martes, 16 de abril de 2013

TRES CIGARROS Y UN REFRESCO, PARA CHARLAR CON TAIBO II

Por Anabel Lugo Cruz
México (Aunam). Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Sí, seis personas a la espera de su llegada, con una muestra de emoción en el rostro, con la sonrisa marcada y con la ansiedad de estar en primera fila para poder sentir el resonar de sus palabras, de sus chistes y frases célebres ocurrentes.

Con pocos minutos para que llegue el medio día, se ve aproximarse; con su refresco sin etiqueta en la mano derecha, sus zapatos de tela azul, un pantalón de mezclilla y una playera amarilla ajustada a su cuerpo, misma que asoma la silueta de un abdomen un poco voluptuoso y redondo. Es Paco Ignacio Taibo II.

Es un historiador y novelista con buen humor, quien destierra la historia a través de sus obras y al mismo tiempo causa en el lector innumerables sonrisas y carcajadas con sus frases burlescas. Entre sus libros se encuentran: Adiós, Madrid (1999), El cura Hidalgo y sus amigos (2007), Tony Guiteras (2008), entre otras más.

Se dirige al auditorio Ho Chi Min; le siguen los asistentes. Está dispuesto a sentarse y de repente, llega una mujer, se acerca a los organizadores y dice: “¡Buenas tardes! Sólo quisiera decirles que los invito a la conferencia que presentaremos en este mismo recinto”.

Paco Ignacio se acerca con los organizadores, escucha a la mujer y al mismo tiempo muestra en su rostro un gesto de desconcierto, no entiende lo que la mujer comunica, a lo cual Paco expresa: “¡Disculpe, no me puede invitar a una conferencia, porque es lo mismo que haré yo aquí!”.

Por supuesto, para evitar diferencias, los jóvenes organizadores salen del auditorio por un momento y regresan pidiendo a Paco Ignacio y los presentes (que por ahora ya son más) dirigirse al “espacio rojo”, para dar comienzo al evento.

Un espacio al aire libre, con unas cuantas mesas y sillas dispuestas para charlar; cada hombre o mujer asistente busca un asiento, algunos llegan presurosos para alcanzar un lugar y estar cerca del historiador que emana frases de humor.

El literato se sienta, coloca una pierna sobre la otra, saca un cigarro y comienza a fumar. Se termina el tabaco, sorbe un trago de refresco para poder dar pie a su charla El futuro de la izquierda en México, para lo cual, lanza su primer comentario: “Es difícil hablar del futuro de la izquierda, es mejor hablar sobre su pasado”.

Los asistentes siguen llegando, no dan tregua a la admiración; cada estudiante que llega lo ve, le lanza una sonrisa y busca un lugar. Paco Ignacio detiene su discurso al ver que llegan más personas hasta que los asientos se abastecen y algunos deciden mantenerse de pie. Su cigarro se acaba.

Continúa con su discurso con micrófono en mano. Remite a los presentes al gobierno de Enrique Peña Nieto: “La victoria electoral de Enrique Peña Nieto, implica el regreso de la fuerza más negra de la historia de México, misma que tiene una larga experiencia en la manipulación del control, la represión, el engaño y la doble moral”.

Paco Ignacio es contundente en sus ideas, expresa con arduo sentimiento su inconformidad ante el presidente del momento. Los asistentes están tranquilos, todos lo miran, lo escuchan y mientras tanto saca otro cigarro, lo enciende y comienza a fumar.

Expresa que “el futuro de la izquierda está sometida a la realidad que tenemos en frente”, por lo que la única posibilidad de transformar está “en dar un cambio profundo”. Por tanto, insiste en que el “futuro de la izquierda está íntimamente ligado a la organización de los ciudadanos que dieron su voto a cambio de algo”.

De repente recuerda la campaña “Fraude” realizada en compañía de Elena Poniatowska, mediante la cual recopilaron casos de personas, de los cuales rescata el de una joven habitante de Iztacalco y revive ante los presentes aquellas palabras escritas por la misma:

“Llegaron dos hombres, tocaron la puerta, mi abuelita abrió y los dos sujetos le dijeron: ¡Señora, le traemos una pluma del candidato Enrique Peña Nieto! La abuelita de la joven respondió: ¡Qué bonita pluma! ¿Traen algo más?”. La señora los invitó para que entraran a su casa, los dos hombres inmediatamente expresaron: “¡Señora, si usted vota por el PRI le daremos trescientos pesos, y trescientos por cada familiar que integre!”.

Con una linda sonrisa la abuelita habló a su nieta, pidió su celular para tomarles una foto y ponerlos en evidencia, pero en cuanto los hombres se percataron del acto corrieron e inmediatamente se marcharon. Paco Ignacio recuerda este escrito con mucha alegría, ríe al unísono de los asistentes.

El novelista termina su cigarro mientras busca hilar sus ideas, explica que todo lo anterior son razones que impidieron prosperar a la izquierda mexicana. Inmediatamente, recuerda con gracia cómo desde su juventud notó la existía de una fragmentación por luchas ideológicas que impidieron e impiden coincidir en un frente común.

Pasan los minutos y pide a una linda joven ayuda para extraer otro cigarro; con gran amabilidad ella lo socorre y extiende la mano para que Paco Ignacio tome uno. Lo enciende e inhala la primera bocanada; guarda silencio por un momento.

Intenta continuar la charla con la militancia que tiene en el Movimiento de Regeneración Nacional, el cual “nace como respuesta al fenómeno electoral bajo una dialéctica: la construcción de un partido diferente, honesto, sin vicios y sin funcionarios a sueldo”.

Continua con las razones por las que decidió asomarse al Movimiento; no busca convencer a cada persona, sino simplemente explica sus motivos de adhesión al movimiento. Mientras Paco Ignacio Taibo II habla, a su lado aparece una joven con el anuncio para concluir su discurso.

El historiador se apresura, toma un trago de refresco y decide consumar la charla con una reflexión para todos los presentes: “coordinémonos, asociémonos para una larga batalla en un invierno peñanietista”.

Sin más, los espectadores aplauden con todas sus fuerzas, sonríen con fulgor. Algunos se levantan de sus asientos, comienzan a caminar, otros deciden permanecer sentados a la espera de qué más pasará.

Paco Ignacio se levanta y saluda a quienes se encuentran cercanos y cercanas a él, sonríe bajo ese bigote grisáceo; abraza con cariño a quien le pide una fotografía para el recuerdo, muestra gran alegría.

Cerca de él se encuentran algunas de sus obras, las promociona y anuncia los bajos costos para que la mayoría tenga acceso a éstas. El resto de los asistentes se acercan y compran, algunos piden autógrafo al novelista, éste firma los libros con entusiasmo.

Finalmente cada persona se aleja del espacio después de haber estado ante uno de los escritores con gran reconocimiento dentro y fuera del país, se van, hasta quedar sólo seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno y la charla se acabó.






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