lunes, 25 de febrero de 2013

TUNEANDO EN INGENIERÍA

Por Miriam Hernández Alegría
México (Aunam). El auditorio Javier Barros Sierra de la Facultad de Ingeniería (FI) con 390 asientos libres, ocho micrófonos, tres violines y dos panderos, estaba listo para dar la magna bienvenida con su primer concierto de inicio de semestre del 2013-2 en el mes del amor y la amistad a sus gloriosos estudiantes de la FI, por el grupo: La Tuna.

“Fundada en Febrero de 1967, por iniciativa de un grupo de alumnos de la Facultad, mantiene una actividad constante e interrumpida siguiendo una línea ascendente de trabajo y llevando un mensaje de alegría a todos los escenarios en donde se presentan. La Tuna de Ingeniería, a lo largo de su historia, ha estado integrada por alumnos y ex-alumnos de la propia Facultad y de algunas otras, que han querido portar sus colores”, se leía en el folleto que estaba a la entrada del auditorio.

“Qué será de mí, su recuerdo no logro olvidar” se escuchaba afuera como ensayo e invitación para que los alumnos de la FI asistieran, pues a las 6:50 p.m. sólo estaban 21 personas; el pandero sonaba con el “tintín, tintín”. La primera llamada daba comienzo en voz de un joven de aproximadamente 19 ó 20 años.

El tiempo seguía corriendo a las 7:01 p.m. la comunidad estudiantil comenzaba a llegar; había 49 personas más. La segunda llamada la dio otro joven de edad similar. A las 7:15 p.m. el zigzag de 16 cantantes con uniforme de color negro, capa negra, calcetas negras y listones de diversos colores, subían al escenario para presentarse ante el público de más de 100 personas. Las guitarras aparecían en escena.

El presidente, “mote” o “apodo” de uno de los cantantes principales del grupo La Tuna; expedía sus primeras palabras. “¡Bienvenidos a todos, gracias por estar aquí. Veo que hoy hay muchas chicas guapas que nos acompañan, antes en mis tiempos (se escucha el "¡uf...!" por parte de los integrantes de La Tuna) no había tantas mujeres; eran escasas! (la risa del público se hacía presente).

“Mujer abre la ventana para que escuches mi voz, te está cantando el que te ama con el permiso de Dios. Y aunque la noche esta obscura y aquí no hay ninguna luz con tu divina hermosura la iluminas toda tú. Yo te juro que ni el sol, la luna, ni las estrellas juntitas toditas ellas la iluminan como tú. Tu iluminaste mi vida, por eso mujer querida te canto esta noche azul, por eso vengo a robarte un rayito de luz.” Era la Serenata Tapatía con la que La Tuna dio inicio, dedicada a todas las mujeres guapas y a la única profesora de Ingeniería que estaba en ese momento.

Las luces de la parte de atrás ya estaban apagadas para el repertorio de la segunda canción: Mujer; pero antes de eso un brindis de “frutsi” y un breve poema recitado que decía así: “Si no sales con esta serenata, ya saldrán tus hermanas”. “Ingenieros somos y en el anexo andamos” “Ingenieros somos y materias reprobamos.”

En cada cambio de canción el color rojo en la bandera que portaba el escudo digno de la FI era ondeado por un integrante diferente del grupo. Las pequeñas composiciones poéticas mostraban el gran sentido del humor que tienen los ingenieros, pues cantaron la porra de los de arquitectura: “¡Corte, confección y costura! ¡Corte, confección y costura! ¡Arriba la Facultad de Arquitectura!” (Con voz aguda se oía retumbar en el auditorio Barros Sierra). Y después vino la porra de los de ingeniería: “¡Vino, mujeres y orgía! ¡Vino, mujeres y orgía!, ¡Arriba, arriba la facultad de ingeniería!”.

Para la tercera interpretación: Cuando te encuentres sola, los alumnos de la clase de ética incrementaron la asistencia del público, y con ello vinieron: Rondas, El Milagro de tus ojos, Tierra Mestiza, La fotografía cantada en “varios idiomas” y la octava canción Lagrimas Negras que se llevó todos los fuertes y grandes aplausos del auditorio. Pues la nueva generación de La Tuna, estudiantes de la misma facultad hicieron su examen “profesional” ese mismo día, entre ellos estuvieron: “Mónico Chimpanson”, “Lechón”, “Gavilán“, “Mamut”, “Topo”, “Zarigüeya”, “Alf”, “Sanguijuela” y “Sancudo” frente a los ex¬-alumnos de la FI. El examen fue aprobado con mención honorifica. La nueva generación de La Tuna, ya estaba lista.

Pero faltaban dos de los pioneros Tuneros: “La cochinilla” y el “cuñado” quien ofertaba un beso por un listón de cada una de las mujeres que estaban en la presentación. Ninguna se animó.

La Tuna ya estaba completa; 18 interpretes en escena, 12 canciones cantadas, la autoridad académica que financia los viajes, Enrique Fernández Cervantes, presenciaba el acto final. El zigzag se marchaba diciendo: “Se va, se va mi amor; se va se va mi corazón; a encontrar nuevos amores.” Y tuneando La Tuna se marcho sin decir adiós.






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