martes, 8 de mayo de 2012

HITOS Y MITOS DE “POLAKAS” A SUS 60 AÑOS

Por Abigail Saucedo Castro
México (Aunam). Es una dama mayor, pero bien conservada. Su trabajo es repudiado por muchos y adorado por otros. Le gustan los intelectuales, sin importar su estatura o color de piel. Lleva la cuenta de quienes ya tuvieron una historia con ella, su lista incluye tanto hombres como mujeres. Y además cobra barato. Dicen que quien la conoce, jamás la olvida. Señora de las seis décadas, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), “Polakas”, tiene anécdotas que contar.


Reconstruyendo el mapa

Dice la historia que por ahí de 1950 la UNESCO, agotada de tanta pelea entre Asia y Europa, sugirió al mundo la formación urgente de especialistas en el campo de las ciencias sociales y México acató la orden.

Lucio Mendieta y Núñez (nombre que lleva una sala de la facultad) propuso al rector Luis Garrido la creación de una nueva sede que cubriera estas demandas, un año más tarde se creó la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (ENCPyS).

“Me pareció conveniente (…) la creación de una Escuela de Ciencias Políticas y Sociales dentro de la Universidad Nacional, en donde se formaran sucesivas generaciones de estudiosos de estas disciplinas, quienes fueron creando el medio y el clima propicio a su comprensión y desarrollo." escribió Lucio Mendieta en el segundo número de la Revista de Ciencias Políticas y Sociales.

Mudanzas

En una entrevista para la Gaceta Políticas, Leopoldo González Aguayo, catedrático de la licenciatura en Relaciones Internacionales, relató una anécdota de Arnulfo Avilés, un intendente de la ENCPyS: “Aquel hombre me contó, y yo le creo, que (…) el día de la inauguración (…) llegaron unos parroquianos y le encargaron a Arnulfo les guardara a algunas de las guapas jóvenes para el sábado porque ese día rayaban”, esto se debió a que ese lugar era un prostíbulo.

Cierto o no el mito de los devotos, el 9 de julio de 1951 la ENCPyS fue inaugurada en la calle de Miguel Schultz 24, donde permaneció dos años antes de su primera mudanza.


En 1954 la ENCPyS estrenó nueva sede en Ribera de San Cosme 71, en el edificio conocido como Mascarones, el cual se caracterizó por tener gran actividad política; allí se realizaban conferencias y los alumnos hacían reuniones de carácter social, fluía un aire de compañerismo.

Cinco años más tarde, entre la Facultad de Economía y la Torre de Ciencias (actualmente Torre II de Humanidades) se construyó una nueva ubicación para la ENCPyS: “la escuelita”, como muchos la llamaron y que funcionó durante 25 años.

Tal vez, fue el cargado aire de lucha social en el ambiente lo que desplazó a la nombrada facultad a sus nuevas instalaciones en el Circuito Mario de la Cueva en Ciudad Universitaria el 8 de noviembre de 1984.

“Cuando hice mi servicio social, el cual consistió en trasladar el mobiliario a las nuevas instalaciones, mi jefa Carmen Quiroz me dijo que incluso el diseño de la facultad era para evitar que los alumnos se reunieran, por eso existen las dos explanadas, y eso dejando de lado que estamos hasta el extremo del campus”, señaló Pedro Mundo González, egresado y actual secretario de servicios escolares de la FCPyS.

Sin embargo, la justificación oficial atribuye el cambio de ubicación a que la población estudiantil se incrementó al doble.

En 2011 se instaló en la pared principal de la cafetería una línea del tiempo que contiene los siguientes datos sobre matricula durante las distintas administraciones:

En la dirección de Carlos Sirvent, momento en el cual se dio el cambio de instalaciones, no hay registro de la matricula en ese periodo, ni del posterior.

Si la población se duplicó, según la teoría oficial que se encuentra en el sitio web de la facultad, existió una población mínima de 14 mil alumnos, entonces de 1988 a 1992 ¿hubo una terrible deserción de alumnos? O quizá sólo hubo un extraño error en la pancarta al omitir justo estos datos.

Al mando

Catorce directores han estado a cargo de la FCPyS. Y si bien algunos se quedaron en el intento, otros revolucionaron la escuela en mayor o menor medida.

Enrique González Pedrero creó el Posgrado, con el cual se duplicó la matricula. Del Rio Reynaga impulsó un plan de estudios donde se estableció el tronco común con opciones terminales en los últimos semestres. Antonio Delhumeau, por su parte, creó el departamento de Intercambio Académico y el Centro de Educación Continua.

Cardiel Reyes fortaleció el sistema de Universidad Abierta. En el periodo de Ricardo Méndez Silvase se creó la Coordinación de Idiomas y el Centro de Servicios de Cómputo.

Durante la gestión de Cristina Puga Espinosa se apruebó el Plan de Estudios de 1997, en el cual se implementan las prácticas profesionales, el servicio social, los cursos extracurriculares en idiomas y apoyo a la titulación.

Pérez Correa reformó en 2007 el Plan de Estudios que sigue vigente. Fernando Castañeda Sabido, construyó escaleras de emergencia e impulsó a la Gaceta Políticas para regresar a su versión impresa.

Lucha e hibernación

Entre los movimientos estudiantiles con mayor notoriedad destacan dos: el del 68 y la huelga del 99.

“El espíritu revolucionario era más fuerte porque se tenía una formación apegada a la teoría marxista, ya con el cambio de plan prácticamente se erradicó. ¡Ahora muchos no saben quién fue Marx!” señaló Othón Camacho Olín, egresado de la facultad.

Durante la gestión de González Casanova, el espíritu revolucionario estaba a flor de piel y la facultad se radicalizó hacia la izquierda.

Ledda Arguedas, socióloga de la UNAM, escribió en su libro Sociología y Ciencia Política en México que durante el movimiento del 68 la FCPyS se caracterizó por ser un espacio plural en donde coexistían “la enseñanza de técnicas empiristas, la difusión de autores latinoamericanos, de los trabajos de C. Wright Mills y, en general, de la llamada ‘nueva izquierda norteamericana’”.

Treinta y un años más tarde, ocurriría un nuevo fenómeno revolucionario: la huelga de 1999. En ésta se protestaba contra la aprobación de la Reforma al Reglamento General de Pagos, en la cual se proponía aumentar las colegiaturas.

En dicha huelga los alumnos se dividieron en dos grupos: los “ultra”, huelguistas radicales, y los “moderados”, quienes no estaban de acuerdo con el movimiento y fueron expulsados de la facultad. Ese fue el periodo de paro más largo de su historia.

“Se trataba de hacer algo que era imposible, las clases extra muro eran un fracaso y más en el caso de la facultad, la forma en que somos como estudiantes no funcionó, era como un simulador, hacíamos como que dábamos constancias o hacíamos exámenes profesionales”, rememoró el Secretario de Servicios Escolares.

El fin de la huelga terminó en el nuevo milenio y se les dio la bienvenida a los alumnos con un asalto al inmueble por parte de la Policía Federal Preventiva.

“Fue una experiencia muy terrible para mí, pues aunque estaba de acuerdo con las demandas que originó el movimiento estudiantil, nunca estuve de acuerdo con la estrategia de cerrar la Universidad. Al final (…) fue la propia institución que perdió mucho talento, tanto en alumnos como en profesores e investigadores, fue una generación perdida”, señaló Salvador García, ex alumno de la facultad.

Vaivén

“Cuando yo estudiaba aquí, en los pasillos se oía el eterno sonido de las máquinas de escribir de los alumnos haciendo sus tareas”, recordó Octavio Ortiz, ex alumno y actual profesor de la FCPyS.

Aunque quizá muchos cambios han pasado casi inadvertidos, éstos forman parte importante en la vida cotidiana de dicha facultad.

Esperanza Fuentes, empleada de la biblioteca desde hace 27 años relató cómo era el préstamo de libros, “se llenaba una papeleta, nos decían su nombre, lo buscábamos en el cárdex –que era como su credencial–, y poníamos la papeleta atrás del libro”.

La vida amorosa de los alumnos en años anteriores era menos pública, apuntó el maestro Othón Camacho: “uno buscaba los rincones de la facultad”.

También recordó que las fiestas de fin de generación eran más tranquilas: “no pasaba de los mariachis, quizá un poco de licor y terminaban, comúnmente, entre seis y siete de la tarde”.

El profesor Salvador García, egresado de la FCPyS en 1985, recuerdó haber sido la primera generación que organizó estas fiestas, “fuimos los primeros en hacer una fiesta al terminar la carrera, nadie había llevado mariachis para despedirnos. Ese ‘mérito’ nadie nos lo podrá quitar nunca”.

La actual y famosa “rampita” que limita el fin de la facultad con el camino hacia el metro Universidad, era el paso de la muerte para los estudiantes, “se generó un escándalo porque no tenía pavimento, entrabas por ahí porque te dejaba el pesero, pero un alumno se rompió una pierna porque tropezó con las piedras”, narró el licenciado Pedro Mundo.

La inscripción al siguiente semestre eran un desastre, pues había grupos ilimitados de más de 90 personas, “nos daban un formato donde escribíamos el nombre de la materia, del maestro y del grupo, y teníamos que buscar al profesor para que nos la firmara, sólo así nos aceptaba en su grupo, ya luego lo llevabamos a Servicios Escolares”, recordó riendo el profesor Othón.

“Si no era el maestro, en la hoja firmaba el adjunto o falsificábamos la firma de los profesores si el grupo ya estaba muy lleno, no había un control como ahora”, afirmó el Secretario de Servicios Escolares, y ante la confirmación de la palabra “falsificábamos”, rectifica, “yo no, nunca”.

A sesenta años de vida de “Polakas”, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, que forma sociólogos, relacionistas, comunicólogos y politólogos, se ha transformado a lo largo de sus seis décadas, pero sus cimientos siguen firmes para continuar con su ardua labor en las generaciones del porvenir.








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