miércoles, 9 de enero de 2013

JUAN CARLOS CABRERA: ATLETA UNIVERSITARIO, ORGULLO NACIONAL

Por María Fernanda Velázquez Hernández

México (Aunam). El lugar, lleno de gente como en cualquier otro espacio del Centro Histórico de la Ciudad de México, entre el bullicio y el andar apresurado de las personas se destacó Juan Carlos Cabrera o "Chiquilín", como sus amigos lo llaman; una playera azul marino y bermudas color beige, eran lo que vestían al campeón mundial de remo bajo techo. Su pasión por el remo, llegó a su vida hace tres años y le ha llenado de aventuras, competencias conquistadas y amistades verdaderas.

Estando en el piso número ocho de un edificio monumental y teniendo como vista la cúpula del Palacio de Bellas Artes, Juan Carlos Cabrera comenzó a recordar cómo fue el acercamiento con el remo, y relata que antes de encontrarse con este deporte, practicaba futbol americano en la posición centro y tacle ofensivo. En ese entonces, buscaba cambiar de categoría, por ello dejó el campo de futbol para mejorar su condición corriendo en Cuemanco, una reserva ecológica cubierta por el verde de su vegetación, ahí fue donde observó las canoas en el río y pensó que ese deporte lo podía ayudar a mejorar dentro del futbol y alcanzar su meta de jugar para la liga mayor de Pumas.

El remo empezó como un pasatiempo, las competencias iniciaron y dejaron ver el gran talento de Juan Carlos dentro de este deporte, “Me terminé quedando” dice con un semblante de satisfacción en su rostro, el cual estoy segura que le ha dejado más que solo dicha.

Ésta como cualquier otra disciplina requiere de ciertos valores. La honestidad y la competitividad son fundamentales para este joven deportista, ya que como él lo piensa, ser honesto consigo mismo, le asegura estar entregando todo y no robando nada que no merezca.

La pasión de Juan Carlos por el deporte es infinita y aunque el remo es su único propósito, en estos momentos no descarta regresar a jugar futbol en alguna liga de veteranos, solo después de su retiro. “Pienso hacer dos ciclos olímpicos más y después dedicarme a la natación o al ciclismo; no sé, me gustan los deportes extremos, no toda mi vida voy a seguir con el remo y cuando me retire es ¡Ya me retiro! Ni siquiera me voy a acercar a Cuemanco”.

La ruta hacia Brasil

La conversación siguió después de unos tragos de malteada de fresa, siempre con la mejor disposición a compartir memorias. Esta vez tocaría hablar acerca de los planes a futuro: Brasil.

Londres actuó como la sede de los últimos Juegos Olímpicos, a los que Juan Carlos estuvo muy cerca de asistir pero Patrick Loliger, seleccionado olímpico del equipo de remo mexicano, fue quien lo separó de esa oportunidad “Buscaba la participación, pero en los Panamericanos, que son importantes para la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, Patrick tenía un mejor tiempo que el mío, en el entrenamiento estábamos al parejo en los tiempos, la pelea era uno a uno, él ganó la medalla en los Panamericanos y tenía ventaja, ya no se pudo”.

No ir a Londres fue solo una motivación más para fijarse un nuevo objetivo: llegar a Brasil. Con ofertas de mayores patrocinios, campamentos en Estados Unidos para entrenar en las mejores pistas, asesores y demás servicios que le permitirán un mejor desempeño, Juan Carlos Cabrera se encontró con la decisión de hacerlo solo con su entrenador o aceptar este nuevo proyecto, “Mi entrenador lo quería hacer todo solo…solitos, no llegaríamos a ningún lado, finalmente ya lo hablamos y se soluciono”, su personalidad y su sentido del compañerismo bien infundado resaltó.

Ya con la mira en los programas de entrenamiento se puede visualizar el camino más alumbrado para enfrentarse a las ligas internacionales que tendrá que sobrepasar Juan Carlos y así llegar a las Olimpiadas del 2016.

Primer campeón mexicano en remo

Canciones de Café Tacvba decoraban el momento; he de confesar que a pesar de la imponente vista que daba la impresión de estar mas cerca del cielo, lo mas interesante era escuchar los logros de Juan Carlos Cabrera, que eran narrados con la emoción de estar reviviéndolos.

Cuando recuerda su gran triunfo desaparece el gesto de seriedad y surge el brillo en su rostro “Era un mundial y sabía que iba con los mejores, no lo esperaba pero iba a dar lo mejor de mí” su idea se interrumpe con unas risas nerviosas que expresan el entusiasmo que revive ese recuerdo; “faltaban ya 750 metros y sabía que si no aflojaba el ritmo era mío ese campeonato, fue como escuchar el silencio, es raro, sabía que la gente estaba gritando, dentro de mí había algo que me decía, lo hiciste; volví a escuchar el ruidos del estadio y me dijeron acabas de ganar un mundial, ¿sabes lo que es eso? Y respondí, no”; gestos de sorpresa acompañaron esta remembranza, fue como si el campeón se hubiera trasladado a ese momento para revivir el shock que le produjo esa victoria.

Cruzando la meta, Juan Carlos no podía creer lo que había logrado, consiguió un campeonato mundial, ¡Mejor que eso! Obtuvo el titulo de ser el primer mexicano en ganar una competencia dentro del remo bajo techo. Lo que le permitió regresar a la realidad y darse cuenta de lo recién logrado, fueron los múltiples reporteros que lo bombardeaban con preguntas y cumplidos.

Regresando de Boston a la Ciudad de México, con la gloria obtenida y ya del dominio publico, Juan Carlos se dio cuenta de la magnitud que había tomado su logro; llamadas de Gaceta UNAM y de Reforma para conseguir entrevistarlo no se dejaron esperar, “Eso me hizo darme cuenta de que había hecho algo bueno, se siente bien, pero no es todo lo que puedo dar en este deporte, mi sueño es una medalla olímpica y quiero probar qué se siente”.

El tatuaje que lleva en su espalda lo guía durante las carreras, significa el camino del guerrero, “Siempre estoy pensando ¡venga, lo traes en la espalda, el esfuerzo, aguanta, aguanta! Tu cuerpo va cansado pero tu mente va revolucionando, queriendo más, y vámonos, porque si ya les metí cien metros, les voy a meter 120 más, que se vea que gane” platica mientras que con sus manos entrelazadas, deja que su rostro se transforme en un espejo que reflejaba el compromiso y la pasión que siente por este deporte.

Su semblante no es más que la definición del empeño que pone en cada competencia, y de su mirada se desprende la emoción que le produce recordar el momento en que cruzo la meta ese 19 de febrero del 2012. Junto con los últimos sorbos de la malteada de fresa, concluye esta memoria con una sonrisa pintando sus labios.

Mafias y deporte

Para Juan, la determinación que implica este deporte es el arranque de su día. El remo no esta exento de las hampas que muchas veces dejan al descubierto el poco interés que muestran las asociaciones en velar por el beneficio de los deportistas, “Más bien ven cuánto se pueden llevar; creo que se debería modificar la estructura de algunas federaciones para no caer en esas mafias”.

Después de haber comentado su opinión acerca del ambiente que llega a nublar al mundo deportivo, el universitario recordó una de esas malas experiencias que vivió recientemente con su entrenador, quien para acompañarlo durante el recorrido hacia Brasil, le pedía por su trabajo tres mil dólares al mes; decisión que Juan Carlos consideró un obstáculo para concentrarse en su nuevo objetivo.

En el camino deportivo


La conversación seguía tomando el propio ritmo, en medio de los repentinos soplos de viento seco y las contadas palomas que se acercaban a la terraza del lugar. En este ambiente, el deportista universitario compartió que no hay una persona en especial que lo haya acompañado durante el recorrido por el remo, sino más bien ha formado todo un equipo con Fernanda Fabián, Pavel Estrada, Daniel Jurado y su madre, Virginia Pérez Olmos; ellos no solo le han brindado su apoyo, sino también su amistad.

Desde que Juan Carlos se inicio en el remo, aprendió a tomar sus propias decisiones; sus padres lo apoyan pero no se involucran en cuanto a los juicios que su hijo tome dentro de su carrera. “No se me da mucho llegar y decirles lo que haré, sí van a las competencias y me echan porras, pero no están muy metidos en esto como otros papás que andan de chismosos con los entrenadores, no son así. Ellos han sabido apoyarme”.

La concentración es algo que se convierte preciado al estar dentro de un bote sobre el agua, listo para comenzar y obtener el triunfo, pero algunas veces los problemas personales convierten una carrera en algo abrumador y pesado. Juan sabe que los conflictos emocionales son parte de la vida, pero también considera que estos no tienen por qué marcarla.

Quizá lo aprendió cuando, tres días antes de viajar a Guadalajara y participar en los Juegos Panamericanos, sus padres le dieron la noticia de que se divorciarían, lo cual no era una gran motivación, “Fue complicado pero tienes que diferenciar lo que quieres, porque si no en ningún lugar rindes, si me moleste pero después se me bajo y me concentré”.

El remo no solo le ha otorgado títulos, también lo ha llevado a disfrutar experiencias que todo adolescente quisiera vivir; por ejemplo, el haber viajado a países como Alemania y Holanda, siendo este el lugar donde pasó dos meses, lo que le permitió conocer casi todo acerca del país bajo, “Lo único que no me gustaba era el horario ¡a las tres de la mañana ya hay luz! Pero, hay mucha libertad en todo…aprendes bastantes cosas” reconoce con una mirada suspicaz y unas risillas de complicidad, como aquel que comete una inocente travesura.

La vida es como una carrera de remo

A lo largo de los tres años que ha practicado el remo, Juan Carlos ha recolectado lecciones de vida. “Yo creo que la vida es como una carrera de remo, antes la veía como un partido de futbol, sales y de pronto te colocas delante de tus rivales, otras atrás pero tienes que seguir si quieres alcanzar tu meta; hay de dos: un sí o un no. Tú decides si sigues avanzando o paras”.

Esta disciplina le ha permitido tener una mayor visión de lo que la vida puede ofrecerle. Como lo alto y bajo que puede estar, las personas que se acercan con buenas o malas intenciones; cada vivencia le ha dejado conocer quienes son los verdaderos amigos, quienes son su motivación.

“Mi próxima competencia se la dedicaré a mi amigo Oscar, El Negro, acaba de fallecer; era mi super amiguísimo, él ahorita es mi motivación para ganar el mundial en febrero”. La amistad es muy importante para este deportista, pues son sus amigos quienes lo han acompañado en los malos momentos que ha vivido, por ello se han convertido en un empuje para cruzar la meta.

Cuando empezó con esta aventura tuvo que evaluar sus prioridades, fue así que poco a poco aprendió a tomar decisiones. Cambiar las fiestas por los entrenamientos, no fue sencillo, confiesa que un principio salía con sus amigos pero por la mañana no podía rendir al cien porciento en el remo.

Los tiempos libres no son abundantes pero siempre que Juan Carlos tiene un momento disponible disfruta salir con sus amigos, aunque sea por pocas horas. Este es un sacrificio más, pero con los consejos de uno de sus entrenadores, lo difumina y sabe que al final del día vale la pena.

“Cuando te encuentras en una etapa en la cual tienes que comprometerte demasiado, no hay tiempos libres y como me dicen: hay una zona de conforta llena de amigos pero en el zona del éxito tú círculo de amigos se reduce, es cierto. No siempre veo a mis amistades pero nunca falta la llamada para saber como estas”.

El poco tiempo libre del que dispone, le ha sumado pequeños enojos con sus familiares, el más reciente con su hermana, pues por viajar a una competencia se perdió de su graduación; “se molestó y yo entiendo que era un momento especial pero yo tenía un compromiso; paso igual con el bautizo de mi sobrina, no fui porque estaba fuera de la ciudad. Dejas muchas cosas pero después, al ver los resultados sabes que valió la pena”

El compromiso que tiene con su carrera y con él mismo es inmenso, y la madurez con la que sobrelleva los pequeños sacrificios se ve recompensada por cada medalla dorada que ha logrado.

Universidad ajetreada y condicional

La rutina cotidiana no es fácil, todo lo contrario. Juan Carlos Cabrera no solo tiene que entrenar todos los días, también asiste a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, en donde estudia Ciencias de la Comunicación. De alguna manera, logra combinar las cuatro horas diarias de entrenamiento con las clases que le exigen su mejor desempeño.

“Duermo muy poco, pero es la única forma, de hecho creo que alargaré la carrera para poder dar un 100% tanto en el remo como en la escuela, aunque a mi mamá no le gusta mucho esa idea; pero sí es muy desgastante”; termina con los hombros encogidos y sus manos sobre la mesa circular, mostrando las palmas, mientras que su cabeza gira al ritmo lento del particular “no rindes”.

El apoyo de la Universidad no ha sido incondicional; pues hasta no ver un buen resultado, se ve algún apoyo. “Cuando de pronto das un resultado satisfactorio, te buscan pero el problema está en que te alientan cuando ya lograste algo y no mientras lo intentas, su sostén es mas emocional”.

Juan Carlos es un orgulloso universitario y procura llevar a cualquier competencia el orgullo dorado y azul “me gusta competir por la UNAM, independientemente de lo que te den o no”

El final de las remembranzas

Juan Carlos Cabrera no solo dejó claro lo importante que es el remo en su vida, sino también demostró las cualidades que le ha aprendido, pues de esta disciplina no solo ha obtenido títulos y medallas; ha crecido como persona y cada competencia es una oportunidad más para llegar a ser mejor.

No deja de lado a sus amigos y familia, simplemente comprende el gran compromiso que le es requerido y lo acepta sin ningún reproche porque sabe que la satisfacción que obtiene es la mejor sensación que puede experimentar.

Las canciones que sonaban jamás captaron mi atención, la conversación no se rompió entre el susurro de las demás. Me vi enganchada por las anécdotas contadas por este joven deportista y el tiempo paso rápido mientras él, con sus palabras revivía aquellos recuerdos.

Saliendo del edificio, Juan Carlos, siempre sonriente y accesible se despidió, para dirigirse a la estación del metro Hidalgo, ya que su entrenamiento lo esperaba.


Fotos: Fernanda Velázquez Hernández y Archivo



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