lunes, 21 de noviembre de 2016

LA SANGRE AZUL: FIDELIDAD, ENTREGA Y PASIÓN

Por Armando Montes Ramírez
Ciudad de México (Aunam). ¿Ha entrado, alguna vez, a un estadio vacío? Parece en las gradas, debajo de la portería, en la mitad de campo, donde usted guste. Vea hacia el tablón, aquel lugar dónde miles de barristas saltan y cantan sin parar, no existe algo más triste en un partido de fútbol que su ausencia. Intente disfrutar del “deporte más hermoso del mundo”, sin los cantos de ellos. Hoy la directiva del Club Deportivo Cruz Azul optó por dejar “la general norte” vacía; ha decidido vetar a La Sangre Azul de su cancha.


La Sangre Azul, la barra que alienta sin condiciones, que nunca abandona “al cementero”; sus integrantes recuerdan con melancolía los días en los que llenaban de color el estadio con los mosaicos en la cabecera, que ensordecían e intimidaban a los visitantes con el sonar de las trompetas, tambores y cánticos que desgarraban la garganta de cada uno de los integrantes.

Un cardiólogo, sin duda, sentenciaría bradicardia a lo que vive el Estadio Azul, el corazón del coloso late lentamente, se queda sin sangre, sin una sangre azul que recorre media capital para alentar sólo afuera del estadio; que a veces pasa hambre, fríos y penurias para viajar a otro estado sólo para ver a su equipo; que lo único que quiere es ser campeón otra vez.

El concepto del ‘barra brava’.

Mariana Conde, licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y quien ha estudiado el fenómeno social de los ‘hinchas’ en Argentina, recuerda, “la denominación de ‘barra brava’ proviene, de una definición que se usaba con frecuencia en la prensa argentina en los años de 1980, para referirse a los grupos que causaban todo tipo de desmanes”.

Por su parte Fernando Segura Trejo, doctor en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París, Francia, define a las barras bravas como un grupo organizado que monopoliza ciertos espacios y momentos en el aliento y el apoyo de un equipo de futbol. También asegura que dentro de estas agrupaciones hay una estructura jerárquica: Los jefes, los encargados de brindar protección a éstos y de organizar los cánticos dentro y fuera del estadio, y por último los demás miembros que son la carne de cañón al momento de las confrontaciones entre barras.

Este concepto fue adoptado por México en la década de los 90. De acuerdo con Raúl Parra y Raúl Álvarez, estudiantes de la licenciatura. de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), en su trabajo de investigación “Una manera de vivir el fútbol”. El ‘barrismo’ fue traído por el directivo argentino Andrés Fassi —actual vicepresidente del Club Pachuca—, quien en 1996 creó la primera barra brava en México, La Ultra Tuza, que agrupaba aproximadamente a 500 miembros.

Sin embargo, el único reconocimiento obtenido fue el ser la primera barra brava mexicana, puesto que se vio superada por ‘hinchadas’ de otros equipos con mayor convocatorio nacional o regional como: Libres y Lokos (Tigres UANL), La Adicción (Monterrey), La Monumental (Club América), La Rebel (Pumas UNAM), La 51 (Atlas), La Sangre Azul (Cruz Azul), La Irreverente (Chivas), entre otras.

“Cruz Azul, mi buen amigo”, el inicio del sueño


En diciembre del 2000 empezó la idea de crear una verdadera hinchada que pudiera hacer espectáculos innovadores al más puro estilo sudamericano, por lo que algunos integrantes se salen de La Ultra Azul para poder a iniciar con la organización de una nueva barra brava que posteriormente sería bautizada como La Sangre Azul.

Es hasta enero del 2001 en un partido entre el Cruz Azul vs Irapuato, en el que dicha barra haría su debut y serían recompensados con la victoria de su equipo con un marcador 4-2 sobre la escuadra ‘fresera’.

El número de integrantes, al principio, era de 500 personas aproximadamente. Con el paso del tiempo, se integrarían más individuos, hasta llegar aproximadamente a diez mil miembros, sin embargo, los resultados de su equipo harían que algunos abandonaran la barra. “Esos son pechos fríos, sin aguante, como dicen si no estuviste en las malas no vengas en las buenas”, diría Erick Zúñiga.

En esta barra destacan varios frentes —grupos que integran a la hinchada que provienen de diferentes partes de la ciudad o del país— como: Constitución de 1917, Aragón, Azcapotzalco, Atizapán, Iztapalapa, Xochimilco, Naucalpán, entre otras, en la Ciudad de México; Toluca, Cuernavaca, Ecatepec, Oaxaca, a lo largo del país; y la de San Diego en Estados Unidos.

A partir de ese año, los más fieles se quedarían en la barra, un reflejo de esta entrega y compromiso es el cántico de cada inicio de torneo, que todos en el ‘tablón’ entonan: “Cruz Azul, mi buen amigo, esta campaña volveremos a estar contigo, te alentaremos de corazón, esta es tu hinchada que te quiere ver campeón, no me importa lo que digan, lo que digan los demás, yo te sigo a todas partes y cada día te quiero más…”

“Señores yo dejo todo, me voy a ver al chemo”


Como cada quince días, La Sangre Azul de Constituyentes, que se organiza en la delegación Iztapala, se da la cita en el Soriana de la estación del metro UAM-I. En lo que se espera a los demás integrantes, algunos entran al supermercado por cervezas para matar la sed, otros afinan las trompeta y tambores, dejan los palos de pvc para las banderas en el suelo, todo para estar preparadas cuando llegue la hora de ir al estadio.

La mayoría de los integrantes dejan a la novia, al novio, a la familia, en sus casas; algunos salen temprano de trabajar, todo para vivir un buen rato con su segunda familia: La Sangre Azul.

Los elementos de seguridad del Soriana llaman a la policía sólo para que vigilen que los integrantes no hagan ninguna de sus maldades; “no estamos haciendo nada, pero ahí vienen como siempre, nada más a cagar el palo”, dice Alan Zúñiga trompetista de la barra de Constituyentes.

Se juntan alrededor de 100 personas, todos con playera del Cruz Azul; dos policías se bajan de la camioneta… “No pueden tomar en la vía pública, jóvenes. Pueden hacer favor de retirarse”, dice uno de ellos. Con disgusto los integrantes de la barra se retiran del establecimiento, se dirigen a la casa de uno de los integrantes para dejar las cosas y después irse a tomar a un bar clausurado, por la calle de Camino Viejo Real de San Francisco, en la colonia Los Ángeles Iztapalapa.

Las estopas mojadas de activo, los churros de marihuana y las cervezas bien muertas empiezan a rondar por los barristas, con “lo que gustes cooperar” te da el acceso a consumir lo que quieras.

—Chinguese una cerveza, con este calor nada se te sube, es más si te quieres poner locochón ahí está el activo, total hoy estamos de fiesta, me dice “El Cuete”, un barrista de baja estatura y alrededor de 15 años de edad.

Realmente era una fiesta, las salsas, guarachas y cumbias suenan a todo lo que podía las bocinas de un ‘vocho’; cada uno de los integrantes convivía como si fueran una familia, compartían vaso de michelada o pulque, la ‘mona’ o el ‘churrito’; se abrazaban, platicaban entre sí, hoy los unía la pasión por su equipo.

Las manecillas del reloj sentencian las dos y media de la tarde, es la hora de regresar por los instrumentos y trapos. “A ver banda, la manta de constituyentes va a estar al frente, atrás de ellos van instrumentos, los de las banderas pónganse dónde se les hinche el huevo y al final todos, quiero que pongan huevos, como si fuera el último partido”, organiza Javier “El Perry” Gutiérrez, uno de los líderes de La Sangre Azul de Constituyentes.

Redoblan tambores, la música de viento marca el ritmo, las banderas son hondeadas “¡¡Consti!!, a poner huevos banda…”. “Señores yo dejo todo, me voy a ver al chemo, porque sus jugadores me van a demostrar, ¿qué cosa?, que salen a ganar, que quieren salir campeón, que lo llevan adentro, como lo llevo yo”, todos a una sola voz, con entrega total.

“Desde pequeño te vengo a ver y me persigue la policía”

De acuerdo con información publicada por Azteca Noticias, en el último partido de la temporada regular, el 7 de mayo del presente año, Cruz Azul vs Tigres, más de dos mil elementos de la Secretaría de Seguridad Publica de la Ciudad de México (SSP-CDMX) fueron desplegados dentro y fuera del Estadio Azul para garantizar la seguridad de los asistentes.

No es la primera vez que dicha Secretaría aporta una gran cantidad de elementos policiales para un partido del Cruz Azul, puesto que en el partido anterior, el 16 de abril, contra Santos se proporcionaron alrededor de mil 800 elementos, menciona Noticas MVS en su portal.

La Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, informó en un comunicado, que el objetivo de los operativos es la prevención de alteraciones al orden público, para proteger la integridad física de los asistentes al evento, así como agilizar la vialidad.

Por ello, se instalan filtros en las inmediaciones del estadio para que los aficionados no ingresen con objetos que dañen a terceros, como armas punzantes o de fuego, piedras, papel picado, pirotecnia, palos, entre otros, aclaró en el mensaje.

Además de los objetos anteriormente señalados, en el artículo 141, apartado 2, de la Ley General de Cultura Física y Deporte, se menciona la regulación de ingreso de banderas, carteles, pancartas, mantas o elementos gráficos que atenten contra la moral, la sana convivencia o inciten a la violencia.

Por lo que todo aficionado que altere el orden alrededor del estadio o dentro de él, será sancionado de acuerdo con la gravedad de la conducta, que va desde la expulsión inmediata de las instalaciones deportivas hasta la suspensión de uno a cinco años del acceso a eventos deportivos masivos, de acuerdo con el artículo 152 apartado 5, de dicha ley.

Sin embargo, una vez que llega La Sangre Azul, durante el primer filtro les permiten entrar con los materiales de apoyo que permiten exaltar los cánticos de la barra; incluso las personas que traen el activo lo vacían en botellas de gel antibacterial para que se les permita el ingreso.

—Siempre es lo mismo, carnal. Cuando nos revisan se pasan de lanza, algunos nos hemos llevado codazos o patadas de los polis, pero siempre estamos con lo que queremos, esos pinches puercos solo quieren bronca y nos provocan —, dijo “El Perry”.

—¿Cuántas veces has tenido bronca con la policía?

—Desde morro vengo a ver los partidos del Cruz Azul, me traía mi hermano cuando tenía ocho años. Recuerdo que la primera vez fue en un partido contra Tecos. Los policías como siempre buscan provocarnos, le aventaron el escudo a mi hermano, pero a mí me tocó una parte, yo me encabroné y le receté una patada al puerco; incluso antes de que nos metieran al túnel del estadio comencé a lanzar vasos de cerveza que me encontraba en el suelo.

—¿No temes que te metan al bote o te lleven a la delegación por responder las agresiones de los policías?

—Nel, cuando nos llevan, la banda coopera para sacar a los detenidos, por estos colores yo doy la vida.

Una vez que pasan el primer filtro de seguridad, el carnaval continúa, La Sangre se hace notar, brincan, aplauden y entonan a una sola voz, al ritmo de la cumbia: “Desde chiquito yo te vengo a ver, y me persigue la policía, no sé hasta cuando me van a joder, no se dan cuenta que tú eres mi vida…”

El carnaval de cada quince


La hinchada que nunca abandona, ni en las buenas ni en las malas; a pesar de estar vetada del estadio llega una hora antes de que empiece el partido contra Pachuca. Entonan el mismo cántico de cada quince días “que vamo’ a salir campeones este año, ustedes poniendo huevos y yo alentando…” mientras llegan por la calle de Maximino Ávila Camacho, acompañados por el tronar de las baquetas y la música de viento.

El azul y blanco predomina en las playeras, gorros, pulseras y hasta en los tatuajes de los integrantes que prometen amor eterno. Con un concierto de cánticos ‘celestes’ esperan la hora anhelada.

El reloj ya sentenciaba las cuatro de la tarde con 45 minutos, el partido estaba a punto de comenzar. Las banderas, trompetas, tambores eran guardados. La incógnita entre la banda era ¿quién tiene boleto para entrar? Desde el veto los boletos para la barra son al doble, en esta jornada con un Sor Juana podías entrar sin problemas.

En la famosa ‘puerta 8’ del estadio está el pasillo que da directo al tablón, el lugar en el que La Sangre Azul ha protagonizado los mejores carnavales de todas las barras mexicanas. Hoy sólo aceptaba a no más de 300 personas.

La venta a la zona estaba prohibida, la única forma de conseguirlo era por medio de los capos de la barra, pero eso no importa con cualquier boleto que se compre en platea entras; “Con tal de que vengas con la porra, no hay falla”, dice uno de los encargados de seguridad del estadio.

Los tres filtros de seguridad parecen eficaces, los policías bolsean todo lo que se pueda y hasta lo que no. Obligan a las personas a quitarse los cinturones, revisan la gorra y todos los bolsillos posibles con el fin de no entrar con algún arma o droga al estadio; sin embargo, los ‘toques’ de marihuana en la sección de la barra están a la orden del día.

El árbitro pita el inicio del partido, rueda el balón pese a que sólo son alrededor de 300 personas el canto se escucha en todo el estadio: “Vamos Cruz Azul queremos la copa, la hinchada está loca y yo quiero verte campeón, yo te voy alentar como todos los años…”. Como pasa el rumbo del partido cambian de cántico: “Yo soy celeste”, “Cruz Azul es un sentimiento”, “No importa que diga el periodismo, la policía” Todos los cantos desgastan la garganta de cada uno de los integrantes.

“Señores yo tengo huevos, yo tengo aguante y sigo a los celestes a todas partes”

Eran aproximadamente las 7 de la mañana del domingo primero de mayo de 2016, junto a Erick Zúñiga y su hermano Alán, haríamos el viaje hacia Toluca para ver el partido de la jornada 16 del torneo Clausura 2016. “Muchos creen que nosotros tenemos una remuneración económica o somos de baro para poder viajar con el fin de apoyar al equipo. Las personas no saben lo que uno sufre como barrista para ir con el equipo de visita”, dice Alan Zúñiga.

Con el frío que calaba los huesos, en la estación observatorio, recordaban los hermanos Zúñiga lo que tuvieron que hacer toda la semana para conseguir el dinero para el viaje…

—¿Te quedaste sin desayunar o te fuiste a fletear con el ‘Don’ de la recaudería?, le preguntó Erick a su hermano.

—Ambas, carnal. Ya sabes que siempre cuando necesito baro para ir a los viajes me tira paro el ruco. Ahora espero que estos cabrones pongan huevos y que valga algo la partida de madre que me metí.

—Estás cabrón. Yo la neta fui a vender uno de mis celulares viejitos y ya con eso saqué.

El tiempo pasaba y los integrantes llegaban poco a poco, unos comían su ‘guajolota’ con un atole, otros castigarían el estómago porque traían sólo lo necesario para el ‘ticket’ del estadio y el transporte.

Los rostros estaban llenos de esperanza y a la vez de nervios, hoy el Cruz Azul jugaría un partido importante para su clasificación; era matar o morir, ganar o ganar, no había de otra, tenían que ganar los tres puntos para mantenerse con vida en el torneo. Y como siempre ahí iban a tener el apoyo de su gente.

Entre una hora, hora y media de camino, algunos aprovecharon para dormir lo que les hizo falta la noche anterior. Otros para platicar y echar fiesta entre ellos. Una vez terminado el viaje, empezaría la verdadera fiesta. “Hoy les enseñamos a esos putos diablos como se debe de alentar”, dijo Eduardo Martínez, integrante de la barra.

Como era viaje la primera canción que cantaron era: “Señores yo tengo huevos, yo tengo aguante y sigo a los celestes a todas partes. Cruz Azul es un sentimiento que se lleva dentro, daría toda mi vida por ser campeón...”, con más ganas de lo normal, la confianza en la escuadra de Tomás ‘El Jefe’ Boy era total.

Durante todo el partido cantaron sin descansar, la armonía entre equipo e hinchada era tanta que ‘la maquina cementera’ ganaría el partido 2-0 con una actuación notable, que los pondría como favoritos para clasificar a la liguilla pasada. Porque esta...

La felicidad inundo los rostros de los hinchas, algunos lloraron de la emoción, el regreso fue aún más de fiesta, canto tras canto, las voces ya casi perdidas no eran pretexto para dejar de alentar. “Está felicidad no me la quitas con nada pinche poli”, se escuchó dentro del camión de regreso cuando policías escoltaban para evitar algún altercado.

“Cuando mires al tablón, verás un carnaval. Sólo nunca vas a estar”


‘Pseudoaficionados’, ‘revoltosos’, ‘vándalos’, ‘delincuentes’ entre otros son los sobrenombres que reciben por parte del periodismo deportivo mexicano. “Como auténticos delincuentes tienen que ir a prisión” sentenció durante el partido de liguilla del 2015 Atlas vs Guadalajara el comentarista de Televisa: Pedro Antonio Flores.

Ante estos peyorativos contantes de los medios de comunicación, Eduardo Martínez, integrante de La Sangre Azul desde el 2010, declaró “Muchas veces no se menciona en los medios, como la policía nos agrede, nos insultan; en varias ocasiones te agarran en grupito, te sacan del estadio sin ningún motivo y cuando algunos integrantes responden a dichos actos, es ahí donde empiezan a satanizar a las barras”

Él considera que fuera de estos prejuicios, entrar a una barra es como integrarte a una segunda familia, puesto que compartes la pasión con otras personas que apoyan al mismo equipo; “yo he visto mucha unidad en esta barra, el amor que tiene La Sangre Azul hacia la institución es algo que ninguna otra ‘hinchada’ tiene por su equipo”, comentó al diferenciarse de las otras barras mexicanas.

Después del fracaso en la Copa Corona MX, al caer contra el Necaxa en las semifinales, espera que el apoyo no al equipo no se vea afectado: “Sí es otro fracaso, como los últimos que hemos tenidos, pero ahí vamos a seguir esto no es cuestión de campeonatos sino de amor hacia el escudo, a los colores, a la institución”.

Como él, la mayoría de los integrantes fieles al equipo, opinaron lo mismo cuando se les preguntó sobre el apoyo en la última jornada de la Liga ante la escuadra de San Nicolás: “aquí siempre vamos a estar”, “los malos resultados te afectan, pero la fidelidad muy pocos”, “si nos subimos a este barco es porque nunca lo vamos a dejar”, “amamos al equipo no los resultados”, fueron las respuestas más recurridas.

Cruz Azul y Tigres de la UANL se disputarían el último boleto a la liguilla, la afición respondió con un lleno total; los boletos se agotaron el mismo día de la venta el 2 de mayo de 2016. Tras el resultado que se logró en Toluca, la afición en general confiaba que por fin regresaban a la ‘fiesta grande’ del futbol mexicano después de varios torneos de ausencia.

A pesar de la confianza en el equipo, el ambiente era tenso; la afición ‘incomparable’ se hizo presente en la zona de porra visitante y La Sangre, a pesar de ser pocos, no podía faltar. Una guerra de cánticos, que impulsarían a ambas escuadras a luchar con todo por la clasificación, o al menos eso debió de haber pasado con la escuadra ‘cruzazulina’, ante su gente no se podían dar el lujo de fallar.

Las estadísticas históricas favorecían, totalmente a la escuadra de San Nicolás de los Garza, puesto que Cruz Azul cuando se juega el pase a la liguilla en instancias finales, su porcentaje de efectividad es bajo.

Lamentablemente la confianza de la afición celeste desaparecería rápidamente puesto que en el primer tiempo la escuadra felina metería dos goles que dejó a la maquina cementera ante las cuerdas.

Al medio tiempo los aficionados perdieron toda esperanza, la frustración se notaba en los gritos, en algunos rostros que lloraban porque, como otro año más, estarían lejos, demasiado, de ser campeones otra vez.

En el segundo tiempo, los jugadores siguieron sin responder, no querían hacer su trabajo, no peleaban los balones, mucho menos conectaban más de 5 pases. El campeón, los tenía totalmente desaparecidos. La masacre la culminaría Andre-Pierre Gignac, que tras un magistral pase filtrado por parte de Lucas Zelarayán, definiría de manera poética con un balón cruzado pegado al segundo palo. Razón suficiente por la que gran parte de la afición abandonaría el estadio. La Sangre Azul se quedaría en su sección.

Y seis meses después, todo se repite. Otro año más sin que Cruz Azul clasificara a liguilla, “estos pende… no siente los colores, no quieren a la institución, les hace falta amor por este pin… escudo”, decía un integrante de la barra al otro lado del tablón mientras las lágrimas en sus ojos aparecían.

“Nosotros no merecemos esto, siempre estamos apoyando, vamos a dónde van, siempre de visita o de local y mira como nos responden, esta directiva no hace nada, nos traen a puro petardo que no se rompe la madre, aunque pierdan, pero mínimo que se rompan la madre”, dijo Alan Zúñiga.

“El fútbol no es justo, bien por los regios, que su directiva sí les responde y ellos siempre están. Nosotros siempre estamos y a nuestra directiva le valemos madre, así como los jugadores”, comentó Erick Zúñiga.

Así es el fútbol, como en todo deporte a veces se pierda en otras se gana, sin embargo, Cruz Azul ha demostrado que se puede perder casi siempre. La directiva sabe que el apoyo siempre va existir porque su afición es fiel, el ejemplo más claro es que a pesar de estar vetados van a la cancha, aunque se queden afuera del estadio. Así es la vida del hincha.

“Venga banda despidamos a este equipo, el próximo torneo es el bueno…”, más de fuerza que de ganas, con lágrimas y llantos, se despedirían con el último cántico del torneo: “Una reja me separa del amor que está en mis sueños. Cruz Azul no pido nada, sólo quiero dar la vuelta. Porque aquí están, los que cantan con pasión, los que ponen corazón, nunca te abandonarán, cuando mires al tablón, verás un carnaval. Solo nunca vas a estar.”

Ya ha pasado más de un año desde que la directiva optó por vetar del estadio a La Sangre Azul y no se ha emitido algún comunicado o notificado sobre su situación con el equipo y la entrada al estadio. Sin embargo, esto nunca será un pretexto para que la barra esté presente cada quince días en el estadio, aunque su única recompensa sea el ver a un jugador bajando del autobús mientras ellos cantan y brincan de alegría.



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