miércoles, 13 de marzo de 2013

VÍCTOR MANUEL JUÁREZ, PERIODISTA PUMA

Por Mariana Sánchez Cuazitl
México (Aunam). Lo más complaciente es descansar en un jacuzzi y comer manjares, después de haber cubierto la nota y enviar la información a Excélsior, expresó un periodista aventurero, perspicaz y valiente, Víctor Manuel Juárez, quien presenció las guerras de Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Venezuela.

Era estresante tener información y no poderla enviar al periódico debido a la orden del cierre de líneas telefónicas para uso de reporteros, los dictadores no querían que el mundo se enterara de las atrocidades sucedidas en los países de guerra; pese a eso, “tenía mis mañas como cerrarle el ojo a la telefonista para que me permitiera comunicar con el diario”, relató el reportero con una sonrisa picara.

También llegó a sentir la presión de apresurar su redacción, porque en momentos inesperados una llamada de México lograba entrar para solicitar datos de los combates y él tenía que proporcionar de inmediato la noticia o al menos la entrada de la nota. Pero no todo fue estresante en su vida periodística.

El hombre de no más de 40 años, con el logo de Pumas plasmado en su sudadera con el cierre abierto, un par de tenis y unos jeans grisáceos, tiene una actitud fresca, relajada y atenta mientras narra que fue recién titulado de la licenciatura de Comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de México, que ingresó al periódico Excélsior por convicción propia, ya que en ese entonces era el medio más afín a sus ideales.

En esa época el Diario Novedades colocaba en primera plana noticias sobre bodas y bautizos, hechos sin relevancia para él. Por otro lado, El Heraldo de México, otro periódico famoso, se caracterizaba por un pensamiento liberal con el que él no coincidía. Por tales motivos, Excélsior fue el elegido para escribir.

Deportes fue la sección que le asignaron. Infinidad de veces ha perseguido a deportistas en canchas de soccer, americano y tenis para entrevistarlos. Otras más ha disfrutado los partidos y admirado “los cuerpos de mujeres” haciendo ejercicio, trotando o jugando. Sin duda, Víctor Manuel Juárez “Puma”, como se autonombró al considerarse “de corazón como parte de la comunidad universitaria del deporte”, es un periodista que ha sido feliz haciendo su trabajo.

Pero con el presunto golpe al diario por parte del gobierno de Luis Echeverría, ermina su incursión en países de guerra y, de forma temporal, en el ámbito deportivo. Tiempo después empieza a laborar como vocero del actual rector de la Universidad José Narro Robles, y posteriormente como director de la Gaceta UNAM, donde vuelve a retomar el deporte.

Cuando recién ingresó, realizó una investigación sobre la historia del futbol americano, misma que muestra orgulloso. Afirmó que no fue nada fácil hacerlo, pues lo que se transmitió por televisión en unas cuantas horas tiene un trabajo arduo atrás, donde se tuvo que acudir a archivos de la Hemeroteca, la Cineteca y la Biblioteca Nacional, para después organizar, seleccionar información y diseñar el formato del documental.

Un apasionado del futbol americano, del tenis, del deporte en sí. Un ser atrevido, audaz, inteligente y feliz reportero definen a Juárez. Periodista con experiencia en medios escritos y audiovisuales que bien vale la pena conocerlo a través de sus trabajos.

Algo seguro es que son de primera mano y bien fundamentados, porque durante un encuentro con estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales dejó saber su responsabilidad al investigar y el largo tiempo que dedica a verificar datos de fechas, nombres, lugares obtenidos de entrevistas. “Si una persona me da un dato que involucré a otra o a un hecho, tengo que investigar en más fuentes para verificar la información”.

Actualmente, realiza investigaciones deportivas que plasma en documentales transmitidos en TV UNAM y se ha quedado con su fiel compañero y amante: el deporte.

Por último, recordó que en sus coberturas fuera del país también había lapsos desestresantes. Se daba “una vida de rey” al descansar plácidamente en un hotel. La presión había terminado y la tranquilidad llegaba a su vida.




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