viernes, 16 de mayo de 2014

¿OTRO PULQUITO?


Por Ilse Becerril Castro
México (Aunam). Calor. Viernes por la tarde. El reloj marca aproximadamente las dos con treinta minutos; conforme pasan las horas llegan más grupos, pequeños y grandes, de personas buscando un espacio donde puedan disfrutar su bebida (la de los dioses). Primero se asoman para ver la disponibilidad de espacio, y habiendo o no, uno por uno va ingresando.

Basta con pedir un tarro, un vaso, una jarra o una cubeta de pulque natural o curado para comenzar a charlar, beber o escuchar música con tus acompañantes. Así es como comienza el ambiente en pulquería Las Duelistas.

Una rocola, en la cual se introducen 10 pesos para poder disfrutar de tres canciones que sean de tu preferencia, también es parte de la pulquería; la diversidad de música es varia, hay para todos gustos: desde el metal, pasando por la música pop, hasta las rancheras; algunas canciones ponen a cantar, e incluso a bailar, a todos los presentes; en sus rostros se observa la emoción, euforia y alegría de entonar letras que se saben mientras degustan sus bebidas.

El calor es cada vez más intenso, es inevitable no sudar debido a la gran cantidad de personas atiborradas en cualquier espacio que encuentren disponible, el poco aire que proviene de un ventilador colocado en el techo no es suficiente para refrescarse, sin embargo, a los jóvenes y adultos no parece importarles. Beben, platica, cantan, ríen, disfrutan su estancia.

Tampoco parece importarles si están sentados en cualquier mesa que se encuentre con lugares disponibles, en la barra, o simplemente están de pie. El chiste es pasar un buen rato en compañía de sus conocidos o buenos por conocer.

Desde las dos puertas que dan acceso a la pulquería se observa el diseño peculiar: magueyes en la entrada que te invitan a pasar y probar la variedad de sabores que ahí ofrecen; colores brillantes y llamativos que te incitan a asomarte para ver qué es lo que acontece dentro y seguir observando el diseño que adorna las paredes y el techo.


El diseño que caracteriza la pulquería no dejó a un lado el pequeño baño, de unos cuantos metros, utilizado por hombres y mujeres. En la puerta, que no cubre en su totalidad la parte de adentro, resalta un singular diseño de colores brillantes y la leyenda: “Viva México, cabrones, ¿otro pulquito?”

Espejos adornan la parte media de las paredes de la pulquería, que a su vez muestran fotografías, en blanco y negro, de personas disfrutando un tarro de pulque.

Un pequeño “menú” con letras blancas se deja ver en una de las paredes. Ofrecen pulque natural en 20 pesos y curado de fresa, mamey, piñón, avena, oreo, guayaba (dependiendo del día) en 25. Si los asistentes a esta conocida pulquería gustan comer, pueden pedir uno o varios platos de comida que los trabajadores hayan preparado ese día: chicharrón en salsa verde con papas y charales en salsa verde o roja son la especialidad.

Ubicada en Aranda 28 en el Centro Histórico; esta tradicional pulquería tiene poco más de 102 años de historia y un diseño peculiar y único; la temática del lugar es prehispánica, en relación con esta bebida de los dioses, que data de siglos atrás. La única bebida que aquí se ofrece fue y será sólo el pulque.







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