domingo, 28 de abril de 2013

GRACIA DE LA INMORTALIDAD EN UN NOMBRE DE ORO: JORGE NEGRETE

Por Miriam Hernández Alegría
México (Aunam). Cantante y actor mexicano cuyo atractivo personal y voz inconfundible le elevaron a la categoría de mito de la música de su país, con canciones como: México Lindo y Querido, Amor con amor se paga, Ay Jalisco no te rajes, Juan Charrasqueado, San Luis Potosí, Tequila con Limón, Morenita mía y Ojos Tapatíos. El “charro cantor” Jorge Negrete, fue recordado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS).

Los profesores Federico Dávalos, Mario Sanabria, Noé Santos y el estudiante de doctorado Fernando Cárdenas, departieron en la mesa redonda La comedia ranchera, el cine de Jorge Negrete y sus directores.


Noé Santos explicó el tema de la charrería como uno de los aspectos clave en la creación de la identidad mexicana. Desde una perspectiva histórica la figura del charro mexicano, se remonta a la época de la colonia, cuando se originaron las haciendas de economía mixta, agrícola-ganadera, conocidas como estancias o ranchos.

Además, el profesor definió a la comedia ranchera como una mezcla de diferentes elementos del charro del siglo XIX, historias de amor ubicadas en el México rural y recreación de sucesos históricos de la Revolución.

Simplemente una comedia ranchera que contar

La comedia ranchera, como señaló el profesor Santos, fue toda una amalgama de cuadros de costumbres, donde la inserción del campo como Jalisco o Michoacán formaban parte de la escenografía principal. Un cine que revestía a las haciendas porfiristas, "donde las personas ricas se enamoraban de los pobres (que físicamente eran muy hermosos)".

La temática de hambruna no podía faltar. Y el típico pleito de cantina que llevaba a todos los clientes a pelearse por rivalidades económicas o por el más popular de los pleitos: Los amoríos de una mujer. Hacían de la comedia ranchera una tragedia de desamor, traición, envidia, lágrimas y música cuya aceptación se dio gracias a la radio.

Las tomas que se realizaban eran de familias tradicionales, el machismo era frecuente. Las mujeres no trabajaban, el hombre era quien llevaba el sustento al hogar. Las calles, casas, caminos, cantinas, caballos y campos, eran la visualización principal del género ranchero. Era un teatro de revista.

Así, el lenguaje y los tipos sociales se podían mezclar, la fiesta y el baile eran referencia a la idealización del México provinciano. Ejemplo de ello fueron las películas: Bajo el cielo de México, 1937; La Sandunga 1937, y Allá en el racho Grande, 1935.

Temáticas que se alimentaban con canciones vernáculas, amables cuadros de costumbres rurales y un humor muy simple, alcanzando con rapidez popularidad continental como un género paródico, cuya influencia española fue perceptible por lo que respectaba al sainete madrileño y la zarzuela.

De la zarzuela, la comedia ranchera tomó tres de sus elementos principales: desenvoltura del personaje, los intermedios cantados como incentivo de la acción, la explosión anímica proyectada con la música alegre, y las contraindicaciones entre la moral individual y la moral colectiva.

Su fin, consistía en acentuar bravíos alardes personalistas o tiernas baladas campestres a un supuesto estatus quo de la provincia postrevolucionaria. Género obligado a presentar peleas de gallos, carreras de caballos, canciones, mariachis y gente bondadosa. Exaltación de los tres poderes predominantes: eclesiástico, gubernamental, y fuerza bruta del macho.

Jorge Negrete no fue el primer charro pero sí el mejor

Fernando Cárdenas inició con un sonido y pidió a los estudiantes que reconocieran la voz. Ni uno lo logró: era Jorge Negrete, a quien catalogó como no el primer charro sino el mejor. A diferencia de Pedro Infante la mayoría de sus papeles fueron de charro, agregó. Dentro de la vasta producción fílmica del actor, Cárdenas encontró al filme Ay Jalisco no te rajes como la consolidación del estrellato nacional e internacional de Negrete.

Negrete trabajó también en los más prestigiosos escenarios de Estados Unidos, desde donde saltó a los grandes teatros mundiales. La gran calidad de su voz y su aspecto viril y distinguido le permitieron ganar una rápida celebridad en los escenarios mexicanos y extranjeros. Figura entonces versátil, se dedicó también al toreo, y en 1940 quiso participar en la Segunda Guerra Mundial como soldado estadounidense, pero no se le permitió alistarse.

Jorge Negrete debutó en el cine con La madrina del diablo, 1937, y desde entonces intervino en un total de treinta y ocho películas. Popularizando así la comedia ranchera, en la que encarnaba al personaje del "charro cantor", el macho valiente, buen tipo, adinerado, mujeriego, vital y arrogante.

En sus actuaciones en vivo y, por supuesto en la gran pantalla, el carismático actor nunca dejó de interpretar dicho papel. “Podría en cierta manera decirse que Jorge Negrete se interpretaba a sí mismo, ya que popularizó el papel de charro tanto en la ficción como en la vida real, escenario en el cual sus romances nada tenían que envidiar a los de sus personajes cinematográficos”, señaló Cárdenas.

Sus matrimonios con Elisa Christy y Gloria Marín naufragaron en los conflictos surgidos de los devaneos amorosos unas veces y de los chismes otras, y no fue hasta su tardío tercer matrimonio con la brillante María Félix, famosa a su vez por su vida licenciosa y frívola, que Negrete lograría una relación estable.

En su faceta de cantante popularizó canciones como La feria de las flores, Jalisco, Allá en el Rancho Grande o Las mañanitas, que forman parte ya de la cultura identificativa del país, abriendo una escuela entre cuyos máximos representantes se encuentran Miguel Aceves Mejía y Pedro Infante.

Una imagen describe a un charro: Jorge Negrete

Con la exposición de imágenes de la película Así se quiere en Jalisco, el profesor Mario Sanabria abordó el tema de los directores en el cine de Jorge Negrete y un poco de lo que fue su personalidad, pese a que durante más de veinte años de su vida profesional mostró una imagen estereotipada de galán solícito, atento y cortés con las mujeres, y también de duro castigador si la ocasión o el guión lo exigían, destinado a no defraudar a un público siempre creciente, se escondía un Jorge Negrete desconocido, maduro y consciente de la dimensión de su carrera.

Interpretó la primera película mexicana que incorporó el color en la pantalla Así se quiere en Jalisco y estuvo dirigido por directores famosos como Luis Buñuel y Chano Urueta, además de Fernando de Fuentes, uno de los directores cinematográficos más importantes del cine mexicano de los años treinta y cuarenta.

Fernando de Fuentes, que había iniciado la era industrial del cine mexicano con la primera versión de Allá en el Rancho Grande, 1936, interpretada por Tito Guízar, (considerado el primer charro mexicano) ponía de moda la comedia ranchera, Negrete se convertía entonces en embajador de la cultura y el folclore mexicanos. Contribuyendo, además a fundar el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana, y la Asociación Nacional de Actores.

Negrete difundió y popularizó la música, las canciones y la cultura mexicana por todo el mundo; para ello se valió de su potente y extraordinaria voz, un genuino instrumento que sabía modular a la perfección, plasmando con profundo y desgarrado sentimiento tanto el amor como el desamor, el más tierno cariño o el más arraigado y triste resentimiento. Personaje entrañable, posiblemente fue su temprana muerte, acaecida cuando contaba con poco más de cuarenta años y se encontraba en la plenitud de su vida tanto personal como profesional, la que le otorgó la gracia de la inmortalidad, en un nombre de oro: Jorge Negrete.







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