martes, 14 de mayo de 2013

"MATÓLA Y VIOLÓLA": CINCUENTA AÑOS DE ALARMA

Por Julián Rodríguez Linares
México (Aunam). “Si exprimes la Alarma, de seguro que te va a chorrear sangre”, expresa el joven Alejandro Sebastián, quien al ver la portada de la revista no duda en mostrar un gesto de repulsión y asombro ante las fotos más escalofriantes que un ser humano pudiera imaginar publicadas.

Alarma es sinónimo de sangre, porque desde su primera aparición el 17 de abril de 1963 hasta el presente año, sus páginas han albergado los hechos más espeluznantes, sangrientos y macabros que han caracterizado la nota roja en México; por ejemplo un grupo de mujeres que se dedicaban a la trata de blancas Las Poquianchis hasta un asesino y violador de mujeres El coqueto, donde todo gira en el mote de la revista, es decir “únicamente la verdad” será presentada a los lectores.


Ser el semanario más longevo del país en tratar temas policiacos no es poca cosa, grupos de rock como Botellita de Jerez o Café Tacvba han creado canciones inspirándose en su formato, muestra de ello es la famosa canción Alarmala de tos. Por ese motivo cumplir las primeras cinco décadas de vida es digno de festejo y algarabía.

Miguel Ángel Rodríguez es el gran orquestador de este formato que combina el lenguaje coloquial, con la sangre y la información. Miguel es director y editor de Alarma, trabaja cada semana en un despacho repleto de ejemplares de periódicos, revistas y decenas de libros para seleccionar la información más relevante, así como redactar los titulares más ingeniosos que serán leídos por miles de mexicanos en todo el ancho y largo del territorio, ávidos de nota roja y un poco de morbo.

Las historias de Miguel Ángel Rodríguez y Alarma no se pueden explicar por separado, una no se comprendería sin la otra y viceversa, esto se entiende porque a la edad de 17 años él inició como mensajero de dicha publicación de periodismo policiaco, que en ese tiempo era dirigida por Carlos Samayoa, y a partir de ahí comenzó a aprender el oficio de periodista. Fue ese observar de cómo los periodistas buscaban sus notas y fotos que lo llevó a su verdadera vocación.

Matóla y Violóla: Estilo y verdad

Cuando un sujeto acude a un puesto de periódicos podrá ignorar la existencia de publicaciones, diarios, historietas, entre otras, porque simplemente su contenido no llamará su atención, pero si existe alguna publicación que atrapa las miradas de los lectores es Alarma a causa de ese estilo tan peculiar para informar.

“El estilo, a lo largo de todo este tiempo, ha sido el mismo, es decir, un habla coloquial, por ejemplo hablar de mujercitas, de chicas de tacón dorado o decir plomazos para referirnos a los disparos”, expresa Miguel Ángel Rodríguez, con una ligera sonrisa al comentar sobre los encabezados que han marcado un modo de expresar los hechos trágicos.

En ese sentido la creatividad juega un papel primordial, porque ante la magnitud de los hechos se busca que los lectores se sientan atraídos a la información con titulares llamativos pero entendidos por todos. Leer encabezados del tipo Dos horas de balazos, Lo mata por no bajarse por los chescos, Rápidos y mugrosos y el conocido Matóla y Violóla representan “acercarse a la forma en que lo capta la gente”.

Por otro lado, si el juego de palabras es característico al presentar los sucesos violentos, otro factor primordial es la imagen que lo acompaña; y pese a que periodistas o especialistas en el tratamiento de la nota roja consideren dichas fotos una falta total de respeto a los muertos y familiares, además de una violación a la dignidad y derechos humanos de los afectados, el director lo considera como realismo.


“Aquí el único código de ética está en nuestro eslogan y es únicamente la verdad, en la revista nunca vas a encontrar una foto tocada, editada o alterada; pueden ser fotos muy violentas, y a eso le pueden llamar amarillismo, está bien; pero nadie puede decir que somos mentirosos o falseamos la información, o sea, el cadáver así estaba, así lo dejaron, acto seguido, nosotros lo publicamos. Son fotos crueles para la sociedad, pero nuestro objetivo es informar”.

Entonces, encontrar en la portada a dos sujetos con señales de tortura y sin cabeza, indican el “clima de violencia que vive el país, el cual se encuentra más allá de lo que cualquier sujeto se pudiera imaginar, nuestra labor consiste en señalar y denunciar los crímenes de nuestro contexto social”.

Porque en dicha publicación, comenta, no se trata de un trabajo improvisado, sino que existen colaboradores distribuidos en el país que nutren de información, testimonios y fotos a Alarma, además en todo este tiempo de vida nunca han recibido alguna denuncia por falsedad de información o el uso indebido de imágenes violentas.

Alarma para rato

A la revista ya le están saliendo canas, pero eso no significa que comience a tener fallas o haya perdido su chispa, al contrario Alarma sigue con el mismo brillo para informar; titulares del tipo Huellas de olvido o Arte con llagas son muestra de que tienen más energía y salud para seguir deambulando por las calles de la ciudad en busca de la cosecha de homicidios para publicar.

El poco pelo gris que se observa en el semanario significa madurez y el legado que ha dejado en cómo comunicar la nota roja en México. Su labor periodística ha creado escuela, porque otros diarios han aprendido ese estilo de tomar fotografías grotescas o el uso del lenguaje popular en las notas; por ejemplo, el periodista encargado de cabecear el diario El Metro trabajó para Miguel Ángel Rodríguez por poco más de diez años, se trata de Enrique Moran.

No obstante a lo largo de esta media centuria, Alarma se ha ido conformando de mayor material, donde si bien los crímenes y homicidios ocupan un lugar preponderante, también existen secciones como Valle de lágrimas donde ayudan a personas extraviadas a encontrarse con su familia, se publican textos y narrativas de personajes como Guillermo Fadanelli, ganador del Premio Grijalbo 2012, del escritor J. M. Servín, se dan recomendaciones de libros y el famoso poster para “deleitar la pupila de los caballeros”, después de ver mucha sangre.

Así pues, cumplir 50 años de cubrir asesinatos, choques, violaciones, ejecuciones y todo el material que implique dolor, sufrimiento y sangre en la nota roja mexicana es un motivo de festejo; Miguel Ángel Rodríguez se congratula de ser el gran director de todo este material informativo, porque en este medio existirán los detractores de su trabajo pero para él la nota roja significa “la puta que mantiene a la familia, porque es la fea, es la que nadie quiere ver, de la que todos se avergüenzan, pero es la que más vende y más dinero mete a la casa, representa su verdadera vocación y una manera de expresar su pasión por el periodismo”.




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