viernes, 26 de junio de 2009

LA BASURA QUE COMEMOS

Por Ana María Arenas
México (Aunam). Como todos los días el despertador suena a las siete de la mañana, apenas hay tiempo para que Cynthia Aguilar se prepare para llegar al Jardín de Niños donde trabaja. El día es difícil y por si fuera poco el encierro en una oficina comienza a estresarla; su único consuelo es que después de unas horas estará fuera.

Luego de su larga jornada, se dirige con sus compañeros de trabajo a algún restaurante de comida rápida... hamburguesas, pizzas o por qué “quecas de doña Juana”; el objetivo: comer algo rápido que no implique gran elaboración y que esté al alcance del bolsillo. Quizás no se han dado cuenta que los alimentos que día a día consumen, lejos de nutrirlos, pueden acarrearles serios problemas.

Un mundo globalizado, en donde factores como la contaminación, el ruido, el trabajo y el estrés se apoderan del organismo y llevan a la aparición y lucha diaria contra las enfermedades crónicas –patología de larga duración, cuya curación no puede preverse o no ocurrirá nunca– como la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial y las enfermedades del corazón.

Una de las tantas causas de su aparición es el consumo de la llamada comida chatarra, comida rápida.

Este tipo de comida se caracteriza por su escasa o nula aportación de fibra, micronutrientes, vitaminas, proteínas y minerales que nuestro cuerpo necesita para su buen funcionamiento y que en su lugar tan sólo contiene altos niveles de grasas, sal, condimentos, azúcares y numerosos aditivos alimentarios –sustancias químicas ya sean artificiales o sintéticas que no son asimilables por el organismo como el glutamato monosódico (potenciador del sabor) o la tartracina (colorante)– cuya función es estimular el apetito y la sed.

Cabe señalar que todos los alimentos son perjudiciales para la salud si se abusa de su consumo, sin embargo, la comida chatarra lo es debido a la facilidad del consumo.

Los alimentos chatarra son muy populares puesto que en su elaboración, además de ser sencilla, es sometida a procesos industriales, lo cual permite su conservación, pues algunos no necesitan ser refrigerados, su fecha de caducidad es larga y suelen tener un precio accesible, lo que los hace fáciles de adquirir.

Es importante conocer que las enfermedades producidas por éste tipo de alimentos son un problema que afectan a toda la sociedad, en donde todos estamos expuestos pero también todos somos generadores.

Un grave problema. Signo de alarma

Según el doctor José Luis Aranza Aguilar, director del Hospital General Regional Nº 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el elevado consumo de comida chatarra ocasionará que dentro de unos años la expectativa de vida de la población se reduzca.

Señaló que los malos hábitos de alimentación y la falta de actividad física ocasiona que cada vez más infantes sufran de obesidad o sobrepeso, cuyas consecuencias en el deterioro de su salud se verán en no más de 20 años.

También destacó que cuando sean adultos tendrán altas probabilidades de desarrollar diabetes mellitus, hipertensión arterial o cardiopatías y quizá apenas en la cuarta década de su vida requieran hemodiálisis por daño renal debido a los trastornos de la glucosa.

Hay que tomar en cuenta que de seguir con estos hábitos la esperanza de vida que actualmente tenemos en nuestro país, de 75 años aproximadamente para los hombres y de 76 para las mujeres, podría disminuir hasta los 50 años.

“Los niños que ahora son obesos y no modifiquen sus hábitos van a estar muriendo cerca o poco más de la cuarta década de su vida”, advirtió Aranza Aguilar quien además dijo estar de acuerdo en que la escuela es una pieza importante en la formación de una alimentación saludable así como de la práctica de ejercicio en los niños y que es en éste lugar donde se podrían proporcionar los elementos necesarios para cambiar sus hábitos de consumo, al ofrecerles productos que en verdad los nutran y no sólo les aporten grandes cantidades de calorías.

Actividades deportivas como el voleibol, básquetbol o fútbol, además de contribuir en la actividad física, ayudan a la socialización y convivencia con los demás.

Flashback

En Bioquímica, se emplea el término grasa para designar varias clases de lípidos aunque por lo regular se refiere a los acilglicéridos, ésteres en los que uno, dos o tres ácidos grasos se unen a una molécula de glicerina formando monoglicéridos, diglicéridos y triglicéridos.

Los triglicéridos sólidos a una temperatura ambiente es lo que conocemos como grasas, mientras que los líquidos son los llamados aceites. La hidrogenación catalítica es un proceso mediante el cual los aceiten son tratados para obtener mantecas o grasas hidrogenadas. Todas las grasas son insolubles al agua por tener una densidad inferior.

Químicamente las grasas son triésteres del glicerol y ácidos grasos. Éstas pueden ser sólidas o líquidas a temperatura ambiente, dependiendo de su estructura y composición.

Podemos referirnos a las grasas diciendo también aceites y lípidos, mientras que con la palabra aceites estaremos refiriéndonos los que son líquidos a temperatura ambiente; mientras que ‘lípidos’ se usa para referirse a ambos tipos, líquidos y sólidos.

Existen diversos tipos de grasas: Grasas Saturadas, las cuales están formadas en su mayoría por ácidos grasos saturados. Estas grasas son sólidas a temperatura ambiente y son formadas por ácidos grasos de cadena larga, es decir tiene más de ocho átomos de carbono, un ejemplo son los ácidos láurico, mirístico y palmíticos, que son considerados como los causantes de elevar los niveles plasmáticos de colesterol.

Por su parte, las grasas insaturadas están formadas por ácidos grasos insaturados como el oleico o el palmitoleico. Estos son los que más beneficios dan al cuerpo humano ya que contienen ácidos grasos que son nutrientes esenciales, puesto que el organismo no puede fabricarlos y el único modo de obtenerlos es mediante la ingestión directa.

Las grasas insaturadas se dividen a su vez en monoinsaturadas y poliinsaturadas, las primeras son aquellas que reducen los niveles plasmáticos de colesterol, elevando los niveles de lipoproteínas conocidas como colesterol bueno.

Finalmente, las grasas trans son obtenidas a partir de la hidrogenación de aceites vegetales por lo que después de ser grasas insaturadas pasan a poseer ácidos grasos trans, según especialistas éstas grasas suelen ser mucho más perjudiciales que las saturadas debido a que son altamente aterogénicas, además, contribuyen a elevar seriamente los niveles de triglicéridos.

Aprendiendo a distinguir

El glutamato monosódico es la sal sódica del aminoácido conocido como ácido glutámico, éste se encuentra en forma natural en numerosos alimentos tales como los tomates, setas, verduras, alimentos proteicos e incluso la leche materna. Se utiliza como condimento para potenciar el sabor de los alimentos y químicamente se conoce como E621.

Éste no mejora el gusto de ingredientes ni mucho menos conserva o mejora el aspecto de los alimentos, simplemente se utiliza para potenciar el sabor y el aroma de la comida acortando el tiempo de su preparación.

En su forma pura aparece como una sal cristalina de color blanquecino que se parece a la sal o al azúcar. Estudios muestran que el glutamato monosódico estimula receptores específicos de a lengua y con esto produce un gusto esencial conocido como umami que quiere decir sabroso.

Por su parte, la tartracina es un colorante artificial empleado también en la industria de los alimentos. Éste pertenece a la familia de los colorantes azoicos. Se encuentra en forma de polvo y es soluble en agua, conforme se va disolviendo se hace más amarillo.

Su uso está autorizado en más de sesenta países; sin embargo, ha sido prohibido en Noruega, Austria y Alemania. Se emplea en bebidas, purés instantáneos, papas fritas, pasteles, sopas, helados, caramelos, chicles, mermeladas, yogurt y muchos productos elaborados a base de glicerina, limón y miel.

La controversia

Se dice que el uso de glutamato monosódico en cantidades pequeñas no presenta ningún riesgo para el consumidor. Contrario a lo que se cree, en la dieta no tiene ninguna relación con enfermedades como la diabetes, enfermedades del estómago, ni la depresión. Ha sido considerado por la Organización Mundial de la Salud y por la Federation of American Societies for Experimental Biology como un producto apto para el consumo humano. Puede existir riesgo sólo si se consume de manera natural o en grandes cantidades.

En cuanto al uso de la tartracina, los colorantes azoicos que no son autorizados para uso alimentario han demostrado ser cancerígenos, algunas de sus características es que son poco polares, solubles en grasas además de atravesar fácilmente la barrera intestinal mientras que los colorantes autorizados son muy polares, solubles en agua y no se absorben.

Raúl Cantero, cardiólogo del Hospital Dr. Carlos Macgregor Sánchez Navarro del IMSS, dijo que los colorantes y los saborizantes artificiales básicamente provocan daño renal, elevan los triglicéridos y llegan a causar incluso, daños en el páncreas.

En busca del remedio

El problema de la comida chatarra es que hay más tipos de los que podemos imaginar por ejemplo los tacos, las tortas, las hamburguesas, las pizzas, el refresco, por lo que una alimentación balanceada debe de componerse de:

1. Fibra dietética – ayuda a la digestión y absorción de nutrientes
2. Fitoquímicos – potentes anticancerígenos naturales
3. Antioxidantes – ayudan a la autocuración celular y retrasan el envejecimiento celular
4. Vitaminas – las mejores son las que vienen de forma natural en frutas y verduras
5. Minerales – como el calcio, hierro, magnesio, selenio, etc. que nuestro cuerpo necesita
6. Ácidos grasos – principalmente el Omega 3, 6 y 9
7. Carbohidratos – fuente de energía y base para formación de tejido
8. Proteínas – base para formar estructuras, regular, transportar.
9. Grasas o lípidos – sirven para formación de células, regular y formar reservas energéticas.