viernes, 16 de mayo de 2014

LA CELEBRACIÓN DE XV AÑOS: MÁS ALLÁ DE UNA SIMPLE FIESTA


Por Yari Jazmín Torrijos Orozco
México (Aunam). Tiene herido el corazón. En sus ojos se refleja el dolor, el rechazo, la pérdida. A su alrededor, familiares, vendedores y hasta extraños la compadecen. Sus padres le acarician la espalda. Los amigos más cercanos la abrazan. Intentan convencerla de que todo estará bien, pero sabe que no es cierto. Le han quitado su tesoro más preciado y Gabriela está consciente. “Me tardé mucho en venir por mi vestido y se lo llevaron”, repite –dentro de ese pequeño local de la Lagunilla– la joven que está punto de cumplir quince años.

“¿Cómo era tu vestido, pequeña?”, susurra la encargada del local. Los padres de Gabriela suspiran. Amigos y conocidos se lamentan. Algunos clientes agachan la cabeza. Otros tantos se muestran indiferentes. Ella, por otra parte, sonríe. Mira a la vendedora. Se lleva ambas manos al corazón. “Era verde agua y tenía un gran moño en la parte de atrás. ¡Estaba bonito!”.

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La celebración de XV años es una de las expresiones populares más importantes dentro de la cultura mexicana. Para muchos padres de familia esta celebración rebasa el ámbito de la fiesta y se instala en el terreno de la tradición. Una tradición que representa un gran giro en la vida de cualquier señorita. Una tradición que busca reflejar esa transición de niña a mujer. Una tradición que, debido a su gran carga simbólica, permite profundizar en las etapas por las que atraviesa cualquier joven durante su adolescencia.

“Los XV años constituyen una etapa muy bonita en la vida de una mujer. Una ilusión en donde pasas de niña a la etapa adulta. Un acto que, va más allá de una simple fiesta, pues cumple la función de presentarte ante una sociedad que te va a aceptar”, explica la señora Cruz González, dueña de uno de los tantos locales de vestidos en la Lagunilla.

“Sí, los XV años son un sueño, un recuerdo. Yo tengo la creencia de que este evento comienza desde que te preocupas por los preparativos. Y si no vives, con emoción, todos los preparativos, te pierdes una parte importante de la celebración”, coincide una de las trabajadoras del lugar.

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¿Qué tal éste?, le pregunta la dueña del local a Gabriela, mientras sostiene una auténtica pieza del siglo XVIII. “Creo que el color rojo me puede quedar bien”, contesta animada, la joven de los ojos cafés. Los padres de Gabriela cruzan los dedos de las manos por enésima vez. Amigos y familiares esperan que este vestido sea el bueno. El resto de los clientes respiran aliviados, pues parece que –por fin- la espera ha terminado.

Sin embargo, la sonrisa de Gabriela se desvanece y su entrecejo se arruga. Es evidente: este vestido tampoco le gusta. “¿Me podrías enseñar otro modelo, por favor?”, solicita la niña que ya ha pasado por todos los ejemplares de la tienda: rosa pastel con blanco, coral con negro, morado con plateado, rosa claro, azul cielo, azul marino, fucsia, amarillo, verde y, por supuesto, el legendario y novedoso diseño multicolor.

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En oposición a quienes piensan que la celebración de XV años representa un sueño, existe el argumento de la profesora-investigadora del Departamento de Estudios en Educación, Emma Ruiz Martín del Campo, quien afirma “el ritual parece sugerir actitudes pasivas a las chicas […] conlleva el riesgo de que éstas pudieren sentir que su ámbito de desarrollo se circunscribe a la esfera hogareña y que están obligadas a una relación de dependencia del varón”.

La también autora de “Adolescencia femenina y ritual. La celebración de las quinceañeras en algunas comunidades en México”, añade que si bien un ritual contiene símbolos que pretenden comunicar ciertos mensajes a los individuos, lo cierto es que al final dichos individuos recibirán, interpretarán, asumirán o rechazarán tales mensajes con base en su historia de vida, su personalidad y sus múltiples elementos identitarios.

Respecto a los XV años, la maestra en Antropología Social de la Universidad de Toulouse en Francia, Lorena Favier, opina “la celebración no reproduce las realidades sociales, sino que constituye un reflejo de ellas”. De ahí que la conservación y difusión de los valores tradicionales dependa de distintos ámbitos de la vida social y no sólo de la celebración de XV años.

“Chicas y familias que no festejan esta celebración promueven de la misma forma, valores tradicionales en cuanto a los papeles femenino y masculino. Por lo tanto, la reproducción de éstos no se atribuye únicamente a la fiesta de XV años, ni a las clases sociales que la festejan, sino que hace parte de una ideología patriarcal existente en todos los estratos de la sociedad”, menciona Lorena Favier en su investigación “La fiesta de quince años: etnografía de un ritual de paso moderno, un rito por y para las mujeres”.

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“¿Qué modelo es?”, pregunta asombrada Gabriela. “Es el equipo negro, con pedrería, y falda verde”, responde agotada la encargada del local. “¡Me lo llevo!”, afirma sin vacilación la niña que, por más de dos horas, mantuvo ocupados a los empleados del lugar. Con una gran sonrisa, la mujer de cabellera rubia les entrega a los padres de la quinceañera las dos crinolinas, los protectores para el busto, el ramo, el tocado y la chalina.

¿Qué habrá sido lo que llevó a Gabriela a decidirse por ese modelo? No era, con seguridad, el mejor ejemplar de la tienda. Tampoco tenía adornos extravagantes y, por supuesto, no contaba con telas importadas de otros lugares del mundo. Quizá (y sólo quizás) era el modelo que la hacía feliz. El modelo con el que, por fin, se sentía una auténtica quinceañera.







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