay algún contratiempo; suelta la baqueta o se rompe, se cae un platillo... Son problemas que debe resolver en el instante sin dejar de tocar, tiene que ser un profesional. Entonces sí, el estudio es un reto, pero tocar en vivo es una historia diferente.

Mientras los minutos avanzaban en el reloj de pared que adornada las paredes cafés del pequeño negocio, adornado con cuatro pequeñas salas a blanco y negro, dando el último trago al té helado, Gen se recargó en la silla sonriente, con viva emoción en el rostro, pues más allá de su trabajo, estaba hablando de su más grande pasión. Sin embargo, para llegar a lo más alto de la música no se requiere únicamente la pasión.

Para trascender hay que atreverse

La música no es fácil, exige mucho, “cuesta un chingo de trabajo entrar, pero más mantenerse. Después de casi cinco años estando en este camino sé que cuesta demasiado llegar a la cima, pero cuando haces lo que te gusta, lo que te apasiona y además lo haces bien, sea lo que sea lo vas a lograr”.

La escena musical en la Ciudad de México actualmente es muy complicada, los músicos enfrentan problemas desde los niveles amateur, hasta el bar más modesto pide todo el cover cuando dan chance de tocar.

“Como músico te expones a que se aprovechen de ti y es curioso, porque hay ocasiones en las que ni siquiera vas por el varo, sólo vas porque quieres tocar y desde el principio ya te tratan como publicidad. En todos los trabajos te pagan, pero como músico, te arriesgas siempre a que salga alguien que se quiera pasar de listo y no retribuya tu talento”. La pasión no asegura una ganancia.

Eso lo experimentó con sus primeras bandas, tuvo que tocar muchas puertas, “nadie va a llegar a la sala de tu casa para grabarte un disco, hacerte un vídeo y llevarte a los grammys. Hay que perder el miedo para hablar con los que te pueden llevar arriba y sacarte de la cabeza que nunca te van a hacer caso, si tú no crees en ti nadie lo hará”.

Hace unos días, con La Tremenda pasó algo así. Su representante de medios los llevó al VIP de la grabación del Unplugged de Los Babasónicos, obviamente había muchos artistas y famosos. De repente, entre la gente resaltó Paco Familiar, vocalista de DLD, entonces le dijo a Manuel, el vocalista, que fuera a darle un disco. “Al principio dudamos sobre si era buena idea o no, porque el güey se veía medio mamón, pero al acercarnos nos trató muy bien, recibió el disco y hasta nos propuso hacer algo juntos en un futuro”.

Para trascender hay que atreverse a hacer las cosas distintas, saber hacer relaciones y no tener pena, aunque tampoco hay que hostigar a los artistas. Eso a Gen no le cuesta trabajo, si se topa con Paul McCartney le haría la plática, lo importante es acercarse, ir a los shows, contactar a los representantes y tocar en todos los lados que pueda.

Música, un negocio sin esencia

La tarde estaba a punto de terminar y el reloj marcaba las seis en punto, el té helado llevaba varios minutos de haberse terminado y el café comenzaba a vaciarse de a poco. Mientras tanto, Gen transformó su rostro en uno más serio, cambió su postura recargando los codos sobre la mesa y juntando sus manos, habló del monstruo comercial en el que se ha convertido el arte de las musas en México.

“El problema de la música mexicana no es el número de nuevos proyectos, lo que hace falta es que los empresarios, festivales y foros abran sus puertas a éstas propuestas”. No está peleado con ningún género, la música es muy amplia y hay para todos los gustos; sin embargo, en el país los músicos necesitan algo básico: apoyo.

“Quizás lo voy a decir muy mamón, pero últimamente lo culero es lo que vende, el público ha dejado de apoyar, la gente se ha vuelto ignorante y ya no quiere conocer otros géneros, otros movimientos, otras propuestas. Por ejemplo, vas a un evento de reggaetón y está hasta la madre, aunque los que estén allá arriba no tengan idea de lo que es la música y por otro lado, vas al Foro Alicia a un festival de bandas independientes y encuentras a lo mucho 100 personas”.

Es por eso que Rock nos Une, Vive Latino, incluso Coachella, tienen siempre las mismas bandas, los mismos carteles y cuando llegan bandas nuevas, son producto comercial, son más imagen que talento y pasión por la música.

Otro problema es que están muy peleados los lugares, y quienes se aprovechan de esto son los empresarios: “si no eres amigo del organizador, no tocas; si no vendes mil boletos. no tocas. Una vez me conocí a un organizador de un festival que pedía vender tres mil boletos de cien pesos para dejarte tocar… y de abridor. Si los empresarios y productores no creen en tu talento, nadie lo hará, es aquí donde nosotros como músicos y público tenemos que apoyarnos, unirnos y creer en nuestros proyectos, así se armarían cosas grandes”.

Ya no son los 90, ya no hay bandas que exijan camerinos o muchas condiciones para tocar, ya nadie cobra lo que quiere, hay que trabajar para llegar ahí. La música, se lamenta el baterista, ya se volvió un negocio que ha perdido su esencia, “ves conciertos de una sola banda donde te cobran 500 pesos en lugares terribles o donde se pasan de lanza con boletos de tres mil pesos”.

Por otro lado, la música también se ha vuelto mucha imagen, “hay productoras que nomás´ por tener tu pancita o no tener sus lineamientos físicos, no te graban un video o no te graban una rola, porque ‘buscan artistas que representen a la empresa o que puedan salir bien en cuadro’. Esto lo vemos con las boybands, donde más allá de querer sacar un grupo con talento, los empujan porque son la moda y venden. Yo no puedo llamarle músico a güeyes súper producidos que hacen playback, que no escriben sus canciones y que además siempre suenan a lo mismo”.

La decadencia del género contestatario

Cuando llegó la noche, el lugar estaba vacío y cada vez más frío. Sobre la mesa permanecía el vaso sin té y con hielos a punto de derretirse; el teléfono celular de Gen y sus dedos utilizando dichas cosas como percusiones. Era el momento más tranquilo de la conversación y el jazz de fondo permanecía a un volumen perfecto. Entonces, abrochando el grueso cierre plateado de su chaqueta, José Luis continuó hablando como si estuviera en la sala de su casa.

“El género está decayendo demasiado, pero no en la calidad de las bandas, sino en público y en tocadas, ya casi no hay lugares que dejen tocar ska. Antes cada disquera tenía su banda de ska, porque era el género chido, los skazeros eran como los hípsters de los 90. Sin embargo, este mal momento también es gracias a los sectores del público que sólo van a pelear, a drogarse en el show y a hacer desmadre; por esto los empresarios ya no quieren hacer tocadas de ska”.

El Ska es un género musical originado a finales de los 50 y popularizado durante la primera mitad de los 60, derivado principalmente de la fusión de la música afroamericana de la época con ritmos populares jamaiquinos, siendo el precursor directo del rocksteady y más tarde del reggae.

Al ser un género particularmente apto para fusiones ha sido incorporado, a través de distintas variantes, a los más diversos lenguajes musicales. Se interpreta con batería, bajo, guitarra, metales/instrumentos de viento (trompeta, trombón, saxofón) y teclado.

En América y en México, tuvo su auge durante la llamada Tercera Ola o Boom de los 90, época en la que destacan Los Fabulosos Cadillacs, The Refrescos, Los Intocables, Os Paralamas do Sucesso, Panteón Rococó, Ska-P, La Tremenda Korte, Salón Victoria, Los Auténticos Decadentes, La Mosca Tse Tse, Skalariak, Dr. Calypso, La Gran Orquesta Republicana, La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio y Desorden Público.

“Estoy seguro que esto no es culpa de las bandas, sino principalmente de los empresarios, ya no ves las tocadas de Ciudad Universitaria o del Faro de Oriente, ahora ves artistas que ni siquiera son mexicanos en el Zócalo, pero no por su talento, sino porque cobran mucho menos de las ganancias que crean y eso, para los de arriba, al final es lo más importante”.

Después de 20 años cree que el ska se ha vuelto medio fresón, ya no tiene la misma carga contestataria y de protesta en las rolas, pero tampoco cree que sea culpa de las bandas. Está convencido de que los vetos y el gobierno tienen la culpa, “si hablas de ellos, digas lo que digas no pasan tu rola, o la censuran o simplemente no te pelan a menos que sueltes un buen varo. Así nos pasó con el último disco “Alerta”, y con rolas como “La Milpa de la Desolación” o “No Moriré”, que hablan completamente del mal gobierno y del día a día de las personas. Yo creo que por eso las bandas buscamos hacer canciones distintas, para no quedarnos estancados.

Finalmente, dice, cada quien tiene su criterio: “si al público le gusta, chido, si no, pues no podemos hacer nada ante un gobierno estúpido que te dice qué puedes sacar y qué no, qué puedes hacer y qué no. Pero no por eso dejaremos de luchar o de hacer música”.

La censura

“Las rolas de protesta nos han traído problemas como banda, nos han censurado. No han querido pasar nuestras canciones, no han querido pasar el vídeo de ‘La Milpa de la Desolación’, por ser muy explícito, porque muestra y explica la cruda realidad de la sociedad mexicana”; el video muestra desde las personas de comunidades rurales hasta las que trabajan en oficinas y cómo el gobierno abandona a la ciudadanía por conseguir sus intereses particulares. “Incluso nos han cortado a media rola en televisión, sin embargo nos vamos y cuando nos vuelven a invitar tocamos la misma rola”.

Le gusta incomodar. Aunque piensa que buscan como frenarlos; le siguen y en el fondo no les afecta, es más, le da gusto. “Que les cale y que digan ‘estos cabrones vienen con todo’. Además, Manuel, quien escribe las letras, es muy fiel a lo que canta, le gusta reflejar lo que se vive día a día aquí en México. Apoyamos la lucha contra la represión, la corrupción y toda la mierda que hay en el Gobierno, así como podemos hacer una rola de Ayotzinapa que nos acaben censurando, podemos ir a las marchas y de repente encontrar a grupos en las manifestaciones que vienen coreando ‘Ni un paso atrás’ o algunas partes de nuestras rolas y eso se siente muy chingón”.

Asegura que son muy curiosas las contradicciones en los mandos altos. Por un lado, los vetaron de Televisa por sus rolas, a pesar de que no dicen nombres ni nada, pues “les queda el saco” y por otro, Molotov sale en el canal cinco, cuando ellos sí le tiran a Televisa, al Gobierno, al fútbol y hasta a Jacobo Zabludovsky en su momento. “Es totalmente ilógico, pero estamos bien así, no pagaríamos para que nos quiten el veto, aunque nos estuviéramos muriendo de hambre. Nosotros seguiremos siempre en la lucha”.

Lo mejor de ser músico

El discurso de la banda ha sido el mismo desde el principio; porque piensan en la gente que los escucha, que los va a ver, que compra una playera para llevar día a día. Desde adolescente ha seguido la línea de estar con el público, de conversar con ellos y mantenerse cerca, finalmente, “todos somos iguales. Me gusta conocer a la gente, disfruto mucho platicar con todo tipo de personas, ya sea un abogado, un barrendero, otro músico o un lavacoches”.

Desde niño su familia lo enseñó a ser una persona humilde, “no me gusta ser mamón o pretencioso y creo que ahí está una de las mejores cosas que me han pasado gracias a la música, el hecho de ir a comer y que te reconozcan, te pidan una foto y te admiren, es demasiado agradable y no es razón para sentirte más”.

Aunque sí, con el tiempo, siente que la Tremenda ha cambiado, ha tenido evolución musical, la vibra de hace unos años de que todos estaban peleados quedó atrás y con el cambio de integrantes, el desempeño de la banda en vivo y la calidad musical, creció bastante los últimos tres años. Así que al momento en que se suben a tocar y prenden la iluminación, están listos como músicos, banda y sobre todo familia.

Como en el relato de Gen, las luces del lugar aumentaron su fuerza, la noche estaba llegando y era el momento de que El Tremendo Baterista de La Tremenda Korte partiera. Se levantó de su asiento y antes de salir por la puerta cristalina por la que entró, finalmente sentenció con una gran sonrisa en el rostro:

“Recuerdo al niño que solía ser, no he olvidado mis sueños, no he olvidado a mis amigos y afortunadamente conservo a ambos, además de mi hermosa familia. Si viera a los ojos al pequeño José Luis, le diría que siguiera adelante, tal vez que debería dormir un poco más, porque ahora necesito descansar”.

Lo abrazaría muy fuerte, no porque lo extrañe, ese niño sigue vivo dentro de él. “Hasta el día de hoy todo lo he hecho bien, no me han tocado las cosas fáciles y siempre he comenzado desde abajo. Estoy llegando a lugares nuevos, me ha costado mucho, nunca he tirado la toalla y siempre he sido constante, estoy orgulloso de mí y no cambiaría nada de mi vida, porque gracias a eso estoy en el tremendo lugar en el que ahora estoy”.







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