martes, 26 de febrero de 2013

PRESENTA ESTER HERNÁNDEZ SU DIARIO DE UNA MADRE MUTILADA

Por Jessica Fernández Hernández
México (Aunam). “La muerte de Irene tiene 26 años y sonríe… Camina derechita, es alta y delgada, y no se detiene ante nada ni nadie, está enamorada; espera pronto ser madre y tiene la vida por delante” es lo que dice Ester Hernández Palacios en la presentación de su libro México 2010 Diario de una madre mutilada en la Capilla Alfonsina, antigua casa del escritor Alfonso Reyes.

Se encuentran con ella Magali Tercero, cronista y periodista cultural; Marianne Toussaint, quien estudió Letras Hispánicas en la UNAM y Rafael Vargas, poeta, traductor, ensayista.


La autora Ester Hernández Palacios se acomoda en la mesa, se dan inicio a lo que será adentrarnos al trágico acontecimiento que vivió la poeta durante junio del 2010 al perder a una de sus hijas en Veracruz.

La sala guarda silencio, Magali Tercero lee un texto que escribió especialmente para Ester titulado México tomado, Ester sin H, en el cual narra una crónica del día que conoce a la autora en Jalapa, lo querida que es por sus estudiantes, pero sobre todo, hace énfasis al señalar que el libro comenzó a escribirse 2 días después de este trágico suceso.

Continúa Marianne Toussaint quien también procede a leer un texto que engloba el problema de la delincuencia actual de México, en el cual con los desastres de una guerra donde la batalla no ha tenido linderos, las calles, las casas, los comercios, se encuentran amenazados. “Sólo he repetido sin cesar y ahora lo confieso con vergüenza quiero vivir en otra parte, no me gusta este país.”

Menciona el proceso que vivió Ester Hernández Palacios después de la muerte de Irene, su hija. Su afán por estar informada, leer poesía, viendo si había respuesta por parte de las autoridades. Comenta que nada en este libro está de más, todo está ahí acomodado como piezas de rompecabezas.

Procede Rafael Vargas, explica que escribir ese libro es un acto de heroísmo. Retoma autores como Jaime Sabines y José Carlos Becerra, quienes al igual que Ester Hernández, escriben sobre la pérdida de un familiar. Argumenta que la situación de México no nos es ajena, todos somos México. “Este mundo es el infierno y el paraíso juntos”, México ya no es seguro.

Finalmente llega el turno de Ester Hernández, da sus agradecimientos a todos los presentes y a todos los conocidos que como ella menciona, vinieron desde muy lejos. Exige justicia, no sólo para ella, sino para todos con ayuda de la escritura.

Comienza a leer fragmentos del libro, se quiebra su voz, sin embargo continúa leyendo partes, desmenuza las páginas, comparte su dolor. Todos en la habitación prestan atención, guardan silencio, se enfocan en Ester Hernández y lo que tiene para decir.

“¿Qué hubiera sido necesario para atajarla? Que se me permita, sólo por esta vez, volver el tiempo atrás para avisarle, para retenerla en mi casa o para retirarla en el instante. Si no fuera posible, entonces pido dos minutos más de la vida de mi hija para detener el dedo del asesino”.

Termina el momento nostálgico, la audiencia se queda sin palabras y la habitación se llena de aplausos. Los asistentes se paran de sus asientos y la firma de libros comienza entre comentarios y felicitaciones a Ester Hernández Palacios. “Quisiera creer que mi niña ha reencarnado, que ha vuelto a nacer, que su espíritu ha retornado a un cuerpo como renace el sol cada mañana… Dejarte regresar al lugar de los muertos. Sólo acariciar otra vez tu cabeza por un momento. Sólo por un momento…”







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