martes, 3 de mayo de 2016

UN DÍA PARA SOÑAR A RITMO DE JAZZ

Por Montserrat Antúnez Estrada

México (Aunam). Los festejados levantan las manos. Brincan sobre tapetes de colores, mueven las caderas en círculos. Una asistente disfrazada de princesa presume su habilidad al dar una marometa. Niñas y niños celebran, como sucede desde hace 62 años, la fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas para reafirmar sus derechos.

Es su día, es su fiesta. Hoy son dueños del Centro Nacional de las Artes (Cenart) y toman como cómplice la música jazz que ameniza el lugar.

Espacios cubiertos de lonas blancas, cercados con tablas de colores, conforman los más de 17 espacios que el festival “¡Todos a jugar con música de jazz y más!”, ofrece para los menores. El Día Internacional del jazz y el Día del niño en México comparten más que la fecha de su celebración.

En los carteles amarillos colgados de los postes de luz que hay en el Centro se afirma que el jazz: “representa el poder de la música contra la discriminación y en favor de los derechos civiles”.

Las risas y juegos de los niños que caminan del brazo de sus padres, los que corren y gritan alrededor del lugar, así como los que aún no aprenden a hablar, también se oponen a injusticias. Son muestras de oposición en un país en donde el 53.9 por ciento de menores de 18 años vive en situación de pobreza.

Cientos de familias recostadas en el pasto escuchan a la agrupación Magnolia México Jazz Band. El conjunto no acapara las miradas y sonrisas de los espectadores sino los más de 30 bailarines que si bien no son expertos en el arte de la danza sí lo son en el de la espontaneidad.

Los danzantes se encuentran en la tarima en frente del escenario al aire libre. Vestidos de superhéroes y heroínas, con playeras de diferentes colores, niñas y niños de distintas edades siguen, sin éxito, la coreografía que un par de animadores comparten. “¡Mira, mira!”, grita un niño de un metro de estatura mientras baila y agita las manos para llamar la atención de su papá.

En el espacio llamado “Josephine Baker”, nombrado así en honor a la reconocida bailarina de charleston de los años 20, la artista Myrna de la Garza invita a las niñas y niños, junto con sus padres y abuelos, a moverse sin timidez: “Bailemos porque podemos hacerlo”.

Una señora, de pie, se mueve de izquierda a derecha. Frente a ella un niño de 9 años brinca sobre su lugar levantando las dos piernas. “¡El jazz es un baile a favor de la libertad!”, grita la animadora.

Los asistentes continúan moviéndose. Lo hacen como si, sin saberlo, honraran a esos 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes que, en México, realizan alguna actividad económica. Myrna pide a los presentes cerrar los ojos: “Abróchense los cinturones. Hoy es un día para que niños y adultos soñemos”.




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