lunes, 7 de enero de 2013

DEDICARSE A LA MÚSICA NO ES UNA PÉRDIDA DE TIEMPO: MARU CADENA

Por Susana Madrid Escutia
México (Aunam). Eran las tres de la tarde aproximadamente, la cita había sido pactado en la emblemática Escuela Nacional de música, al travesar el estacionamiento lo primero se percibe es el sonido persistente de un saxofón. Tras subir poco a poco un par de escaleras y caminar todo un pasillo, al final, estaba su salón.

Al entrar, tanto María Eugenia Cadena Guzmán como cuatro de sus alumnos me observaron impacientes debido a la demora. Despreocupada, platicaba como cualquiera de sus alumnos, sentada de frente a ellos a un lado de su piano, vestida con un pantalón de mezclilla, blusa blanca y sudadera roja, le pedí permiso para sentarme cerca de ella de inmediato respondió: ¡claro, no muerdo!


Gabriela Franza me había comentado que Maru, como le gusta que todos la llamen, era una excelente persona, muy accesible, en ese momento lo creí. Todo se quedó silencioso, sus alumnos permanecieron el el aula, en espera de las respuestas de quien es su maestra todos los sábados.

Barry White y el feto de Maru Cadena

Antes de nacer, el melómano de su padre encargaba de poner en el vientre de su madre, según le han contado, audífonos con un importante exponente del soul estadounidense, Barry White.

Cuenta que su familia le enseñó a hacer bien las cosas y nada más, es por ello que se le formó la costumbre y rigor de hacer las cosas de forma correcta, y al no suceder así se molesta. Por ello es disciplinada en sus actividades cotidianas, inclusive porque su carrera musical se lo ha exigido.

Su formación musical comenzó en el kínder, a los cuatro años aproximadamente, tenía que llevar un instrumento, “el cual fue un pandero que aún conservo, me encantaba” -comentó mientras entrecerraba los ojos y sonreía al dibujar en el aire con sus manos el pandero-.

Poco después pidieron llevar un instrumento melódico. Decidí sería un acordeón pero no sabía su nombre, así que traté de explicarle a mi mamá, pero ella nunca me entendió así que me compraron un arte pianico, que es un instrumento compuesto por un teclado y una flauta, es una armónica en realidad, era verde en tono soprano, me acuerdo perfecto –sonríe, mientras toca ambas rodillas con las manos-.

Con esa armónica comenzó su gusto por la música, lograba sacar todas las canciones y le ponía las notas a cada tecla con circulitos de colores, explica a la par que hace un ademan de soplar mientras simulaba tocar teclas sobre su hombro.

Después mi papá tuvo la idea de llevar un maestro a casa para que me enseñara a tocar el órgano y solfeo, pronto me quedó corto, pues yo aprendía muy rápido, no era un mal maestro, pero comenzó a aburrirme, yo quería más, o sea tener un piano, pero de chiquita nunca me lo compraron.

Nunca había pensado en dedicarme profesionalmente a la música pero las escuelas en que me inscribía estaban predispuestas a llevar una actividad extra, así sucedió cuando cumplí ocho o nueve años, no lo recuerdo bien, tenía que elegir ente participar en la estudiantina y ser niña exploradora, y como el deporte nunca ha sido lo mío, además no me imaginaba andar entre la hierba-abriendo sus pequeños ojos color café claro- elegí la primera opción; con esa estudiantina fue mi primer concierto.

María Eugenia Cadena, comenzó sus estudios profesionales en flauta transversa y clarinete en la Escuela de Iniciación del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), por su alto desempeño se encontraba becada.

Fue cuando tenía 12 años, después de tomar mi primera carrera técnica, que me presenté sola frente a un auditorio, pero para mí en esos momentos no representaba más que un hobbie, no lo veía como algo serio.

Por mi mente pasaba la idea de estudiar en Ciencias Políticas, la carrera en Comunicación, pero decidí que quería mi cabeza en su lugar después de ver el asesinato de Colosio, eso lo pensé en tercero de secundaria -toca su barba al recordar, se ríe y abre los ojos para acentuar esa expresión-.

En prepa -incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México-, ya estaba cursando mi segunda carrera técnica en flauta transversa, al empezarla pensé en estudiar derecho, pero pronto me di cuenta que no era lo mío, así que al entrar al último año y a falta de dinero para estudiar Arquitectura o Diseño, pensé que lo más práctico era seguir con música, pues ya tenía dos carreras técnicas.

La docencia y la música

Así fue como estudiar música se convirtió en una realidad para mí, lo cual no fue tan fácil de asimilar de primera instancia para mis padres y en segundo lugar con los demás, fue poco a poco que dejaron de verme como “mono cilindrero” para entretenerlos en fiestas, es decir les dejé en claro que si querían que lo hiciera tenían que pagarme y no era cualquier cantidad- se pone sería deja de sonreír en este instante y abre de nuevo sus ojos agitando un poco su risada y clara cabellera.

Además pronto estuve tocando “Aleluya de Haendel” junto a una orquesta sinfónica en una de la Sala Netzahualcóyotl, una de las más importantes del país, esto fue en preparatoria, antes de entrar a la Licenciatura en Educación Musical en la Escuela Nacional de Música.

Al entrar me iba excelente en todas las materias por que realmente no me enseñaban nada nuevo.

La profesora Cadena se graduó por la opción de tesis con mención honorifica por la ENM, siendo calificada en su concierto final como sobresaliente, además de ganar la medalla Gabino Barreda por obtener el promedio más alto de su generación.

Ella mencionó que no tuvo competencia, riendo mientras lo comentaba, incluso había una profesora la cual estaba próxima a su promedio, pero que ella nunca cantó en un auditorio sola, así que no había punto de comparación.

Posteriormente viajó a Argentina en donde recibió instrucción musical por parte de profesores ampliamente reconocidos como Ma. Elina Mayorga en interpretación y en canto gregoriano por el profesor Claudio Morla, donde ella afirmó “ahí me reprogramaron para cantar bien”.

Comencé a interesarme por la enseñanza y debido a que la música es bastante exigente me titulé a través de un examen de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en la carrera de Educación Preescolar.

Pronto ambas carreras se convirtieron en algo inseparable es decir no imagino a un músico que no enseñe ni viceversa, porque uno como músico no puede quejarse de que en las salas de conciertos siempre haya la mínima asistencia, sino se encarga también de sensibilizar a los demás ante las obras de arte como lo son la música, pintura, etc.

La familia “siempre jugué el rol de niña buena”

Es curiosa la relación con mi familia ya que pues generalmente todos creamos un personaje, en mi caso por ejemplo soy muy penosa en ocasiones me sucede incluso al pedir una coca-cola en la tienda, pero sobre un escenario debo ser todo lo contrario.

En mi casa pasaba lo mismo, yo era quien lo hacía todo bien y obedecía las reglas de mi casa, mientras mi hermano mayor era todo lo contrario.

Siempre ha sido así, hemos permanecido como dos extraños, él me lleva nueve años, tal vez sea por eso pero en verdad no puedo concebir que no se conmueva ante una pintura o que no le guste leer, etc., a mi me gusta mucho hacerlo.

Además de que con los demás familiares siempre pensaron que iba a morir de hambre, pero en realidad, la música es una profesión muy noble, debido a que si en verdad te dedicas a ella y lo haces bien, puedes ganar un muy buen dinero, es decir te permites vivir tú vocación sin dejar de lado el aspecto económico, que generalmente no es lo que se piensa de esta carrera.

Su labor

Al comenzar a preguntarle sobre su labor como maestra ella identifica a esta como el de una guía para que cada uno de sus alumnos encuentre la forma de clocar su voz en vivencias propias, lo interesante es que ella trabaja a ciegas por decirlo de alguna manera, es decir a ciencia cierta no sabe en realidad qué les hará encontrar o cómo, su meta es que ellos lo logren.

Creo que al lograr esa compaginación entre lo que sienten y su voz es un logro muy significativo ya que por lo menos los deja con la certeza de que al menos, los sábados hacen algo bueno con su día- lo dice mientras mira a sus alumnos de turno sabatino de la ENM, muchos de ellos asienten con la cabeza.

Uno de sus alumnos quien además fue uno de sus compañeros durante la preparatoria, aseguró que la voz de Maru- como llama con cariño-, es impresionante, incluso en una entrevista posterior, comentó que si ella hubiera decidido seguir su carrera como intérprete tal vez ahora estaría en otros foros internacionales más reconocidos.

Eso debido a que ella ha trabajado para el Instituto Nacional de Bellas Artes, presentándose incluso en el marco del 51 Aniversario de el Palacio de Bellas Artes como intérprete en 2001.

Por su parte ella dijo que su interés siempre ha sido devolverle algo a su país y que mejor que con la enseñanza, incluso ella participo en talleres de estimulación sensorial en 2001, en el Centro de Iniciación Sensorial de la Escuela Nacional de Música.

Maru Cadena recibió una educación cristiana por parte de sus padres, es por ello que siempre ha creído Dios la pondrá en el lugar que mejor disponga, ya que mencionó que en todos los lugares en que ha trabajado es porque le han ofrecido esos empleos no porque ella los haya buscado.

Actualmente la reconocida profesora de la ENM se encuentra en el inicio de una nueva empresa en diseño de ropa como accesorios, donde al hablar de ello muestra una sonrisa más prominente y movimientos de pies y manos, resaltando su emoción al sentirse normal, frente a gente que no conoce su labor como músico.

Considera su labor más importante es permanecer a oscuras mientras sus alumnos sean quienes se lleven la mejor enseñanza posible, ya que en sus palabras: las enseñanzas trascienden, mientras que los aplausos son pasajeros.




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