viernes, 18 de marzo de 2016

SER PERIODISTAS NOS PERMITE EMPODERAR LA VOZ CIUDADANA: ALEJANDRO MELGOZA


Por Mariana Montserrat Antúnez Estrada
México (Aunam). Alejandro Melgoza Rocha, editor web de la revista Variopinto, se encuentra en las oficinas de dicho medio. Saca del pantalón color vino un celular con el que realiza una llamada de dos minutos. El periodista que en noviembre obtuvo el Premio Nacional de Comunicación José Pagés Llergo 2015 por el reportaje Enganchadas por Facebook y Xbox en Ecatepec, publicado en la página web Vice México, cuelga y mira de reojo el segundo teléfono que lleva consigo.

La puerta de la sala de juntas está abierta, desde ahí puede verse al reportero egresado de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), escribir en su computadora. Mide poco más de 1.60 metros, es delgado, no rebasa los 60 kilos. Su cabello negro y rizado llega hasta las orejas, una barba y bigote dibujan el contorno de su boca. Recibe otra llamada. Pasan cinco minutos y entra a la habitación. Cierra la puerta y se sienta en una de las sillas rojas de la mesa del centro sin tocar el respaldo, justo en el lado contrario al ventanal con vista a la calle Las Huertas.

Sobre la mesa coloca uno sobre el otro los celulares que usa, se acomoda los lentes rectangulares y recarga los codos. Tiene la cabeza ligeramente agachada y levanta la mirada en espera de la primera interrogante: ¿Qué tan complicado es realizar una entrevista? El colaborador del diario El Universal contesta que para él, hasta la fecha, entrevistar no es una tarea sencilla:

“Es complicado cuando no te preparas ―junta sus manos y dirige la vista hacia su lado derecho―. Yo no creo en la improvisación. Se debe tener un concepto general del panorama para no empezar a preguntar desde cero o cuestionar lo mismo que los demás reporteros. Las preguntas que siempre van a llamar la atención son las que son diferentes. Esto implica un trabajo con la fuente y además, nutrirse de otras formas, estar en el tema buscando libros, autores”.

La entrevista y sus factores esenciales

Melgoza Rocha considera que existen dos factores esenciales en una entrevista: “Es importante cómo se maneja el contacto cuerpo a cuerpo. Ahí sí tiene que ver la improvisación pero el éxito depende de la preparación. Porque a lo mejor la persona puede hablar de otro tema que no tiene nada que ver con la entrevista, si tú conoces, tienes contexto de esa misma fuente puedes rebatir, refutar, abonar, puedes hacer otra cosa distinta e interesante”.

El periodista de 25 años de edad levanta el dedo índice de su mano derecha para hacer una advertencia: “Respecto al manejo de cuestiones corporales hay que tomar en cuenta que a veces los entrevistados se imponen. Se imponen con sus respuestas, cuando contestan con monosílabos o cuando no dejan de verte. También cuando se acercan mucho ―mueve su silla hacia enfrente para ejemplificar lo dicho―, cuando son muy groseros, cuando cuestionan por qué preguntas ciertas cosas o cuando son déspotas. Todo eso puede desequilibrar una entrevista”.

Para Alejandro Melgoza corroborar la información obtenida es una característica indispensable para quien ejerce el periodismo independientemente del género periodístico con el que se trabaje: “Si bien hay una credibilidad del reportero cuando escribe, el lector necesita pruebas de lo que estás avistando y se las das al utilizar fuentes de distintos tipos, tanto oficiales como extraoficiales, fotos, todo lo que se pueda”.

El colaborador de la revista Proceso identifica tres indicadores que determinan el éxito de un encuentro con el entrevistado. Antes de señalarlos pone la mano derecha sobre la mesa, separa los dedos y toca con la mano izquierda uno de ellos: “Sabes que realizaste una buena entrevista primero, cuando no se publica lo mismo que tú publicas, cuando hay algo distinto. No hay malas entrevistas, sino malos entrevistadores y como ocurre en las pláticas cotidianas, no es que la persona no quiera expresarse sino que no se le hacen las preguntas adecuadas.

Por otro lado ―toca otro de sus dedos―, te das cuenta cuando rompes la línea del desconocimiento con tu entrevistado, generas confianza y la persona empieza a hablar. Una buena entrevista también se trata de eso, generar un lazo de confianza. No todos lo hacen.

También se puede identificar una buena entrevista de otra que no lo es tanto, cuando se evita del entrevistado las declaraciones reduccionistas, con clichés o con revictimizaciones y etiquetas. Cuando se hacen preguntas de cierto modo se obtienen respuestas forzadas, eso es tramposo porque se condiciona y descontextualiza la información”.

Metodología del dolor

Para Melgoza Rocha crear un lazo de confianza con los entrevistados implica tomar en cuenta el contexto en el que se lleva a cabo la entrevista. Mueve la cabeza de un lado al otro para indicar su desacuerdo con la forma en la que varios periodistas cuestionan acerca de temas como el crimen organizado o los derechos humanos:

“A veces los reporteros son muy pendejos porque, ¿cómo llegas a preguntarle a alguien si encontraron a su familiar descuartizado o cómo fue? Piden descripción como de nota roja, que no está mal, eso es parte del trabajo o del hecho, pero hay formas de llevar una entrevista”.

Durante su estancia en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM, Melgoza Rocha grabó en su mente el rostro de una de las madres que venía de Ciudad Juárez y cuyo hijo había sido asesinado por un militar: “Nos dejaban de tarea ir a hablar con la gente, como reportear. Tengo muy presente la cara de esa señora, no la puedo olvidar”.

Con ese suceso que lo marcó y como parte de su constante preparación como periodista se ha capacitado con Marcela Turati, reconocida por especializarse en la cobertura de temas relacionados con derechos humanos y víctimas de violencia, para perfeccionar lo que llama la metodología del dolor:

“Hay una metodología para llevar entrevistas de duelo. Hay que saber entrar en el entrevistado y a veces eso no pasa en una sola sesión. Pueden ser bastantes; puede ser que en ese momento se abra o que no pase. En mi experiencia puedo decir que cortas el hielo, el cascarón, horas después”.

Ejemplo de esto es el reportaje Enganchadas por Facebook y Xbox en Ecatepec que Melgoza Rocha elaboró en gran parte con base en entrevistas de duelo realizadas a Neida Lemus, madre de Syama Paz Lemus, desaparecida hace más de un año: “Con Neida trabajé más de nueve meses, desde que desapareció su hija. El contacto inició con desconfianza, con una entrevista por teléfono, no quería darme detalles. Más adelante, después del primer encuentro que duró cuatro horas empezó a formarse ese lazo de confianza,. A partir de ese momento todas las entrevistas fueron igual, de cuatro horas ―mueve sus manos hacia adelante para indicar continuidad―”.

El colaborador de Revolución 3.0 considera que el duelo es la circunstancia más difícil para realizar una entrevista porque: “Hay que tener tacto, hay que saber cómo llegar con la persona. Las entrevistas de duelo tienen una metodología en la que se debe llegar con el entrevistado y aclararle desde el inicio: ‘Voy a hacer preguntas que quizá te incomoden, si tú no quieres responder, dime o hazme una señal’. Todo eso hay que dejarlo muy claro. A veces, durante la entrevista, la persona llora. Es decisión de cada quien pero desde mi punto de vista, tienes que dejar que lo haga, darle su espacio y su momento, que se desahogue.

Hay reporteros que abrazan al entrevistado o que le dan palabras de consuelo, yo me limito al silencio, dejar que se desahoguen y que siga la entrevista porque sí lo estás entendiendo pero me parece una compasión falsa. También es importante no revictimizar, el punto no está en que alguien fue descuartizado o decapitado, esos asesinatos tienen un sistema que funciona por alguna cuestión estructural. No sé, malas políticas públicas o crimen organizado”.

Vínculo entrevistado - entrevistador


El cofundador del portal independiente Hashtag asegura que la objetividad no existe en el trabajo periodístico, comenta que al hacer seguimiento de ciertos casos es tan grande el vínculo formado que: “Te apropias de la historia, te apropias del personaje pero también de la impunidad y deseas que se resuelva. Pasa que haces un problema tuyo, así es el periodismo, es imposible no apegarte”.

Alejandro Melgoza mueve sus manos sobre la mesa y no pierde el contacto visual. Es evidente su emoción ya que eleva el volumen de su voz: “Estoy convencido de que ese es el verdadero periodismo, el que es humano, el que se siente. Por eso no creo en la objetividad, desde tus primeras líneas estás definiendo hacia dónde quieres ir y desde qué punto de vista te estás manejando”.

Límites en la publicación

En cuanto a las restricciones al publicar información obtenida a través de entrevistas el reportero comenta: "Si la limitante es por la seguridad del periodista lo entiendo porque tampoco se puede ser héroe, uno sirve más vivo que muerto, hay que pensar las cosas también en ese lado, con cabeza fría”. De nuevo coloca su mano derecha en la mesa, separa los dedos y comenta al tocar dos de ellos: "Hay dos métodos, firmar en anonimato, por parte de la redacción o pasar tu información a un reportero de confianza.

La información puede ser anónima, puede estar firmada por la redacción pero muchos periodistas a veces no quieren porque dicen: ‘¡No, es mi trabajo!’ Sí, pero hay un contexto peligroso y además no eres tú el punto, lo importante es la información y que se denuncie públicamente.

A veces, lo que puede hacerse es pasar la información a otros reporteros, nunca hay que quedársela. Esto es muy importante ―disminuye la velocidad de su hablar y en tono de burla niega con la cabeza― los reporteros estrella no existen, hay que trabajar en equipo y lo importante es que salga la información no que tú te hagas famoso". Alejandro Melgoza dice estar convencido de que: “El periodismo no se hace de manera individual. El futuro del periodismo es en equipo”.

Cuando la persona entrevistada pide que se censure algo: "La decisión se debe acatar porque debe haber una protección de la fuente. Quizá te puede conceder ciertas cosas pero se debe respetar el anonimato siempre que lo dejen muy claro y sobre todo, que haya razones ―levanta las cejas―. Cuando se oculta a la fuente es importante explicar al lector el porqué”.

Acercarse con las fuentes

El también colaborador de Vice y Time Out, menciona que cuando una persona accede a hablar es porque, la mayoría de las veces, valora el trabajo que realiza el periodista. Hace una pausa, mira hacia el ventanal de la sala y continúa: “No todos, pero por ejemplo, los policías verán tu trabajo y van a confiar. Tres de mis fuentes de la policía confiaron en mí cuando vieron lo que publicaba y cómo protegía las identidades. Uno de ellos me dijo: ‘Es que, pinches reporteros, les dices no me pongas y los pendejos lo hacen’.

Y sí es cierto, algunos mencionan el nombre de la persona pero si no te dan permiso no empleas su declaración ―levanta los hombros y mueve su silla de izquierda a derecha―, así de simple. Si no te conformas con el anonimato entonces no incluyes nada de lo que el entrevistado dijo. Ese vínculo solo se logra con tu trabajo, pueden darte información la primera vez pero si ven que lo que publicas no corresponde con lo que acordaron ahí se rompe con la fuente, siempre debe haber honestidad”.

El momento de la redacción

Desde sus años de preparatoria Alejandro Melgoza disfrutaba redactar: “Iba a estudiar medicina, pero a mí siempre me gustó escribir, no ficción, sí con el estilo de la literatura pero no ficción. Le comenté a un maestro y entonces me habló del periodismo”.

El editor web de Variopinto comenta que tras realizar una entrevista lo primero que se debe hacer es escribir los detalles pequeños. También asegura que con la práctica: “Se aprende en dónde está la materia prima, mientras más te acercas a la noticia y accedes a la información tienes un contexto claro de lo que está pasando. Puedes empezar a hacer toda la historia en tu cabeza, como una novela o una película. Así, cuando escuchas las grabaciones ya sabes qué declaraciones te servirán y cuáles no”.

El autor del reportaje “El cinismo del Mili, un militar feminicida” recalca la importancia de leer y asegura que los reporteros a los que les es más difícil redactar entrevistas u otro género periodístico diferente a la nota es porque solo ven cosas relacionadas con periodismo: “Se debe leer, literatura, novelas, ensayos. Solo al leer se entienden estructuras, como las de las películas.

Te voy a poner un ejemplo. Una película inicia con un close up, se va abriendo la toma y se ve a una mamá ―Melgoza Rocha forma un rectángulo con sus dedos para simular una cámara y mira a través de él―. Y por ejemplo, el inicio de un reportaje tendría una descripción: ‘La mujer tiene el cabello de tal forma, y sus ojos son de esta otra. Está sentada y pasa con la yema de sus dedos el expediente’… Ahí se va abriendo la toma ―se recarga por completo en la silla, y esta se mueve hacia atrás, sus manos aún cumplen la función de una pantalla imaginaria―. Siempre hay que visualizarlo así, como una narrativa.

También menciona que escribir no es algo que se aprende de manera solitaria, sino en un trabajo conjunto con editores: “Siempre hay que tener humildad y acercarse con las personas que saben más que tú o con aquellos que admiras para que te corrijan. Hay que tener siempre la iniciativa de acercarse, de escribir, de proponer”.

Distintos entrevistados, diferentes comportamientos

Alejandro Melgoza disfruta entrevistar a músicos y artistas pero prefiere trabajar con víctimas de injusticias: “Tiene que ver con la convicción de lo que quiero que se denuncie y quiero señalar a los culpables”. El periodista que también ha colaborado en Máspormás comenta que con los entrevistados:

“Se debe mantener un perfil de iguales, finalmente somos personas normales. Ser periodistas solo nos permite hacer una cosa: empoderar la voz de los ciudadanos. Sí creo que el reportero debe de ponerse al nivel porque no es ninguna autoridad intelectual ni nadie para denostar, haces tu trabajo, eso no permite que te eleves. Así como se convence a un editor para hacer una historia también se debe convencer a la fuente porque ser periodista no te da ningún título que diga que eres honesto o sincero”.

Melgoza Rocha aclara que la situación cambia por completo cuando se entrevista a algún especialista o a un personaje reconocido. Recargado por completo en el asiento dice estar de acuerdo con lo que menciona el periodista Jorge Ramos: “A algunos personajes sí hay que atacarlos”.

“Eso no significa que no cuestiones la información que una víctima te dé. Sin embargo, la postura sí debe cambiar, uno no puede ser suave con ellos porque ellos no los son. No quiero estigmatizar porque si algo he aprendido en este trabajo es que hay funcionarios, policías y mucha gente que son la excepción. Pero ir con personajes alzados a quienes casi tienes que perseguir para que te den la entrevista, ¿y te quieren pendejear? No, por eso digo que debes ser duro”.

No es lo mismo entrevistar a ciertos personas, ¡para nada! ―se separa del respaldo y regresa a la parte delantera de la silla―. Cuando te enfrentas a una autoridad algunos tienen todo un antecedente y puntos cuestionables por eso huyen de las entrevistas, como los fiscales o los subprocuradores de fiscalías.

Melgoza Rocha afirma que cuando se entrevista a un escritor también se debe marcar cierta distancia: “Como medida de respeto a la fuente siempre hay que leer su obra. Llegar para preguntar: ‘Cuénteme, ¿de qué trata su libro?’, es la mayor pendejada que uno puede hacer. Al hacer una pregunta así el escritor te va a ver para abajo. Con ellos hay que ponerse casi en el mismo nivel intelectual, saber preguntar cosas importantes del libro, datos nuevos, refutar. Si lees vas a tener la oportunidad, sin necesidad de ser un intelectual, de obtener una respuesta nueva que quizá no tenga que ver con un libro pero sí con algo que no se haya dicho antes”.

Ante la distinción del Premio Nacional de Comunicación José Pagés Llergo 2015 el periodista se siente contento principalmente porque dice: “Revivió el caso de Syama”; pero afirma: “Hay que creérselo pero no tanto porque se pierde el piso, el laurel es solo un día, es importante seguir trabajando porque hay más notas, más historias que contar”.
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