viernes, 1 de marzo de 2013

ESTEREOGRAMA: SONIDOS Y TALENTO EN ASCENSO

Por Giovanna Díaz Moreno
México (Aunam). Las notas bajo la influencia de Interpol, Editors y Muse, llegaron sus oídos; jóvenes y no tanto, se reunían en un espacio, oscuro, elegante y por demás sofisticado para abrir sus puertas al rock. En poco más de dos horas, se resumieron la dedicación, el esfuerzo, el sudor, e incluso las equivocaciones provocadas por los nervios, ¿y porqué no? por el cansancio también.

La cita, un poco antes del inicio del evento: a las 3:30, “para empezar lo más puntuales posible”, informaba su evento en Facebook, que ya contaba con 63 asistentes confirmados. El olor a lavanda proveniente de los inciensos, acetatos de la música más clásica, collares, pulseras, y otros productos se encontraban a la oferta unos cuantos metros antes, casi justo a las afueras del metro Balderas; entusiasmados pasos del danzón a los alrededores abrían paso al lugar citado.

Eran las 4:04pm y el Teatro de la Ciudadela les dio la bienvenida. Se corrieron las cortinas para dejar ver los instrumentos musicales, aquellos que impulsados por mucho esfuerzo y pasión harían vibrar la tarde. Ellos, se acercaron con pasos calmados y sobrios a sus lugares: Estereograma estaba a punto de comenzar a tocar…

“Entre dos tierras” de Héroes del Silencio fue la indicada para presentarse ante un público, poco usual a sorpresa de algunos; lentes, canas y algunos bastones ocupaban la mayoría de los asientos dispersos en el lugar; entre ellos algunos y muy contados jóvenes, también con ánimos de disfrutar.

Tras las notas de uno de los grandes éxitos de Zoé, “Vía láctea”, una voz, algo poco temerosa que delataba un poco de nervios, hizo formal la presentación: “Buenas tardes, somos Estereograma, esperamos que les guste”. Cuatro luces rojas caían en el centro del escenario, y una más de color blanco, iluminaban aquel sujeto que regularmente es poco reconocido en los eventos musicales, pero que la brillante luz lo hacía notar y evidenciaba su concentración entre baquetas, platillos y un bombo.

“Cuéntame tu vida” no sólo fue el último tema en español de la tarde, sino que fue la evidencia de las múltiples habilidades de los integrantes. Los instrumentos cambiaron de manos: el chico que inicialmente hacía sonar las cuerdas de su guitarra mostró la agilidad de sus dedos para deslizarse sobre el teclado; por su parte, el sujeto con gafas oscuras y que en encontraba al frente de la voz, muy seguro tomó su guitarra.

En lugar permanecía tranquilo. Unos cuantos tarareaban los coros que su memoria les facilitaba, otros tantos, hacían notar su empatía con disimulados movimientos de pie al compás de la música, otros más, víctimas del cansancio, del calor y quizá de la ya avanzada edad, no pudieron evitar dormitar unos cuantos minutos.

En seguida llegó “el rock matemático” de Editors, iniciando con “All sparks”, y siguiendo con al menos cuatro temas más de una de sus principales influencias, según lo mencionaron. Eran ya casi las 5:10 y “llegó la hora de ponerse a bailar” al ritmo de Interpool, y para la ya clásica presentación: “Nestor en la batería”.

La diferencia de edades se hizo notar, algunos los asistentes de mayor edad comenzaron a abandonar las butacas para dejar espacio y aire a los espíritus jóvenes (no precisamente de edad) que cada vez más emocionados comenzaban a agarrar un ritmo: gritando y aplaudiendo a la invitación de aquel que guiaba la banda.

Entre risas se distinguía claras y bromistas peticiones “Unas de tropical”, gritaban algunos de los ancianos que aún permanecían en la sala, y que aún así disfrutaban de los ritmos del “rock más actual” como The Strokes acompañando con aplausos. Nos dejaban conocer más: “Artur en la guitarra”.

“Reptilia” y “Automatic stop” fueron la apertura al clímax musical para cederle el paso al repertorio de Muse, que entre fallas técnicas los ya confianzudos movimientos del vocalista y los conteos desesperados marcados por el baterista lograron establecer la empatía con el público que hasta entonces parecía forzada.

Los saludos a la cabina, la petición de aplausos, el cansancio ya notable después de más de una hora tocando y una presentación más “Daniel en el bajo”-, anunciaban ya el fin de la tarde en el Teatro de la Ciudadela. Su cansancio era notable, y aún así Mario (el vocalista) no podía disimular la euforia al interpretar “New Born” y “Uprisign”, acompañadas por el ritmo de las luces. El agotamiento ya, era una buena excusa para admitir: “sí, hacemos trampa”, mientras un atril y unas cuantas hojas ayudaban a recordar los coros de “Time is running out”.

Muy puntuales, comenzaron a despedirse a las 6:00pm, agradeciendo por compartir la música que “nos gusta, nos gusta mucho”, hacían énfasis. Sólo la mitad del teatro estaba ocupada, aunque de manera dispersa y con el ánimo necesario para no notar la ausencia de los que abandonaron el lugar. Entre risas, aplausos y fotografías abandonaron el escenario. Pero como es de esperarse no podía faltar “la última y nos vamos” para así despedirse al ritmo de “The Killers”.






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