viernes, 25 de noviembre de 2016

LOS OLORES DEL CHEDRAUI

Por Gabriela Jiménez Arellano
Ciudad de México. (Aunam). Al final de la calle 239-A nace un riachuelo blanquecino, burbujeante, bebedero de moscas y hogar de pedazos de verdura descompuesta. Lo sigo, aumenta el color, aumenta la textura, aumentan los zumbidos y disminuye la sanidad. Los habitantes de la Colonia Agrícola Oriental pasan tapándose la boca, nariz, oídos, cara, quisieran que desapareciera la escena como desaparecen sus rostros detrás de sus manos. Este hedor a carro de basura no es común en las demás calles y colonias de Iztacalco.


El hilito de pestilencia me guía hasta Chedraui, la tienda de autoservicio en la que durante dos meses acampó el gremio del Mercado Sur 16, para impedir la apertura del establecimiento, hasta esta madrugada, cuando 100 encapuchados los intimidaron con palos e hirieron a Ignacio, uno de los campistas, con una navaja en el costado izquierdo.

A las 16:00 horas, más que un supermercado parece hogar comunitario de vagabundos, abandonado y destruido por dentro, pero con espacio suficiente para una centena de ellos.

Me acerco y la confusión aumenta. Es difícil saber si los hombres de negro, con cachucha, macana y radio en mano, son vigilantes o guaruras, o si protegen a los glotones, quienes piden tacos sudados de chicharrón, frijol y papa con salsa bien picosa, (desconozco si para sazonar el taco o para distraerse del olor a putrefacción), la nariz les escurre, se constipan y les resulta más fácil ignorar la pestilencia.

Le pregunto a uno de los hombres de negro qué pasó y se niega a contestar, me invita a no pasar del umbral. Le muestro mi acreditación como reportera, pero el agente de seguridad privada SWAT es tajante. Doy media vuelta, alrededor están estacionados cuatro vehículos que lucen una estampa de las empresas de seguridad EL TIGRE y SWAT.

Conforme avanza la tarde el olor se asienta, pero eso no es impedimento para que los comerciantes trabajen, les da igual un olfateo extra. Enfrente del acceso a la tienda, Abigail Díaz instala el puesto de artículos deportivos, no se permite un día más de pérdida, el 17 de octubre no pudo ni bajar la mercancía del auto; la calle estaba atascada de embutidos verdosos, montones de fruta aguada, alimentos que al menor movimiento despedían acidez podrida. “Ni modo, tuvimos que regresarnos. Hoy tampoco me daban ganas de venir, pero el olor ya no es tan fuerte y si no trabajo, serían tres días sin ponerme, porque mañana es miércoles y el tianguis descansa ese día.”


Abigail no le hace mucho caso al asunto, la gente siempre busca pants baratos y de marca, como los que ella vende. En CHEDRAUI “no venden a precio”, Abigail sí. A los del tianguis no les afecta la tienda como a los que venden en el Mercado de la Sur. Ella sólo se dedica a escucharlos cuando reparten volantes, ni los apoya ni los critica, “ellos tendrán sus razones”. Espera que los camiones se lleven el desperdicio que se acumuló por dos meses. Su nariz ya se acostumbró al olor reacio.

Son pocos los vecinos que aguantan el hedor. Miran como el personal de limpieza pasa y se va con diablos retacados de basura, los echan a los camiones, pero la pestilencia sigue encharcada en las calles, blanca, supurosa; las moscas beben el agua fétida, se levantan y comienzan a hacer barullo en los oídos de Arturo Cervantes y Guadalupe Ruiz, quienes observan con indignación y asco el estancamiento, más con indignación. Ninguno de los dos sabe contra quién es más grande su molestia, si contra el delegado por no mandar a desensolvar las coladeras desde el mediodía, o con los locatarios por haber establecido un campamento de dos meses frente al centro comercial, sin permitir la entrada ni la salida.

“Es mentira eso de que todos los vecinos los apoyan, ¿tú crees que vamos a apoyar esto? Apesta, si ellos hubieran permitido que los de la tienda sacarán desde el inicio la comida nada de esto estaría pasando. No sé si sea verdad eso de que anoche los sacaron a palos, y menos de que un muchacho salió herido. Son bien mentirosos, andan diciendo que nosotros los apoyamos, cuando a nosotros nos da lo mismo, algunos hasta queremos que lo construyan porque ya no tendremos que ir hasta Rojo Gómez (avenida principal) al súper; además, se quejan y nunca abren temprano el Mercado de la Sur 16, hasta se portan groseros cuando te atienden, por mí estuvo bien que los quitaron. Lástima que huela tan gacho.” Recuerda Arturo.

No hay ni un solo rastro de los locatarios, sangre, cartelones tirados o algún rezagado, es como si nunca se hubiese establecido un campamento frente al consorcio. Lo único que puede advertirse, si acaso, es la inconformidad, las mantas pegadas en el mercado: “Los locatarios del Mercado Sur 16, estamos en contra de la construcción del CHEDRAUI.” El tiempo transcurre como cualquier jueves, es como si hubieran hecho recorte del tiempo.

Silvino Núñez, vendedor de especias en el local cuatro del Mercado Sur 16, mira pasar a las marchantas, se distrae un rato con las noticias y fastidiado apaga la televisión. Hace cuentas de lo que ha vendido y abre las imágenes de su celular. Sigue lamentándose no haber tomado medidas preventivas la tarde anterior.

“Estaban paseándose desde el medio día. No me pareció normal porque los muchachos no eran de la colonia, además se la pasaban rondando, medio se acercaban, como si estuvieran vigilándonos. Lo dejamos pasar. No le insistí a los demás, pero ya lo veía venir. Después comenzaron a llegar más y todos hacían lo mismo, nos tanteaban. Además ¿qué podíamos esperar? Desde antes ya nos habían amenazado y súmale que nos estaban apoyando dos ex delegados de Iztacalco y la diputada Citlalli Hernández. Era mucho el ruido”, relata Silvino.

Aún recuerda la mirada perdida de los muchachos que los jalaban, empujaban y hasta golpeaban con los tubos en diversas partes del cuerpo, su olor a activo cada que el puño se impactaba en el ojo de cualquiera de ellos. No olvida el dolor en la pierna ensangrentada de Ignacio, fluía como fluía su impotencia por no poder detener a esos “chamaquitos cabrones”. Ignacio fue trasladado de inmediato al hospital Xoco, ¿cómo decirle, cuando regrese que ya no hay movimiento, pero que sí va a encontrarse un supermercado en funcionamiento completo?






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