jueves, 5 de mayo de 2016

UNA MEXICANA VS. LOS MONSTRUOS DE LA MODA MUNDIAL

Por Karina López Gaona
México (Aunam). Tres punto dos kilómetros de ostentación. Probablemente esa distancia alberga en las tiendas distribuidas sobre sus aceras, millones de dólares, porque al hacer un cálculo del valor de la mercancía de boutiques de joyería como Tiffany & Co, tiendas de ropa como Louis Vuitton, restaurantes Bistro, una agencia Mercedes Benz y cajeros automáticos, uno se percata de la razón por la que Presidente Mazaryk es considerada una de las avenidas más prestigiosas de la colonia Polanco en la Ciudad de México.


El pavimento sale del estándar del resto de la capital, no solo por su limpieza, sino por los mosaicos cuadrados de cemento que cubren las banquetas de la avenida. La reciente llegada de la primavera ha provocado que turistas y residentes saquen del closet vestidos floreados, bermudas, blusas de tirantes, lentes de sol, sombreros y shorts.

La temperatura obliga a que algunos transeúntes tomen un descanso en las bancas de madera que se enclavan en los filos de las banquetas cada cien metros; ideal para buscar sombra bajo alguna palmera artificial. O bien, acuden a las terrazas de los restaurantes para leer un libro, tomar una copa de vino tinto, disfrutar de un almuerzo gourmet o fumar un puro.

Los caminantes extranjeros tienen la piel quemada por el sol, ésta se ha tornado roja; se distinguen por vestir blusones sueltos, shorts de denim y sandalias de playa. El letrero de “Zona Hotelera” indica el sentido que debe de tomar el caminante para llegar a la misma; la fachada marrón, decenas de ventas azuladas y la palabra Marriot, entintada en carmín, se pueden observar desde la avenida Presidente Mazaryk.

Quince perros bull dog francés son paseados por sus respectivos dueños, la popularidad de aquella mascota bombardea la avenida. Familias de judíos, quienes fueron de los primeros pobladores de la colonia Polanco a inicios del siglo XX, resaltan sus raíces al hablar hebreo con sus acompañantes y al portar en la cabeza su tradicional kipá. El viento se ausenta y una prueba de ello es la estaticidad de las hojas de los árboles plantados sobre el camellón que divide la avenida.

Lorena Saravia vs Louis Vuitton

Un cuarteto de albañiles con playeras de Comex y el Partido Verde instalan y refuerzan una palmera artificial y césped de la misma categoría frente a la boutique de Lorena Saravia, la única diseñadora mexicana presente en la avenida Presidente Mazaryk. La tienda está al extremo opuesto del conglomerado de establecimientos de lujo y moda internacional.

La fachada de la tienda tiene láminas de fierro oxidado y un logotipo grecado color blanco, todo como concepto creativo de la marca. Los aparadores destacan los maniquíes negros enfundados en diversas creaciones de la diseñadora; el más llamativo, un vestido satinado carmesí.

El olor a jazmín y lavanda es evidente por las velas blancas que ahí se venden; el techo está cubierto por siete hileras de lámparas- en total son 48- que alumbran los seis tubos metálicos en forma de U que están plegados a la pared de cemento e incrustados al techo de madera: tres a la izquierda y tres a la derecha; todo para colgar las prendas.

Clientas de Lorena Saravia salen y entran de los dos vestidores que se encuentran al fondo de la tienda, el sonido del correr de los aros metálicos que sostienen las cortinas de terciopelo gris las delata, buscan el mejor atuendo para los eventos que, menciona una de ellas, tienen esa misma noche. Una mujer de 50 años, Marina Estrada, recorre la tienda y es seguida por Mónica, la asesora de la tienda, quien le muestra un vestido satinado, pero la clienta no está satisfecha.

Mónica no logra convencer a Marina Estrada y le dice “no se preocupe, llamaré a nuestra otra sucursal y seguro le traen lo que busca”. De pronto sale Mauricio Flores de la bodega que se encuentra en el sótano de la tienda, en donde se guardan bolsas acartonadas en las que las clientas se llevan su mercancía, le da a Marina Estrada una botella verde que contiene agua mineral y le ofrece asiento en uno de los sofás individuales de terciopelo beige.

Marina Estrada se levanta de su asiento y opta por adquirir un pantalón de vestir de chifón, enseguida Mónica le cobra y la clienta usa su tarjeta de crédito para desembolsar más de tres mil pesos; ésta sale y alivia a los vendedores porque fue una de las primeras compras de ese día.

Mazaryk en la cuerda floja


Mauricio Flores es el encargado de ventas de la tienda, éste porta unos lentes de armazón café y una playera azul con la palabra: New York. Él menciona que “el tránsito de gente en esta avenida ha disminuido a raíz de la reapertura, hace cuatro meses, del Palacio de Hierro que está a una calle”.

Mauricio Flores recalca que la reinaguración del Palacio de los Palacios, como es llamado por los medios de comunicación, ha afectado el comercio en Mazaryk. “Ahora por comodidad todos prefieren ir ahí porque se concentran todas las marcas; por eso Lorena Saravia acaba de obtener su espacio en esa tienda. Incluso algunas marcas, como Prada se han mudado para allá”.

Mientras conversa Mauricio Flores, quien no deja de mirar la entrada de cristal, Mónica acomoda los vestidos de licra verde, las mochilas de cuero y charol que se encuentran en una repisa al fondo de la tienda. El encargado de ventas de Lorena Saravia menciona que ésta ha logrado sobresalir respecto a otros diseñadores por su visión empresarial; rasgo que la ayudado más que haber participado en plataformas como el Mercedes Benz Fashion Week.

Mauricio Flores cruza sus brazos fornidos y prosigue: “siento que el Fashion Week no está consolidado, más que una plataforma para impulsar la moda nacional es un show; la entrada es restringida, invitan a quienes quieren y no existe un sector de compradores. Lorena se retiró del show hace poco”.

Mónica se acerca con regularidad para escuchar la conversación, intenta participar; acomoda unos cartones publicitarios que se encuentran en la esquina de una mesa y se recarga en una de las tres columnas de cemento que yacen dentro de la tienda. “Yo creo que ha habido un muy buen recibimiento de Lorena Saravia; si te das cuenta tiene propuestas muy diferentes que no se reducen a la idea generalizada que tenemos de moda mexicana como la vestimenta indígena. Ella propone prendas contemporáneas que podrían internacionalizarse”, comparte la asesora de la tienda.

Mónica contonea su pie contra el piso, abrocha su chaleco negro y acomoda el cuello de su camisa blanca; ante la ausencia de clientes se dirige a la bodega para comer su almuerzo. Mientras tanto, Mauricio Flores cuenta una anécdota que tuvo cuando colaboró con ProMéxico en una iniciativa para promover la moda mexicana.

“El chiste es que se invirtieron miles de pesos para enviar a París una colección folclórica de diferentes diseñadores mexicanos; nada se vendió porque todo lo tenían en el sótano, aparte de que los precios de la ropa eran como los de una casa de moda consolidada, por ejemplo Dior. Creo que Proméxico, que se supone que apoya esta industria, perjudica más de lo que aporta”. El encargado de ventas de la tienda muestra su disgusto al fruncir el ceño y de vez en cuando mueve la cabeza para que su fleco castaño no le tape los ojos.

Pensar en moda como algo real


Mauricio Flores entrecierra los ojos porque percibe que dos personas observan los aparadores de la tienda; éste corre a atenderlos. La pareja hace su compra, un vestido largo con holanes color azul de 14 mil pesos; éstos al salir de la tienda prosiguen su camino por las aceras de Mazaryk, esperan a que el semáforo de transeúntes- como los que se encuentran en cada esquina por donde circulan automóviles- torne a verde para poder cruzar la calle.

Al llegar al límite de la avenida Mazaryk- al cruce de Ferrocarril de Cuernavaca- se encuentran los establecimientos de firmas de moda con reconocimiento mundial, desde propuestas textiles como Ermenegildo Zegna, Dolce & Gabbana hasta opciones de joyería fina como Bvlgari, Chopard y Rolex.

La balanza está desequilibrada, una mexicana contra los grandes monstruos de la moda que tienen reconocimiento en la escena internacional del mundo fashion. Como menciona el encargado de ventas de Lorena Saravia: “la moda no va a cambiar hasta que no se cambie la mentalidad, ésta no es solo una opción técnica en las universidades, es una carrera, una profesión, un modo de vida para muchos y una industria potencial”.

Fotos: Karina López Gaona e Instagram





Bookmark and Share

0 comentarios: