viernes, 23 de marzo de 2012

DEL ALMA AL DISEÑO: LUIS BARRAGÁN

Por Víctor García Esquivel
México (Aunam). Toda pieza arquitectónica es en sí misma una obra de arte y como la pintura o escultura obedecen a un estilo, el cual se origina a partir del autor, de quien es necesario entender más que conocer su vida, y así poder familiarizarse con todas sus obras o simplemente reconocerlas cuando se está frente a una.

Luis Barragán fue un arquitecto que nació en la Ciudad de México en 1902, para la que trabajó en su paisaje y el diseño de algunos inmuebles, pero no sólo eso, trascendió de ella y llegó hasta diferentes estados de la república con un estilo y forma muy particulares de ver el país en conexión con otras vanguardias europeas de mediados de los 30.


Y es que la obra de este arquitecto es una verdadera mezcla entre lo rural y los estilos europeos. Para prueba de ello, es que sus influencias más fuertes están asentadas en Francia y España, luego de haber realizado hacia la década de los 20 viajes a estos países, donde conoció a fondo los diseños mediterráneos y musulmanes que se encuentran en el continente.

Pero si para Barragán la edificación era de por sí un aperitivo delicioso, lo volvía más aún con el aderezo de un buen jardín, diseñado al estilo francés (influencia de una exposición que visitó en París sobre los jardines), con gran importancia en la geometría de sus caminos, la simetría de sus arbustos y la vida que el color verde le pudiera dar.

Fue así como en la década de los 30 el entonces joven Luis Barragán había adoptado un estilo racionalista, donde le daba tanta importancia a lo geométrico y minimalista, sin olvidar la compañía de un buen jardín.

Quizás, si el arquitecto de Guadalajara viviera, podría decir que su euforia por la geometría y los colores que más tarde se acentuaron en sus edificaciones correspondían a la vida en el campo que tuvo durante niño, pues como hijo de hacendados, vacacionaba en la hacienda de sus padres, lo que le permitió no perder contacto con sus raíces.

Barragán toma en cuenta detalles como el agua, la luz, el color, y en ocasiones la madera, para convertirlos en símbolos que marcan su origen, el enunciado de su procedencia familiar y entorno de desarrollo: “Mi arquitectura es autobiográfica… es la memoria del rancho de mi padre donde transcurrió mi infancia y adolescencia.”

Su vida en la ciudad y el espacio rural, hicieron de su obra una combinación única, pues sus casas y edificios tienen plasmadas las formas geométricas y coloridas que la hacienda le regaló durante su infancia, pero también los toques vanguardistas y detalles selectivos que le dieron su estancia en la ciudad y sus viajes por Europa.

Algunas de las edificaciones que el arquitecto heredó a la ciudad son: la Casa Pizarro Suárez en Lomas de Chapultepec; el Edificio de estudios para pintores en la Plaza Melchor Ocampo; la Casa Prieto López en Jardines del Pedregal; la Casa Estudio Luis Barragán en Tacubaya, (hoy un museo), así como numerosos edificios con departamentos y jardines.

Pero el arquitecto tapatío también se interesó por la arquitectura de paisaje, de tal suerte que fue el encargado del plan de urbanización del Pedregal de San Ángel hacia 1945 y en 1957, en colaboración con Mathias Goeritz levantó las Torres de Satélite, que si bien han sufrido cambios en el color, a través del tiempo, no por ello dejan de ser ejemplo de la combinación urbano rural.

En marzo se recuerda a Luis Barragán (por haber nacido un día nueve de este mes) como uno de los arquitectos que le dio forma a la urbe que rodea a los capitalinos en estos tiempos y aun a los tapatíos, guerrerenses y regios, de tal suerte que varias escuelas y facultades del país le rinden homenajes con concursos, como en la UNAM el Concurso de taller Luis Barragán.

Cuando en 1988 muere, probablemente México le agradecía por haber contribuido con su construcción, quizás no, pero el punto es que con su participación arquitectónica forjó un estilo, que si bien tuvo marcadas influencias de franceses y españoles en cuanto a fachadas, la decoración en los interiores era el recuerdo de la infancia y bellos momentos en la Hacienda de los Barragán Morfín.

Quizás al salir a la calle no sea tan difícil detectar uno de los edificios que fueron obra de este arquitecto, pues basta con reconocer muros de colores, y diferentes formas geométricas en la composición de una fachada para darse una idea de quién es el autor de ese edificio, casa o incluso jardín.





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