martes, 17 de noviembre de 2015

XOCHIMILCO: SUEÑO CONTAMINADO


Por Adrián Pimentel Vargas
México (Aunam). El cielo es claro. Las nubes, casi transparentes, parecen pintadas por el mejor artista de la historia. Los árboles, alineados y de un verdor tan puro, rodean el canal de Xochimilco en el que se encuentran trajineras que navegan adornadas con flores de los más vivos colores, sobre agua cristalina de tan limpia. Las personas intercambian comida, llevan flores, se ven felices.

Así es la postal de las chinampas de Xochimilco de México en los años 50 que tengo en mis manos. La tomé de un módulo de turismo colocado en la entrada del embarcadero Fernando Celada. Se ofrece como regalo para los visitantes del lugar que fue declarado por la Unesco en 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sin embargo, y a causa del deterioro ecológico producido por la urbanización, en dos ocasiones la declaratoria ha estado en riesgo de ser retirada.

La imagen que conservo en mis manos parece tomada de otro sitio muy distinto al que veo frente a mí: docenas de trajineras desgastadas, sucias, amontonadas; sobre el agua, cuyo color es una especie de verde oscuro, flotan bolsas de basura; el agua apesta, parece que cada trajinera realmente flotan sobre un canal de aguas residuales.

Recientemente la Secretaría de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal (Seciti), emitió un comunicado mediante el que alertaban sobre la extensa contaminación de los canales de Xochimilco.

A partir de un censo de descargas de aguas negras y grises, determinaron que existen 1,374 descargas irregulares en una extensión de 116 kilómetros, lo que puede representar un grave problema de salud para los pobladores debido a la presencia de bacterias de origen fecal.


Eso por eso, quizás, que en este momento no hay nadie en la entrada del embarcadero. Los trabajadores juegan cartas dentro de la oficina, ríen, no tienen nada mejor que hacer. Ya no es común escuchar que alguien llegue a pedir el servicio para celebrar algún cumpleaños o una fiesta. No hay alguien que relacione la decadencia de este sitio con una celebración posible. Además el costo, desde hace dos años, es de 400 pesos por una hora en trajinera.

Rosario Iturbide, una de las colaboradoras en el estudio que determinó la cantidad de contaminantes contenida en el agua, menciona como posible solución para este problema la instalación de un sistema de drenaje superficial y paralelo a los canales, además de la colaboración entre el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y las autoridades, para restaurar las chinampas de Xochimilco.

Me siento un momento en las escaleras. Llevo toda mi vida viviendo en Xochimilco, y no recuerdo el día que todo cambió para empeorar las cosas. Por las mañanas es frecuente ver una pila de basura a un costado de las oficinas del embarcadero. Parece común la escena para los pobladores. Aunque esté prohibido tirar basura, vienen y echan sus desechos en esa esquina que cada fin de semana se llevan los trabajadores de limpia de la delegación.

Estar aquí se ha vuelto incómodo. En el 2014 hubo un problema entre los trajineros porque muchos de ellos, según decían, eran ilegales. Después los integraron de algún modo. Hoy sólo hay dos de ellos, su mirada es fría, profunda, ataviada por el tedio. El sello distintivo en sus miradas está impregnado por la soledad que recorre el aire.

Xochimilco se ha vuelto una promesa. Cada nuevo delegado promete restaurar las zonas verdes y proteger la vida silvestre en ellas, como el axolotl, especie endémica de nuestro país al borde de la extinción. Cada delegado, al terminar su mandato, olvida las promesas. Ahora el turno es de Avelino Méndez, candidato ganador por Morena, para cumplir lo que fue una especie de lema de campaña: “salvar Xochimilco”.

Vuelvo a mirar la postal tomada del pequeño módulo de información turística. México era casi un paraíso hace tantos años, ahora es un sueño contaminado y en crisis.










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