jueves, 28 de febrero de 2013

DONACIÓN DE ÓRGANOS: REGALO DE VIDA, CARRERA CONTRA EL TIEMPO

Por Rosa María Santana Montes de Oca
México (Aunam). Actualmente 17, 317 personas necesitan un trasplante, según el Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra); de estas, 9, 283 esperan un riñón, 7, 578 una cornea, 396 un hígado, 35 un corazón y 6 un pulmón. La cifra va en aumento y son pocos los donantes por una serie de mitos sin sustento.

Según el Centro Nacional de Trasplantes, tomar la decisión en vida no representa ningún riesgo, pues es deber del médico salvaguardar las vidas humanas.

La regla número uno de un doctor es mejorar la salud de nuestros pacientes y hacer todo lo posible para salvarlos y mejorar su calidad de vida, aseguró Felipa Monterrubio, médico egresada de la UNAM que tiene un pequeño consultorio en la Colonia Granjas México.

Como primer paso hacia una cultura en pro de la donación de órganos en México, el 27 de marzo del año pasado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, se aprobó una ley en la que se establece que la donación de órganos de personas fallecidas se hará en todos los casos, siempre y cuando la familia no se oponga y la persona fallecida no se haya opuesto en vida a dicha acción.

Cuando se confirme la muerte del paciente se procederá a extraer los órganos, sólo en caso de que se requieran para fines de trasplante. Esto podría suponer una enorme ayuda para los pacientes en lista de espera, pues los que esperan un riñón, por ejemplo, deben esperar por lo menos 10 años. Si es que llegan a conseguir el órgano, los pacientes ya están en estado crítico o, peor aún, fallecen antes de recibirlo.

Según una encuesta realizada por Consulta Mitofsky en abril del año pasado, el 56 por ciento de las personas estaría dispuesto a donar órganos después de morir. El problema es que el asunto se queda como promesa, pues no se registran como donadores ni le informan a sus familiares y amigos su decisión; pues por la falta de información, pueden creer en mitos acerca de lo que pasaría con su cuerpo en caso de aceptar ser donadores.

Uno de estos mitos es que los médicos, al saber que el paciente está registrado como donador, no hacen su mejor esfuerzo, creen que se convertirán en una bolsa de repuestos que utilizará alguien más.

La señora María, de 84 años, comentó al respecto: tengo miedo de ir a un hospital y decir que soy donadora, lo que pasa es que escuché que si dices eso y estás a punto de ser operada o algo así, los doctores lo dejan morir a uno, para poder hacer uso de sus órganos.

La señora Victoria, de 58 años, manifestó tener el mismo temor, pero dice: ya le dije a mi familia que en caso de llegar a fallecer [primero dios, que no me pase pronto], sí quiero donar mis órganos, pero que le digan mi decisión a los doctores después de que haya muerto y que se fijen que no se vayan al mercado negro; no confío en el sistema.

Si el procedimiento se realiza en un hospital regulado por la ley, no hay peligro de que algún médico haga convenios con alguien de dinero para dañar a la persona y obtener sus órganos.

Otro mito y temor de la población es que su cuerpo sea maltratado en el proceso de extraer los órganos y que no quede nada presentable para su funeral, que queden como un costal vacío y horrible y que sea un funeral con féretro cerrado. También es falso.

Además, la mayoría de las religiones apoyan la donación, entre ellas la católica, que es la predominante en México. El sacerdote Jesús Hernández (Párroco de Santa María Magdalena Atlític) asegura que no hay una legislación eclesiástica en ese asunto. La iglesia tiene como base la caridad, entonces todo aquello que produzca el bien al hermano, al otro, está permitido; entonces, si una persona que done sus órganos va a producir el bien al otro, por supuesto que está permitido.

En Evangelios [Jn, 15, 13J] Jesús dice: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos”.

Por si fuera poco, no todas las personas pueden ser donadores, se necesitan ciertas características. Por ejemplo, es importante saber cómo debe fallecer la persona para realizar el trasplante. La muerte puede ser por paro cardio-respiratorio, es decir, que el corazón deja de funcionar; o por muerte encefálica, que se diagnostica cuando el tallo cerebral deja de recibir sangre.

La página oficial del Cenatra, dicen que la mayoría de las personas fallecen debido a un paro cardio-respiratorio, independientemente de la enfermedad que cause el cese de las funciones del corazón. En estos casos sólo se pueden donar tejidos como las córneas.

En el caso de las personas que fallecen por muerte encefálica se pueden donar sus órganos (corazón, riñones, hígado, pulmones, páncreas, etcétera) y tejidos. La muerte encefálica es el cese completo e irreversible de todas las funciones cerebrales, puede ser causada por tumores, accidentes vasculares cerebrales o lesiones en la cabeza por actos violentos. Se determina por medio de un electroencefalograma o angiografía cerebral.

Lo anterior desmiente la idea de que el paciente esté vivo después de la muerte cerebral, lo único que podría entorpecer esta idea es el hecho de irse a aspectos espirituales en los que se puede pensar que si el cuerpo sigue funcionando, hay una posibilidad de que el espíritu siga en el cuerpo.

Esto, naturalmente, seguido de rápidos estudios que permitan determinar las condiciones del cuerpo y de los órganos, una valoración médica, ética [comunicar a la familia] y legal para determinar que no haya ningún riesgo sanitario para los receptores y evitar problemas legales. En caso de cumplir con estas características, un donante puede salvar hasta 8 vidas.

Los estudios antes mencionados son importantes porque existe el riesgo de que el cuerpo del paciente rechace el órgano trasplantado. Esto sucede porque el sistema inmunológico nos protege de agentes extraños en el organismo y cuando se trasplanta un órgano, como es nuevo en el cuerpo, es atacado y, posiblemente, rechazado.

Para evitar este tipo de riesgos, los médicos le avisan tanto al donante como al receptor, que el rechazo puede suceder. Los involucrados deben poseer compatibilidad biológica, para que el cuerpo no rechace el órgano trasplantado. Sólo los gemelos idénticos poseen compatibilidad total. Los médicos utilizan medicamentos para desinhibir el sistema inmune para evitar que se dé el rechazo del órgano cuando la compatibilidad del órgano no es cercana.

Por otro lado, es importante la comunicación familiar, pues si en vida decidimos ser o no ser donadores, es función de ellos respetar nuestra decisión para que los médicos correspondientes la lleven a cabo.

El proceso para convertirse en donador no es para nada complicado: basta con ir a las instalaciones del Cenatra a llenar un pequeño formulario y al momento otorgan una credencial que acredita a la persona como donadora.





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