miércoles, 19 de septiembre de 2018

POPULAR SANTA TERESA: DE CIUDAD PERDIDA A AUTOCONTRUCCIÓN DE UN FUTURO

Por Mariana Cristina Chávez Pedroza
Ciudad de México (Aunam). Cargaba un lavadero y una estufa sobre su espalda, el peso de ambos artefactos le hacían jadear, pero la mano de su reciente esposa le motivaba. Ambos sabían que por fin vivirían en la casa que tanto se prometieron tener desde que salieron de su comunidad en el Estado de Puebla. Con gran esfuerzo construyeron un hogar, buenos amigos, vecinos, una iglesia e incontables sueños. Hoy el rostro de Don Ricardo y Doña Berta sobresale de la parrilla y las dos freidoras que están colocadas en el tramo de la banqueta frente a su hogar.

Calle Akil en 1970 y 2018

Es uno de los tantos comercios y familias que aparecen cada noche en la colonia Popular Santa Teresa para completar el gasto semanal. Las papas bañadas en agua se escurren en un recipiente amarillo, cortadas en la famosa forma francesa, listas para ser freídas en aceite que, al tener contacto con ellas, suena alegremente.

Hace más de cuarenta años, la Popular Santa Teresa se caracterizaba por sus caminos de tierra que en época de lluvia impedían el paso a todos sus habitantes. Nadie salía de sus hogares, las calles se convertían en ríos que llevaban consigo lodo y piedras en pequeños y medianos tamaños. Algunos de los que fueron niños en aquella época, recuerdan que, al aumentar el nivel de los ríos de temporal, podían disfrutar de un chapuzón en época de calor y sentir por un instante como si estuvieran en la playa, para aplacar el sueño de nadar entre las inmensas olas de Acapulco.

La mayoría de las personas que pusieron piedra por piedra con sus manos y sudor para el nacimiento de la colonia, eran trabajadores provenientes del interior de la república mexicana. Hombres y mujeres de color moreno o pálido, cabello negro, ojos castaños, piel agrietada, cutis lozano y ganas de encontrar la vida resplandeciente que se marchó un día de sus pueblos de origen.

El ambiente es fresco y constante, a pesar de que existen cinco tipos de climas que van desde el clima templado subhúmedo hasta el semifrío húmedo, con una temperatura anual que va de los 10°C a 12°C como media. Nadie trae abrigo, la gente goza de traer los brazos desnudos, aunque el calor no es el pan de cada día, estar expuesto a esté da una sensación de ardor y quemazón.

La colonia se localiza en la Alcaldía de Tlalpan, Ciudad de México, antes delegación del antiguo Distrito Federal, asentada en suelo volcánico con pendiente en todas sus calles, implica de gran valor y condición física para subirlas. Es una de las tantas colonias que están en la periferia de la Ciudad de México, las cuales fueron habitadas por los famosos paracaidistas, gente que cercaba su terreno con hilos, para posteriormente construir sin necesidad de papeles que le atribuyeran el derecho a tener un hogar. Sin embargo, la construcción fuera de los planes de las autoridades del lugar, tenía un procedimiento definido para que la persona interesadas obtuviera su pedacito de tierra.

“No, fue de palabra con los mismos vecinos de allá arriba, ellos mismos nos ayudaron y mi esposo tuvo un policía que le ayudó hacer la casita (…) estábamos muy jóvenes, yo entonces tenia 19 años y mi esposo 20, incluso no querían darle el terreno porque decían que si estaba casado, porque tenía uno que estar casado para tener terrenito” afirma Doña Berta, una de las 7 mil 376 personas que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el año 2010, adquiridos del Inventario Nacional de Vivienda 2016, habitan en la mejor conocida Popular.

Algunas familias pagaron por su terreno, pero en general bastaba con la buena voluntad de ayudar a tu conocido o al conocido de tu conocido, el dinero se destinaba para las mordidas de los policías o supervisores de la zona. La guardia montada, una especie de policías que al parecer provenía de la delegación Tlalpan y eran , los mismos vecinos o los perros, eran quienes cuidaban del espacio hasta que la casa estaba terminada.

Don Ricardo recuerda con una espléndida sonrisa de oreja a oreja, que “se ayudaba uno en cuestión de trabajo, en un tiempo fue así, por ejemplo, Don Víctor me ayudó hacer mi casa (…) y no se les cobraba nada, es que era ayuda, na más la comida y la cerveza, terminaba uno bien borracho pero feliz y más la casera.”

Los líderes, encargados de organizar la construcción, dar los terrenos y planear la figura de las calles, eran los únicos que podían llegar a pedir algún futuro poblador 100 pesos por la entrada y 300 pesos más para regresar a la naciente colonia. La feria era destinaba a los dueños de los terrenos, quienes formaban una organización campesina dedicada a destinar terrenos de la periferia a trabajadores mexicanos.

Calle Bochil en 1974. Calle Labna 2018

Está fue la fórmula a seguir para tener un lugar que, con ayuda, tiempo y trabajo, se convertía en un hogar en la Popular; muchos no desaprovecharon la oportunidad. Don Andrés Tapia, el famoso “maestro de obra” del lugar, después de cada jornada en la construcción, iba con pico en mano a tirar un tosco montículo de piedra; lugar en el que ahora viven 3 familias, en una casa desalineada, curtida en las paredes, extendida por todos lados y llena de sentimientos; como una gran cantidad de viviendas lucen de la misma forma hoy en día, con techos de lámina y construcciones sin colado, aplanado o concreto.

La colonia creció como “Dios nos dio a entender”, es decir, de manera anárquica. Estructurándose de acuerdo a los conocimientos de los hombres que llegaron a concebirla, ya que la mayoría trabajaban o trabajaron en alguna construcción dentro o fuera de la Ciudad de México. Aproximadamente comenzó en los años 60 y sigue en la actualidad desarrollándose, “aunque sea hacia arriba” como relataba el difunto padre de Doña Benigna García, esposa de Don Andrés Tapia: “mi papá decía que en la ciudad vivían unos encima de otros, cuando llegamos supimos porque”.

Durante el sexenio del expresidente López Portillo varios llegaron habitar la colonia que hoy pertenece al municipio de Tlalpan, pero que antes era parte de la ex delegación Magdalena Contreras. En el inicio no había servicios básicos, en su lugar abundaban los quelites, las flores silvestres, las víboras de cascabel, los pájaros, infinidad de insectos y hasta murciélagos que picaban los árboles frutales; es hasta la presidencia de Miguel Alemán, con su ambicioso proyecto modernizador, que se instaló el agua y la luz.

Sin embargo, durante el proceso de instalación para el agua y la energía eléctrica, existió apoyo insuficiente por parte de las autoridades, evento que marcó la relación entre habitantes y gobierno. La cicatriz puede palparse en los recuerdos de Doña Berta. Sentada en los escalones que conducen a su tienda de abarrotes, tuerce la boca y frunce el ceño al recordar el abandono de los gobiernos. Prefiere mantener viva la imagen de la primera pavimentación de su calle:

“Cada quien su pedazo, todos andábamos emparejando nuestro pedazo, niños, señores, todos emparejando nuestro pedazo, estaba bien bueno nuestro concreto (…) mientras estuvo nunca se abrió, y siempre ha bajado el agua refeo, y nuca se hicieron huecos, nunca lo levantó, el que echaron, a cada rato hay parches por todos lados, nos levantaron todo y fue un partido en época de elecciones”.

El urbanista Marco Coronado, estudiante de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comenta que la autoconstrucción es algo común en el antes y el ahora del desarrollo urbano de la Ciudad de México por la infinidad de requisitos que succionan tiempo y dinero de las personas, así como la negligencia de las autoridades antes, durante y después del asentamiento:

“…el costo por metro cuadrado en las periferias [al de] la ciudad, son más bajos por no estar dentro de la zona central (…) la construcción sin permiso se vuelve una opción por[que] las licencias tienen costos altos [y] los requisitos impiden el buen desarrollo y legal de estos. Desde mi punto de vista, a las autoridades no les importa de ninguna manera el crecimiento o la falta de planeación siempre y cuando les lleguen al precio”.

Los contrastes, no obstante, existen. Tanto Don Ricardo y Doña Berta, como el fallecido Don Andrés y Doña Benigna, lograron un amparo, junto con todos los vecinos de la Popular, para regularizar su predio durante la jefatura de Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como “el Obrado”, a quien identifica la gente como protector de sus hogares, a pesar de que hay inconformidades con el actual gobierno de Morena, en Tlalpan.

Gracias al proceso judicial la mayoría de los colonos superó el amparo y obtuvieron sus escrituras en el zócalo de la Ciudad de México, las cuales tuvieron un costo de 2 mil 500 pesos por el papeleo. El único inconveniente es el nombre de las calles que al inicio de la colonia tenían nombre de horóscopos y que años más tarde fueron bautizadas con nombres mayas:

“En las escrituras ya viene el numero de lote y de manzana, ya no es el que tenemos, y son muchos papeles los que hay que cambiar, hay que cambiar todo, agua, predio, luz y las actas de nacimiento de nuestros hijos que están así, y hay que hacerlo antes de que me vaya [muera]”, afirma Don Ricardo que lucha porque su casa crecida como Dios da a entender, quede para sus 3 hijos y 6 nietos.

La nostalgia encuentra espacio en la charla al tocar el tema familiar. Los colonos evocan aquel tiempo en el que abrieron los primeros pozos de agua en Pedregal del Lago, lugar dador de vida en el agua brotada de la tierra y ríos naturales. Antes la población hacia largas filas en lo que era la única toma de agua a la redonda; está se encontraba en la calle Akil y existía la regla no dicha ni escrita del no abuso, porque todos necesitaban agua y por lo tanto, debían pensar en todos.

Posteriormente, los líderes, como Don Ángel (finado), Don Lorenzo, “El Güero”, Don Ceballos, Don Lupe, Don Trejo, entre otros, lograron traer pipas de agua semanales. El agua se suministraba en diversos puntos de la colonia, como en la esquina de la calle Bochil, llamada virgo en un principio. Era una de las paradas de las pipas, la gente salía con sus tambos y cubetas numerados por calle y vecino, para intentar obtener el líquido vital para la vida durante toda la semana. “Llegaban las pipas del departamento, no sé quiénes eran, creo que la delegación, pero na más venían a eso y cogían vuelo pa irse”, comentó Doña Benigna mientras dirigía una triste mirada hacia el suelo.

A la izquierda primeros colonos en 1968 y a la derecha construcción de la secundaria técnica 93 en 1985

El proceder de las autoridades no mejoró con el tiempo, lo que llevó a la desconfianza y el rechazo general de la población de la Popular; a pesar de que la colonia goza de los servicios básicos, los problemas siguen.

La construcción en parte ha sido responsabilidad de los habitantes, en algunos casos del Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (Invi), ya que la población crece con los años, porque los hijos vuelven con sus familias a su lugar de origen por razones económicas. Muchos temen que los multen por hacer autoconstrucciones sin permiso, pero admiten que a veces no quedan opciones en un país con autoridades fantasmas y corruptas, y empleos indignos o insuficientes.

“Sí, fugas de agua ha habido, las reporta uno y nunca vienen, a veces los mismos vecinos las arreglan (…) las casas las hicimos, el mercado, la iglesia que es de todos, la autoridad no se acordó, éramos la ciudad perdida (…) hay familias que se vienen para acá porque, aunque sea donde vivir tienen, porque, porque tienen un familiar, tienen necesidad (…). Antes solo éramos ella, Salvador y yo, ahora somos más y después nacieron hijos de los demás (…) antes el terreno nos quedaba grande ahora nos queda chico”, comentó Don Ricardo, con gran pesar en su voz por sentir que la vida probablemente no cambie.

El INEGI reportó en el último censo poblacional, que la colonia Popular Santa Teresa esta compuesta por mil 957 viviendas, es decir, un aumento entre el 18-21% de hogares en comparación a los datos del año 2003. Héctor de Mauleon, en una nota de El Universal, menciona que este fenómeno urbano es la tendencia de expansión en la Ciudad de México, la cual es crecer hasta conectarse con Pachuca, ciudad del Estado de Hidalgo.

Durante mucho tiempo la ciudad creció hacia el norte y el oriente, por las características del suelo como un relieve más plano, mayor presencia de infraestructura e industrias y la añeja disponibilidad de suelo. Desde el 2005 hasta el 2010, las delegaciones de mayor población, como Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Benito Juárez, Iztacalco y Coyoacán, tuvieron incrementos menores a 29 hectáreas. Pero en el Sur se comienza a observar un efecto contrario.

En Tlalpan y Xochimilco se detectaron aumentos mayores a las mil 100 hectáreas en los mismos años. Esto se debe a la disponibilidad de suelo en la parte Sur de la ciudad y el agotamiento de lotes en el centro y norte. Esto hace de Tlalpan un paraíso para las inmobiliarias, pero también un destino al que recurre la gente que llega de otros estados, e incluso, para los hijos y sus familias que llegan a vivir en la casa que es de sus padres.

Los habitantes de la Popular confirman que, debido al incremento de casas y personas, hay cortes de agua más seguido; falta de tuberías internas para administrar agua en los hogares; tinacos; cisternas; baños bien construidos, pues no es suficiente que el INEGI en su censo 2010 afirme que toda la colonia goza de un baño si estos se encuentran en condiciones deplorables (sin regaderas, sin tubería, con tazas de baño incompletas, etc); así como transporte insuficiente; falta de un parque, médicos y lugares comunitarios.

A la derecha una construcción en 2014 y a la izquierda una de las tantas banquetas de la colonia que no cumplen con su función

En últimas fechas, el deseo es por el acceso al agua potable constante, ya que nadie aspira al agua dulce que antes podía ser bebida al instante que salía de la llave. Hay vecinos que afirman haber visto a una empresa líder en ventas de refresco, “venir por el agua de los pozos” que antes suministraban aquella agua pura y deliciosa, pero por miedo e insuficiencia de tiempo nadie denuncia: “De que hay más gente hay, de que pasan cosas, sí, pero la cosa está difícil siempre, no hay dinero, por eso están aquí todos, y como digo: así está la cosa, la cosas es así y qué le vamos hacer”.

Las banquetas son la otra cara de la problemática, al estar invadidas por jardines y negocios privados, nuevas construcciones o ser usadas como lugares para estacionar automóviles por los mismos habitantes, representan un factor de riesgo para la comunidad, pero el problema se ha vuelto menos visible ahora que hay pavimento en lugar de tierra: “La gente se enoja, es un tema muy muy duro, y fíjate que nadie de los futuros presidentes lo toca (…) como dice un señor debería de haber hasta una rampa para discapacitados (…) pero aun así la colonia está bien, tiene calles anchas, no como los de la Magdalena [Contreras]”.

La exdelegada Claudia Sheinbaum intentó hacer una mejora urbana de esta colonia en 2015, pero no hubo un seguimiento según testimonios de los habitantes, a pesar de que reconocen algunos su atención constante cada jueves que recibía en su oficina a cualquier habitante tlalpeño.

El urbanista Marco Coronado explicó que revitalizar los barrios no se reduce a embellecerlos para las fotos, hay que tomar en cuenta todo un contexto para tener la seriedad necesaria, que dé como resultado, una verdadera estrategia de desarrollo urbano que beneficie a los habitantes, aunque admite que no todo depende de que una construcción se haga conforme a la ley y las normatividades, existen factores económicos y sociales que considerar:

“No se puede generalizar los procesos de crecimiento en otras ciudades, cada ciudad tiene necesidades diferentes entre ellas y eso es algo que los gobernantes no ven, utilizan los mismos procesos que ciudades europeas cuando de ante mano como sociedad el tipo de educación ciudadana son totalmente diferentes (…) deben realmente ayudarlos, redefinir su espacio [por ellos mismos] es poco probable por las condiciones económicas y sociales de las personas que viven así en la periferia”.

Las cuestiones de seguridad no llegan hacer ruido entre los habitantes, las personas creen que el suelo volcánico los salvará de cualquier sismo posible. La normatividad del Reglamento de construcciones para el todavía Distrito Federal, menciona en su artículo 35 y 42, que es necesario contar con un director responsable de la obra y/ o algún experto que supervisen la “buena” edificación. De acuerdo a declaraciones hechas por los colonos, muchos no cuentan con estos expertos a pesar de tener los papeles “bien derechos”, o simplemente confía más en quienes fundaron y edificaron la colonia, por lo que dejan el aspecto legal para después.

A veces puede creerse que regularizar los predios, que son hogares para cientos de familias, son cuestiones reducibles a marcos jurídicos aislados del ambiente en el que están inmersos los predios. La realidad es distinta. La historia y los rostros de los habitantes de la Popular dejan en claro que el proceso en cómo se inició su colonia, impacta en su forma de vivir y hacer las cosas actualmente.

No es por mera justificación o por generar un proceso de victimización de los habitantes de esta colonia, sino que es el sentido que Hanna Arendt, filósofa y teórica política alemana, decía que el comprender es investigar. Estos testimonios y cifras, de difícil acceso y poca actualización en las páginas oficiales que puede consultar el público, confirman el abandono de las autoridades y la corrupción inmersa en prácticamente toda la estructura de gobierno en el país.

Las necesidades económicas, políticas y sociales a nivel nacional e internacional se combinan con la falta de educación, en un sitio donde la mayoría de su población no sobre pasa los 9.3 años de estudio en promedio y en el cual, las formas en que se aprende a vivir son en la generalizada ausencia de oportunidades, e incluso en la creciente desesperanza que sumerge en la pasividad. Estas son algunas de las razones que explican el crecimiento anárquico de una comunidad con apetito de seguir persiguiendo a la felicidad.

Dicho crecimiento incontrolado en las periferias urbanas, principalmente la ocupación de áreas inadecuadas para un equilibrado desarrollo urbano. En las últimas cinco décadas ha sido parte de las características esenciales de la urbanización de la ciudad de México, a lo que el urbanista Marco Coronado lo liga con la autoconstrucción, que es construir por tu propia mano o con los recursos de tu alcance, tal como lo hicieron y lo hacen estos pobladores; razón por la que las autoridades deben hacer trabajos vinculantes con este tipo de colonias, al tomar en cuenta sus necesidades y contexto específicos de vida, ya que otras propuestas, como la descentralización de la ciudad, son rechazadas, no analizadas y no remplazadas por otras propuestas.

La colonia Popular Santa Teresa se aferra a sus tradiciones, a su religión, en especial a Santa Teresa quien da nombre a la colonia y suscita una celebración en grande cada 15 de octubre; al espíritu comunitario que todavía queda y se desborda ante las desgracias y los fallecimientos de gente que fundo el hogar de todos los colonos.

Para tratar día con día, salario mínimo tras salario mínimo, rezago educativo tras rezago educativo, cortes de agua, banquetas irregulares, promesas de autoridades y partidos; cerrar una de las llagas del corazón de la ciudad de México, la ciudad en la que dicen que no pasa nada, pero que en el contorno de sus líneas territoriales esconde a más de una ciudad perdida.









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