sábado, 19 de diciembre de 2015

VOCES AMBULANTES:
EL ROSTRO DE LA JUVENTUD OLVIDADA


Por María de los Ángeles Alcántara Ayala
Valle de Chalco, Edo. de Méx. (Aunam). El municipio de Valle de Chalco alberga un sector de jóvenes desamparados económicamente, al que las autoridades del estado de México no acuden a su auxilio; para ellos, el ambulantaje se ha convertido en una opción de subsistencia, pero para la población es uno de los fenómenos más agresivos.

Al grito de “Mira gente, disculpa si te vengo a molestar, te pido tu atención un momento, yo no te vengo a robar ni mucho menos a intimidar, yo sólo vengo ofreciéndote este rico chocolate. Mira, no’ más échame la mano, diez pesitos te vale, diez pesitos te cuesta y si tu voluntad no es comprarme pos’ me conformo con tu sonrisa” .Los pasajeros, con un soplo evidente de alarma y nerviosismo, que no se contempla con la frase “yo no te vengo a robar”, comienzan a sacar parte de su raya para comprar, casi voluntariamente a fuerza, un “delicioso chocolate”.

--¡Mugrosos drogadictos! --susurra una mujer de más o menos 50 años de edad.
--Pero mejor les damos, no sea que nos vayan a robar --le replica con la misma vocecita su acompañante.

Ambas mujeres compraron un chocolate cada una, y sin mirar a los ojos al vendedor le dieron el dinero temblorosas, como si corrieran el peligro de ser ultrajadas o algo peor, mientras otros pasajeros hacían los mismo, impacientes de que el vendedor se bajara del camión.

El trayecto todos los autobuses de la ruta Santa María Astahuacán (SMA) es el mismo todos los días: de la avenida Alfredo del Mazo a la estación Zaragoza del Metro. La jornada comienza a las 4 de la madrugada y termina a las 12 de la noche, durante esas 18 horas cerca de 100 camiones dan el servicio a aproximadamente 2 mil pasajeros cada uno. Durante el trayecto, que pasa por la calzada Ignacio Zaragoza y la autopista México Puebla, alrededor de 70 vendedores ambulantes suben a ofrecer productos de todo tipo.

El abrumo que invade a los pasajeros crece por la desesperación de llegar a sus trabajos, ocupaciones, o simplemente a su hogar, y los ambulantes aprovechan el hastío para ofrecer “el reconforte” consumo de un dulcecito, un chocolatito, una paleta, galletas o lo que sea que ofrezcan.

Pareciera que todos los días son iguales. Al rayo del sol los vendedores ambulantes deben hacer un recorrido que los lleve a subir al camión, vender y bajar de él, aproximadamente 50 veces al día. Toda la semana, exceptuando los domingos, tienen la misma experiencia y no pueden dejar de hacerlo por el temor de no tener que comer ese día o, sencillamente, para comprar la marihuana, el tíner o el activo.

Sus voces resuenan en el autobús, pero también en las calles, en las tiendas, en sus mentes, en su estómago, en su necesidad y en sus almas. Se disfrazan con gritos que se oyen como “mira, no te vengo a robar, ni mucho menos a intimidar”, pero que, si se escuchan, sonarían como un grito desesperado de hambre y cobijo, que solamente han encontrado en ellos mismos, en su familia y amigos, pero no en las oportunidades.

El mundo quisiera que esas voces no existieran, que no lo intimiden, que sus voces lastimadas por las circunstancias se esfumaran y todo porque muchas veces no comprenden los motivos y problemas que los llevaron a ganarse la vida de esa manera. Los llaman locos, drogadictos y vándalos, pero lo hacen porque no los conocen, porque no saben que han sido víctimas de su propia realidad y de un aparato de gobierno que no los ha sabido proveer de los más elemental.

El ambulantaje es un fenómeno que va creciendo, pero que no ha sido desentrañado ni mucho menos comprendido. El destino de ellos sólo recae en el día a día sin más esperanza de vociferar una salida.


La voz de la desintegración

Nombre: Mara. Apodo: Mara o Cholo. Edad: 28 años y bien vividos. Cualidades: “bien chingón para su trabajo”. Señas particulares: tiene muchos tatuajes, entre ellos los de su secta y el nombre de su primer hijo. Antecedentes penales: Sí, por posesión de drogas. Por qué está aquí: por desintegración familiar.

Mara se levantó, como siempre, a las 11 de la mañana, esperaba, como todos los días, que su vieja tuviera el desayuno en la mesa, como a él le gusta; unos huevitos bien preparados y una chela. Como de costumbre, abraza a su chavito y le da un beso antes de irse a trabajar. Su mujer le prepara el desayuno y le advierte que necesita dinero para pagar la renta del cuarto y él como siempre, le dice que “ya no molestes con eso, ya veré como conseguirlo”.

Ya casi dan las dos de la tarde, Mara se despide de su mujer y su hijo, toma los escasos dulces que le sobraron del día anterior y se dispone a encontrarse con sus amigos del diario, quienes trabajan en lo mismo que él: vendedores ambulantes. Llega a la esquina de siempre, donde el Pelón y el Pinki lo esperan a diario. Se saludan y se ponen de acuerdo para ver qué venderán hoy. Miran el cielo y deciden que “no se puede vender chocolates con este calor”, entonces llegan a la tienda y compran paletas.

Comienza el rondín, los tres se suben al primer camión que pasa, saludan al chofer y, como de costumbre, le regalan una paleta. Comienza la plegaria de todos los días, subir y bajar a cambio de una pequeña moneda, para mucha gente algo insignificante, pero para ellos la que completa la renta o la comida. Como siempre, Mara se aproxima a sus compañeros para preguntarles qué hay con los demás y así, comenzar una plática amena para hacer menos aburrido el trabajo.

Mara trabajó desde los 12 años, cuando su papá y su mamá se separaron, desde entonces él comenzó a salirse de su casa a ofrecer donas y todo lo que sus amigos comerciantes le propusieran. “la ha hecho de todo”, desde viene viene hasta vendedor de accesorios de carro. Cuando cumplió 15 años quiso buscar un trabajo fijo, pero no se lo daban por la facha en que andaba: tatuajes, piercings y ropa sucia y guanga, además la pagaban no era muy prometedora por lo que decidió continuar con negocios independientes. Llegó a la avenida Alfredo del Mazo, donde los vendedores le enseñaron a ofrecer mercancía en los camiones.

A Mara le gusta su trabajo, y aunque un tiempo fue ladrón, ahora se está regenerando. Fue a la cárcel por posesión de drogas, y bueno, pues cómo no, si desde chiquito las empezó a consumir, al fin que su mamá no le decía nada. Siempre ha vivido en Valle de Chalco, de una colonia a otra, pero siempre aquí, casi no conoce la ciudad, pero eso no le aflige.

Dan las 5, luego las 6…, hasta llegar a las 9 de la noche. cinco horas trabajando y Mara se siente exhausto, sabe que tiene que parar de su jornada, aunque no larga sí cansada, hasta ese momento lleva 250 pesos, sabe que tenía que juntar al menos 400 para la renta, pero pues no lo logró hoy, tal vez mañana pida una prórroga a la dueña del cuarto. Se despide de sus amigos y se marcha a casa.

Ella, la mujer de Mara está cocinando frijoles y huevos, lo de siempre, esperando a que su marido llegue. Ella tiene su edad y también ha trabajado en los camiones, por eso comprende los horarios de su esposo. Mara llega, le pide la cena y se sienta a ver el televisor. Comienza la cantaleta de todos los días por el dinero, él no soporta y se sale a ver qué consigue.

Ese es el día a día de muchos jóvenes que a corta edad comenzaron a trabajar en el comercio informal; algunos sin familia, otros con vidas que mantener, pero todos aplicando un esfuerzo para subsistir. La crisis les pegó fuerte, en especial en este lugar, Valle de Chalco, que desde hace décadas está en una constante depresión económica por factores como la falta de inversión, el olvido oficial y las malas decisiones gubernamentales.

Valle de Chalco es un municipio del estado de México que se pobló con centenares de familias que, vertiginosamente, llegaron y se asentaron en terrenos baldíos. Provenían principalmente de estados del centro y sur del país. Todos buscaban un terreno donde vivir, con la idea de formar un patrimonio para sus hijos, una vez que el sistema de rentas congeladas fue abolido en el Distrito Federal.

Empezaron a levantar sus casas, primero con muy escasos recursos. No contaban con agua potable, drenaje, alumbrado, transporte público, servicio médico, ni escuelas para sus hijos, pero el crecimiento explosivo de la población hizo que para 1989 se considerara el valle como la concentración humana irregular más grande de América Latina, con una población cercana a 400 mil habitantes.

El gran déficit de servicios públicos inclinó al gobierno federal en 1989 a emprender el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) precisamente en Valle de Chalco. La inversión federal en la zona permitió la construcción de escuelas, electrificación, regularización de la tenencia de la tierra mediante la escrituración de más de 77 mil propiedades. Entre 1989 y 1993 se invirtieron 700 millones de nuevos pesos.

A pesar de todos los esfuerzos y las aportaciones que el gobierno federal hizo a la comunidad, a Valle de Chalco le afectó la crisis económica en que cayó el país en 1994, cuando la moneda se devaluó y la economía se desmoronó. La depresión afectó a familias enteras, que aunque comenzaban a tener un patrimonio, lo perdieron, afectando así su calidad de vida.

Mara, entonces tenía nueve años, justo cuando sus padres se separaron y él comenzó a trabajar. Vivió en carne propia la inestabilidad de un país golpeado y enfermo y creció con esos mismos padecimientos. Nunca consiguió trabajo, el gobierno lo desamparó, “¡por eso tuve que robar! Y no es que no tuviera otra alternativa, pero crecí en un lugar abandonado, nadie se preocupaba por el Valle, nadie nos ayudaba, mi familia se vino abajo y no tenía otra opción, o robaba o me moría de hambre. Mi vida fue muy difícil y no sólo por la separación familiar, sino por la desintegración de mi comunidad y el resquebrajo de mi país”.

La voz de la experiencia

Nombre: desconocido. Apodo: Pelón, Edad: 41 años y aún se siente pleno. Cualidades: hace feliz a las mujeres. Señas particulares: No tiene cabello y sí muchos tatuajes. Antecedentes penales: Sí. Causa: no revelada. Por qué está aquí: La vida lo trajo.

“Pos’ siempre me he dedicado a esto, ¿sabes? Desde bien chavito me gustaba la mala vida (risa), me le escapaba a mis papás y me iba con los cuates. Como desde los 14 trabajo, hacía chambitas pa’ los que podían pagar. ¿Qué cuánto llevo en esto de los dulces? No’mbre pos’ poquito, no más cinco años, la neta soy de los últimos en llegar, o sea que ya había muchos antes que yo y pos’ uno tiene sus mañas pa’ que lo acepten.

“Orita’ me la llevo chévere, no más trabajo pa’ mí, mis chavos ya están grandes, ya que se cuiden solos ¿no? Yo los eduqué pa’ que se hicieran chambeadores y que no anden no más de malosos como yo era. Me gustan las chavas y así como me ves, pos’ tovía’ me las ando ligando, yo dejé a mi mujer hace tiempo, sí, pos’ es que era bien celosa y no podía yo irme a trabajar porque ya me estaba celando.

“Aquí se gana bien ¿sabes?, ando rayando mil 500 a la semana y trabajo bien poquito, no más unas tres o cuatro horas al día. Cuando no estoy acá me voy pa’ otros lados a vender, no en los camiones, sino en la calle y así. ¿Que cómo comencé? Pos’ ya te dije que haciendo chambitas ¿Como cuáles? Pos’ no te voy a decir (risa) pero se ganaba bien, ya sabes que la droga si deja, aunque ya nunca me metería en esa onda otra vez, como que sí me fue mal después de todo. Pus porque acabé en el bote.

“Mira güera, casi no me gusta hablar de eso, pos’ porque se espantan las nenas, pero estuve en el bote por, ya sabes, por andar de maloso, pero ahí no fue donde aprendí el oficio como tú piensas, sino que me formó un valecito que me enseñó, pos yo me subía con él en el camión y vendíamos, bueno luego si andábamos de malosos intimidando, pero la neta es que la gente si no te tiene miedo no te compra, y pos’ ni que hacerle.

“Siempre me ha gustado la buena vida y pos’ trato de dármela ¿no? Me gusta comprarme mi cositas y así, y pos’ por qué no un toquecito de vez en cuando. Luego la gente nos ve feo pos’ porque andamos en las esquinas y así, pero la neta es que no entienden que tenemos problemas y pos’ así nos desahogamos, la neta no creo que le hagamos mal a nadie por darnos el gusto de una mota y así, eso nos relaja, o qué creen que bajar y subir del camión es muy fácil, la neta yo si me canso.

“¿Que si me acuerdo del Salinas? Pos claro, aunque yo no soy de aquí, vivía muy cerca, orita’ vivo en Chalco y la neta no me aliviana venir hasta acá, pero sí me acuerdo de ese orejón, yo ya estaba grande. La neta cuando salió la crisis nos pegó “re duro”, aunque yo la neta siempre he estado igual, siempre me ha gustado el dinero y pos ni que hacerle, a chambearle. Mis hijos también trabajan en esto pero en otros lados.


“A mí no me preguntes de política, la neta no sé nada y no es que me valga, pero pos’ no le pongo mucha atención, eso se lo dejo a los que sí saben. Mi vida es tranquila, diario salgo de mi casa como a las 12 o una de la tarde, compro mi bolsa de chocolates o paletas y me subo a los camiones, no es difícil hacerlo, pero sé es una friega, pero pos yo estoy pleno tovía’, no me encanta mi trabajo, pero me da de comer y bien.

“Pos’ pa’ ser vendedor no necesitas nada más que llevarte bien con la banda, si vemos que pos’ no más andas de maloso queriendo asaltar y no te dedicas a la venta pos’ primero te damos unos, ya sabes (golpes) y luego te echamos, pa’ que no regreses a vender. Nosotros, sea lo que sea y sea lo que hayamos sido o donde hayamos estado, pos’ estamos regenerándonos pa’ no caer en el bote.

“En el gobierno de (Vicente) Fox y de (Felipe) Calderón no nos dejaban vender, como que nos querían quitar. Bueno, yo no sé cómo estuvo esa onda, pero los choferes de los camiones nos dijeron que les habían dicho que ya no nos querían ahí, pero ellos como eran buena onda, pos no nos decían nada y como que a escondidas vendíamos. Ese tiempo nos la vimos negras pa’ trabajar, pero luego cuando llegó el PRI, pos ya nos dejaron, orita’ no nos dicen nada, hasta contentos han de estar, porque a ellos les conviene que vendamos aquí porque así no tienen que conseguirnos empleo, se desentienden de nosotros y pos’ aunque luego no nos conviene, pos’ qué le hacemos.

“A mí me trajo aquí la experiencia y la vida. Como que todo lo he dejado pasar ai´ como va, no me preocupa por mucho, bueno no más pa’ comer y pal vicio, pero no más, trato de no pensar en muchas cosas. Vivo en un cuartito y pa’ mí es suficiente. No protesto, y sabes por qué, porque si lo hago de todos modos nadie me escucha, al gobierno no le importa nada, y no sólo de nosotros, sino de toda la gente, ellos se desentienden y ya. He vivido muchas cosas, he estado en muchos lados y pos’ todo es igual, los ambulantes de los camiones operamos del mismo modo, sí estamos organizados y nos cuidamos, pero no nos interesa nada más.”

La voz maternal

Nombre: Raquel. Apodo: No tiene. Edad: 26 años. Cualidades: No sabe. Señas particulares: Todo el tiempo está pálida, padece diabetes avanzada. Antecedentes penales: No. Por qué está aquí: Por sus hijos.

El suelo parecía quebrado, hacía años que las paredes y el techo estaban cuarteados y por si fuera poco, las goteras del techo abrumaban a Raquel en tiempos de lluvia. Su vida había cambiado desde que llegó a la Ciudad de México y posterior al estado, con la esperanza de que la tierra y el comercio le ofrecieran una manera digna de vivir. Hoy tiene tres hijos, uno de ellos abandonado ¿En dónde? Pues quién sabe, tiene mucho que no lo mira desde que lo dejó en casa de su padre. Los otros dos continúan a su lado con todas las carencias.

“Llegué de Oaxaca a México desde los quince años, a la muerte de mi madre, quedé desamparada y vine a vivir con mi madrina… pos es buena onda, pero ya casi no la veo porque me he dedicado a vender en los camiones mis poquitos dulces y chicles para mantener a mis hijos”. Su vida la construye día a día, no tiene un proyecto en particular. Se levanta, come lo que poco para lo que le alcance y anda su camino a la venta en los camiones de la SMA.

“No soy la única mujer que se sube a los camiones a vender, pero casi una de las primeras en esta ruta y ya casi procuro no hacerlo porque me da miedo caerme. No es que no pueda hacer otro trabajo, pero pos éste es fácil y me deja para comer todos los días”. Hace tres años que se inició en esa labor y no piensa en otras alternativas, ya que sin estudios se siente insegura.

Raquel tiene diabetes y aunque ni ella misma puede explicar su condición, sabe que es grave, pero prefiere darle de comer a sus hijos antes que ir al doctor. No tiene seguro ni nada que subsidie sus gastos médicos, cosa que no pasaría si ella tuviese un trabajo estable. Aunque ella no vivió hace 20 años en Valle de Chalco, si le resulta familiar la pobreza que se vivió aquí, ya que sus referentes son parecidos dentro de su comunidad en Oaxaca.

La crisis en México fue la causa de muchos despidos en el sector comercial, por lo que las familias se vieron obstaculizadas para generar recursos. La juventud, que en ese tiempo comprendía el sector infantil, creció con la crisis, provocando que el comercio informal creciera en gran escala. La crisis generada no se ve reflejada en los ajustes que el gobierno del estado de México ha remarcado en sus informes y sobre todo los reportes que la Secretaría de Economía exalta respecto a la población económicamente activa en México.

Comunidades nacientes, las más golpeadas por las crisis: Díaz García

Lizet Díaz García, maestra en economía, egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México, analiza el tema: “Muchas veces existen sesgos en cuanto a la información que las secretarías, en este caso la de Economía, afirman, ya que no contemplan muchos aspectos, en cuanto a las personas que no están registradas en Hacienda, que nunca han trabajado, etcétera, pueden ser muchas las causas de dichas falacias”.

Afirma que “el periodo en que el país cayó por los errores del gobierno en turno, el error de diciembre” (de 1994), que repercutió en la bolsa y en la calidad de vida de todos los habitantes, lo hizo con mayor intensidad en las comunidades nacientes, que se habían apoyado en el programa Solidaridad del sexenio de Gortari, por lo que no es extraño que dicha crisis se haya arrastrado en esa comunidad, que es parcialmente nueva. Además de que existen rezagos y corruptelas en el aparato gubernamental, además de carencias en la implantación de políticas públicas.

“La vida es una cadena de errores, que en muchas ocasiones golpean de manera más intensa a los entes débiles o nacientes. Valle de Chalco es un municipio golpeado por diversas fuerzas, las cuales no comprenden las carencias de las comunidades que trabajan todos los días, como los vendedores ambulantes para llevarse un pan a la boca y que a pesar de todo tienen fe en la recuperación de su ´milagro´.

El transporte público y el comercio son solamente algunas de las muchas actividades que se realizan tanto en el municipio como en todo el país, sin embargo, existen otros intereses en la vida de los que están “allá arriba” y que miran hacia abajo a las mujeres como Raquel, a los jóvenes como Mara, a los decepcionados como El Pelón, y a los pequeños del mundo como El Chiquis que día con día buscan la supervivencia de la misma forma, pero cada quien a su manera.

Una voz pequeñita

Nombre: Desconocido. Apodo: El Chiquis. Edad: nueve años. Cualidades: Cabe en cualquier lugar, sabe subir y bajar rápido del camión, se hace de amigos fácilmente. Señas particulares: cicatriz en la frente. Estatura: 1.30 m, es muy delgado. Antecedentes penales: No. Por qué está aquí: Para ayudar a su mamá.

“Empecé como hace un año a trabajar en los camiones y eso porque mi mamá y yo estamos solos y pos ella no tenía en qué trabajar y un día le dije: ´¿y si me voy a vender a los camiones ama?´ Y pos’ me dijo que sí, desde entonces vendo aquí. Entré fácil, los chavos me aceptaron luego, luego, yo digo que porque me veían morro, pero pos’ da igual, sí les caí bien, además decían que yo era abusado.

“Mi mamá no se enoja de que venga aquí, ni sabe que me junto con ellos y pos’ ni sé si se enojaría. Ah, mira, yo vendo de todo, pero casi siempre galletas, eso me ensañaron mis valedores, y aunque luego se quieren pasar de lanza a mí me vale y les respondo. Sí digo groserías (se sonroja) pero no muchas, la neta me gusta vender. No me los gasto todo, una parte le doy a mi jefa y otra me la quedo pa’ mis cosas de la escuela. Sí, voy en cuarto de primaria, la neta la escuela no me gusta, pero pos’ ni modo de no terminarla vea’. Todos los de la ruta son mis amigos, me tratan bien, la neta, y pos’ como que si les caigo, yo creo que porque me ven morro y eso no me gusta, quiero que me vean como grande, como parte de ellos. Sí, la neta sí me late, tanto como para quedarme aquí siempre. Mi ma’ sufrió mucho y pos’ yo la quiero ayudar en lo más que pueda.

“No conozco a mi papá pero me vale, él se peló y ni qué hacerle, que no regrese porque yo ya no lo quiero. Ese fue como el problema que hizo que yo me viniera pa’ acá a vender, no por el gobierno, bueno toy’ chiquito pero yo no entiendo por qué está mal vender en los camiones, y lo digo porque veo que luego la gente le hace el fuchi a mis compas, a mí no porque me ven morro (ríe), pero a ellos como que no los quieren.

“La neta yo me siento a todo dar aquí, vengo y me río, nunca me han ofrecido nada (de drogas), hasta eso, me cuidan mucho, dicen que estoy chavo como pa’ tomarme una chela y la neta pos’ tienen razón, a mí no se me antoja eso, está re mal lo que ellos hacen de meterse cosas, pero pos’ a mí no me importa, ellos son chidos.”

El PRI sí nos deja trabajar: 40 por ciento

Una encuesta realizada a ambulantes reveló que 90 por ciento de los vendedores de la ruta consume algún tipo de estupefaciente y el 80 por ciento tiene antecedentes penales. Las causas de dichas acciones se deben, mayormente, a desintegración familiar y abandono a temprana edad. Dentro de todo el ambulantaje, se calculó que la mayoría son hombres adultos y la minoría niños. Los ambulantes adquieren sus productos en dulcerías no reconocidas, es decir, no en corporaciones grandes.

La mayoría afirma que su calidad de vida es mala, ya que no les alcanza para comer en muchas ocasiones, y un 20 por ciento afirma lo contrario, sin embargo el 100 ciento de la muestra acepta que el escaso apoyo gubernamental de su localidad es responsable de las deficiencias económicas que se generan en su entorno. De ese porcentaje, 25 por ciento no está con ningún partido, 40 por ciento está con el PRI, y el 35 por ciento con el Partido Humanista. Los argumentos del primer rubro son que todos los partidos son corruptos o que no les interesa la política. El segundo rubro argumenta que “el PRI los deja trabajar” y el tercero dice que “votaría por ese partido porque está hecho de ciudadanos como nosotros”.

(El actual presidente municipal de Valle de Chalco es el perredista Jesús Sánchez Isidoro, el cual no fue mencionado por los ambulantes encuestados).

El gobernador del estado de México, Eruviel Ávila Villegas, ha ofrecido tres informes de gobierno, vertiendo ahí, siempre, el cumplimiento de sus promesas de campaña, casi nunca sus incumplimientos. El tercer reporte ofrecido en 2014 comprende mayoritariamente acciones en el sector educativo, mientras que al rubro del empleo sólo le dedicó una pequeña porción. En él resaltó:


La vinculación laboral que ofrece el Servicio Estatal del Empleo comprende bolsas de trabajo, el portal del empleo y las ferias de empleo y asistencia. Dentro de estos programas de vinculación laboral se han ofertado más de un millón 500 mil vacantes y se ha conseguido colocar, en lo que va de la administración, a alrededor de 374 mil mexiquenses en un empleo formal y decente. Así, se han ofrecido más de 521 mil vacantes y se ha logrado ubicar a más de 116 mil 500 mexiquenses en un empleo formal. Las ferias de empleo constituyen el mejor testimonio del trabajo coordinado a favor de los ciudadanos entre el sector empresarial y los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal.

Respecto de estos datos, los encuestados mostraron desconocimiento, escepticismo y desconfianza, aseguran que “el gobierno no ha hecho nada por nosotros”. Los vendedores ambulantes de la ruta SMA trabajan por su cuenta sin ningún apoyo del gobierno del estado, lo cual no garantiza que las propuestas realizadas se hayan cumplido con efectividad. Entonces cabría el cuestionamiento a las autoridades respecto de sus acciones para la erradicación del trabajo informal y los planes que se tienen para atender a este sector que, como en el caso de El Chiquis, no tiene otra alternativa de vida.

Son todo, menos voces

La rareza de sus quehaceres, el esfuerzo de sus vidas y la aparente felicidad que le atribuyen a su trabajo, son lo novedoso de estos vendedores, quienes externan maldad, quienes parecen delincuentes, probablemente porque lo fueron y aprendieron de sus errores, son los jóvenes y niños del presente de Valle de Chalco. Ellos no fueron a la escuela porque sus padres desintegraron la familia, porque los abandonaron, porque tuvieron que dejar su hogar para buscar oportunidades, pero no porque sean malos, sino porque son humanos y cometen errores pero tratan de acallarlos.

Sus voces son las voces del silencio, las voces de la desdicha y del esfuerzo. Sus voces son las de los errores del pasado, que hasta hoy los siguen condenando a la plegaria. Sus voces son las acalladas, las maltratadas y despreciadas por un gobierno que prefiere silenciarlas antes que darles remedio. Algunos no tienen voz, hablan sin hablar, gritan con sigilo la desesperación de su infortunio, aquel que no les permitió vociferar ni un suspiro de prosperidad digna.

Sus voces maltratadas e incluso marginadas por los pseudo-intelectuales que arremeten contra su dignidad afirmando que su exterminio llenaría a la nación de voces decentes sin darse cuenta que a esas se las ha llevado el viento, allá, a las élites de la desesperanza. Voces, algunas respiran el futuro, otras se resignan a la preocupación del diario por alimentarse, de siquiera una migaja de lástima.

Voces condenadas, más no culpables de su desgracia, sino víctimas de lo que muchos llaman las circunstancias. Sus voces ya ni siquiera son voces, con mordazas, son cansancio, son hambre, son necesidad, son inestabilidad, son antecedentes penales, son robo, son injusticia, son abandono, son sudor, son subir y bajar, son rayar la última moneda, son todo, pero todo, menos voces.

Imágenes: Youtube y Wikimedia Commons


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