sábado, 24 de mayo de 2014

NADA MÁS GRATIFICANTE QUE CONTAR HISTORIAS: CHRISTIANE BURKHARD

Por Yari Jazmín Torrijos Orozco
México (Aunam). “¿Cuándo comienza realmente esta historia? Es una historia que tiene muchos comienzos, que tiene muchos rostros, es una historia de todos, es mi historia, es la historia de un México que todavía está pendiente”. Susurra, dentro de esa gran pantalla negra, una voz indulgente, pero llena de fortaleza; triste, pero esperanzadora; dulce y al mismo tiempo segura. Así suena la voz de Aleida Gallangos Vargas, una de las tantas afectadas de la llamada Guerra Sucia, dentro del documental Trazando Aleida.



Alemana de origen, Christiane Burkhard, productora del documental Trazando Aleida, camina de un lado a otro. Es un entorno totalmente distinto a cualquier área natural. Definitivamente, está muy alejado de las plantas e incluso de la fauna que proyecta en el documental. No hay árboles, ni vegetación, sino muros de concreto sólido, cámaras profesionales y luces en el techo. Al fondo, un proyector blanco. Frente a éste numerosos pupitres. A los lados, paredes blancas. Un lugar que no incita a la gente a permanecer por mucho tiempo ahí.

La también egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y ganadora de múltiples premios y reconocimientos le sonríe a cada estudiante que entra a los estudios de televisión de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. No importa si conoce o no a esos estudiantes. Eso es lo de menos. Ella disfruta tener contacto con la gente, acercarse, conocerla, descubrirla, tratarla.

“Y es que no existe nada más gratificante y complicado que trabajar con los testimonios de las personas para contar historias”, comenta la ganadora en la Categoría Mejor Documental Mexicano en el Festival Internacional de Guadalajara por Trazando Aleida.

Historias que van de la relación íntima hasta la dimensión política, social e incluso cultural. Historias que no se quedan en la nota informativa, sino que profundizan en la investigación. Historias que emplean la ética, el tacto y la sensibilidad. Historias que, en lugar de victimizar, buscan reflejar los límites de la susceptibilidad humana. Historias que, a veces, adoptan la forma de un documental o, en su defecto, de varios documentales.

Relatos que, como dice la documentalista: “Vinculan la historia íntima con la Historia en mayúscula (la macrohistoria)”. Historias como la de Aleida Gallangos Vargas y su hermano Lucio Antonio. El primer caso en México de niños, hijos de padres de desaparecidos durante la Guerra Sucia, que no sólo se reencuentran, sino que además recuperan su identidad.

Y es que la Guerra Sucia forma parte de la historia (con “h” minúscula) particular de muchos mexicanos, pero también de la Historia (con “H” mayúscula) de un país. Constituye, en gran medida, la memoria de una nación, los gritos de impunidad de miles de personas, sus causas y, aún más grave, sus consecuencias.

“¿Por qué comenzó a investigar sobre el caso de Aleida?”, pregunta una estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, dentro de los estudios de televisión, a la documentalista que maneja “la cámara a la altura del corazón”.

La respuesta se torna sencilla para la autora de películas como Vuela angelito (2001) y La emperatriz de México (2005): “Empecé a investigar sobre el tema de los hijos de desaparecidos políticos influida por ciertos documentales que había visto en Argentina. Cuando profundicé la investigación, conocí el caso de Aleida y me interesó porque, además de querer saber qué había pasado con sus padres, había un contemporáneo desaparecido y eso no lo había encontrado en ningún otro caso”.

“Me interesaba hacer un proceso de búsqueda, un trabajo de memoria, y también una labor de reconstrucción de la identidad”, concluye con un aura de seguridad Christiane Burkhard. De pronto, la pantalla se vuelve oscura. No hay nada, salvo lo incierto. Un silencio sepulcral rodea los estudios de televisión, pero a lo lejos se alcanza a percibir una voz, sí, es la voz de Aleida la que repite una y otra vez: “Al final de todo, voy dibujándome a mí misma, naciendo nuevamente y asumiendo que soy hija de esa historia”.






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