lunes, 14 de marzo de 2016

CUANDO LA MUERTE SE CONVIRTIÓ EN LIBRO

Por Raúl Gerardo Parra Rosales
México (Aunam). Es cuarto para las 20:00 horas. El ambiente es una auténtica verbena universitaria; una oda a la feminidad y a la muerte. El motivo: la presentación del libro XVIII Festival Universitario de Día de Muertos: Tzompantli a Frida Kahlo en el marco de la XXXVII edición de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM).

De izquierda a derecha: David Vázquez Licona, Helena López González, Iván Astudillo Reyes y Eduardo Guerrero Villegas.

En un hecho atípico, y a pesar de no estar en los primeros días de noviembre, unas horas antes, alrededor de las cinco de la tarde, diversas catrinas comienzan a desfilar por los pasillos y el patio central del Palacio de Minería. Su presencia altera la relativa tranquilidad propia de una feria del libro y dota al ambiente de cierta solemnidad. Una hora después, una hilera de personas se reúne en torno a la sala conocida como “La Capilla”, ubicada en el segundo nivel del recinto.

La primera edición de la FILPM, auspiciada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se realizó en 1980. Diecisiete años más tarde se instauró otra celebración de inmediato arraigo puma: el Festival Universitario de Día de Muertos, mejor conocido como la Megaofrenda. Desde entonces se han consolidado como las dos festividades más esperadas por la comunidad universitaria y hoy convergen en un recinto que les es propio.

Las catrinas ascienden por la escalinata central con la parsimonia que requiere su papel. El colorido de sus atuendos contrasta con la dualidad cromática de su rostro. Llevan vestidos blancos, negros, amarillos, azules y, algunas, trajes de charro. Un sombreado negro recubre el perímetro de sus ojos y en las mejillas usan maquillaje que simula profundidad. Portan sombreros con plumas alargadas de diversos matices.

Pasan los minutos y la fila ya abarca la primera escalera del patio central del Palacio, está a punto de llegar a la planta baja. El ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente sube con sigilo y pasa inadvertido. Los asistentes lucen emocionados, el brillo de sus ojos se percibe a varios metros de distancia. A quienes colaboraron con algún texto para la antología les entregan un papel que los hará acreedores a un ejemplar del libro.

En un parpadeo, antes de la 19:00 se permite el acceso al recinto con un aforo de un centenar y medio de personas. La procesión ingresa lentamente. En la pared frontal hay una imagen de la Virgen de Guadalupe rodeada de ángeles; la resguardan dos estatuas de mármol. En el techo hay dos frescos cuadrangulares que representan pasajes bíblicos.


Instantes después aparece un trío norteño que ameniza la presentación y encabeza un contingente de catrinas y funcionarios de la UNAM. Se trata de David Vázquez Licona, subdirector de Formación Artística y Cultural; Helena López González, secretaria académica del Programa Universitario de Estudios de Género; Eduardo Guerrero Villegas, director general de Atención a la Comunidad; e Iván Astudillo Reyes, abogado general de la Universidad. El público los recibe con entusiasmo.

Fiel a su nombre, la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería nunca ha cambiado de sede, mientras que la Megaofrenda ha alternado entre Las Islas, el Estadio Olímpico Universitario y el Espacio Escultórico. En este último lugar se llevó a cabo la edición de 2014, que es la que retrata el libro.

David Vázquez toma el micrófono y presenta a sus compañeros del presídium. Las líneas que dividen el pasado y el presente se desvanecen de inmediato. Los dos años que separan al festival mortuorio de su libro conmemorativo se esfuman y ambos convergen en “La Capilla”, ante la atenta mirada de una sala rebosante.

Helena López González se adueña de la palabra y en honor del programa que preside hace una exaltación del feminismo y de Frida Kahlo. Con un discurso estremecedor, destaca el papel que desempeñó la pintora y poetisa en la lucha por los derechos de las mujeres mexicanas durante el siglo XX. Una asistente se contagia de la emotividad de su intervención y le cede el asiento a una madre con sus mellizos.

Eduardo Guerrero agradece la participación de la comunidad universitaria en el concurso para la selección de los textos que más tarde conformarían el libro. Le sigue Iván Astudillo, quien cierra con broche de oro destacando el papel de la mujer en la sociedad mexicana.

Al culminar la presentación, cada colaborador del libro recibe el ejemplar que le fue prometido. En él hay crónicas, notas y entrevistas que versan sobre el altar a Frida Kahlo. El escenario es de júbilo absoluto, la unión de las dos máximas celebraciones universitarias no podía ser de otra forma. Para dejar claro a qué institución pertenecen, antes de abandonar el recinto, los asistentes levantan el puño y entonan al unísono un ¡Goya! que resuena hasta Tacuba.




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