viernes, 16 de mayo de 2014

UN COMPROMISO DE AMOR: MARTIRIO

Por Araceli Isidro
México (Aunam). Es ella, él la lleva de los hombros, se dirigen al sofá que los espera. Madre e hijo toman su lugar. Para ella, Martirio, homenajear a un icono como Chávela Vargas es un compromiso de amor con la sociedad mexicana.

Detrás de las gafas oscuras, está una trayectoria de casi 44 años en España, su país de origen y México, el país que tanto ama y lugar que vio morir a Cávela Vargas en 2012. Con una sonrisa en los labios y una respiración prolongada habla de ella como “la persona que más admiro y quiero”.

La amistad entre ambas mujeres hizo que María Isabel Quiñones, mejor conocida como Martirio, admirara a Vargas. Aprendió de ella a elegir canciones que tengan sentimiento, esas que la hacen alucinar, sentir el amor y perdón, “por supuesto, las canciones tienen drama, pero también dulzura, el haber perdonado desamores”.

Dentro del repertorio De un mundo raro. Cantantes por Chávela, diez de las melodías tienen estas características, evidentemente serán mexicanas donde la huella de José Alfredo Jiménez estará presente, ya que el título proviene de una de sus canciones.

La producción discografía que lleva mencionado título se presentará, los próximos sábado 17 y domingo 18 de mayo en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, como un homenaje a Isabel Vargas Lizano, considerada por su amiga española, “una gran artista”.

Los flashes iluminan su rustro, ella sonríe y posa como le indica el fotógrafo. Postura erguida, vista al horizonte, labios rojos que resaltan unos dientes alineados y blancos, a su lado, Raúl Rodríguez Quiñones, hijo que la acompaña en sus aventuras.

Diego Rivera y Frida Kahlo son otros personajes mexicanos que han marcado la vida de Martirio. Ella ama todo lo que se relaciona con México “de una tierra de la cual hemos sido hermanas, que tiene tanto que ver con nosotros, tiene una cultura de sabores y colores que la hemos amado tanto, por recibir a los exiliados españoles con tanto cariño”.


En un principio tenía miedo y no podía entender cómo se pararía frente a una audiencia y cantar coplas mexicanas. En la actualidad, las emociones y la admiración a Chávela la llenan de fuerza para realizar lo que más le gusta: cantar.

Para Martirio, la música mexicana siempre estuvo presente, pues su madre tenía una afición a escucharla. Desde entonces se enamoró de ella y de México. El primer contacto con su icono, Vargas, fue a los 18 años en casa de una amiga: “simplemente me llamó la atención”.

Años después, el destino las junto, recuerda que las pláticas con Isabel la hacían llorar, su realidad en el amor la conmovía a tal grado de que sus ojos comenzaban a arrojar pequeñas gotas enmarcadas por sentimientos.

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