lunes, 10 de marzo de 2014

RECONSTRUCCIÓN DEL PRIMER PLANETARIO DEL PAÍS, UN TESORO INIGUALABLE

Por Ilse Becerril Castro
México (Aunam). Domingo por la mañana, el sol está en su máximo esplendor. Niños, jóvenes y adultos disfrutan el día en el parque Álamos; corren, juegan, comen, platican, caminan o simplemente observan. En una de las orillas del parque se alcanza a percibir un edificio con estructura color café o tal vez sea vino, pocos saben lo que ocurre ahí dentro.

Te acercas, lo miras y te das cuenta que el edificio de dos pisos denota deterioro y abandono; las paredes indican la ausencia de personas en éste por la falta de mantenimiento. Por fuera luce como un edificio común en donde habitan familias, sin embargo no lo es, adentro guarda tesoros increíbles...


Observatorios en la parte más alta del edificio, una biblioteca con libros y revistas que datan del siglo XIX, un auditorio, un salón de usos múltiples, un taller de óptica y uno de mecánica ilustran las maravillas que se encuentran en el edificio del parque Álamos, los cuales pertenecen al primer planetario del país inaugurado en 1946.

En el piso de la entrada se deja ver un letrero redondo que contiene unas letras color azul, que por el paso del tiempo se han ido despintando, éstas dicen: Sociedad Astronómica de México, ya que justo en ese edificio donde se encuentra el planetario también se halla la sede de la Sociedad (SAM).

Hasta hace unos meses éste se encontraba completamente abandonado y en condiciones nada favorables para recibir al público interesado en la astronomía. Sin embargo, miembros de la SAM y algunos voluntarios se esfuerzan para reconstruirlo y abrirle las puertas de nuevo a quien guste descubrir las maravillas que esconde el espacio.

El reloj marca ya las 11 de la mañana, para los voluntarios y miembros de la SAM es hora de comenzar las labores de limpieza y reconstrucción del planetario. Se trata de la cooperación de todos en donde más se requiera. Mientras unos barren el polvo que se ha acumulado en los distintos espacios, otros acomodan sillas, mesas, o todo lo que se encuentre en verdadero desorden. También se organizan cursos con el fin de que las personas acudan a este espacio en mantenimiento.

Alejandro Farah, presidente de la SAM, se encarga de planear cómo quedará finalmente el planetario una vez que esté al 100 por ciento recuperado. Su emoción se deja observar en su rostro cada vez que se imagina los espacios llenos de herramientas para descubrir las maravillas que la galaxia tiene guardadas.

Sube, baja, entra, sale, propone, discute, todas las acciones de una persona preocupada por la divulgación de la ciencia se hallan en el rostro y modo de Alejandro Farah.

Los demás miembros de la SAM y otros voluntarios cooperan con la misma preocupación y alegría. Todos se hallan en constante movimiento, planeación y organización. En el salón de usos múltiples se encuentran acomodando y armando sillas de un tono rojizo, éstas han sido donadas a la SAM para que los asistentes al planetario disfruten de la comodidad que brindarán.

En todo el edificio se hallan escobas con cepillos desgastados por el uso, trapos de distintos tamaños que limpiarán diversos espacios, cubetas que ayudarán a transportar el agua necesaria para limpiar, y las ganas y emoción de las personas por terminar las tareas que implica un lugar en reconstrucción.

La reconstrucción no es una tarea fácil, se requiere de paciencia, esfuerzo, actitud, economía y mucha cooperación, sin embargo, las personas que se están encargadas de ello saben que la reconstrucción del primer planetario del país es un tesoro inigualable.






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