martes, 17 de noviembre de 2015

EL OBSERVADOR DE RAYOS


Por Brandon Gustavo Pacheco Alonso
México (Aunam). Encontrarlo no es difícil. Después de registrarse habrá que caminar por un pasillo al aire libre. Cuando se vea un mural naranja con las letras doradas: “Instituto de Física” hay que dar vuelta a la izquierda y caminar hasta encontrar el “Edificio Colisur”. Ahí está su cubículo.

Adentro solo se logrará ver un escritorio de madera, en donde la computadora ocupa la mayoría del espacio. A uno de los costados, en el pizarrón de tiza, hay escritas varias ecuaciones numéricas que pueden llegar a ser indescifrables para algunos. Ese es el lugar de trabajo de Hermes León Vargas y esas ecuaciones servirán para su próximo proyecto en uno de los observatorios más innovadores de la época: el observatorio HAWC (High Altitude Water Cherenkov).

El músico que se interesó por la Física

Hermes León es originario de Jalapa, Veracruz y desde muy joven, cuando estaba en la secundaria, empezó a interesarse por la música. Sin embargo, fue gracias al programa: Olimpiadas de la Ciencia de la Sociedad Mexicana de Física que se llegó a interesar por esta compleja ciencia. Así estudió la licenciatura en Física en la Universidad Veracruzana.

No obstante, Hermes recuerda en el video de su perfil hecho por el Instituto de Física: “mi primer intento fue un desastre, no pasé de la primera etapa, pero de alguna manera eso me motivó a intentar más y posteriormente mi segundo intento llegó a la fase nacional. Obtuve un segundo lugar y bueno de ahí vine a la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Conocí lo que era la Física, lo que era estar en la UNAM. Me gustó mucho y fue el mejor momento que me hizo decidir que me quería dedicar a esto”.

El observatorio HAWC

Hermes León es una persona curiosa. No se conforma fácilmente. Después de realizar sus estudios de Doctorado en la Universidad de Frankfurt en Alemania, regresó a México a realizar un post-doctorado, éste consistía en realizar investigaciones dentro de uno de los observatorios más innovadores del mundo, que no observa estrellas, asteroides ni planetas. Mira y examina con atención los rayos cósmicos y rayos gama que provienen de distintas partes del misterioso universo.

El observatorio se encuentra en un lugar estratégico. En lo alto, a solo seis kilómetros de la cima, de la montaña más enorme del país: El Pico de Orizaba. Esto se debe a tres razones que enumera el investigador: “en primer lugar por una razón económica, pues se dividen gastos”.

Esto debido a que el observatorio es un proyecto conjunto con diversas universidades del país y del extranjero, entre ellas está la Universidad de Guadalajara, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV), la UNAM, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, entre otros. Mientras que en el extranjero participan la University of New Mexico, el Michigan Technological University, la NASA, etcétera. Cada institución se concentra en un punto de investigación de este proyecto.

El segundo punto, explica Hermes León, se debe a las condiciones del terreno como la planicie y la extensión. Por último, también es “por la existencia de un telescopio milimétrico que se encuentra muy cerca del observatorio y funciona para algunos estudios que se realizan en la zona”.

Debido a que apenas se terminó la construcción, el físico menciona que aún no hay visitas guiadas dentro del observatorio, pero que espera que esto pueda ser posible dentro de un par de meses más, porque “al ser financiado por dinero público de los mexicanos y encontrarse en una reserva natural estos tienen el derecho a ver este tipo de construcciones”.

La tarea de crear un observatorio

Construir este innovador espacio llevó más de cinco años. El observatorio cuenta con diversos artefactos que ayudan a su objetivo principal: saber de dónde provienen los rayos cósmicos y los rayos gama en el Universo. Los primeros, explica Hermes León, “llegan a la Tierra con carga eléctrica, pero no se sabe su origen. La velocidad de estos es similar a la velocidad de la luz”, mientras que los rayos gama “poseen mucha más energía que los rayos X”.

Esta energía cuando llega a la Tierra lo hace en forma de cascadas de pequeñas partículas que se distribuyen a lo largo del campo terrestre, debido a la acción que ejerce la atmósfera sobre los rayos provenientes del espacio, ya que si llegan directamente podrían ser peligrosas para el ser humano, pues emiten altos niveles de radiación.

Para captar estas partículas que viajan velozmente por la Tierra, se instalaron más de 100 tanques de agua ultrapura, esto debido a que las partículas, -también llamadas fotones- viajan rápidamente por el espacio terrestre, al momento de impactar con el agua ésta disminuye, pudiendo captar mejor su procedencia. Luego de esto, dentro del tanque se encuentran cuatro fotomultiplicadores que se encuentran vinculados a un sistema de computadoras.

El investigador de neutrinos

Estudiar este inmenso y extraño campo es intrigante. Para el investigador del Instituto de Física los objetivos del observatorio son conocer un poco más de éste misterioso cosmos. Además de ayudar a “entender más de la naturaleza, estudiar procesos energéticos del universo y la formación de recursos humanos”, explica Hermes León.

El principal propósito de este observatorio, dice el investigador, es conocer de dónde provienen los rayos gama y los cósmicos para crear un mapa e identificar las regiones que emiten estos tipos de rayos para “apuntar hacia una dirección e investigar”. Además, se mencionan otros en la página Revista Digital UNAM, como: “el monitoreo de Centros Activos de Galaxias que no son observados en otras longitudes de onda”.

Hermes León observa su computadora. Trabaja en el informe que tiene que dar a Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), sobre su participación en el proyecto. La tarea del físico es específica y por lo tanto, un poco más compleja, pero que en sus palabras suenan más sencillas de lo que es: la detección de neutrinos, de estas partículas que hasta apenas hace poco se creía que viajan más rápido que la luz y que no tenían masa.

Los neutrinos son como el universo: misteriosos. Poco se conoce de ellos. “Estas partículas, no interactúan con casi nada, por lo tanto son casi imposibles de detectar ya que pueden atravesar al planeta completo sin causar ningún cambio. Por eso mismo, son ‘excelentes mensajeros’ y pueden traer información muy completa del lugar de procedencia”, menciona Hermes León en la página de noticias del Instituto de Física.








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