viernes, 27 de mayo de 2016

UNA OPORTUNIDAD EN LA ENFERMEDAD

Por: Mónica Natalia Jiménez López
México (Aunam). — ¡Andas de bipolar! — es una de las frases que escuchamos o decimos a menudo cuando una persona cambia de estado de ánimo de un momento a otro. ¿Eso es realmente la bipolaridad? ¿Qué tanto sabemos del tema? La mayoría de las personas no saben sobre esta enfermedad mental y eso es motivo para que se generen prejuicios y rechazo a las personas que la padecen.


— La bipolaridad me ha dado la oportunidad de conocerme mejor, ya no le tengo miedo — declara Blanca con una ligera sonrisa. Ella padece este trastorno desde los 22 años y aunque su vida en ocasiones se torna difícil y debe tener cuidados especiales, su diagnóstico no ha sido un impedimento para su adecuado desarrollo. Al contrario, gracias a esto logró un mayor acercamiento con su más grande pasión: el arte. Obtener beneficios de un trastorno del cual no existe cura es el producto de un intenso y constante trabajo personal.

El primer encuentro

Después de lo dicho por Blanca es inevitable indagar el principio de esta lucha. — ¿Cómo fue que te diagnosticaron? — le pregunto. La sala del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz donde nos encontramos está muy iluminada y resalta el color verde de sus ojos.

Ella ve hacia el techo y empieza a murmurar mientras cuenta usando sus dedos. — Hace seis años tuve mi primera crisis, fue una manía. Empecé con verborrea, es decir, a hablar demasiado rápido, sin coherencia ni sentido. Además, escribía de manera obsesiva, primero en las paredes de mi cuarto e incluso en mi cuerpo, según yo eran tratados importantes lo que escribía. Aunado a eso tenía vigorexia, hacía ejercicio en exceso. En aquellos momentos cruzaba por una etapa difícil ya que tenía una relación de noviazgo nefasta y estaba muy estresada por la universidad.

Se toma un momento para pensar, comienza a jugar con sus manos y continúa: — Fuimos primero con un neurólogo quien me diagnosticó hipotiroidismo. Él dijo que probablemente los síntomas que presenté eran consecuencias de esta enfermedad. También consultamos un psiquiatra, éste nos dijo que tal vez yo tenía bipolaridad. Mi papá y yo no quisimos creer ese diagnóstico por lo que yo sólo aceptaba tener hipotiroidismo y gracias a los medicamentos que me dieron en esa ocasión, estuve estable por cuatro años.
La aceptación

Su tono de voz se torna más serio, se muestra pensativa mientras reorganiza en su mente los eventos ocurridos años atrás. Una vez que tiene los recuerdos en orden, me observa en espera de la próxima pregunta, no es necesario que observe mi guía y le digo: — ¿En qué momento aceptaste el diagnóstico?

No piensa su respuesta y de inmediato me dice: — Fue después de la segunda crisis, ésta me dio cuatro años después de la primera. Igualmente se trató de una manía, nunca me ha dado una crisis de depresión. Mi abuela había muerto semanas antes y me afectó mucho. Ahora que conozco más sobre mi enfermedad, sé que en esos momentos lo que presenté fueron actitudes obsesivas compulsivas. Coloqué un retrato de mi abuela junto a uno mío. La forma de acomodarlo tenía un significado especial para mí y nadie los podía mover de ese lugar, si alguien lo hacía, me enfurecía mucho. Asimismo, comencé a tratar a mi perro como si fuera mi abuelita, lo consentía demasiado.

Un tiempo fuera del mundo

— A raíz de esta situación estuve internada aquí por 42 días — Blanca levanta las cejas y señala el piso para enfatizar que años atrás ella fue paciente del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, lugar donde estamos conversando. No puedo evitar mi sorpresa ante la respuesta.

No sé si preguntarle más sobre el tema. Sin embargo, su expresión tranquila me demuestra que no es un tema que la incomode. — ¿Cómo fue estar internada? — Blanca reflexiona algunos segundos, entrecierra los ojos y se muerde un labio. Coloca los brazos sobre su pantalón negro y me dice: —Normal. O sea, no recuerdo muy bien porque estaba dopada todo el tiempo — suelta una carcajada y su cara de tez blanca se vuelve color rojizo — la rutina era normal: desayuno, comida y cena. En el día nos ponían a hacer ejercicios de estiramientos en el jardín, obviamente el que nuestro cuerpo resistía pues el medicamento nos dejaba, ¿cómo decirlo?, casi en estado vegetativo.

— Mi mamá hacía guardias en la noche y mis familiares y amigos me visitaron. Yo no podía hablar mucho con ellos porque como me daban el medicamento poco antes de verlos, yo estaba muy dopada cuando llegaban.

La familia: el principal soporte

En cuanto termina de hablar, su mamá, quien se encuentra en el aula dos impartiendo el curso “Familia a familia” se acerca para preguntarle qué platillo llevarán para la fiesta de clausura de las sesiones de apoyo. En cuanto se retira, le pregunto: — ¿Cuál fue la reacción de tu familia al saber el diagnóstico?

—Fue difícil ya que a pesar de que mi papá es doctor y mi mamá terapeuta, no detectaron que mis síntomas eran de bipolaridad. Yo recuerdo que mi papá lloraba de impotencia cuando me veía dopada por los medicamentos. Él, mi mamá y hermano son un gran apoyo que me controlan cuando me pongo eufórica. Ellos han sido mi fortaleza para seguir adelante.

La mejor arma para la lucha

Después de hablar sobre sus parientes, recuerdo que conocí a Blanca cuando asistí a una de las sesiones de apoyo del curso “Familia a familia” que imparten sus papás junto a otros especialistas. Dado que ella asiste a “Tierra a la vista” donde se atienden a personas con algún trastorno mental le digo: — Al comenzar la entrevista me comentaste que ahora sabías más sobre tu enfermedad, ¿cómo es que lograste obtener ese conocimiento?

— Después de mi segunda crisis y al salir del hospital comencé a buscar información en internet. Primero encontré la Organización Nacional de Trastorno Bipolar, fui una vez pero me quedaba muy lejos de mi casa. Después encontré la página de Voz Pro Salud Mental y vi que en el programa de canal Once “Diálogos en confianza” anunciaban esta asociación. Fue así como llegué aquí, llevo seis meses y mis papás comenzaron a venir al mismo tiempo que yo.

— Aquí en el curso he aprendido mucho sobre mi enfermedad y hasta he obtenido beneficios. La bipolaridad me brinda la oportunidad de conocerme mejor, ya no le tengo miedo. Ahora sé que cada que oigo voces, me siento muy eufórica o nerviosa es porque se trata de un síntoma de mi padecimiento. Sé diferenciar entre los eventos que son consecuencia de la enfermedad y los que son reflejo de mi personalidad. Cada tres meses tengo revisión con mi psiquiatra y se ajustan las dosis que debo tomar de acuerdo con los efectos que los medicamentos tengan en mi organismo. Actualmente llevo seis meses de tomar epival, que es un modulador de emociones; abilify, que es un antipsicótico y los medicamentos para el hipotiroidismo. Así controlo las dos enfermedades que padezco.

No todo es malo

Blanca frunce el ceño y dice: — La verdad resulta frustrante que a pesar de que cumplo con mis dosis de medicamentos, voy a mis terapias, no tomo ni fumo, existe un riesgo de que venga otra crisis, es algo que no puedo controlar— declara con un tono de desaliento. No obstante, recupera la energía que ha imperado a lo largo de toda la conversación, se endereza y me comenta lo siguiente:

—Gracias a la bipolaridad he tenido la oportunidad de acercarme más al arte que es mi gran pasión. Es como un proceso de catarsis en el que llego a un nivel más profundo de conocimiento. Ahora cuando tengo alucinaciones hasta las disfruto porque ya sé de qué se tratan y hasta me siento relajada. — Blanca ríe al confesar lo anterior.

Ella estaba en la mitad de la carrera cuando tuvo su primera crisis. A pesar de que tuvo que descansar algún tiempo, terminó la licenciatura en Artes Visuales. Actualmente trabaja y pronto se titulará. Blanca logró vincular el arte y su diagnóstico y lo plasma en su tesis. Ella muestra una serie de videos en los que a través de la imagen y el sonido plasma sus emociones. Sus ojos se iluminan al hablar sobre su profesión.

Blanca se proyecta a futuro como una mujer que explote su carrera al máximo y le gustaría formar una familia. — En algún momento dudé sobre si debía tener hijos o no por mi enfermedad, lo consulté con mi terapeuta y me dijo que yo no tenía ninguna limitante y que sí podía ser mamá. — Además, ella espera no tener una tercera crisis ya que: — éstas son una gran descompensación para el cuerpo, es como si nos dieran una descarga eléctrica y cuesta mucho trabajo recuperarse.

Los prejuicios

Finalmente, le pregunto a Blanca: — ¿Consideras que existen prejuicios sobre esta enfermedad? — Desde que formulo la pregunta ella asiente con la cabeza. — ¡Sí, claro! — Responde. Honestamente yo no les digo a las personas que padezco bipolaridad. De hecho sólo cuatro de mis amigos saben, algunos de ellos también padecen algún trastorno.

Su tono cambia, se torna triste y dice: —Algunas amigas, a las que consideraban mis hermanas, en cuanto les conté se alejaron de mí, tal vez porque no sabían cómo tratarme. La gente no entiende que no estamos locos, que esto no depende de nosotros, es una cuestión química de nuestro organismo. Por eso prefiero que no uses mi nombre en esta entrevista.

—Antes cuando escuchaba que alguien decía “¡Ay, eres bipolar!” me molestaba mucho. No obstante, con el paso del tiempo me di cuenta de que el uso de esta frase es general y que incluso forma parte de los dichos comunes de los mexicanos — concluye la joven.

La lucha por el cambio

—Terminar con ese tipo de errores es lo que quiero lograr con mi trabajo— le comento a Blanca. —La gente debe saber qué es el trastorno y deben desaparecer los prejuicios respecto a esta enfermedad. — Ella sonríe y me escribe su correo electrónico para que sigamos en contacto. Le pido que me diga cómo quiere que me refiera a ella en mi reportaje. Le sorprende mi petición. Se toma unos segundos para reflexionar y me dice: — Pensé en el color blanco — sonrío y contesto: — ¡Blanca será tu nombre! A ella le agrada la idea.

Blanco es un color que combina con la personalidad de la joven de 28 años. Ella conoce su enfermedad y gracias a su fortaleza, al apoyo de su familia y al tratamiento adecuado en forma de medicamentos y terapias, ha encontrado la paz. Esto le ha permitido entenderse a sí misma y desarrollarse íntegramente. Aunque no ha sido fácil y experimenta etapas duras, ella sabe cómo enfrentarlas. La bipolaridad no ha sido un impedimento para ella, al contrario, ha sido un trampolín que le ha permitido superarse en todos los ámbitos de su vida.





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EL SECRETO ENCUBIERTO, MERCADO DE SONORA

Por: Diana Karen Kraules Aedo
Ciudad de México (Aunam). — Estoy segura que el Mercado Sonora es en sí mismo algo universal, al menos para los que viven en la Ciudad de México, ya que en verdad encuentras de todo tipo de cosas en un lugar donde se conjugan la tradición y la modernidad, la medicina y la fe, la magia y lo real.

Mi primera impresión al llegar a dicho mercado fue de asombro ya que parecía como si estuviera en el metro sólo que el olor que emanaba el lugar era diferente, la entremezcla de aromas de animales poco aseados, velas con fragancia a canela y madera, el no faltante olor de plantas medicinales y la particular emanación de comida, caracteriza la peste del lugar.


Los pasillos son muy estrechos y concurridos debido a que los vendedores pasan con sus diablitos cargados de cajas, animales, plantas, ropa, entre otros productos, los puestos son muy altos y es casi imposible no detenerse en cada uno, pues además del típico “le doy precio”, en la mayoría de los locales hay mínimo una cosa que logra llamar tu atención.

Ubicado en la delegación Venustiano Carranza, específicamente en Fray Servando Teresa de Mier 419, se encuentra El Mercado Sonora. Está formado por dos naves de aproximadamente diez pasillos cada una; la primera se encuentra del lado izquierdo, en ella hay varios locales que ofrecen objetos de santería y personas que te brindan el servicio de las limpias o te invitan a leerte el futuro. Aún recuerdo que Mariana, una comerciante del lugar, me ofreció leerme la mano por 15 pesos, dijo que aproximadamente se tardaría 10 minutos y que si me animaba me entregaría una tarjeta de tarot que incluiría las cartas del destino.

Ya más adentrada en la nave, me ofrecían objetos cada vez más raros y exóticos, como cráneos de dudosa procedencia o plantas que parecían haber salido de alguna película de la prehistoria, debido a que eran realmente enormes y extrañas.

En la segunda nave, en la que está a la venta animales exóticos. El ambiente y las personas que se encuentran ahí son más hostiles que las anteriores, ya que te empujaban con sus bolsas como si fueras una puerta de cantina.

Mi atención se dirigió hacia una enorme boa alvina que estaba tras una gruesa y alta vitrina, pregunté el precio y me dijeron que no estaba a la venta. Lo mismo ocurrió cuando pregunté por un gato persa y un gato arábigo.

En un puesto de golosinas en el que me detuve, una señora me dijo que tuviera cuidado porque ya habían secuestrado a dos personas que igual habían ido a la “zona de descarga” bautizada así por los mismos comerciantes, que se encontraba hacia donde me dirigía. De momento sentí un miedo estremecedor, pero al mismo tiempo una curiosidad por saber qué había ahí llegó a mi cabeza.

Seguí caminando y me detuve cuando vi un conjunto de cajas de madera, una de ellas contenía un enorme pavorreal. En ese momento una señora que pasó a lado mío me agarró fuertemente el brazo y dijo que no preguntara el precio de dicho animal si no lo iba a comprar. Al instante, dos señores se me acercaron, de nuevo el miedo regresó a mí y no tuve otra opción que regresar por el camino de donde había llegado. Sabía que mí recorrido por ese mercado había terminado, sin embargo, todavía no puedo evitar seguir pensando en qué ocultaban ahí…

Foto: Maurice Marcellin




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EMPAPARSE DE LA MEDICINA PARA AYUDAR

Por Mónica Natalia Jiménez López
México (Aunam). El doctor Raúl habla de neurotransmisores. Magdalena levanta las cejas y voltea ver a los demás para ver si es la única que no comprende. Se menciona la dopamina. Bruno frunce el ceño y se acerca las copias de la guía a su rostro para lograr mayor concentración. Alma ve hacia el techo y suspira. Al observar la cara de los asistentes comprendo que no soy la única que siente que le están hablando en otro idioma. No estoy en una clase de medicina, ni las personas son estudiantes. Sin embargo, a pesar de la dificultad, todos se esfuerzan por entender los tecnicismos médicos. Este empeño nace del deseo de querer ayudar a un ser querido.


Me encuentro en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz donde se imparte el curso “Familia a familia”, que está dirigido a parientes de personas que padecen un trastorno mental. La hora de inicio es a las 4 de la tarde y yo he llegado media hora antes. No obstante, es el tiempo suficiente para registrarme, obtener mi gafete de visitante y ubicar el edificio de Enseñanza. Después de cruzar un jardín, encuentro el lugar. Al entrar observo carteles pegados en las paredes que anuncian los diferentes cursos que se imparten sobre temas psiquiátricos.

Me asomo al aula 2 y me recibe Salma, la facilitadora del curso, una mujer de alrededor de 60 años, voz grave, tez blanca y ojos verdes. Después de presentarnos me pide que le ayude a colocar una lona sobre la pared en la que hay escritas diferentes ideas que son centrales para el curso. La sesión del día está planeada para hablar sobre los medicamentos que se ocupan en los tratamientos de los pacientes.

El salón es amplio, no tiene ventanas pero sí unas lámparas que alumbran la totalidad del lugar. Hay un pizarrón blanco y alrededor 20 mesas que tienen capacidad para dos personas. Me asigna un asiento al lado de la mesa de los ponentes que está al frente del salón. Las bancas se han acomodado en forma de un cuadrado, de manera que todos se puedan ver y el centro esté vacío.

Volteo a ver a la puerta y hay dos adultos con una señorita. Ella me sonríe y se dirige al aula 3 donde se imparte el curso “Tierra a la vista” para las personas que padecen un trastorno mental.
— Debe ser una paciente —, pienso mientras la veo alejarse. Los adultos ingresan a mi salón y me saludan. No deben ser mayores a los 50 años, ambos son altos y de ojos verdes. Salma me los presenta, se trata de los doctores Tamara y Raúl, quienes son esposos y además son los ponentes de la sesión.

Les explico cuál es mi objetivo de asistir al curso y ellos me platican que su hija, la chica que minutos atrás me sonrió, padece trastorno bipolar. Nuestra charla se ve interrumpida porque la sesión ya va a comenzar. Pasados treinta minutos, después del bombardeo de tecnicismos médicos, Adela, una mujer que viste un traje de enfermera y está peinada de chongo, levanta la mano y dice: — Disculpe, doctor, en términos coloquiales, de azotea a azotea, ¿Qué es lo que hacen los medicamentos? — Alan, otro asistente, pide la palabra para responder la pregunta y se dirige al pizarrón.
El joven alto, delgado y de tez blanca, dibuja una neurona y comienza a explicar cómo actúan los medicamentos para los trastornos mentales. — En una enfermedad mental hay exceso o escasez de neurotransmisores. Los medicamentos se encargan de impedir o activar la comunicación neuronal. En términos más fáciles, pueden o no bloquear ‘las cerraduras’ de las neuronas. ¿Queda claro? —pregunta al terminar. Todos sus compañeros asienten.

La doctora Tamara interviene y dice: — De esto se trata el curso, de que ustedes también contribuyan. Si bien nosotros los ponentes somos doctores, venimos aquí como familiares al igual que todos. ¡El propósito es aprender más para poder ayudar a nuestros seres queridos! Por algo el curso se llama “Familia a familia”, entre parientes de personas que padecen algún trastorno mental nos damos consejos y aprendemos juntos.

— ¡Yo no entendía eso! — declara Magdalena mientras los demás le aplauden a Alan por la explicación que ha dado. Salma había advertido con anterioridad que la clase sería densa debido a la complejidad del tema. No obstante, después de la participación de Alan, el ánimo del grupo se transforma y las caras muestran una que otra sonrisa y muchos asienten con la cabeza.

Karla se anima a contar que a su familiar le recetaron floxetina y no le funcionó muy bien pues se intentó suicidar. Asimismo, Minerva comenta que el medicamento es la clave en el tratamiento porque, en el caso del trastorno bipolar, entre menos se controle el padecimiento hay más probabilidad de que ocurran las crisis.

La doctora Tamara indica que hablar de los tratamientos no quiere decir que los familiares puedan diagnosticar a sus parientes. La finalidad es que conozcan las diferentes opciones a fin de saber por qué se administra un determinado medicamento a su familiar y abogar para que se le dé el más adecuado.

Después de dos horas, hay un descanso de 10 minutos. Al regresar al salón, los doctores hablan en específico de los medicamentos que se usan para el trastorno bipolar. La doctora Tamara menciona que existen tratamientos en los que se usa el litio, la carbamazepina, el symbyax, entre otros. Por lo regular, se toman de tres a cuatro medicamentos, aunque en el caso de la hija de la doctora sólo toma dos. Enfatiza en la importancia de entender que cada medicamento debe ser probado un mínimo de dos meses para evaluar si es el indicado para el paciente y si los efectos secundarios son tolerables.

Aunque no se ha terminado de explicar el tema, Salma decide que es todo por la sesión del día y se retomaría lo que faltaba la siguiente clase. Todos nos brindamos un aplauso. Algunos asistentes se acercan con los doctores para realizarles preguntas y otros se ponen a platicar entre ellos sobre sus familiares.

Mientras guardo mis pertenencias, me doy cuenta de que el salón, cuya capacidad es para 35 personas aproximadamente, se ocupó por completo. Antes de iniciar la sesión le pregunté a Violeta, otra de las facilitadoras del curso, si el salón se llenaba, ella me respondió: — ¡Claro que sí! La verdad en este curso hay más asistentes que en “Tierra a la vista”. Esto sucede porque en la mayoría de los casos los familiares están más preocupados que los propios pacientes quienes en ocasiones son renuentes a la ayuda o niegan que padecen un trastorno. — Al final de la sesión me percato de que Violeta tenía razón en lo que me había dicho unas horas atrás.

El curso “Familia a familia” es un espacio donde se aprende sobre aspectos desconocidos de los trastornos mentales. Además, se pueden relatar experiencias, preocupaciones y se reciben consejos de especialistas y personas que viven una situación similar. Los familiares se empeñan por comprender de la mejor manera los padecimientos con el propósito de poder ayudar a sus seres queridos. Éste es el motivante para que no se rindan ante la complejidad de las enfermedades y, en el caso de esta sesión, ante los términos médicos.






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jueves, 26 de mayo de 2016

MEME, NELDA PIÑA & LA BOA: DOS GRANDES EN EL FESTIVAL MARVIN

Por Montserrat Antúnez Estrada
Fotos: Camila Ávila
Ciudad de México (Aunam). Cientos de personas rodeaban los escenarios. Esperaban, atentas, el canto de dos grandes. El Festival Marvin, plataforma de artistas mexicanos y extranjeros, en su sexta edición contó con la presencia de dos músicos reconocidos que actualmente pasan por nuevas facetas en sus carreras: Nelda Piña y Meme.


“Aquí se viene a escuchar nuevas cosas”, opinó un asistente mientras esperaba el inicio del concierto de Nelda Piña y la Boa. La mezcla de rock, jazz, cumbia y percusiones lentas atrajeron a quienes caminaban en el Parque España. La música de Boa, orquesta liderada por el mexicano Daniel Michel y el canto de Nelda, sonó, como desde hace tres años, en armonía.

Diana Sanmiguel, la corista, propuso: “México, vamos a movernos”. Algunos niños acompañados de sus padres, jóvenes y adultos aceptaron la invitación. Nelda Piña bailó al ritmo de las canciones del álbum Animal (2015), música definida por el conjunto como “Afrobeat caribeño”. La sexta edición del Festival Marvin permitió a cientos ser testigos de cómo la influencia tradicional de la exponente colombiana equilibra los sonidos de saxofones y percusiones de la orquesta Boa.


Tradición y mezclas experimentales de música caribeña antecedieron, por un par de horas, el concierto de otro músico con años de experiencia: Meme, en su primera actuación como solista. Minutos antes de la presentación del integrante de Café Tacvba las puertas del Caradura cerraron: el recinto estaba lleno.

“Estoy muy pinche nervioso”, confesó Meme al iniciar con “Hoy decidí”. Siguió con las canciones “Aviéntame” y “No puedo parar”, temas que compuso para dos películas. El cantante y productor, acompañado de sus hermanos Ramiro y Renato, amenizó la noche del sábado con el sonido de su guitarra acústica. Conforme transcurrió el concierto cesaron los gritos del público que, al iniciar, pedía escuchar canciones de Café Tacvba.


El Festival Marvin fue muestra de dualidad, plataforma de talentos crecientes y testigo de nuevos proyectos de cantantes con un largo recorrido. En él hubo desde ritmos caribeños hasta baladas. Nelda Piña con la orquesta Boa, Meme sin Café Tacvba. Los asistentes presenciaron otra etapa de dos grandes músicos.






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EL HIP HOP DE MARIEL MARIEL Y AUDRI NIX PRESENTE EN EL FESTIVAL MARVIN

Por Montserrat Antúnez Estrada
Fotos: Miguel Martínez
Ciudad de México (Aunam). El hip hop estuvo presente en la sexta edición del Festival Marvin celebrada este sábado el Circuito Roma/ Condesa. Con rimas directas y movimientos de cadera al ritmo del llamado “flow latino”, la cantante chilena Mariel Mariel cantó en el Escenario Búfalo, ubicado en el Parque España, sede conciertos gratuitos durante el evento.


La exponente del hip hop latinoamericano, junto con Toby (baterista) y Andrés Landón (guitarrista), interpretó las canciones de Pa´Tiun (2015), su álbum más reciente. Mientras cantaba sus letras, definidas por ella misma como “super reales”, la ganadora a mejor artista de música urbana en los Premios Pulsar 2015, saltó y corrió en el escenario acompañada de un grupo de más de ocho bailarinas de distintas edades.

Durante la presentación, la cantante agradeció la presencia del público mexicano y en las cartulinas rosas que un par de asistentes llevaban parecía estar escrita la respuesta de ellos: “A bailar con Mariel Mariel, el flow latino”.


Con los versos “Yo quiero sentirme libre como el viento / Soy un barco mar adentro / naufragando, naufragando”, de la canción Ángeles y demonios, Mariel Mariel invitó a terminar con el acoso callejero que viven las mujeres en México: “Calle de México yo te pido respeto. Yo quiero caminar tranquila ¡Déjanos a todas en paz!”, dijo antes de finalizar su show.

Como parte del principal objetivo del Festival Marvin: impulsar a los talentos musicales emergentes, el Salón Pata Negra fue el escenario de siete cantantes de hip hop de distintos países. Entre ellos Audri Nix, la puertoriqueña veinteañera que mantuvo el lugar lleno durante su concierto. El ritmo latino se percibió con la interpretación de las canciones de su EP El Nuevo Orden Vol.1, publicado en febrero. Con pasos despreocupados la llamada “new girl in town del hip hop latinoamericano" se apropió del escenario.

Las presentaciones de Mariel Mariel y Audri Nix, junto con la intención del Festival Marvin por dedicar un espacio a este género musical, son muestra del crecimiento del hip hop latinoamericano y de cómo se han incorporado nuevos sonidos y ritmos, los cuales, prometen el surgimiento de nuevas y nuevos intérpretes.





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martes, 24 de mayo de 2016

FUTBOL: DEL JUEGO A LA PROFESIÓN, DE LA DIVERSIÓN AL MODO DE VIDA.

Por Gael González Flores
Ciudad de México (Aunam). Como diría Luis Omar Tapia, comentarista de Fox Sports: “comienzan noventa minutos del deporte más hermoso del mundo”. ¡La final de vuelta del torneo Apertura 2015 entre los Pumas y los Tigres comenzó!

El último partido de la Liga Bancomer MX reunió a dos jugadores de fútbol, dos personas que han luchado, cada uno a su manera, sudado la camiseta y llorado lágrimas de sangre, en este largo camino que es "jugar" fútbol


Y no, no hablo de la contratación estelar de los Tigres, el seleccionado francés André Pierre-Gignac, ni de Eduardo Herrera flamante delantero de los Pumas y elemento de la Selección Mexicana, sino de David Serrato y Cristian Jaime, dos jugadores que, a pesar de estar sentados frente a su televisor, sueñan con ser ser las estrellas de cada uno de los planteles finalistas.

El Primer Tiempo

“El partido está como cuando juego en el llano, no se ve quien domine. Los Pumas tienen buenos momentos pero, si no se apura el tiempo jugará a favor de los Tigres que también tienen ‘lo suyo’. La diferencia es que en el llano ya se estarían pegando más”, mencionó David Serrato al momento de observar las acciones del primer tiempo de la final de la Liga MX.

David Serrato Álvarez ha estado ligado al balompié desde muy temprana edad. “Desde los 5 años empecé a jugar en la escuelita de Cruz Azul estuve como unos 3 o 4 años ahí y ganamos varios torneos, entre ellos, un torneo en Acapulco que se llama la Copa Premier fue el primero que se hizo y hasta la fecha sigue y ya de ahí formamos una filial del Pachuca”.

A la edad de 12 años, David ya había jugado en varios equipos, pero el que más recuerda es el Independiente “ganamos todo lo que pudimos, fuimos a la Liga de Zague a ganarla, al Pato Baeza a Acapulco, a la copa Chivas, a la copa Monterrey y torneos de Fuerzas Básicas como el Metropolitano. Todo esto acabó cuando se deshizo el equipo, yo tenía 14 o 15 años”.

La Promotora Deportiva Premier S.C. administra la llamada Copa Premier cada fin de año en el puerto de Acapulco. De acuerdo a su página de internet, organizan torneos en la rama varonil y femenil con categorías que van desde los 7 hasta los 18 años.

Por su parte, el torneo Metropolitano de Fuerzas Básicas, es organizado por la PROMEDET (Promotora Deportiva Metropolitana de Fuerzas Básicas y Filiales A.C.) desde hace más de 20 años. Participan más de 50 instituciones y han jugado en él futbolistas como de la talla de Diego Reyes y Raúl Jiménez elementos que actualmente compiten en Europa.

El paso del joven futbolista Serrato en Fuerzas Básicas terminó cuando, justamente en Pumas, le pidieron dinero para continuar con ellos: “en Pumas empecé a entrenar y así me jalaron de un juego con unos “rucos” los domingos en la deportiva y pues empecé a entrenar con ellos y ya cuando íbamos a ir a pasar los filtros a la Cantera me pidieron como 10 “varos” que según para la carta del jugador y así”.

Después de no contar con el dinero, Serrato Álvarez se quedó alrededor de uno o dos años sin equipo, hasta que un vecino suyo, lo “jaló” al futbol llanero. Fue en el Deportivo Lázaro Cárdenas, donde su carrera en las canchas de tierra comenzó.

“En el Deportivo juegan trabajadores de limpia de la Ciudad de México, los torneos son muy competitivos y hay más de 70 equipos” cuenta Israel González Quintana, Secretario de Deportes del centro de activación física.

En entrevista con el señor González especifica que hay 4 torneos, el interno, el nocturno, el sabatino y el dominical. En cada uno de ellos se juegan las competiciones de liga, copa y consolación en las 3 canchas disponibles para la práctica del deporte más jugado alrededor del mundo.

Familiares y amigos del ‘Barcelona’ esperan pacientemente el inicio del encuentro en la tribuna del Deportivo Lázaro Cárdenas.

David indica que el fútbol de llano te prepara más para competir, “te haces de colmillo y de maña”, afirmación con la que concuerda Martín Gómez dueño del equipo Los Nietos, mismo que juegan en el torneo interno, “en el llano los jugadores se hacen más fuertes”.

El señor Gómez y su equipo han ganado varios torneos, entre los que destacan el del Deportivo Huracán, el torneo Sevilla y torneos de Barrios. “En la mayoría de los torneos el premio es el puro gusto por competir, en algunos otros son viajes al extranjero y, menormente, son premios de como 25 mil pesos”.

En los torneos donde el estímulo es económico, los dueños de los equipos tienen que pagarles a sus jugadores. El salario va desde los 200 hasta los mil pesos por partido y los jugadores deben ser “fieles” a su equipo, debido a que solo podrán jugar con ese conjunto hasta el final del torneo.


Es así como las ventajas del futbol de llano salen a la luz. Los jugadores se dejan llevar por la recompensa económica y por el desarrollo de aptitudes a la hora de la práctica deportiva. Pero, al mismo tiempo, las desventajas del futbol llanero se vislumbran. ¿Cuáles son las posibilidades reales de que un jugador que practica en esta superficie llegue al máximo circuito del futbol asociación?

Martín Gómez añade: “hace unos 20 años se realizaban visorías en los llanos, ahora ya no”. Con la creación de las fuerzas básicas y de las pequeñas escuelas de los equipos de fútbol, este ejercicio casi ha desaparecido. “Aquí en el Deportivo, venía a jugar el Hobbit Bermúdez con el Atlante, de aquí se lo llevaron. Ahora ya de vez en cuando viene un promotor de la sub 17 y más que nada los ex jugadores viene al llano a seguir jugando”.

Con base en esta problemática, David Serrato concluye: “me decepciona que todo sea “bisne” we que para todo te pidan varo, que no vean la calidad, sino más bien todo como negocio”. Al momento de decir esta frase, el árbitro pita el final de la primera mitad, los Pumas pudieron irse con una ligera ventaja al descanso.

El Segundo Tiempo


La parte complementaria da comienzo con el equipo azul y oro volcado al ataque en busca de los tantos que le den la igualdad en el marcador global: “Yo quiero volver a hacer pruebas, si es posible, en Pumas, para ello me estoy preparando en todos los aspectos.” Relata un ilusionado Cristian Jaime cuando ve a los jugadores reiniciar las hostilidades. “Yo quisiera jugar una final así”.

Cristian Esaú Jaime Sánchez es un futbolista de Pumas CIFF, escuela de fútbol que forma parte de las Fuerzas Básicas del Club Universidad. Él ha realizado toda su carrera futbolística en esta escuela, “cuando tenía 9 años y andaba en busca de un equipo de fútbol, fui a las escuelas de Cruz Azul y América pero yo quería una escuela de Pumas, y un día pasando por Velódromo, vi pasar a un niño con un uniforme de Pumas, y fue él quien me llevó a la escuela de Pumas y ahí fue donde me gustó”.

Pumas CIFF (Centro de Iniciación y Formación de Fútbol) se encuentra marcado en la página oficial del equipo de fútbol profesional representativo de la UNAM, como filial ubicada al oriente de la Ciudad de México en la Delegación Venustiano Carranza. Con alrededor de quince años en dicha demarcación ha formado futbolistas que, incluso, han llegado al primer equipo felino, tales son los casos de Óscar Rojas, Carlos Campos y Alfonso Nieto.

“Ahí está el empate”, vaticinó un emocionado Cristian justo antes de que Silvio Torales anidara el balón después de un tiro de esquina. Los Pumas lograron empatar el partido, a pesar de que la mayoría de la afición los daba por muertos. “Y pensar todo el camino que pasaron para llegar hasta ahí. En una ocasión me mandaron a prueba a Cantera pero por falta de físico me cepillaron”.

De acuerdo al portal en línea del propio equipo, las pruebas en Cantera son solicitadas por los jugadores que quieren ser parte de las fuerzas básicas del Club Universidad, nacidos entre el 1 de enero de 1997 al 31 de diciembre de 2004.

Los jugadores deben de presentar una fotografía tamaño infantil, copia del acta de nacimiento, certificado médico y el formato de Solicitud de Ingreso a Fuerzas Básicas. Además de los requisitos anteriores, los solicitantes deberán esperar alrededor de tres meses para realizar su prueba.

Sin embargo, por el hecho de estar en Pumas CIFF, Cristian no tuvo que esperar tres meses, le avisaron de las pruebas y se dirigió a las instalaciones de la Cantera, donde las realizó “Las pruebas las hacen el personal del equipo, entrenadores observan tus condiciones físicas, técnicas y tácticas. Las físicas se refieren a que condición traes, las técnicas en cuanto que facilidad y cualidades tienes con el balón y la táctica a cómo te mueves en el campo”, añadió.

Ante esta situación, José Antonio Morales Sevares, Director Técnico de Atlante Velódromo comenta: “un entrenador se fija principalmente en el talento del muchacho, es tarea del técnico encontrarle un lugar y utilizar sus facultades para el beneficio del equipo”.

De la misma forma el entrenador del conjunto filial de Atlante ubicado en la Ciudad de México dijo: “claro que los jugadores de filiales pueden llegar a Primera División, sin embargo, mucho tiene que ver la filosofía de los entrenadores que tienen en su camino. Los hay ganadores y creadores. Un D.T. ganador, no le importa el crecimiento de sus alumnos, lo que le importa es ganar títulos, en cambio, un entrenador “creador” se involucra en el desarrollo futbolístico de sus dirigidos. Yo me considero dentro del segundo rubro”.

Es de esta forma como los muchachos pasan los diferentes filtros en su carrera dentro de las fuerzas básicas. Pagar una mensualidad les garantiza jugar algunos partidos, pero conforme avanzan, los minutos en el campo de juego disminuyen debido a que la mayoría de los entrenadores prefieren ganar a crear y los relegan a un segundo plano.

Cristian Jaime mira fijamente la televisión, “yo soy defensa y sé que no se debe de barrer así, va a estar muy difícil que Pumas se levante”. La frase anterior es completada justo cuando árbitro determina el final del partido y los tiempos extras están a punto de iniciar.

“Creo que no me equivoque al enrolarme con Pumas CIFF, ahí te enseñan los principios básicos del fútbol y cómo jugarlo de una manera inteligente”. Pero a pesar de esta recompensa no todo es color de rosa, el precio de una escuela como Pumas CIFF es elevado. “La inscripción son 1000 pesos, la mensualidad 750 pesos, uniforme de entrenamiento $700, uniforme de juego 1250 y la inscripción al torneo 2400, pero son dos torneos por año”, añade el jugador.


La final de la Liga Bancomer MX mantiene al filo de la butaca a Cristian. Los goles de Gignac y Alcoba encendieron la esperanza de que Pumas pudiera alzarse con el título, sin embargo, los penales dijeron otra cosa. “Durante todo el partido Pumas buscó el triunfo, estoy orgulloso de mi equipo, perdió con dignidad”.

Los festejos por parte de los jugadores de Tigres no se hicieron esperar, el fútbol te da las dos caras de la moneda, la alegría del equipo de la Sultana del Norte por la tristeza del conjunto azul y oro.

Con el ánimo decaído por la derrota del Club Universidad, Cristian comentó: “Pienso hacer las pruebas, si es posible, en la cantera de Pumas, por ello me estoy preparando bien en todos los aspectos. Primeramente Dios, espero tener un desarrollo superior en cuanto a mi carrera futbolística”. Concluyó y apagó su televisor.

El Triunfo

El silbatazo final del árbitro declaró campeón a los Tigres de la UANL. Después de unos minutos festejando en el campo, cada uno de los jugadores sube a recibir su medalla. Este hecho es observado por Alfredo Saldívar segundo portero del equipo subcampeón de la Liga MX.

Saldívar representa el éxito que muy pocos pudieron alcanzar. Ya sea desde el llano o las escuelas de formación, el Pollo, como es conocido en el equipo azul y oro, logró cumplir con el objetivo que todo niño tiene: debutar en la Primera División Profesional.

“Estuve desde los once años en el equipo. Después de haber enfrentado a los propios Pumas con el equipo de mi escuela, me invitaron a hacer la prueba y me quedé”. Dice Saldivar en una pequeña entrevista a las afueras del estadio Olímpico Universitario.

“Creo que el futbol llanero es importante, la mayoría de los futbolistas sale de ahí, es el lugar donde todos empezamos, yo empecé desde ahí con juegos con los amigos cada domingo y fue importante para mí”.

Tal vez no tengan los mismos reflectores que las fuerzas básicas pero, sin duda, el futbol de llano representa un escenario importante en su desarrollo futbolístico incluso para quienes ya llegaron al Máximo Circuito.

En este momento, Alfredo ‘el Pollo’ Saldívar vivió el trago amargo de la derrota, sin embargo, la labor del guardameta es pasar la página y ser paciente para aprovechar las oportunidades que le brinde el estratega del cuadro felino.

Por ahora, la final de la Liga Bancomer MX se convirtió en una “noche mágica” que de alguna u otra manera cubrió los sueños de esta tercia de jugadores que fueron parte de este reportaje. Sólo queda esperar para ver convertidas en realidad las ilusiones de estos jóvenes.




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EL DIABLO ACECHA A LA MERCED

Por Alan Antonio Peralta Monroy
Ciudad de México (Aunam). Pasillos cerrados. El piso humedecido por la grasa de la carne. Carne de cerdo, de res o pollo. Cubetas de manteca salpican al desecharlas por las coladeras interiores. Cebollas rodando por el piso. Olores mixtos. A vegetal, a fruta y verdura; el contraste: basura y grasa. El ambiente no es el mismo que hace unos años, se modifica por circunstancias que no esperaban, inesperadas, sin oportunidad de luchar contra el fuego. Las llamas han tocado a su negocio. El diablo merodea, acecha sus puestos.


Gritos y chiflidos cada tres minutos al caminar por el Mercado de la Merced, ubicado al extremo oriente del Centro Histórico de la Ciudad de México. Con toda una historia detrás, el Mercado de la Merced ya distribuía e intercambiaba bienes desde el periodo de la Colonia con los nuevos comerciantes que llegaban de fuera de la Nueva España. En este lugar, la mayoría de los comerciantes han pasado toda su vida aquí, de generación en generación, heredan sus puestos a sus hijos, como el caso de “El Rey de la Piña”.

-¿Y si eres El Rey de la Piña, o qué? ¿Quién te puso así? Le pregunto al hombre de 65 años, de bigote tupido, y su mandil con una piña y una corona bordadas que acreditan su título.

-Pues tú dirás, llevo vendiendo más de 50 años y a todos les encanta. Mis jugos son los mejores. No vas a encontrar piña más fresca que aquí, pruébale.

Agradable, así como otros tantos comerciantes del recinto. Hay tres tipos de comerciantes: los que se la pasan viendo el móvil conectado al enchufe sin fijarse quién está pasando; los que duermen acurrucados en su mercancía; Y los que se acercan a ti a darte pruebas y preguntarte qué es lo que quieres. Unos venden más que otros. Unos tienen más espacio. Otros perdieron la totalidad de su puesto a causa de las llamas.

Detecto diversas zonas chamuscadas por el fuego. No hay puestos. No hay comerciantes. No hay compradores. Así que me aventuro a preguntarle a los más cercanos de las áreas dañadas. El primero es un mesero de un puesto de tacos. Es muy joven, usa un gorro con red para evitar que su larga cabellera caiga en la comida que sirve.

-Oye, ¿no sabes qué pasó aquí? A lo lejos se ve el Metro, pero está todo quemado.

Al mismo tiempo que saca dos cocas de vidrio del refri me dice:

-Pues fue el incendio de hace tres años. Todo eso valió madres.

-¿A ustedes no les afectó? – pregunto pues su puesto está en el rincón del Mercado, de la Nave Mayor.

-Pues no nos llegaron las flamas, pero las ventas bajaron mucho. Ya nadie pasa por aquí, piensan que ya no existe nada de este lado. Los que de verdad sufrieron fueron todos los demás, perdieron todo de un día para otro. Gracias a Dios fue en la madrugada, y no hubo pérdidas humanas.

Destapa las dos sodas y se apresura a dejarlas en la única mesa que estaba ocupada por dos clientes.

En este momento me doy cuenta que toda esa zona en verdad tiene muy pocos clientes. Es un ambiente de silencio, aquí es donde está la mayoría de comerciantes dormidos. Hasta hamacas han instalado para arrullarse mejor. No hay seguridad. En la Nave Mayor hay varios basureros, adentro están los cargadores tomándose su caguama y fumando un porro de marihuana. El olor es inconfundible.

Salgo y le pregunto a una señora que exprime jugos de naranja, de unos 45 años aproximadamente.

-Disculpe, ¿no sabe dónde están todos los puestos que fueron afectados por el incendio?

Con una sonrisa me responde:

-Uy mijo, los pobres tuvieron que irse de aquí, el gobierno les prometió que arreglaría toda esa parte y no ha hecho nada. Ya pasaron tres años. Los más suertudos encontraron un lugar afuera, pero no es lo mismo, tienen un espacio reducidísimo. O caben ellos o cabe su mercancía.

Salgo hacia la acera esperando encontrar algún testimonio de un comerciante que se vio obligado a vender en la calle. No lo encuentro. Pregunto y nadie sabe. Así que cruzo la calle hacia la Nave Menor. En ésta predomina la carne, pescado y abarrotes. Tampoco luce muy atiborrada, así que acudo a un policía, aquí sí aparece seguridad.

-Disculpe, oficial, ¿así está todos los días u hoy hay muy poca gente?

-No, hoy está vacío, tiene mucho que ver que acaba de ser Semana Santa, todos estos puestos eran de pescado, y como les sale tanto ya hasta están de vacaciones. Ven un fin de semana y verás la verdadera Merced.

Parece muy informado y accesible de contestar preguntas, así que le pregunto sobre el hecho trágico:

-Oiga, y, ¿no sabe qué pasó con el incendio? ¿por qué fue? ¿usted estuvo en ese momento?

-Pues los peritos determinaron que fue un corto circuito, y sí, yo estuve muy cerca, me tocó patrullar afuera de Metro Candelaria. Pero no sólo estuve en el último, también en los anteriores. Y ojalá fueran sólo incendios, han tenido que aguantar terremotos y por si fuera poco agrégale el ambiente. Hay personas muy solidarias, pero también está el lado pesado de la Merced, por eso andamos aquí, para mantener el orden.

A pesar de la seguridad en la Nave Menor, eso no impedía que los carniceros brindaran con sus caguamas mientras lavaban el pasillo.

-¿Desde el miércoles ya tomando? – Le pregunto entre risas a un hombre con cerveza en mano, parecía muy simpático.

-Esto no es nada, te aguanto toda la semana, brother. Aquí está la fiesta. –Sus ojos ya estaban brillosos a causa del alcohol.

El Mercado de la Merced ha sufrido diversas catástrofes, en 1988 ocurrió un incendio a causa de un puesto de fuegos artificiales, murieron 61 personas. El siguiente ocurrió diez años después acabando con dos terceras partes de la sala principal. El día 27 de febrero del 2013 fue cuando afectó a más de dos mil locales. Ocurrió durante la madrugada y los daños sólo fueron materiales. El último registro de incendio aparece el 25 de enero del 2014, las causas según el informe oficial fueron un sobrecalentamiento de las conexiones eléctricas.

Los comerciantes del Mercado de la Merced, tanto de la Nave Mayor como de la Menor, han tenido que resolver estas situaciones sin la ayuda de las remodelaciones que les promete el gobierno. Muchos se ven obligados a irse y buscar un nuevo lugar donde instalarse para vender su producto, otros se tienen que quedar a expensas de las bajas ventas.

Pareciera increíble que hasta hace muy poco era el principal mercado mayorista para toda la Ciudad. Con las diversas situaciones que le han ocurrido y la apertura de la central de abastos dejaron de tener este título. Y aunque aún se considera como el mayor mercado minorista tradicional, sus comerciantes opinan lo contario. A lo anterior se suman los problemas de trata de personas y prostitución que se llevan a cabo apenas a unos cuántos metros del Mercado.

Aun así, los locatarios no piensan darse por vencidos. Llegan desde muy temprano para comenzar su día. Los cargadores pasan con chiflidos que hacen retumbar toda la construcción del Mercado. Hay que estar muy atentos, trabajar todos los días y tratar de salir adelante a pesar de las dificultades que aquejan actualmente al Mercado. De lo contrario, en cualquier momento alguien puede gritar:

¡Ahí va el diablo!




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lunes, 23 de mayo de 2016

SEMANA DE ÁFRICA EN MÉXICO 2016

  • Del 23 al 29 de mayo de este año se celebrará la Semana de África
  • La Biblioteca Vasconcelos albergará diversas actividades culturales
Por Ximena Navarro Esquivel
Ciudad de México (Aunam). La Semana de África en México 2016 se celebrará del 23 al 29 de mayo del presente año. Dicha celebración tendrá lugar en la Biblioteca Vasconcelos, en la Cineteca Nacional y en el Museo de Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México.


Esta jornada. principalmente cultural, tiene como fin, de acuerdo a la Secretaria de Relaciones Exteriores (SRE), estrechar los lazos entre el continente africano y México. En fechas recientes, el país ha cultivado su relación con África: abrió una embajada en Ghana y Pro México (organismo gubernamental que busca fortalecer a empresas mexicanas en el extranjero) ya tiene su propia oficina en Casablanca, Marruecos.

El año pasado el evento fue inaugurado en las oficinas de la SRE; no obstante, este año su inauguración ocurrirá en uno de los espacios culturales más visitados de la nación: la Biblioteca Vasconcelos.

De acuerdo a un boletín de presa emitido por la biblioteca, en este recinto se proyectarán películas, presentarán grupos de danza, se leerá poesía y habrán mesas de debate con especialistas, entre otras actividades relacionadas con África.

Según un boletín emitido por la SRE y la Secretaría de Cultura, las actividades culturales disponibles en la Cineteca Nacional y el Museo de Memoria y Tolerancia son proyecciones de la Muestra de Cine Africano. Además, cabe destacar que el Festival Gastronómico y el partido de fútbol México-África tendrán lugar en el Campo Militar 1-B ubicado en la calzada México-Tacuba, esquina con Felipe Carillo, sin número, delegación Miguel Hidalgo.

Pese a la inclinación cultural de la agenda de la Semana de África en México; ésta tiene como objetivo atraer a empresarios o gente de negocios. O así lo señala el boletín previamente citado, donde se indica que la ceremonia inaugural tiene como fin llamar la atención de las cámaras de comercio y a empresas que deseen conocer el potencial comercial del llamado continente negro.

Por último, de acuerdo al sitio web de la Biblioteca Vasconcelos, la Semana de África en México coincide con el aniversario número 53 de la fundación de la Organización de la Unidad Africana, antecesora de la Unión Africana del cual México es país observador desde el 2005.

Biblioteca Vasconcelos Eje 1 norte, s/n esquina Aldama, colonia Buenavista, delegación Cuauhtémoc. Entrada libre.

Foto: gob.mx


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jueves, 19 de mayo de 2016

INICIA SEXTA EDICIÓN DEL FESTIVAL MARVIN

Por Montserrat Antúnez Estrada
Ciudad de México (Aunam). La sexta edición del Festival Marvin impulsará, del 19 al 21 de mayo, el talento mexicano de músicos provenientes de más de 18 entidades. Manu Charriton, encargado de la organización, recalcó la importancia de las presentaciones por realizarse en diversos foros del circuito Condesa/Roma este 21 de mayo: “La intención es que los asistentes descubran todo el talento y el gran nivel que ahora tiene la música en nuestro país”.


En el Festival se podrá escuchar a más de 70 agrupaciones musicales, 30 de ellas internacionales. Conciertos, stand up comedy y cine buscan que “el arte crezca y siga trascendiendo”, comentó Cecilia Velasco, directora de la revista Marvin, en la conferencia inaugural del evento llevada a cabo en la Universidad de la Comunicación.

Los días 19 y 20 de mayo se realizarán ciclos de conferencias en dicha institución, para promover el conocimiento sobre cómo se hace, se entiende y se produce un festival musical. “La alianza de este tipo de eventos con las escuelas es importante para que el público reconozca el trabajo de los artistas y toda la parte intelectual que hay detrás de él”, puntualizó Salvador Corrales, director de la entidad educativa.

El Festival también contará con el apoyo de SAE Institute, en donde el día 20 de mayo se impartirán talleres prácticos sobre producción musical. Pese a que el cupo de estos es limitado, podrán seguirse vía streaming a través de las redes sociales del Festival Marvin. Manu Charriton recalcó la importancia de contar con una parte práctica “en donde tú como asistente al festival puedas, no sólo ir como espectador, sino participar e integrarte desde muchos puntos de vista”.

Como parte de las actividades promovidas por el Festival Marvin para “enriquecer la ciudad a través de la cultura y de las artes”, de acuerdo con Cecilia Velasco, el Cut Out Fest, Festival Internacional de Animación y Arte Digital, proyectará una serie de cortometrajes en honor al músico David Bowie.

El 21 de mayo, el Festival contará con eventos artísticos de entrada libre en lugares como el Parque España, mientras que cotos requerirán la compra de un boleto según los diversos foros del circuito en donde se presentarán los músicos.





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miércoles, 18 de mayo de 2016

LO QUE SOY LO SOY POR ACCIDENTE: LORENZO MEYER

Por Itzel Yolotzin Jarero Otero Sonia
México (Aunam). Llega acompañado de dos hombres mucho más bajitos que él; al entrar en la habitación su alta figura destaca de entre los presentes con facilidad. Va riendo con sus acompañantes mientras observa la primera página del periódico de hoy. Vestido con un traje azul marino muy bien planchado, un chaleco de algodón café y zapatos negros brillantes, el profesor Lorenzo Meyer busca una mesa vacía en la habitación.


Mide cerca del metro noventa de altura, es un hombre fornido cuyo cabello corto y blanco, delata el paso de los años; trae consigo un par de anteojos que no logran ocultar las arrugas en las comisuras de sus ojos claros y una sonrisa juguetona acompañada de una ligera barba blanquecina.

Si es que uno tiene sueños, el de Meyer nunca fue convertirse en estudioso de la Historia y la Ciencia Política. Con voz amable confiesa “el día que terminé mi preparatoria, la única persona de mi familia que sí había ido a la universidad, me habló de El Colegio de México; que se abría una licenciatura y que habría becas. Fue entonces que hice mi solicitud ahí. Y esa, no era mi intención. Fue un accidente”.

Ingresó a El Colegio de México a los 18 años a la licenciatura y posteriormente el doctorado en Relaciones Internacionales. Sin embargo, su admisión no fue fácil; pues fue rechazado por no saber inglés. “La mitad de los que solicitaron tampoco sabían, así que tuve que entrarle al inglés en el Instituto Mexicano Americano de Relaciones Culturales y las sesiones eran de tres horas diarias”, cuenta.

Pero una vez dentro, las cosas no se volvieron fáciles. “Ahí en El Colegio, la apuesta conmigo era para perder”, dice con voz suave a la par que entrelaza sus dedos al centro de la mesa. Con una gran cantidad de profesores extranjeros: tanto de EE, UU, de Europa, Asia y África, haberla cursado en tan solo tres años, y haber sobrevivido a eso demuestra que sus apuestas no se cumplieron; pues desde el 2008 es profesor emérito de dicha institución.

Nació en la capital el 24 de Febrero de 1942. Es historiador y analista político del México contemporáneo, y escritor de obras sobre la revolución mexicana y la historia de las relaciones exteriores de México. Ha dedicado gran parte de su vida a la investigación y a la reflexión de las formas autoritarias del poder y los procesos de democratización de los siglos XX y XXI.

Es un hombre brillante, querido y criticado por los medios y el gobierno. Su reputación se ha valido de la forma descarnada y nada sutil que posee para describir la situación que acongoja al país. Es experiencia y compromiso. Es un ideólogo de la Revolución Mexicana; un nacionalista con gran esencia moral que escribe lo que pocos se atreven, lo que muchos quisieran y lo que nuestro país necesita saber.

Actualmente es columnista semanal del periódico Reforma, participante en la mesa de debate del programa de Canal Once Primer Plano y profesor en la Facultad de Filosofía y Letras.

Posa su maletín negro en la mesa junto con el periódico de hoy “estamos peor que Dinamarca” dice con una sonrisa que muestra una perfecta dentadura, y se ajusta los anteojos mientras se sienta. La habitación es grande, con varias mesas cuadradas y pequeñas en todo el centro, a los costados hay sillones bajitos y cafés además de un garrafón de agua y dos macetas en cada extremo del aula.

El interés por la historia lo tuvo desde niño.

Para él, leer es una gran aventura intelectual, es poder entender a personas, circunstancias, tragedias, hechos y éxitos del pasado Es la libertad de imaginar, de elegir a cuál pasado ir. A partir de una mezcla de datos que proporcionan los documentos o autores y un poco de imaginación, “es posible recrear el pasado y tener esa empatía con los personajes, con los grandes individuos, grupos y naciones. Con el mundo entero”, cuenta animadamente mientras juega con la correa de su maletín.

Si bien su licenciatura no estaba ligada directamente con la historia, una vez aceptado, se encaminó a las ciencias sociales; pero el que en ese momento era el director de El Colegio de México diseñó los cursos con una alta dosis de historia mundial. Fue así, que comenzó su incursión profesional en el estudio de la historia, “no como historiador, sino como politólogo especializado en relaciones internacionales” cuenta.

Si hay que hablar de qué fue lo que hizo que Lorenzo Meyer se apasionara aún más por el estudio de las ciencias sociales, hay que mencionar su pequeña aventura familiar al campo. Cuando todavía era niño, vivía en una familia ampliada, con tíos, tías, primos, primas y abuelos; y decidieron hacer de una granja no lejos de la capital, en Tlalnepantla, Estado de México, el centro de la vida familiar.

San Lucas Tepetlacalco era un pueblito, que actualmente ya es parte de la mancha urbana, pero que sin duda alguna influyó en su visión del mundo, sobre todo de lo social. Vivía en colonias de clase media (Santa María la Rivera, Colonia Estrella), pero estando en ese nuevo lugar, su vida urbana dio un salto enorme. “Me hizo ver la dureza de la vida en el campo, de los peones, de la diferencia de clases, de la enorme distancia social entre yo, que a pesar de todo iba a una escuela particular en Tlalnepantla, y las otras gentes de mi entorno y de mi edad. No estaba con gente de mi misma edad y mi mismo nivel de vida; sino más bajo. Eso me dejó marca” dice.

El problema con los historiadores políticos, es que todas las culturas y sociedades los apasionan. En todas encuentran peculiaridades y regularidades, lo que siempre aparece en ellas: la lucha por el poder y el ejercicio del mismo; y aunque puede parecer muy distinto en una sociedad pobre y una potencia, en el fondo no lo son tanto. Siempre ven las cosas que no están bien hechas, están insatisfechos, y se sienten motivados por la crítica.

“Me apasiona lo que hago, y me entristece porque siempre veo lo que pudo ser y no fue. Estoy consciente de las oportunidades perdidas, de los esfuerzos desperdiciados, de los sacrificios inútiles, de la corrupción, de los abusos y de la inmoralidad”.

Meyer consideró desde el principio que El Colegio de México era un mundo muy cerrado y extraño. Para él siempre fue indispensable tener esa pasión por conocer el mundo de la política y todo lo que le rodea, lo social y económico. “Sin eso no se podía y estoy seguro que no se puede hacer carrera; pues si es nada más se estudia por compromiso, porque no queda de otra, pues simplemente no” asegura.

Sea a consecuencia de la pasión que siente por el estudio de lo social y de su necesidad por entender al hombre, es que puede decirse que Lorenzo Meyer no tiene pasatiempos “mi trabajo es mi pasatiempo, si es que se le puede llamar así” dice y pasa sus dedos entre la poca barba que rodea su boca y piensa.

“El único pasatiempo que tengo hasta cierto punto está dentro de mi esfera laboral, es leer. Por ejemplo, leer novela; pero qué quiere que le diga, ésta también me conduce a los mismos temas sociales, políticos”.

Le gustan no precisamente las novelas de dramas muy personales. Más que nada, aquellas que tengan que ver con el entorno social en el que se desarrolla la historia. Carlos Fuentes y Juan Rulfo, por ejemplo, están en su top 3 de autores favoritos. “Pedro paramo es una fantástica novela, pero sigue teniendo un contexto político detrás, es el México de la revolución, de los cristeros. Es ese tipo de novelas las que realmente me entretienen, y lo que quiera o no, se me hace inevitable ver elementos de la sociedad sueca, políticos, sociales y culturales en ellas”, cuenta.

Fueron sobre todo las necesidades las que lo llevaron a destacar en la historia política mexicana. “Era lo más accesible para mí, pero me hubiera gustado mucho meterme más en teoría política” confiesa amargamente.

A diferencia de sus colegas académicos, desde hace poco más de 20 años, el Doctor Meyer dio un salto de gran impacto a los medios, y como él lo describe, fue “resultado de un problema personal”: alguien en alguna ocasión le sugirió escribir para el noticiero radio educación en el 1060.

Le propusieron escribir únicamente dos cuartillas sobre lo que él quisiera y un profesional lo leería al aire. Sin embargo, Meyer no aceptó, pues estaba consciente de que la manera de escribir y presentar un problema a un público que es abogado, dentista, taxista, ama de casa o secretaria, es muy distinto a la manera en que se escribe para comunicarse en el medio académico. Comunicarse con colegas y maestros para él era la única experiencia que se puede tener en un mundo tan pequeño, en el que el tipo de lenguaje y la forma de expresión es a veces absurdamente compleja y sofisticada, pues entre más compleja sea la manera de presentar el problema, es mejor. “Y en los medios no es así, porque si no se les entiende, es un fracaso”, dice tajante.

Pero bien dicen que la tercera es la vencida, porque bastó con que le insistieran al especialista en política, para que la tercera vez, dijera que sí.

Y como una especia de salvaguarda esta persona le dijo que no había por qué preocuparse, afirmaba que se trataba de un programa que se oía muy poco y no tenía mucho público e impacto. Nadie se daría cuenta si había alguna equivocación.

Sin embargo, cuando Manuel Barltett estaba enfrente de la Secretaría de Gobernación, por conflictos políticos cerraron el programa. Pero una vez más no tuvo que pasar mucho tiempo para que otra persona le propusiera escribir para un periódico.

“Fue cuando ocurrió lo del fraude electoral y necesitaban a alguien que pareciera que le daba al periódico (Excélsior) pluralidad, aunque estaba básicamente dedicado al apoyo del gobierno y de Salinas, querían a alguien que lo criticara y ese era yo, entonces me pusieron en primera plana y de ahí arrancó realmente esta parte de estar en los medios. Yo estaba muy interesado porque era una manera de salir de mi círculo tan pequeño y también era la posibilidad de compartir mi crítica e insatisfacción con la política mexicana con alguien más, no sólo con mis alumnos y colegas, porque ese es un círculo muy chiquito”.

Meyer encuentra en escribir críticas un tipo de terapia, porque resultó ser como alguna vez le dijo su esposa “que bueno que estás escribiendo con ellos porque aunque pagan 50 pesos, así no tienes que pagar un psiquiatra, nos estamos ahorrando un montón de dinero”.

Para él la escritura hacía que salieran a flote sus disgustos con el país, con lo poco alentadora que resultaba la situación cuando el PRI era el partido de estado y no había otros caminos, después del 68, de la guerra sucia, había una enorme insatisfacción en politólogo hacia el sistema represivo, corrupto y autoritario; fue así que los medios le otorgaron dicha posibilidad porque a diferencia de ahora, no había una censura tan fuerte, el periódico no era un medio que llegara a las masas entonces se podían dar el lujo de poner a gente crítica al frente porque se sabía que no tendría un gran impacto.

Para él, las puerta se abrieron solas: Canal Once, Carmen Aristegui, así como peticiones por parte de universidades públicas y privada en México, Estados Unidos, España, Inglaterra y otras partes de Europa. Su éxito en el mundo editorial con sus obras Liberalismo Autoritario: las contradicciones del sistema político mexicano; Fin de Régimen y Democracia Incipiente: México hacia el siglo XX; El Estado en busca del ciudadano: un ensayo sobre el proceso político mexicano contemporáneo; el espejismo democrático; De la euforia del cambia a la continuidad; y Las Raices del Nacionalismo Petrolero en México; sus cursos se han centrado en cuatro grandes temas: historia del pensamiento político; historia política de México, desde la Independencia hasta nuestros días; historia de la política exterior de México e historia de las relaciones México-Estados Unidos.

Su clave está en la crítica de fondo y no en la justificación del poder, su descarnada manera de investigar y opinar desde el punto de vista más objetivamente posible sobre lo que se está viviendo, se vivió o lo que puede llegar a ser el país, la crudeza de sus aportaciones como analista político y la fidelidad ética a sus principios que mantiene en el salón de clases.






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MANÍA, UNO DE LOS POLOS DE LA BIPOLARIDAD

Por Diana Karen Kraules Aedo
México (Aunam). De repente la puerta del consultorio 20 dejó escuchar un gran rechinido que seguido de una voz cálida, interrumpió el ritmo de la plática: —Perdón por la tardanza, parece que ya se conocieron, Diana, él es “Mario”, mi paciente— dijo la “doctora Rojas” mientras aquel hombre de ojos esmeralda exclamaba con una sonrisa nerviosa: —Vengo aquí porque recaí hace poco y en este momento estoy en la fase de manía. Mi cara de asombro no pudo disimularse, sin saberlo ya había conocido al paciente bipolar.


Portando una bata blanca llegué al lugar diez minutos antes de que el reloj marcara las dos. Se trataba de un edificio de tonalidades blancas y azules que se diferenciaba de los demás por las letras en dorado que decían: “Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez”.

Al tiempo en que lo observaba, una llamada entró a mi celular: — ¿Diana?, soy la “doctora Rojas”, todavía voy a charlar un poco con “Noelia”, una chica bulímica. No sé si podrías aguardar un poco, sólo camina y en la primera entrada a mano derecha se encuentra la sala de espera, quédate ahí—, contesté con un sí y seguí las indicaciones de la doctora.

El lugar, cuyas paredes de tablaroca imitaban a los ladrillos, era de aproximadamente 10 por cuatro metros, emanaba el característico olor a hospital, poseía dos ventanas por las que se filtraban los potentes rayos del sol recordando el sofocante calor de aquel día, y guardaba 40 sillas cromadas. Decidí sentarme en una de ellas y esperar a que la consulta comenzara. Todo estaba en silencio y el ambiente emitía tranquilidad, incluso a pesar de encontrarse encendida, la pantalla de televisión de alrededor de 32 pulgadas carecía de sonoridad.

Compartíamos la estancia adornaba con macetas color hueso, tres personas, un hombre de alrededor de 25 años, vestido de negro, quien recargado en la pared no despegaba sus ojos del celular, y otro de aproximadamente 35, estaba sentado y traía una playera color verde menta, jeans y zapatos negros, que no paraba de reflejar su ansiedad al golpear sus dedos contra su portafolio azul marino. Este último parecía observarme mucho, me analizaba de pies a cabeza y a los pocos minutos, se cambió de lugar a lado mío.

—Hola, soy “Mario”, ¿eres pasante de psicología o algo así?, lo digo por la bata y por el hecho de que te ves muy joven, yo soy paciente y hoy vengo a terapia—. Al no saber qué contestarle, sólo emané un sí mientras él hablaba de nuevo. —Yo creo que ya no ha de tardar mi psicóloga, normalmente empezamos a la hora, no sé qué le habrá pasado— exclamó mientras reía briosamente.

Le pregunté a qué clase de consulta venía y antes de que pudiera responderme, la “doctora Rojas” interrumpió la charla contestando mi pregunta. Ella es una mujer de aproximadamente 40 años, tiene el cabello chino y tez blanca, portaba una bata y unos anteojos rojos que empujaba con su dedo índice al tiempo que “Mario” y yo nos acercábamos. —Que chistoso que se hayan conocido afuera y no dentro de la terapia— exclamó la doctora mientras sutilmente cerraba la puerta y dejaba apreciar una leve sonrisa.

Aquella puerta azul marino revelaba un consultorio de aproximadamente ocho por seis metros, tenía dos sillas de metal negras y una de plástico blanco improvisada por mi visita. Había un escritorio de madera adornado por una pila de folders de colores, un jarrón de orquídeas artificiales y una laptop.

La terapia dio inicio: — ¿cómo te has sentido “Mario”?, ¿ya mejor después de la plática en grupo que tuvimos hace casi una semana? — exclamó la doctora al tiempo que nos sentábamos en nuestras respectivas sillas. —Sí, ya desde el miércoles retomé el medicamento, dejé de tomarlo porque consideré que ya no lo necesitaba. Desde chico he tenido bastante energía, en la secundaria fui capitán de cinco equipos de deportes diferentes, y actualmente voy a kun fu los fines de semana—dijo orgulloso mientras levantaba las cejas arrugando su frente.

La doctora lo miraba a los ojos y asentía con la cabeza mientras “Mario”, con tono de júbilo, le relataba sus vivencias, —Lo que ocurre es que nunca tengo sueño y yo sé que eso es un síntoma de la manía, pero neta que es impresionante el no sentir cansancio siendo que me levanto a las 3:00 am para abrir el local familiar de la central de abastos—.

La mujer aprovechó el tema de la familia para preguntarle el comportamiento de la suya tras la recaída. En ese momento, “Mario” tomó una pequeña basura de lápiz que encontró en el escritorio y mientras jugueteaba con ella, exclamó:

—El único que me apoya de manera moral es mi hijo de 13. Mi esposa cree que con darme dinero es suficiente, realmente no hay apoyo moral por su parte, y mi hija de 16 se interesa más por sí misma, si no le afecta lo que me pasa entonces ella está bien. El apoyo debe ser por ambas partes, yo cumplo con los pedidos de mi esposa, todos los gastos de nuestros hijos van por mi cuenta, con lo que llego a vender de verdura en la central, les pago sus libros, copias y celulares— expuso mientras fruncía el ceño.

Aquel hombre de tez morena cruzó los brazos y comenzó a acelerar su respiración. Al notar lo anterior, la doctora le ofreció una galleta, mientras de su bolsillo derecho se escuchaba el crujir de una bolsa metálica, “Mario” aceptó el gesto y mostró una tenue sonrisa. Como si hubiera olvidado que estaba yo ahí y apenas lo recordara, el hombre me dijo: —Ya me estoy tomando la olanzapina y el magnesio, así que no te preocupes jovencita, no te haré daño— refirió riendo nervioso entrecubriendo su boca para ocultar la galleta.

La doctora y yo acompañamos su risa, y “Mario” reveló que su enfermedad era genética: — Yo heredé la bipolaridad de mi padre, él sufría también ataques de manía, pero era más depresivo que yo, nunca le diagnosticaron oficialmente la bipolaridad, pero puedo jurar que la tenía. Él murió a los 54 años de un paro cardiaco— dijo al tiempo en que su mirada se perdía en el piso. Mientras la doctora buscaba recuperarla, expuso: —Eres muy inteligente y sé que vas a volver a salir adelante, ya lo habías logrado ¿recuerdas? —.

Esa pregunta despertó la atención del hombre quien, con una gran sonrisa de oreja a oreja, dio por terminada la sesión al exclamar:— Muchas gracias, de hecho no me considero para nada una persona tonta, tengo una licenciatura en derecho, de la especialidad en penal salí con 9.4, de la maestría con 9 y mi tirada en este momento es el dominio de inglés y el doctorado, mi meta es la cátedra y a diferencia de lo que se pueda pensar — refirió mientras me observaba— creo que la bipolaridad y en especial la parte de manía, proporciona al paciente nuevas oportunidades, maneras de superarse, me gusta más verlo así, como un don— expuso.







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