viernes, 13 de noviembre de 2015

LOS CAMINOS DE SOLEDAD


Por Mariana Escalante Téllez
México (Aunam). Los asilos representan un cambio brusco para muchas personas de la tercera edad, ya que pierden el contacto físico con la mayoría de sus pertenencias y familiares. Algunos adultos mayores son ingresados a estos lugares por motivos de salud, pues necesitan atención médica las 24 horas del día; otros, en su minoría, lo deciden por sí mismos.

Un problema al que se enfrenta la sociedad es el crecimiento de la población mayor debido al número de generaciones que integran una familia; pero la falta de tiempo de los familiares, por compromisos o actividades laborales, determina el hogar de las personas de edad avanzada, según la escritora Sandra Huenchuan.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas señala que México sufre un acelerado envejecimiento poblacional; se espera que para 2030 haya 30.5 millones de personas de la tercera edad, de los cuales 7.4 millones tendrán entre 60 y 64 años

Los espacios para las personas de la tercera edad se clasifican en estancia, casa de día, casa hogar y asilo. No existe un registro oficial sobre la cantidad exacta de estos centros. El Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) señala que hasta 2014 se contaba con aproximadamente mil 500.

Sólo en la capital del país, el Inapam tiene registrados 25 casas hogares, seis centros de día y nueve albergues; además, seis residencias de día y 461 clubes de la tercera edad, mientras que el DIF cuenta con dos asilos y una clínica de geriatría, según el portal de la Junta de Asistencia Privada del Distrito Federal. Esto, sin contar con los numerosos espacios privados que proporcionan este servicio.

“Mi hermana ya no puede venir a verme”



Josefina Pérez, de 78 años de edad, tez blanca, cabello largo y ondulado, casi chino, nariz y facciones finas, ojos que denotan felicidad al hablar con alguien y sentirse escuchada, ha habitado el asilo Las Bugambilias, ubicado en ubicado en Texcoco, estado de México, durante seis años.

Allí ha aprendido a hacer amigos. Canta y silba sus canciones preferidas mientras camina por los pasillos, le agradan las visitas familiares y aún más que los domingos la inviten a pasear a algún parque o a caminar por lo colonia. Adora el ambiente familiar, cálido y tranquilo de todos los días en el asilo.

Sin embargo, de lunes a viernes, al no tener actividades recreativas, Josefina busca quien la escuche por horas y se sorprenda de cada una de las interminables historias que tenga que contar. Generalmente suelen ser los enfermeros, encargados y familiares de otros residentes, quienes escuchan sus largos y detallados relatos sobre sus amores y su vida laboral.

“Siempre les platico que estuve a punto de casarme. ¿Puedes creerlo? tuve que ser sincera y decirle que no; yo no estaba enamorada de él, pero le tenía mucho cariño y, por lo mismo, quise dejarlo ser feliz, se lo merecía”, expresa con aire ilusionado y esperanzador, alegre de recordar momentos preciados.

A lo largo de su estadía en Las Bugambilias, las enfermeras han estado al pendiente de ella. Todos los días le llevan sus medicamentos a la habitación triple (que comparte con dos personas más) en la que se encuentra, recordándole mantenerse activa con fisioterapias y pequeñas caminatas alrededor de las áreas verdes y largos pasillos, ya que la inactividad puede ocasionar severas consecuencias a su salud.


“Me gustaría mucho que nos dieran clases de yoga, quizá sin movimientos que requieran grandes esfuerzos, pero sí con aquellos que nos permitan una agilidad mayor como meditaciones, en la que nos enseñen a controlar nuestra respiración y a alinear los chacras”, comenta Josefina Pérez.

Después de comer y de concluir su revisión médica, Josefina ve la televisión en su cuarto para no perderse la programación repleta de novelas de las que es muy fanática. “Si la novela está muy buena, le digo a mi compañera de cuarto, Ofelia Martínez, que se venga conmigo a verla. Ella finge que no le agradan pero siempre se sabe la trama”, sonríe mientras sus ojos color miel resaltan con la luz del sol que traspasa su ventana, dándole más brillo en su mirar, cierta alegría.

Los fines de semana, muy pocos familiares acuden al asilo. A Josefina la visitan en intervalos de 15 días debido a que su familia se reduce a una hermana, un sobrino y un par de primos lejanos, quienes por falta de tiempo y actividades laborales no pueden visitarla diariamente.

“Mi hermana ya no puede venir a verme tan seguido por la edad y mi sobrino la trae cada vez que su trabajo se lo permite, por eso no salgo de aquí y todo mi mundo se reduce a este lugar. Esa es la razón por la que quiero aligerar mi vida en el asilo”, afirma cabizbaja y con la mirada perdida por la nostalgia.

Por ello le sugirió a la licenciada Patricia Trinidad Flores, directora del asilo Las Bugambilias, incorporar al albergue actividades estimulantes mentalmente, como juegos de mesa, en específico cartas; talleres de manualidades como tejido, pintura de cerámica, dibujos con acuarelas, origami de animales y objetos que sean significativos para los residentes.

“Dependiendo del mes en el que estemos, las enfermeras nos seleccionan a algunos para hacer un pizarrón adornado, de acuerdo con las efemérides o acontecimientos importantes. Por ejemplo, en abril, al celebrar el Día del Niño, decidimos llenar el marco de dibujos chiquitos sobre niños, papalotes, trompos, sonrisas, flores y diminutos regalos que simulan nuestros más grandes deseos.

Las Bugambilias


Las Bugambilias es un asilo específicamente para quienes carecen de recursos económicos o se encuentran en estado de abandono, según el portal de Instituciones de Asistencia Privada para el Adulto Mayor en el estado de México.

Fue creado por Luz Tello Flores de Meneses, quien en 1985 residía en el Distrito Federal, cuando ocurrió el sismo más devastador de México, motivo que la orilló a fundar un albergue exclusivo para mujeres desamparadas de la tercera edad de dicho suceso trágico. Sin embargo, cinco años después, se convirtió en una residencia mixta y en 2000 fue dado de alta como asilo para el público en general.

Patricia Trinidad Flores es administradora y directora del asilo. A sus órdenes está un gran equipo que la respalda y le brinda la ayuda necesaria para lograr mantener un ambiente tranquilo, alegre y ameno las veces que ella tenga que retirarse por cortos periodos.

Tiene en total 25 residentes mayores de 60 años de edad, cinco enfermeras por turno (matutino, vespertino y diurno), tres cocineros y dos ayudantes nuevos de cocina. Los últimos se ofrecieron a ser voluntarios dentro del lugar ya que Luz Tello Flores (la fundadora) declaró que todo aquel que desee visitar a un adulto mayor y convivir con él es bienvenido, siempre y cuando lleve consigo una credencial oficial.

Al ingresar al asilo se percibe un olor a medicina mezclada con coco, mientras se cierran las puertas de verde con blanco, hacia donde miran infinidad de veces las personas de la tercera edad en espera de ver a sus visitas.

Una enfermera de tez blanca, ojos cansados y gran prisa invita amablemente a pasar, pide la anotación de datos personales en un cuadernillo largo y grueso para ingresar al edificio. En la entrada se perciben dos pasillos angostos y muy largos; el primero conduce a la cocina y el segundo al auditorio en el que se llevan a cabo misas, clases de yoga y de canto.

Cada pasillo estrecho da acceso a alrededor de ocho cuartos, los cuales comparten tres o cuatro personas debido a la alta demanda y las ganas de querer ayudar a quienes no tienen familia. No obstante, entre los pasillos, en la parte central del terreno, se encuentra una fuente rodeada de arbustos y bancas grises para que los residentes puedan hacer uso de ellas cuando gusten.

Las Bugambilias es una institución de carácter público y cuenta con una gran variedad de actividades recreativas.


Sin embargo, a diferencia de los asilos privados en los que se cobra una cuota alta de mantenimiento, explícita en la mensualidad que pagan los familiares de los huéspedes, este lugar sufre deterioro estructural y carencia de materiales médicos como tanques de oxígeno, medidor de peso y estatura, un kit de emergencia, entre otros.

Además, existen quejas debido a que la lavandería está ubicada a un lado de la sala de fisioterapias y los sonidos de ahí provenientes interrumpen la concentración y relajación de los residentes en sus respectivos cuartos.

Bugambilia no es entretenimiento

Los adultos mayores, generalmente después de despertar y desayunar, pasan su tiempo viendo películas de cine mexicano en el canal nueve. Aburridos de esta actividad diaria, muchos deciden estar en su cuarto viendo el paisaje tan urbanizado que los rodea, mientras que otros leen libros en las áreas verdes o platican sobre historias que han escuchado una y otra vez.

Carlota Gutiérrez, de 68 años, cabizbaja y ojos azulen que denotan soledad, comenta: “Es difícil darse cuenta del tiempo que tarda la familia en venir al asilo y es peor llenar todo ese tiempo libre con alguna actividad. Me dedico a leer libros, aunque a veces los releo más de dos veces porque el único entretenimiento que tenemos es ver la tele o platicar entre nosotros. La fisioterapia no cuenta”.

Es fundamental comprender que las fisioterapias son vistas por los residentes como una actividad obligatoria debido a que son recomendadas por su doctor mediante observaciones médicas. Estas no son visualizadas como una forma de distracción o entretenimiento entre los habitantes del asilo.

Las fisioterapias se desarrollan los miércoles, de 10 a 12 horas, en una sala específica en la que existen caminadoras con barandales que permiten mayor equilibrio en el cuerpo, sobre todo en aquellos que tienen poca estabilidad en sus piernas, además de aros de hula, camas de madera en las que se recuestan para ejercitar manos y piernas con ayuda de los enfermeros.

Desde las habitaciones tripes en las que la mayoría de las personas de edad avanzada se encuentran, se escucha un grito emocionado de la interna Carlota, quien a pesar de sus 94 años de edad, siempre trata de convivir con todos, impulsando las risas y la fuerza con la que día a día busca sobresalir: “¿Le pueden cambiar? Ya va a iniciar mi novela”, pero José Ramírez, residente desde hace cinco años y con ninguna expresión de felicidad, repela: “No, quiero ver qué pasa con Pedrito en la película”.

Este tipo de comentarios se hacen frecuentemente entre los huéspedes. Algunas veces todos están de acuerdo con el programa en turno, otras, las enfermeras deciden por ellos y algunas más a nadie le parece nada y deciden irse enojados, resignados y solitarios a sus habitaciones.

Dinámicas y juegos


Este asilo se caracteriza por la amable atención que el personal brinda a los adultos mayores; sin embargo, cuentan con muy pocas actividades que promuevan la agilidad física y desempeño mental en sus residentes.

El médico internista Gilberto Téllez Copado, con 61 años de edad, comentó al respecto: “Es muy importante que los lugares asignados al cuidado de los adultos mayores, tengan un número grande de actividades ya que se debe mantener su mente ocupada para no considerarse un ser inútil o atraer diversas enfermedades propias de la edad”.

Téllez es especialista en pie diabético pero se recibió como médico internista en la UNAM. Actualmente, es dueño de su propia clínica Unidad Médica de Diabetes Mellitus, ubicada en el estado de México.

Por otra parte, él cree necesaria la realización de dinámicas con la mucha o poca familia que visita a los internos, esto con la finalidad de hacerlos sentir importantes aunque también recomienda pequeñas caminatas alrededor del lugar, pláticas constantes entre sus amigos y compañeros de habitación, juegos de mesa como ajedrez, memoria, serpientes y escaleras, damas chinas; además de yoga y/o clases de aerobics adecuados a su edad y enfermedades.

“A veces los asilos tienden a mezclar a las personas enfermas de alzheimer o cáncer con aquellas que no lo tienen; esto puede funcionar debido a que se concientiza sobre el cuidado y la salud individual, sin embargo, puede afectar en aquellos que son invadidos por la lástima o el daño sicológico que repercute en ellos al escuchar la demencia en la que los enfermos de alzheimer recaen por momentos”, afirmó.

Considera esencial darles a los huéspedes atención médica y periódica para evitar el crecimiento de enfermedades o, en su defecto, la detección a tiempo, así como la medicación correcta a aquellos que se encuentren con infecciones o males congénitos o crónicos degenerativos.

A pregunta expresa, la enfermera Maribel Flores Flores, con dos hijos y una gran esperanza de cambiar al mundo con acciones que demuestren la humanidad que aún existe entre los humanos, explica su labor dentro del asilo:

“Es difícil obtener la paciencia que los adultos mayores requieren, en especial de aquéllos que se encuentran enfermos, y esto se hace aún más complicado cuando la demanda es mucha y nosotros somos muy pocos. En cuanto a las actividades que aquí se realizan, debemos dividir en grupos a los residentes para que todos puedan desempeñarlas y nosotros observar su progreso”.

Maribel ha atendido a diversos tipos de adultos mayores y, definitivamente, piensa que todo asilo debe mantener constantemente a sus residentes ocupados, basándose en actividades recreativas y de apoyo emocional a que ellos necesitan: un ambiente familiar que los desenvuelva en el calor del hogar que tanto extrañan.

Concuerda con los doctores al hacer hincapié en las revisiones o chequeos médicos, así como de la utilización de salas de fisioterapias para sus tratamientos musculares.

Viridiana Ramírez Alonso, sicóloga egresada de la Universidad Privada del Estado de México, actualmente parte del personal del hospital Unidad Médica de Diabetes Mellitus, afirmó que los adultos mayores deben mantenerse saludables física, emocional y mentalmente mediante un personal calificado para su cuidado y atención, teniendo actitudes amables y compresibles hacia ellos.

Los residentes también importan

Para evitar el sentimiento de soledad producido por las pocas visitas que reciben los adultos mayores del asilo, es necesario llevar a cabo distintas y numerosas actividades que permitan su desarrollo físico y mental.

Ofelia Martínez, residente del asilo desde hace seis años, de complexión robusta, sonrisa delatora y mirada expresiva, de aquellas que tocan el corazón sin necesidad de mantener una plática profunda, o las que ofrecen sonrisas sin pedir mucho a cambio, pasa todo el día observando el vaivén de las personas que pasean por las calles para contarle a todo aquel que se deje, sus historias.

“Es difícil dejar la vida movida que de joven se llevaba o ver a las personas por tu ventana mientras deseas salir o que tu familia venga a hacerte compañía. Sé que tienen cosas que hacer y que necesito ser atendida por personal capacitado, pero los extraño mucho y necesito mi vida de vuelta, mi hogar, mi mundo”, confesó, triste y con las lágrimas a punto de aparecer en su rostro.


A lo largo del día, las enfermeras están al pendiente de los adultos mayores, sin embargo la demanda es tanta que tienen que estar de un lado al otro sin poder atender completamente las necesidades de cada uno.

“A veces quisiera me leyeran un libro junto a mis compañeros de asilo cuando nos aburrimos; no podemos leer por la pérdida de vista y la televisión nos cansa y fatiga. No hay nada que hacer más que tratar de hacer amistades, amistades que están enfermos o deprimidos, no es una buena distracción”, comenta José Ramírez, enfermo de artritis, cabizbajo y mirada triste.

De acuerdo al portal Salud en familia. Es, mantener una vida activa en los adultos mayores, representa grandes beneficios en la salud. Para ello, es esencial entender que las actividades a realizar deben ser de bajo impacto en huesos y articulaciones, evitando choques, golpes o caídas.

Entre las actividades que pueden ejercer los adultos mayores, se debe considerar aquellas que requieran esfuerzo de intensidad moderada o alta (en aquellos que puedan resistirlo) para incrementar la masa muscular y la masa ósea. Para una persona mayor con baja condición física y gran pérdida de masa muscular, mover el propio peso corporal podría representar un esfuerzo moderado o alto.

Las actividades recomendadas especialmente para personas de edad avanzada son caminatas largas y tranquilas, juegos de destreza, obras de teatro (tanto su realización como su observación y disfrute), clases de yoga, aeróbics., excursiones a lugares cercanos pero turísticos y con instalaciones pertinentes para las personas de la tercera edad, lectura de libros de interés público y ejercicios de habla.

Los acusados y su acción

Patricia Trinidad, directora del asilo, constata la falta de entretenimiento entre los residentes; por lo tanto, ha decidido implementar actividades dedicadas únicamente a ellos, pero se torna difícil al escoger entre las variedades existentes debido a que no todos los habitantes pueden realizar movimientos físicos y/o guturales.

“Hemos tratado de contratarles instructores de danzón, sin embargo, muchos no pueden pararse de sus sillas y nos cuesta mucho saber qué presentarles para mantenerlos activos, aunque seguiremos pensando múltiples formas de solucionarlo. Cabe mencionar que en fechas de festejo tratamos de brindarles algún entretenimiento extra como jazz en vivo”, comentó la licenciada Patricia Trinidad.

Por otro lado, María de los Ángeles González, enfermera del turno matutino y vespertino desde hace cinco años, confirmó que ya están en busca de voluntarios para llevar a cabo una serie de obras de teatro para la diversión y distracción sicológica de los adultos mayores incluso se verá la posibilidad de contratar o buscar a un instructor de risoterapia para presentarse en el auditorio del asilo y así aprovechar el espacio.

“Nos gustaría seguir haciendo que los residentes se sientan cómodos y que cada día se despierten con una sonrisa, pero nosotros muchas veces no tenemos presupuestos grandes para gastar en actividades extras. Por eso, haremos un llamado a voluntarios y haremos de cosas sencillas, un arrebato de risas y confort”.

No obstante, los juegos de mesa así como obras de teatro han sido ya implementados a partir del 5 de mayo del presente año, incluso las sesiones de cantos religiosos han sido nuevamente llevados a cabo los martes y jueves de 11 de la mañana a 12 de la tarde.

Las enfermeras, por su parte, han tratado de platicar aún más con los residentes así como apagarles un rato la televisión para ponerles un poco de música durante el día mientras que los que piden libros, son atendidos en grupos de cinco, dándole gusto a todos cada semana con un género distinto.

En tanto se incremente la población adulta, y otros factores como la poca ocupación del tiempo, aumento de la competividad laboral, separación familiar y limitaciones de infraestructura urbana, se requerirá cada vez más la existencia exhaustiva de servicios asistenciales para el adulto mayor en la ciudad de México, remata el tema el tesista Víctor Rafael Gómez Becerra.






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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy conmovedora la historia de estos abuelitos, independientemente de cuales sean los motivos por los que se encuentren en este lugar, creo que lo que menos podemos hacer por ellos es brindarles una buena y agradable calidad de vida durante su estancia en el asilo.
Espero que esta información llegue a toda la sociedad UNAM y como institución o bien en colaboración con otras instituciones, puedan apoyar y promover entre los estudiantes apoyo voluntario a estas organizaciones.
Finalmente, considero que al hacernos conocedores de este caso, tenemos la responsabilidad de actuar, de ayudar.

Ojalá puedan proporcionar los datos del asilo, para los que estemos interesados en apoyar.