viernes, 24 de mayo de 2013

REMEMBRANZAS DE UN EMÉRITO VETERINARIO

Por Arely Gutiérrez Martínez
México (Aunam). Trabajar con animales es agradable, “pero yo estoy en Reproducción Animal y aquí es diferente, pues debo apartar los sentimientos que tengo con los animales para aceptar que van a ser sacrificados para el consumo humano”.

Comentó, con voz cálida y aguda, Carlos Galina en la sala del Departamento de Veterinaria. Él posee una cabellera con rayos blancos y su piel es morena; un hombre de la tercera edad que refleja en su rostro serenidad y alegría. La destreza física y complexión que tiene pertenecen a un hombre que también se ha dedicado a los deportes.

Veterinaria por eliminación

Carlos Salvador Galina Hidalgo es uno de los nueve eméritos de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Además, pertenece a la red del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) donde se distingue en Reproducción Bovina del trópico mexicano.

A lo largo de su vida ha recibido diversos reconocimientos, como el Premio Universidad Nacional 2002 en el área de Ciencias Naturales. La calidad de su docencia es legendaria, pues durante más de 35 años se ha destacado por su excepcional labor como jefe de Departamento en Veterinaria y Profesor en la FMVZ.

El éxito de Carlos Galina es un caso único; no es el típico veterinario que desde niño tuvo una cercanía con los animales domésticos y mucho menos de establo.

“Seré sincero. Estudié Veterinaria porque nunca me gustó hablar mucho y tampoco los números; no quería ninguna carrera de las áreas uno y tres. Como mi mamá era médico, pensé: No, ¿para qué estudio medicina, si ya tenemos una en la casa? ¿Odontología? No, ni me gusta ir al dentista. Al final, creo que tomé una buena decisión, no me arrepiento del método que utilicé para elegir mi profesión”.


Una historia académica

Galina Hidalgo nació en la Ciudad de México en 1945, estudió el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel 4, cuando se ubicaba en San Ildefonso. Ingresó a la Escuela Nacional de Veterinaria de la UNAM y, en 1971, concluyó el doctorado en Reproducción Animal en el Royal Veterinary College de Londres.

Desde entonces, se ha dedicado a la investigación y a la docencia. Formó y asesoró numerosas tesis de destacados docentes e investigadores, tanto de México como del extranjero, mediante la cátedra de Metodología de la Investigación.

Sobre las tesis opina que es un “trabajo importante que ayuda a los universitarios a crecer profesionalmente, aunque, al final, sólo la vaya a leer el jurado. Yo tengo una anécdota muy divertida sobre la tesis que hice en Inglaterra: le puse un billete de 10 libras a la mitad del libro, regresé como siete años después, y ahí seguía. ¿Eso qué quiere decir? Que los ingleses son muy honrados”.

Las desventajas de ser Emérito

El emeritazgo es la cúspide de la carrera y es el rango más alto que uno puede tener a nivel universitario; sin embargo, para Carlos Galina ser Emérito tiene sus desventajas:

“Ser emérito es agradable, pero implica sacrificios ya que quita tiempo por el hecho de estar corriendo de un lado a otro. Y uno puede llegar a voltear y encontrarse con un problema familiar.

Pero bueno, al final es el camino que escogí y lo hago porque pienso que puedo llegar a ser un buen ejemplo para mis hijos; quiero y espero ser una imagen que los inspire y se desarrollen de una manera similar”, dice mientras suelta una ligera sonrisa.

La hija de Galina estudió Ciencias de la Información, como su padre, terminó su doctorado en Inglaterra y es investigadora en la UNAM; además pertenece al SIN. Su hijo se dedica a la comercialización.

Los tres deberes de la vida

“Un humano no se puede morir sin escribir un libro, tener familia y sembrar un árbol. Y yo ya hice esas tres cosas. Los momentos más apreciables que he tenido en la vida fueron: cuando publiqué mi libro de Reproducción Animal, ganar todos los premios que tengo y cuando nacieron mis hijos y mi nieto. Me siento realizado”, opina Carlos Galina.

Para Galina Hidalgo todos los hombres deberían establecerse nuevas metas. Él a sus 67 años está aprendiendo francés y quiere ganar el torneo de tenis. Animado, mientras el destello de luz del sol empieza a caer en la mesa sobre la que tiene apoyados sus brazos, revela: Siempre me estoy poniendo records, yo no me quiero volver una monotonía.

Hombre deportista

Carlos Salvador Galina a pesar de tener más de 60 años de edad, aparenta ser un hombre menor de 40. Esto se debe a que siempre ha practicado actividades deportivas, su gusto por el deporte lo heredó de su padre, Carlos Galina, quien fue beisbolista profesional.

“Cuando era niño, por default caí en el Béisbol. De hecho, fue el deporte que me apasionó durante toda mi juventud. Llegué a ser un jugador bastante bueno. Luego, me incliné por el futbol americano, cinco años durante mi vida estudiantil. Después jugué voleibol en primera fuerza en la UNAM”.

“Siempre me han gustado los deportes, especialmente todos los relacionados con perseguir una pelota, excepto el futbol porque lo considero un ejercicio para albañiles, sin ofender”, dice soltando una carcajada por haber hecho aquél comentario.

Leer, escuchar y jugar

A Galina le gustan mucho los libros de política, pero también le agradan las historias cubanas como la de Vecinos Distantes de Alan Riding y Tres lindas cubanas de Gonzalo Celorio. “Me gustan porque cuando las leo me puedo sentir en Cuba”.

Carlos Galina gusta mucho de los géneros musicales. Él creció con el rock de los Beatles y los Rebeldes del rock. “Cuando era joven llegué a ir un concierto de los Rolling Stones. Y bueno, me gusta de todo, menos la música fuerte, mis oídos ya no aguantan el ruido, creo que esa es una de la desventajas de volverse viejo”, dice con tono pausado y suspirando.

La familia, el apoyo más grande de un hombre

Galina, como otras personas, ha tenido -a lo largo de su vida- algo por qué luchar. Para él los ganaderos, las autoridades de la UNAM y su familia ¬—especialmente su esposa— son los que han estado con él, y lo impulsaron en una vida llena de logros.

“Mis padres fueron y son mi ejemplo a seguir. Mi padre, Carlos Galina, siempre me enseñó la disciplina, y mi madre, Zenaida Hidalgo, la perseverancia; ella me decía que tenía que hacer las cosas hoy y no mañana. De ellos siempre recibí una educación muy sue generis, me enseñaron los valores deportivos y académicos”.

“Mi esposa es mi diccionario de dos patas, me apoya sobre todo cuando escribo artículos en inglés”, reveló.

“A ella, la conocí en una cita a ciegas en Inglaterra, recuerdo que cuando nos conocimos, le canté las únicas dos canciones que yo me sabía con guitarra. Mi esposa ha sido el mejor souvenir que traje desde allá, resultó duradero, pero también muy costoso”, dice mientras se suelta a reír.

“Hombre humilde, sencillo, alegre pero estricto…”

A Carlos Galina, sus alumnos y colaboradores, lo describen como un hombre humilde, sencillo, alegre, pero estricto. Y al parecer, para el Emérito resulta muy gratificante, pues al revelarle lo que las personas dicen de él, contesta:

“A todos los humanos nos gusta que nos alaben, es parte de nuestro ser. A mí me emociona ver un auditorio lleno de personas y que estén esperando el momento en el que hable. Eso es muy bonito”, dice mostrándose sereno.

De pronto, el Emérito mira su reloj por un segundo y se observa una inquietud en su rostro.

¿Algún consejo que les quisiera dar a los universitarios?

“Nunca dejen de ser perseverantes y constantes. Pero sobre todo nunca le echen la culpa de sus errores a otras personas”, concluye con una voz llena de sabiduría y experiencias de un hombre con futuro.











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