viernes, 25 de noviembre de 2016

LOS OBSTÁCULOS DEL FOTOPERIODISMO

Por Alan Antonio Peralta Monroy
Ciudad de México (Aunam). Ojeras profundas. Su rostro refleja cansancio, empero está alerta todo el tiempo. Sabe que su profesión lo requiere. Bebe un sorbo del café que lo mantiene vivaracho. Suele bromear, tiene la habilidad de amenizar la situación. A pesar de que su trabajo lo ha llevado hasta cierto punto de reconocimiento, se mantiene con los pies en el suelo, sabe que tiene una responsabilidad con la sociedad.

Sashenka Gutiérrez. Fotoperiodista de EFE América

Escribe con luz, así lo define Alfredo Estrella, fotoperiodista de AFP –Agence France-Press-, la agencia de noticias más antigua del mundo. Él es uno de los dos únicos mexicanos que laboran en dicha empresa. Tiene veintidós años como profesional. Más de la mitad de su vida haciendo lo que le apasiona, lo que mejor sabe hacer: tomar fotografías.

Además de trabajar para la agencia AFP, Alfredo ha laborado en medios nacionales como La Jornada, donde publicó su primera foto, la cual fue sobre una protesta en Paseo de la Reforma, donde unos tabasqueños llevaban el féretro de un compañero muerto. Además, se desempeña como freelance, y tiene experiencia en medios internacionales como El Clarín y El Popular de Argentina y múltiples encargos de Europa.

Y aunque su actual Agencia de noticias le ofrece seguridad básica como: casco, máscara antigás, chaleco antibalas y seguro de gastos médicos, no todos los fotoperiodistas pueden presumir de lo mismo. Según Alfredo: “Es muy difícil que un medio apoye a sus empleados en estas cuestiones, hay un grave problema, no se realizan los protocolos necesarios, y esto se ve más presente en los fotoperiodistas que cubren temas como crimen organizado.”

El fotoperiodista es el que sufre mayor probabilidad de agresiones, pues está en la línea de acción. Alfredo, y muchos otros colegas, tienen que compartir su equipo de protección como el casco y las máscaras antigás. Los ataques los reciben tanto de los servidores públicos como del gentío, pues al estar enmedio de un suceso, no pueden mantenerse sólo en un bando. Hace unos años, le reventaron una botella en el rostro cuando cubría una manifestación en Guadalajara.

Diariamente tiene que lidiar con empellones y “mentadas de madre”, asimismo tiene que cuidar en todo momento su equipo fotográfico, pues la misma gente de las marchas intenta robarlo. Por si fuera poco, ha sufrido un intento de levantamiento por parte de la familia Michoacana.

“Así es esto, siempre digo que tienes que estar un poco torcido de la cabeza, la profesión lo requiere. Me gusta la adrenalina, me gusta estar dentro de la historia”, opina Estrella sobre las características que debe de tener un fotoperiodista.

Pero no sólo esto conlleva lo complicado de ejercer el fotoperiodismo, pues es toda una arista que va desde la misma empresa, donde los sueldos son ínfimos, en los medios es difícil que sigan apostando a contratar buenos fotoperiodistas, por eso optan por contratar el trabajo de las agencias de noticias. Alfredo da un trago a su café y me dice:

“Sin contar que desde el mismo gremio se encargan de menospreciar el trabajo de sus compañeros, somos los escalones más bajos, es una guerra de egos, de envidias pendejas, donde en lugar de apoyarnos, nos chingamos más.”

Alfredo Estrella era amigo del fotoperiodista Rubén Espinoza, lo había visto quince días antes en un taller de Artículo XIX, justo antes de que fuera asesinado en La Colonia Narvarte en el 2015. Es uno de los muchos casos que han quedado impunes. Alfredo lamenta que ya se haya dado carpetazo con su caso, pues cree que no se hizo justicia. Además participó en una subasta que se hizo con las fotografías de Rubén para solventar gastos y ayudar a su familia.

El acoso que viven los fotoperiodistas en lugares como Veracruz, Tamaulipas y Jalapa es mayor, según Estrella, pues los tienen más identificados, saben exactamente dónde viven, y en qué momento pueden intimidar para tratar de obstaculizar el ejercicio periodístico que realizan.

Fotoperiodistas asesinados, carpetazos

El fotoperiodista mexicano Rubén Espinoza, fue encontrado muerto, con muestras de tortura en el rostro y dos disparos en el pecho. Además de su cuerpo, se encontraron el de otras cuatro mujeres asesinadas. Todo ocurrido el 31 de julio de 2015 en la Colonia Narvarte de la Ciudad de México, según el portal de Aristegui Noticias.

Aunque Rubén nace en la Ciudad de México, fue en Veracruz donde comenzó a trabajar activamente como fotoperiodista. Fue contratado por el gobierno del actual gobernador de Veracruz, Javier Duarte, para cubrir parte de la campaña. Su postura crítica impidió que siguiera en esta operación, pues los asesinatos hacia los periodistas iban en aumento, y al gobernador en lugar de importarle, parecía hacer caso omiso sobre la situación.

En un audio que comparte el portal de RompeViento, se escucha como Javier Duarte recomienda públicamente que los periodistas deben de tener más cuidado de dónde se están metiendo, pues ya saben quiénes están del lado del crimen organizado, al menos así lo señala el gobernador.

En el mismo portal, RompeViento ofrece una entrevista con Rubén un mes antes de su asesinato, donde señala que ya había intimidación previa por parte de sujetos que lo seguían, sujetos de porte militar, puntualiza el fotoperiodista.

“Un mismo día me encontré con tipos que me tomaron fotografías, sin importarles que yo los estuviera viendo, ésa era su intención, que yo me enterara que me estaban vigilando, y que sabían dónde vivía, pues todo sucedió afuera de mi casa” dice Rubén, durante el programa que se trasmite en internet.

Además lo amenazaban diciéndole que le pasaría lo mismo que a la periodista veracruzana Regina Martínez, la cual fue asesinada el 28 de abril del 2012, misma que fue compañera de Rubén en la revista Proceso. Hasta la fecha, el caso de Regina sigue sin resolverse.

Según el portal del diario español El País, Rubén fue autoexiliado a la Ciudad de México por cuestiones de seguridad, pues sus compañeros le recomendaban que no podía seguir en Veracruz. El acoso siguió hasta que el día 31 de julio del 2015 fue encontrado muerto.

México ocupa el tercer puesto por el número de periodistas asesinados en todo el mundo, con 120 homicidios desde 1990 a la fecha, sólo por debajo de países como Filipinas con 146, e Irak con 309, según un informe de la Federación Internacional de Periodistas publicado el presente año, 2016.

La digitalización de la información y su difusión en internet

Alberto Castillo. Fotoperiodista freelance
Jorge Pedro Sousa, en su libro titulado Historia Crítica del fotoperiodismo occidental, establece el arribo de la era digital en el año de 1989, con la llegada de las cámaras digitales y su respectivo software para editarlas. Es pertinente tener en cuenta esto, pues los fotoperiodistas se han enfrentado, además de los obstáculos ya señalados en las líneas anteriores, otro que se ha sumado en ésta época: la digitalización.

Si bien es cierto que la nueva plataforma aporta ventajas como inmediatez, la fácil difusión en las redes sociales y otros soportes; a la vez, estos, se convierten en desventajas, pues la información por compartirse de una manera rápida, se vuelve superficial y se pierde la responsabilidad social que tienen los periodistas y los medios de ofrecer la historia lo más honesta posible, al menos así lo cree la fotoperiodista Sashenka Guitérrez Valerio.

Sashenka es fotoperiodista mexicana con más de nueve años de experiencia, actualmente trabaja en la Agencia EFE en América. En entrevista nos cuenta que ella sí percibe una crisis: “los editores creen que cualquiera puede tomar fotografías, no importa si es buena o mala. Se olvidan que hay teoría de la imagen, composición, encuadre, y todo lo que hace que sea una buena foto. Nos afecta que los jóvenes regalen su trabajo, es lo peor que pueden hacer.”

La digitalización ha permitido que los celulares tengan una calidad muy buena, cada vez hay más gente que tiene smartphones donde puede grabar y hacer denuncias ciudadanas. Es común que entremos a redes sociales y veamos publicaciones que escriben personas y que se comparten de forma viral. Empero, no sabemos qué información es cierta y cuál no.

“Está chido que la gente pueda compartir alguna situación que aqueja a la sociedad, el problema está en que muchas veces no hay responsabilidad en lo que se comparte. Además, los editores ven muy fácil bajar imágenes de internet” sin tomar en cuenta los aspectos legales.

Por otro lado, Ricardo Moya, fotoperiodista de los periódicos Reforma y Metro, cree que más vale publicar información tardía que algo mal hecho por la exigencia de la inmediatez. “Hay contenido que carece de rigor periodístico, como el caso de Lady Cien Pesos, Lord Rolls Royce. Lo preocupante es que se manejan con carácter noticioso, como si fuera algo relevante para la sociedad. Luego los periódicos o los mismos gobernantes se les hace fácil bajar fotos de Twitter y publicarlas como suyas, sin interesarse en dar los créditos correspondientes”.

En entrevista para este trabajo, el fotoperiodista considera que el problema es que todos desconocemos las leyes, no sabemos qué hacer en caso de que ocurra un caso así; “si utilizan nuestras fotos no sabemos qué hacer, no sabemos a quién acudir, y si nuestro propio medio nos da la espalda, estamos jodidos.”, afirmó el egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Inmediatez a costa de un buen trabajo fotoperiodístico

Internet sin duda tiene un aspecto fundamental y que lo aventaja sobre los medios escritos: la inmediatez. Sin embargo, su mayor virtud, se puede convertir en su principal desventaja, estamos frente a un arma de doble filo.

La digitalización abarca aspectos como la edición de fotografías, que en el gremio del periodismo gráfico está prohibidísimo, pues no se puede alterar la realidad, la modificación y edición de imágenes es una de las principales razones por las que un fotoperiodista pierde su empleo.

Los primeros casos identificados de manipulación digital según el libro Historia Crítica del Fotoperiodismo occidental, data del año 1989, donde en la publicación St. Louis Post Dispatch borraron una lata de Diet Coke en una fotografía de noticias, con el argumento de que se debería separar la publicidad del periodismo.

Y así abarca desde el movimiento de una torre de Giza para hacer más espectacular un encuadre, hasta el aclaramiento de un pezón de una adolescente para “no ofender” a los lectores, según información del Guardian Weekly.

Por otro lado, la inmediatez nos ha dejado casos memorables, por ejemplo, en México, causó mucho revuelo un tuit de la cuenta del gobernador de Veracruz, Javier Duarte, donde publicó la explosión en Complejo Pajaritos Coatzacoalcos del día 20 de abril del 2016. Añadió una imagen de una explosión, pero la imagen resultó ser de un bombardeo en Libia. De inmediato se lo hicieron saber los usuarios de Twitter que se dieron cuenta enseguida, y el escarnio hacia el gobernador no se hizo esperar.

En cuanto a leyes, tenemos el caso de un fotógrafo, Daniel Morell, que demandó a la empresa AFP por publicar sus fotografías del terremoto de enero del 2010 en Haití, además de que la agencia comercializó con ellas, vendiéndolas, según su autor, en un precio miserable por cuarenta y cinco dólares. El fotoperiodista haitiano demandó a AFP por ciento veinte millones de dólares, y ha dedicado los últimos años a luchar por su caso.

Según el portal web, La Información, Morell habría subido sus fotos a su cuenta de Twitter, de esta manera, AFP pudo descargarlas y presentarlas como suyas, además de venderlas a diversos medios, pues en el momento era noticia de coyuntura internacional. El escándalo que generó causó que se implementaran medidas más rigurosas para utilizar las fotos que son bajadas de la red, aportando sus respectivos créditos, y tratar de contactar al autor antes de que las utilicen.

Motivando a las nuevas generaciones de fotoperiodistas

Cuerpo robusto, camisa a cuadros de color azul turquesa con rosa, parece que por poco revientan los botones debido a la masa muscular. Pantalones anchos, de mezclilla, resistentes y cómodos para la acción. Se asoma para averiguar si es el salón correcto. Afirma con su celular los datos que le han proporcionado e ingresa al aula. Se trata del coautor de libros como Las Muertas del Estado y de Muchachos Perdidos.

Eduardo Loza ha trabajado en grandes medios como Claroscuro, El Universal, Emeequis, La Capital, además de muchos trabajos eventuales para medios y libros. El egresado de la UNAM, fue invitado a que compartiera su experiencia con los alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Desde que ingresó, se mostró muy atento con todos los que nos dimos cita para escucharlo. Tenía una presentación preparada en Power Point. Se trataba de su portafolio fotográfico. Mientras hablaba, las diapositivas pasaban automáticamente, una tras otra.

“Un problema grave que hay entre los fotoperiodistas, es que no hay apoyo entre nosotros mismos. No nos quejamos de lo que un editor, que no sabe nada de periodismo, que fue puesto ahí por negocios, quiera ordenar, quiera recortar alguna foto para que ingrese la publicidad. Ven a la foto como algo extra de la nota, algo que adorna” expresa Eduardo Loza.

Con una pierna colgando, balanceándola, y el resto de su cuerpo acomodado sobre el escritorio, Eduardo compartía sus conocimientos. A su lado, se encontraba su mochila, en la cual traía el equipo fotográfico que utilizaría ese día de trabajo. Aprovechó para mostrarnos un poco qué cámara usaba. Después de ofrecer la plática tenía que regresar a trabajar.

Los fotoperiodistas tienen que estar listos ante cualquier situación, se puede suscitar algún evento e inmediatamente tienen que acudir para cubrirlo. Loza cree que el fotoperiodista debe tener ciertas características si es que quiere meterse de lleno a esta profesión, como: arrojo; absoluto respeto a la gente que permite fotografiarla, no debemos olvidar que nuestra información es su intimidad; estricto rigor en el manejo de la información; estricto en la autocrítica; dominar el lenguaje fotográfico; dominar la técnica; abordar los temas con la mayor información posible; un reportero gráfico también hace pre-reporteo.

Casi al final de la sesión, y contestando a mi pregunta sobre qué ventajas y desventajas veía con la digitalización de la información, Eduardo está convencido y le gusta mucho que la información pueda viajar de una manera tan inmediata y masiva por la red. Además, es muy claro cuando opina que:

“Uno de los problemas importantes siempre será el rigor y la calidad de lo que se publica. No es un problema nuevo, entiendo que en todas las épocas se ha publicado “basura” o banalidades o “mentiras”. Hoy lo grave es, supongo, la consecuencia viral de la difamación o el escarnio público global que puede destrozar una reputación en pocas horas. El único camino que tenemos los periodistas, como siempre ha sido, es producir nuestros contenidos con estricto rigor.”

Muy atentos, y con ganas de no querer que acabe el horario asignado para la presentación de Eduardo, despedimos al fotoperiodista entre aplausos, aplausos de admiración tras quedar atónitos de su trabajo inédito que acabamos de presenciar a través del proyector, fotografías que no tan fácilmente se pueden encontrar en la web.

Entonces, ¿hay crisis en el fotoperiodismo?

Hasta este punto, hay distintas opiniones entre los fotoperiodistas abordados sobre la situación del fotoperiodismo en México. Mario Alberto Castillo, fotoperiodista freelance con más de veinticinco años de experiencia, cree que hay tres factores cruciales para ser un buen fotoperiodista, pues la historia la debes plasmar de manera ética, honesta y profesional. Para él, lo mejor es ser testigo de la historia.

Alberto se ha especializado en el tema de deportes, es el fotógrafo oficial de la Liga de Futbol Americano Amateur. Representa a otro sector del fotoperiodismo, pues no trabaja en un medio como tal, es proveedor en la empresa Terra, pero no deja de ser freelance, no cambiaría su situación, pues dice que de esta manera gana lo que quiera; al igual que Sashenka, cree que lo peor que puedes hacer es regalar tu trabajo.

“Hay una crisis muy marcada por la digitalización, pues se cree que comprar una cámara ya te hace fotógrafo. Y por otro lado, los editores de fotografía, no saben nada de aspectos técnicos. Pero de esa crisis todos somos culpables, hemos permitido que pase eso.”

Ricardo Moya, al contrario, está seguro que actualmente no hay una crisis en el fotoperiodismo, pues se debe hablar de una crisis cuando haya ausencia y desinterés. “Lo que hay es una desorientación sobre cómo actuar con este tipo de información. Cómo identificar la foto periodística de una foto ciudadana.”

Alfredo Estrella, fotoperiodista de AFP, opina sobre este aspecto que la competencia mal sana afecta a todos por la carrera de publicar lo más pronto posible la nota. “Reforma y El Universal son especialistas en bajar fotos de internet, de personas ajenas, Twitter y Facebook. Cuando se podrían llevar varias demandas por las mismas imágenes. Pero hay un vacío legal, ni los medios, ni los periodistas, ni los lectores están enterados de qué pueden hacer en esos casos.”

Los fotoperiodistas están luchando porque se respete su trabajo, y deje de verse como relleno en las páginas de los periódicos. “Para la gente que está afuera, somos aprieta botones, es mi pelea de todos los días, piensan que no sabemos ni leer. Cuando en realidad hay que estar súper informados. Conocer de todo, leer de todo” opina Sashenka Gutiérrez.

En cuestiones de seguridad los de afuera – provincia- son los que de verdad sufren, como son territorios súper pequeños los tienen ubicados. Alfredo Estrella cuenta que hace ocho años que la Agencia France Press no tiene corresponsales en esos sitios porque los periodistas viven amenazados, por ejemplo, Los Zetas tienen una lista con todos los nombres y sus direcciones, por eso actualmente sólo se llegan a ver videos de las balaceras a través de redes sociales.

Eduardo Loza es muy específico en opinar acerca de si hay una crisis en el fotoperiodismo:

“Están en crisis los espacios en los medios de información. Está en crisis el criterio gráfico de los empresarios y directivos de los medios. Sobre todo porque se privilegia lo comercial por la información.

“Por fortuna, prosigue, aún existen profesionales, editores y medios que hacen esfuerzo por tener espacios para la fotografía periodística. Y bueno, con frecuencia se crean nuevos sitios en la red que algún día serán opciones reales para los fotoperiodistas; me refiero a que podamos publicar y recibir un pago por el trabajo”.

No cualquiera puede practicar el fotoperiodismo. Pocos son los valientes que están dispuestos a arriesgar su vida, desde una manifestación hasta un desastre natural. Su responsabilidad es para con la sociedad, y lo tienen muy claro. El no poder retocar las imágenes, pues se peude interpretar como modificación de los hechos, hace que la técnica fotográfica se mejore más y más, para poder lograr un buen resultado.

Se enfrentan a muchos obstáculos, pero son más las ganas para cumplir su trabajo, ética y profesionalmente.





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