lunes, 29 de abril de 2013

LAS NOCHES DE ELÍAS

Por Dania Arreola
México (Aunam).La noche en la ciudad es fría y silenciosa. La mayoría de las personas duermen tranquilas, las calles se vacían y se convierten en desiertos negros, hasta que llega la hora roja. Asesinados, decapitados y accidentados tiñen el pavimento de sangre. Él llega, observa y escribe.

Aún era estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales cuando decidió poner en práctica lo que había aprendido en uno de los periódicos más viejos de la ciudad: La Prensa. “Antes todos aprendíamos en Policía” dice Elías Chávez Carballo, quien fue reportero de éste medio por mucho tiempo.


Durante 22 años las noches de Elías fueron intensas y aterradoras, una experiencia que no cualquiera se atreve a vivir. Cada vez que la Cruz Roja hacía llamado, él y el fotógrafo iban al lugar de los hechos. Hubo de todo, pero después de los dos primeros muertos que vio, ya nada lo pudo sorprender. Su primera noche la describe como “brutal”.

Noche brutal

Estaba en la redacción, era el tercer turno de la madrugada y yo esperaba sentado hasta que sonara el teléfono. Nada. Decidí llamar y me contestó la chica que estaba en la central de radio de la policía.

-Mira no hay nadie, a dos calles hacia atrás a la derecha están todos porque hay un secuestrado- contestó la mujer de voz chillona.

Salí volando del edificio de La Prensa para llegar lo más rápido posible. Era mi primera nota y no podía dejarla pasar o perdería mi lugar como reportero principiante.

Llegué y la calle estaba vacía, no había policías, ni reporteros. Avancé unos pasos y empezaron a llover balas desde la azotea. En lo único que pensé fue en esconderme y llegué, arrastrándome, a la parte trasera de una camioneta. Ahí me escondí y mi cuerpo temblaba.

Segundos eternos o minutos breves después llegaron los agentes y las patrullas, pero era demasiado tarde, los secuestradores habían huido y dejaron a las víctimas en el edificio. Y ahí estaba yo, con mi primera nota y la camisa bañada en sudor.

Después me tocó mi primer muerto.

Tenía que llegar a la central de camiones de San Lázaro. Los accesos estaban cerrados y los camiones detenidos porque los policías estaban buscando a una mujer recién parida que había abandonado a su hijo. El diminuto cuerpo estaba sin vida en un bote de basura de uno de los baños de mujeres.

Pocos minutos después encontraron a la responsable: una joven poblana de apenas veinte años que vino a la ciudad solo para matar al bebé y regresar. Yo estaba ansioso por conocer su versión y publicarla en unas horas.

La culpable no quería confesar y solo deseaba ver al reportero de La Prensa. Me contó la verdad: mató a su hijo para vengarse del engaño que sufrió por parte de su novio. Mi segunda nota se titulo Madre desalmada y conmovió a varias feministas, entre ellas, Martha Lamas.

Hay que construir historias, para eso es el periodismo

Elías es de complexión mediana, tez morena clara y mide aproximadamente 1.65; tiene el cabello negro y ojos oscuros. Su mirada es imponente y es muy observador. Sus relatos están llenos de datos importantes, contexto y emoción, a menudo saca su libreta para anotar cosas.

Él está en contra de la tecnología y prefiere registrar todo en hojas de papel, ya que afirma que los nuevos periodistas son dependientes de la tecnología y no ejercitan la memoria. “El periodista debe ejercitar esta habilidad o será incapaz de retener datos importantes y relacionar hechos, si ustedes no construyen historias no harán periodismo” dice Elías.

Su voz es suave, agradable y la barba incipiente recorre la mitad de su rostro. Las pequeñas arrugas en sus ojos delatan que tiene más de cuarenta años y viste un suéter color salmón. Nunca pensó que llegaría a apasionarse tanto en la nota roja.

Pero la nota roja no era como la conocemos en la actualidad, por ejemplo, antes en La Prensa, no se podían publicar fotos sangrientas de las víctimas y en su lugar se ponían imágenes de la persona en vida. Además, la primera plana no era para la sección policiaca, ésta se publicaba hasta las páginas centrales y en la portada se ponía algo amable o interesante para la gente.

Hasta que llegó Jesús de Polanco a México con grupo PRISA, compró el diario más vendido y lo transformó en varios aspectos: el más notable fue que en la primera plana ahora se iba a publicar la foto del muerto para constatar la noticia.

Con ellos empezó la prensa con imágenes sangrientas y aterradoras, y contrario a lo que muchos piensan, el periódico bajó mucho sus ventas durante varios años.

Elías afirma que un verdadero periodista está en la calle, investiga y desenmascara corruptos. Además debe generar memoria histórica y crear conciencia social para que los lectores reflexionen. Es por eso que la fuente policiaca le gustó tanto, porque todo el tiempo había que salir a los más recónditos lugares de la ciudad e interactuar con gente de la vida cotidiana y tratar de encontrar la verdad sobre los crímenes.

Trabajar en este medio también lo llevó hasta España para estudiar tres meses en la Universidad del periódico El País y estudió dos diplomados en crimen organizado: uno de la PGR y otro pagado por la policía de Francia.

La fuente es la víctima

Investigar no es tarea sencilla y la clave para recabar datos es ser atento en los detalles: que ropa vestía el muerto, observar si cayó de frente o de espaldas, en que colonia estaba, que auto tenía, etc.

A partir de esta información, Elías le seguía la pista al muerto. Las cárceles y los separos se convirtieron en su segunda oficina. Tenía que ir cada semana para hablar con asesinos, posibles culpables y presuntos inocentes.

Gracias a su habilidad para construir historias, logró sacar a muchas personas inocentes de la cárcel y descubrió a muchos asesinos que ocultaban la verdad. Su habilidad periodística y la credencial de La Prensa ayudaron a que los culpables confesaran. Además tiene otra ficha importante: posee muchos aliados en la Procuraduría y la política. “Tus verdaderas fuentes son las amistades” dice Elías mientras bebe el último trago de café.

En los últimos doce años la violencia se ha incrementado de forma estridente y muchas veces se descuidan los casos. No importa quién mató a tal o cual persona, lo importante es vender y publicar una fotografía que despierte morbo y curiosidad. Elías piensa que el problema es la deshumanización de la sociedad, “las personas ya no se impactan ni se conmueven al conocer estas noticias”.

Elías es de origen muy humilde, le pega la pobreza y se preocupa por las necesidades de la gente. Pero la fuente de Policía se ha convertido en un laberinto muy complicado en el cual ya le tocó perderse hace un año: después de una entrevista a un narcotraficante cuyo nombre me pidió omitir, balacearon su casa e incendiaron su automóvil.

“Si ya no quieres estar en policía Elías, vete a medio ambiente”.

Esa fue la respuesta de su editor. Después de este incidente decidió salirse de La Prensa, con el dinero que le correspondía incompleto y con una profunda tristeza por abandonar su primera redacción.

Actualmente Elías colabora en la redacción de Uno Televisión, escribe en varias revistas y en dos periódicos internacionales en Chicago y Los Ángeles. Ahora le gusta más la fuente de medio ambiente porque cree que en México “tenemos una gran deuda con la naturaleza y no tenemos conciencia de los problemas ambientales tan graves que hay”.

Elías sigue su eterno andar en las calles: llega, observa y escribe. Para él, lo más trágico y sangriento que puede existir es hacer redacción dentro de una oficina.








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