EL BAÑO ES EL REFUGIO: PASIÓN HOMOSEXUAL

Por Diego Valadez y Alberto Valencia

Ciudad de México (Aunam). Un hombre ingresa al baño y mira nervioso a su alrededor para cerciorarse de que nadie lo vea; alrededor de dos minutos después, otro llega y pone 30 pesos en la mano del guardia en lugar de los cinco que deben ser depositados en la máquina. Una vez dentro, ambos se besan apasionadamente y comienzan a desabrocharse los pantalones para dar paso a un desenfreno total.

El baño del metro Ermita es testigo de estos encuentros. Ha pasado de fungir como un calmante para ciertas urgencias fisiológicas, a funcionar como hotel: a final de cuentas, cumple con su cometido de satisfacer necesidades humanas.


Es bien sabido por los usuarios del metro que los baños no son el único lugar donde suceden estas cosas. La comunidad gay ha establecido desde hace mucho tiempo que el último vagón es usado como un lugar para el coqueteo y hasta el mismo acto sexual en horarios extremos como de siete a nueve de la mañana y las ocho a 11 de la noche.

Cruising Mx es un sitio de internet dedicado a fomentar, discutir y compartir contenido sobre las prácticas sexuales en público (por ello la palabra denotativa en inglés); también sirve como plataforma donde los usuarios pueden hacer críticas y reseñas sobre los mejores lugares propicios para realizar esta actividad algo arriesgada al estar expuestos a la vista de todos.

En el sitio se encuentran personas de toda orientación sexual, pero es la comunidad gay en donde los debates se ponen más acalorados y donde hay una actividad más prolija. Es por eso que muchos hombres comentan bajo pseudónimos todas sus fantasías y preferencias por los lugares más insólitos como parques recreativos, escuelas y hasta museos.

Este sitio, que ganó reconocimiento entre los practicantes gay desde 2012, se ha limitado a sólo conservar su foro y no extenderse a otras plataformas, a excepción de Twitter, donde en realidad hay poca actividad. No obstante, al menos una vez a la semana varios usuarios registrados ofrecen su compañía en alguno de los cientos de sitios identificados como zona de cruising en la Ciudad de México, además de especificar su día, hora y características físicas.


Fue en aquella página donde en 2016 se hizo famoso el baño del metro Ermita, pues según los comentarios, había muy poca gente y era un lugar seguro para los amantes de la adrenalina. Había comentarios que lo ofertaban como si se tratara de una atracción para niños muy llamativa:

“Iré como a las 5, alguien para una mamada” (sic), preguntó en el espacio de discusión alguno de los hombres interesados en encontrar compañeros sexuales en los baños de la estación.

Es sábado por la mañana, alrededor de las 10. A pesar de lo temprano que es, hay varios hombres en el baño. Parece que ya es bien sabido lo que sucede porque los dos que usan los mingitorios se miran y sonríen para luego bajar sus vistas y admirar sus miembros. Jorge mira la escena desde el lavabo mientras se acaricia la entrepierna.

Jorge N, con 26 años, ya es un cliente usual del baño. Lleva ya casi un año disfrutando lo que él dice ser el juego más seductor y emocionante en el que ha estado. Desde los 17 se interesó por las citas en internet y el ligue por aplicaciones como Tinder y Grindr, esta última más usada para fines sexuales; mientras que la otra, Tinder, más enfocada a encontrar “el amor”, le aburrió, ya que él sólo buscaba diversión carnal.

Jorge se enteró del baño gracias a un amante de 40 años que tuvo y que era casado. Él le dijo que podían ir a ese lugar debido a que le faltaba dinero para pagar un motel decente y que, como ya conocía el famoso baño Ermita, le gustaría ir ahí. Jorge no puso ningún pero y aceptó la particular propuesta; ése fue el inicio de una serie de aventuras que tendrían como guarida aquel recinto.

“Me sentía raro. Nunca había ido a un baño a hacerlo, pero ese día estaba emocionado y acepté”, dice Jorge al recordar su primera experiencia; “me gustó mucho y por eso siempre regresaba aunque ya no estuviera con ese hombre”.


¿Comodidad o miedo?

Jorge se plantea ahora, al mirar en retrospectiva a esa relación que terminó mal, el porqué de la preferencia por su amante (llamado desde ahora como Mr. X) al baño en lugar de un motel barato.

“Siento que no quería que a él lo vieran conmigo porque él estaba casado con una mujer y tenía hijos. Aparte no aceptaba su homosexualidad”, reflexiona. La relación de Jorge con Mr. X terminó debido a que el mayor golpeó al otro en una discusión que comenzó porque Jorge le insinuó que dejara a su mujer y se fuera a vivir con él; lo que obtuvo como respuesta fue un puñetazo en la mandíbula y un “¡no soy un puto!”.

Lo anterior es una muestra de la represión sexual entre los hombres gays; esto es apoyado por el periodista y sexólogo Gerardo Guiza Lemus, quien es autor de En el pecado está la penitencia, una investigación donde argumenta lo normada que está la masculinidad, y lo que sale de aquellos cánones está fuertemente condenado y es considerado como antinatural.

El hombre que crece en un núcleo machista y heteropatriarcal aprende a conducirse de esa manera: va a ver a las mujeres como inferiores al ser él quien se encarga de la remuneración económica del hogar; a esto va a aunada la crítica hacia los homosexuales, porque visto desde esa manera, un gay es algo aborrecible y que la sociedad ignorante siempre sataniza.

Por eso un hombre que es gay, pero criado en un ambiente como el anteriormente expuesto, opta por lugares como un baño cerrado y pequeño para desenvolverse en su rol y disfrutar de su sexualidad.


Hortensia Moreno Esparza es doctora en relaciones de género y tiene un artículo llamado El boxeo como tecnología de la masculinidad donde establece una metáfora entre ese deporte y la masculinidad, pues es visto al hombre de manera cultural como el proveedor y la figura que es fuerte, insensible y bruta.

Los dos expertos piensan que combatir estas concepciones del hombre es muy difícil, por no decir imposible, ya que habría que luchar con una superestructura milenaria. Afortunadamente hay hombres que sí viven y aceptan su sexualidad, los que son en mayor parte del sector juvenil de la población; pero hay una gran parte de la sociedad, que es la de hombres adultos, a la que les cuesta abrir su criterio para aceptar la amplia gama de diversidad sexual y disfrutar la suya.

Jorge N es una vía para conocer esta dualidad de seres. Él, como adulto joven que busca disfrutar de manera plena su vida y su sexualidad, ha conocido a distintos hombres mayores que desgraciadamente tienen esta visión arcaica de valores tradicionales.

Al igual que Guiza y Moreno, Jorge piensa que, entonces, el que los hombres elijan al baño para satisfacer sus necesidades carnales, es por miedo a ser descubiertos y juzgados por la sociedad, a mostrarse sensibles, a descubrirse como humanos.

Existen patrones que el joven ha identificado en los visitantes y que son apoyados por el guardia. La mayor cantidad de todos los hombres que visitan el lugar tienen un aspecto de edad mayor: “parecen de unos 30 a 45 años, ya no van tan viejos porque ellos son más pudorosos”, dice Juan, el señor que recibe el dinero para dejarlos pasar.

Aquel vigilante que, más que enfadarse por lo que sucede y por ello prohibir la situación, ha establecido el sistema del cobro de los 25 pesos adicionales; con esa cantidad uno tiene acceso a la caja de condones y papel extra que tiene guardados.

“Los baños fueron construidos alrededor de 2009, más bien fueron remodelados porque estaban los clásicos que puso el Metro que tenía uno o dos bañitos, pero lo ampliaron”, cuenta Juan; él es encargado de la guardia desde 2015. A él le tocó la popularización del lugar durante el año siguiente.

“Al principio venía una que otra pareja a hacer sus cosas, y yo no les decía nada. A mí no me ocasiona problema, pero luego vinieron más y hasta llegaron a estar estos chavos prostitutos con sus clientes”, recuerda con una sonrisa y agrega: “fue cuando empecé a cobrarles los 25 porque también yo me debo arreglar con la policía si me llega a cachar. También le doy una parte a los chavos de la limpieza porque ellos deben andar recogiendo sus cochinadas”.

Los mismos clientes han establecido una especie de reglamento de conducta. Si un hombre llega y quiere actividad sexsual, debe insinuarse al otro con miradas o asentimientos, pocas veces tienen lugar los tocamientos; si es rechazado, debe respetar esa decisión y no insistir. Nadie debe perturbar a un usuario que decida usar el baño para lo que realmente es.

Estas normas no están escritas, pero siempre ha funcionado así y han establecido un control que ha prevalecido ya más de un año, según Juan. Sí han habido algunas peleas, pero han sido por varones que ingresan en estado de ebriedad y buscan pleitos con cualquier persona que se le ponga enfrente.

Fue así como se fundó clandestinamente un lugar que acoge a los hombres, algunos reprimidos y otros no tanto, para que a puertas cerradas puedan dar rienda suelta a todas sus pasiones fundidas entre olores, ruidos escatológicos y otras cosas propias de un baño público.

Historias: entre azulejos y váteres


Un joven veinteañero entra junto a su acompañante, de unos 40 años al baño. El mayor avienta la mochila del joven al piso y lo besa con fervor, luego lo lleva hacia el lavabo y lo acomoda para consumar esa acalorada efusividad entre sudor, gemidos y el empañado del espejo. Una vez terminado el acto, el muchacho pregunta “¿te veré el viernes?,a lo que responde su amante: “no sé, debo ver a Laura, pero quizás te recoja a la escuela”.

El ambiente del baño es propicio para un polvo gris y rápido, para algo efímero y con prisa, impaciente y hasta seco. La adrenalina puede suplir una pasión amorosa porque difícilmente el amor puede estar entre aquellas paredes salpicadas de excremento, semen y sangre. Condones, papel, ropa y otros enseres son testigo de las relaciones que se llevan a cabo, unas violentas, otras aburridas, siempre con el mismo final: un orgasmo rápido y un adiós forzado.

“No puede ser posible que una pareja que se ame decida ir a un lugar como éste”, piensa Jorge mientras recorre con la vista el piso a medio limpiar. “Todas las relaciones que he tenido aquí no han pasado de los tres encuentros. A veces quiero dejar esto y encontrar a alguien que de verdad le interese conocerme y no solamente me quiera coger por un rato, pero uno siempre vuelve a las malas costumbres”.

Una pareja de novios entra al baño y se dirigen a un cubículo para cerrar la puerta. “Amor, esto está bien feo; ¿y si se nos pega una infección?”, se queja el primero y su novio le contesta “vamos a hacerlo rápido. Nada más tenemos 10 minutos para irnos”. Su encuentro es muy rápido e incómodo: no más de seis sentones y un vaivén para terminar. Los dos se suben los pantalones y se dirigen a tomar el metro.

“Siempre que acabo y me despido de alguien, me deja un vacío. Disfruto mucho mientras pasa, pero en cuanto se van siento que una tristeza muy grande se me viene encima”. Jorge acaricia el lavabo. Mira ese material que simula mármol con cierta complicidad y a la vez desdén, como si compartieran una relación tóxica que no tiene fin.

El baño también tiene hoyos entre los canceles que dividen cada cubículo. Cada uno tiene leyendas como “pas busca act”, “busco macho maduro, yo aguantador”, “pasivo entrón busca chacal”. Los escritos encierran a los agujeros por donde un voyeurista puede complacer a sus ojos mientras ve toda clase de aventuras que suceden ahí.

Un hotel tiene sábanas, colchones, aditamentos que suavizan cualquier relación por más dolorosa o incómoda que pueda volverse y siempre una almohada puede ser consuelo para las lágrimas; en cambio, en un baño sólo queda la frialdad de las paredes y la incomodidad ante posibles intrusos, no hay nada que sirva como apoyo moral.

Redes sociales, hacia una organización de sexo virtual

Es necesario regresar a los inicios de todo esto: la promoción de los espacios en plataformas digitales y aplicaciones de teléfono celular. Sitios como Cruising MX son indispensables para hacer del conocimiento general al público. Esto es posible gracias a la poca regulación jurídica que hay en internet, donde se puede compartir contenido sugerente como pronografía o sitios de escorts.

Facebook y Twitter son dos redes que han promovido la actividad en el metro. Ahí tuvo algunos inicios todo el fenómeno: hay grupos con el nombre Arrimones consensuados donde la gente se pone de acuerdo para llegar a una hora y línea determinada, identificarse con una pulsera y así llevar a cabo el acto de frotar sus cuerpos durante el trayecto.

Jorge llegó a ver que Tacubaya, La Merced, Constituyentes, Tepito y Lagunilla son estaciones muy usadas para esto y también toda la Línea Uno por ser la que pasa por Zona Rosa, ya que al ser el grupo creado por personas tanto heterosexuales como homosexuales, son estos últimos los más asiduos a realizar las prácticas.

Así fue como avanzó la fiebre del metreo y la promoción de lugares aumentó hasta llegar a hablar de los baños de vapor ubicados en Iztapalapa como el Escorial y el Puerto Vallarta, al igual que los de Mixcoac como el Catalina y Molinos, sin mencionar al famoso que acudía Carlos Monsiváis, Baños Rocío, ubicado en Tlalpan.

Fue la misma comunidad gay quien se dedicó a platicar en foros de ambiente sus experiencias en el baño del metro Ermita, un lugar novedoso donde no había quien molestara; donde era barato, pues no cobraban los 190 de un baño de vapor o 300 en un motel.

Luego fueron los videos que circulaban en sitios de pronografía gratis como Redtube, Xvideos, y Pornhub para migrar a una plataforma que permite toda clase de contenido sin censura y que tiene la misma mediación y estructura que Facebook y Twitter: Tumblr.

Nacida en 2007 en la ciudad de Nueva York, Tumblr se ha convertido en el ágora de lo “extraño” y lo alternativo, de muchísimas expresiones que no tienen cabida en las redes sociodigitales convencionales como la sexualidad en sus diversas manifestaciones, los sentimientos autodestructivos como la melancolía o la ira, o el humor políticamente incorrecto.

En esa red, los usuarios puede publicar videos, imágenes, gifs, reseñas, y todo tipo de contenido sin restricción alguna en sus blogs personalizados. Hay toda una categoría con la etiqueta gay que se divide en subcategorías donde entran todos los gustos posibles, algunos que rayan en lo bizarro y escandaloso. Es ahí mismo donde se encuentra el material más vasto sobre lo que sucede en el baño del metro Ermita.

Un cibernauta ha publicado en su dashboard personal de Tumblr una fotografía que no pasaría desapercibida en otros espacios de la red: tres hombres exhibiendo sus miembros circuncidados a través de la bragueta de sus jeans entallados frente al espejo del baño público. El encuadre elegido niega la posibilidad de conocer sus rostros, al igual que fija la frontera entre la apertura al mundo por medio de Internet y el anonimato que ofrece aquel rincón del metro Ermita.

Por otro lado, el pie de foto no permite tergiversar su intención, describir de forma breve lo que sucede allí e invitar a otros a experimentarlo: “Cuando empiezas a armar el desmadre de ‘chaketas’ (sic) y olfateadas en los baños, manden inbox para cruising CDMX”.

Ahora es necesario considerar a la web como una herramienta y vía indispensables para conocer material de este tipo, pues en ningún otro medio hay información sobre lo que acontece. Gracias a internet, hay fluidez y es casi instantáneo el material que segundo a segundo circula.


Aceptar la ¿nueva? realidad

A causa del internet, ha habido una mayor producción de contenidos que permiten la apertura al criterio y la tolerancia a la diversidad sexual, aunque no es la primera vez que este intento sucede. Hay mucha literatura que ha tratado el tema de la homosexualidad y su desenvolvimiento en la sociedad, así como lo ha hecho también el periodismo.

Tengo que morir todas las noches es un libro escrito por Guillermo Osorno, ahí está plasmada una crónica de cuando Henry Panaddieu, un hombre francés, llegó a México durante la década de los ochenta para fundar El nueve, un lugar donde los hombres gay podían disfrutar de la noche sin la mirada acusatoria de la sociedad.

Michael Karl Schuessler publicó en 2010 México se escribe con jota, el cual es un retrato de la cultura gay y su historia en la Ciudad de México. Es una recopilación de crónicas, anécdotas, imágenes y otras fuentes que llenan el vacío de un registro que necesitaba ser expuesto, a la vez que es un grito de invitación a la sociedad para dar a conocer distintas formas de identidad sexual, y una demanda de visibilización a la sensibilidad masculina.

Carlos Monsiváis y Marta Lamas escribieron Que se abra esa puerta, un registro de ensayos que discuten la problemática del mundo LGBT+ en el México de los siglos XX y XXI, donde el machismo inserto en elementos político-sociales como el nacionalismo revolucionario o la religión reprimen los derechos y la libertad individual gay.

Monsiváis y Lamas creen necesario exponer parte del vocabulario específico de la comunidad al definir palabras como chacal, chichifo, o mayate, las cuales conforman una parte de la identidad gay capitalina. Igualmente, muestran las formas de homoerotización de figuras como el albañil o el hombre moreno y atlético de zonas populares como objeto del deseo homosexual.

Toda esta recopilación debería ser estudiada para poder insertar nuevas formas de comunión sexual. Aceptar que lo que sucede en el baño Ermita no está mal ni bien, simplemente sucede y es parte de la cultura del mexicano.

“Quiero que la gente nos acepte, que dejen sus prejuicios y nos dejen andar libres por la calle”, menciona Jorge, decidido; “la disque tolerancia que hay ahora es hipócrita,

Lo que sí es necesario hacer es buscar nuevas vías para concientizar a las generaciones venideras. La educación es la clave para fomentar el respeto, la inclusión y que la sexualidad de una persona deje de ser noticia y motivo de replanteamiento de derechos humanos.

Sólo de esta manera, personas como Jorge pueden liberarse de las cadenas que los atan al baño para salir libre y buscar el verdadero amor al alejarse de encuentros fortuitos. Sólo así el baño del metro Ermita podrá dejar de ser un intento de motel, aunque siempre estará un curioso que quiera saber qué se siente echarse un rapidín ahí, y está bien: para gustos, colores… y baños.




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8 comentarios:

  1. Yo quiero experimentar en ese lugar, me gusta la adrenalina.

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  2. Yo quiero experimentar como pasivo en un lugar como ese 5518225809

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  3. Yo quiero experimentar como pasivo en un lugar como ese 5518225809

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    1. Hola, sabes en dónde están esos baños? A qué altura se encuentran?

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  4. Mi WhatsApp solo maduros soy diacreto 5610475822 nando

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  5. Yo activo algún mariconcito que quiera leche? 5533269322

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  6. Me podrías decir exactamente en dónde están esos baños, a qué altura, por dónde llegó alguna referencia?

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