jueves, 20 de marzo de 2014

CASTILLOS DE CARTÓN PARA QUE HABITE EL AMOR

Por Yari Jazmín Torrijos Orozco

México (Aunam). En el amor hay dos tipos de relaciones afectivas: las convencionales y las que no lo son; las que encajan con estereotipos impuestos por la sociedad y las que transgreden los valores morales de un grupo. Aquéllas que responden a los intereses individuales; mientras otras prefieren un bienestar colectivo. Donde lo importante es que “Él” esté con “Ella”, y donde se atiende la construcción de un “Nosotros”. Relaciones sin explorar la condición humana y relaciones como las que se proyectan en el libro Castillos de cartón, de la escritora española Almudena Grandes.

La también ganadora del Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2011 recorre mediante su sexta novela, Castillos de cartón, la vida de tres personajes: María José Sánchez, mejor conocida como José, Jaime González y Marcos Molina Shulz. Tres amigos que comparten un mismo sueño: triunfar en el terreno de la pintura. Tres compañeros de clase que se refugian en el arte como forma de vida. Tres amantes que se ven envueltos en una historia de amor poco convencional y, por lo mismo, peligrosa. Tres seres que utilizan cimientos frágiles para construir una realidad placentera y dolorosa. Una realidad única en su estilo.

Publicada en 2004, la novela Castillos de cartón sitúa al lector en el Madrid de los años 80. Época que contextualmente corresponde a una de las transiciones culturales más importantes en la historia de España: la Movida Madrileña. De acuerdo con el artículo “La cultura juvenil como fenómeno dialógico: reflexiones en torno a la movida madrileña”, dicho cambio cultural se presentó como una negociación simbólica de significados y contenidos, y no como parte de un discurso hegemónico a cargo de la normalidad institucional.

En otras palabras, la Movida Madrileña fue un movimiento crucial para que la cultura juvenil de dicha época se constituyera como parte de una subcultura, dentro de la estructura dominante. Una subcultura que tratara de promover prácticas culturales opuestas a las establecidas durante la dictadura. Una subcultura que se sintiera capaz de consolidar un discurso orientado hacia “[…] el tiempo libre, el ocio y el arte”. Este último, el espacio por excelencia del nuevo material simbólico, subraya el especialista de la Universidad Complutense de Madrid, Héctor Fouce, dentro del artículo antes mencionado.

Pese a que en la novela Almudena Grandes no abunda (ni siquiera un poco) en el fenómeno de la Movida Madrileña, sus personajes sí reflejan el pensamiento de esos jóvenes que, en los años ochenta, se encontraban dispuestos a innovar y transformar con diferentes propuestas alternativas el campo de las expresiones artísticas y, por supuesto, el de las relaciones humanas.

Ya lo señala, en una parte del libro, María José Sánchez –la figura femenina más representativa dentro de la historia de Almudena Grandes¬¬– al momento de hablar sobre la relación que existe entre Jaime, Marcos y ella: “Madrid era el mundo y yo estaba en medio, dispuesta a tragármelo todo sin tomarme la molestia de masticar antes cada bocado. Diez años antes aquella escena no habría podido suceder. Diez años después, habría sido igual de imposible. Pero estábamos en 1984 y teníamos veinte años”.

A lo largo de 199 páginas, Almudena Grandes, la también autora de obras eróticas como Las edades de Lulú, es capaz de condensar en cuatro capítulos muy específicos, “El arte”, “El sexo”, “El amor” y “La muerte”, las debilidades y las fortalezas de sus tres personajes principales.

José, una mujer a la que le importa disfrutar el momento. Vivir, arriesgarse, dejarse llevar y olvidarlo todo. Una mujer que a falta de ambición, posee mucho talento en el área de la pintura. Una mujer capaz de sacrificar intereses propios por bienes colectivos.

Jaime, el típico líder egoísta al que le gusta competir en sectores que no domina y presumir de cualidades que no posee. Al contrario de José, carece de talento, pero es muy ambicioso. Le gusta que la gente lo reconozca como el número uno en cualquier actividad que realice.

Y por último, Marcos, un hombre al que le cuesta mucho trabajo disfrutar de la vida. Tímido, reservado, inseguro, modesto y amable son las características que lo identifican. Un hombre que no carece de talento, ni de ambición, sino de un elemento mucho más importante: la capacidad para poder compartir con el otro, sea quien sea, sus triunfos.

Tres seres que se preocupan por ese “Nosotros” implicado dentro de una relación. Tres seres que trazan caminos distintos en cuanto al terreno de la pintura. Tres seres que, en su intento de transformar las relaciones humanas, acaban por involucrarse en un mundo sin salida.

Bibliografía: Grandes, Almudena (2004) Castillos de cartón, Barcelona, Tusquets Editores, 199 p.




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