martes, 16 de abril de 2013

LA DOCENCIA, EL PASO DE VIDA DE EUGENIA

Por Jessica Gabriela Anzures Avila
México (Aunam). La vida de la docencia, lo académico, es decir, eso que integra a las escuelas, salones, materias, mochilas, hasta el lápiz y el cuaderno, suele ser para la mayoría de las personas algo tedioso, el convivir en ese ámbito donde van de aquí para allá los alumnos, profesores y todo aquel personaje involucrado. Sin embargo, Eugenia Soria López, desde pequeña está dentro de él, dentro de esa esfera.

Guadalajara, Jalisco, origen de su familia, son inicios de lo que ahora es. Una ciudad que se ha renovado, a la que regresa, si no con cotidianidad, sí con recuerdos. Empero, donde ahora el caos del tráfico la persigue, igual que en la Ciudad de México. “Uno siempre regresa y regresa, y piensa que las ciudades no van a cambiar. Impresionante porque entre obras, tráfico y consumo…, que yo no daba crédito”.

No dentro de la tienda Gandhi donde frecuenta ir a comprar sus agendas para organizar su tiempo, sino una sala de profesores. Relajada, amable y dispuesta a contar, Eugenia, como le gusta que le llamen, sentada sobre una silla movible, esas que suelen tener los maestros frente a su escritorio, empieza a relatar un poco sobre lo que fue su infancia. Hablar de los abuelos, por qué no, hacer un gesto de emotividad al acordarse de aquellos seres.

“Yo, la menor de 6 nietos… La última de la fila” los cuales fueron procreados en una etapa de nueve años, donde Eugenia fue a la que sólo tuvieron la oportunidad de conocer los papás de su mamá, porque los de su papá sólo trataron a los tres primeros de sus hermanos.

Con una formación en un ambiente muy familiar. Además por parte de la mamá, una cuestión muy religiosa, dominado por un cierto control ante las hijas, de la relación: las mujeres hacen una cosa y los varones tal cosa. Se dio la oportunidad que sus padres se formaran como profesores. Su papá, orientado más a la cuestión de la contaduría política, economía, en el que los números para Eugenia no formaban de manera similar a él, ya que “traía de cabeza desde la gramática hasta los números.”

Por esto, de tener una familia tradicional y conservadora, aunque abierta y con el ejemplo académico Eugenia basa gran parte de su historia en la labor docente. “Yo me dedico a la docencia pues porque viene también de esa parte familiar que uno no se quita de encima.”

Antes de escuchar un rechinido de una silla cunado es arrastrada, Eugenia platica la etapa, la de finales de 1965, en la cual si padre consigue una beca para irse a estudiar el doctorado a Colorado, Estados Unidos de Norteamérica, partiendo con todos los integrantes de su familia.

Fue poco el tiempo de estar probando vida norteamericana, últimos años de los sesenta, principios de los setenta, de nuevo regresar a Guadalajara, pero su padre con una invitación de trabajar en la Universidad Autónoma Metropolitana, acepta y se convierte en uno de los fundadores del departamento de Economía Política.

Una llamada inesperada emite el sonido en el celular de Eugenia. Suena unos segundos, sólo porque ella se dispuso a desviar la llamada. Continua la charla. Ahora nos lleva al Distrito Federal, su ingreso a la capital del país. “Como buena familia provinciana, vienes al monstro, me acuerdo perfecto, veníamos los 8 en una combi.” Algo impresionante para una niña de su edad. El de una niña que ingresaría a tercer grado de primaria.

No sin antes establecerse en una casa de la Prado Churubusco, obvio, cerca del trabajo de su papá. Otro cambio, éste ya para por fin establecerse definitivamente en Villa Coapa. Treinta y cuatro años han pasado de este ajetreo de movimientos dentro de la Ciudad de México.

En donde durante ese tiempo, su hermanos se convirtieron en profesionistas, una siendo psicóloga, otros economistas, uno arquitecto, ingeniero en electrónica y ella, Eugenia, en licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, rompiendo ahí sí, el patrón que siguieron sus hermanos al estudiar en la universidad para la cual su padre trabajaba, la Universidad Autónoma Metropolitana. Pero cada uno trabajando en el ámbito de la academia, sin contar a la mayor de ellos, quien se dedica a otra cosa.

Una familia numerosa, y que crece cada vez más, por nueras, yernos, todos son casados, por las llegada de los sobrinos, 10 de ellos para ser exactos, de diferentes edades, chicos, grandes, adolescentes, niños. Procurando verse seguido. “Por una parte somos independientes y por otra muy unidos.”

Sus padres, actualmente jubilados, siguen viviendo en el Distrito Federal, aunque luego llega a visitar a sus hijos que ya no viven aquí, sino en Morelos, ya sea Cuernavaca, el municipio de Totolapan o Tlayacapan. En el cual surgió una coincidencia de yo también tener una casa en ese pueblito de Tlayacapan. Al cual la profesora Eugenia, trata de frecuentar cada 15 días o cada que puede darse una escapada por allá, por ser un lugar tranquilo y adaptable.

Después, continuando la conversación, se refirió al “cambiazo” como ella lo llamó, de su etapa de primaría al de la prepa, en el cual de estar en una escuela privada y de monjas, pasó a ingresar al CCH-Oriente, un cambio que de verdad le marcó su vida y que difícilmente olvidará.

Lo cual nos llevó a pasar al tema del por qué estudiar Ciencias de la Comunicación, respondiendo claramente de que su idea era estudiar Geografía, materia que le llamaba más la atención. Y que a la hora de escoger una licenciatura para el paso a la universidad, por ‘tin marin’ y refilón eligió tal carrera de comunicación. Quedándose, en el turno de la tarde en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la que en poco tiempo se pudo cambiar a la mañana. “Recuerdo perfectamente que fue el 6 de noviembre de 1985 el día que entré a la facultad”.

En la cual se fue por la opción de Comunicación Política. Y al realizar su tesis con el tema sobre la opinión pública. Aunque tardó cinco años en titularse. De lo cual, de cierta manera se arrepiente, porque pudo haberlo hecho saliendo de su licenciatura, como ahora ella recomienda a sus alumnos que lo realicen así.

A pesar de que empezó a trabajar a muy temprana edad al dar clases de inglés, ha tenido la fortuna de no para de ejercer en el campo laboral. Donde tuvo la oportunidad de hacerlo en el estado de Morelia, en la universidad Pedagógica, en la Universidad Nacional Metropolitana, Colegio de Bachilleres, en difusión cultural del DIF, en el Instituto Politécnico Nacional y que actualmente imparte clases en la Universidad del Valle de México y en la Universidad Nacional Autónoma de México en la que da la materia de Teorías de la Comunicación, iniciando como adjunta de la materia de Comunicación Política.

Así después también de probar estudiar administración en la Universidad Autónoma Metropolitana dijo “no es para mi” por lo que decidió salirse de ahí. Y mejor empezó a hacer su maestría en el año de 1999. Obteniendo su título hasta lo que fue el año del 2001.

Si bien hay como Eugenia dice, “épocas difícil, de darte de frente con la puerta” nunca se ha dejado vencer. Y si por una u otra razón ha pospuesto su doctorado más bien ha sido por cuestiones anímicas y por no lograr encontrar una línea que le tenga un gran interés para elaborarla. Dedicándose por igual a solo a sus materias que tiene y las investigaciones en las que está participando, y que curiosamente trabaja con una de sus hermanas en la publicación de libros en el Instituto Politécnico Nacional.

“Sin duda me gusta la formación de formadores.” No sin dejar de lado la búsqueda de más oportunidades. Reflejando con sus ademanes que le gusta dar un paso, un paso seguro y luego llegar a otro paso. Caracterizando ese pensamiento optimista, lo observadora, curiosa al investigar lo que no conoce y se propone por conocer.

Que está convencida de estar actualizada, de innovar, en su vida personal y profesional. “Cambio para mejorar.” Gustosa de escuchar a sus alumnos, de tomar su opiniones y recomendaciones, para crecer. Adonde sus chicos de la UNAM a los que quiere y ama, porque “la UNAM es la neta” y en la facultad en la que ha trabajado por diecisiete años, ha tenido la ventaja de ver que las generaciones han cambiado y que éste cambio es mucho y notorio.

Sin olvidar de mencionar durante el diálogo su gran viaje a París, en el que tuvo en una etapa crucial, la de terminar la adolescencia, de definir. Pasando la mayor parte de su estancia allá, recorriendo las calles de tan bella ciudad, con una indumentaria de gorro, bufanda, chamarra, guates y botas, porque la temporada en la que fue, era de frío extremoso. Un lugar en el cual le gustaría vivir.

Y que antes de despedirse, recordó o definió como la mejor etapa de su vida, la que vivió en el CCH-Oriente, por todo lo que marcó para ella en ese tiempo. Aparte recalcó, que le gusta hacer deporte, por cuestión de salud, lo cual lo recomienda mucho, tomarse un tiempo para cuidar nuestro cuerpo, lo cual es único e irrepetible, porque sin él no se puede realizar nada.

Acompañada hacia la puerta de la sala en la que nos encontrábamos, Eugenia Soria López se despide de manera amable y cordial, con un caluroso abrazo y un beso en la mejilla, donde ambas deseamos que el día que estaba por transcurrir fuera exitoso. Agradeciéndole por el tiempo que me permitió estar conviviendo con ella.










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