miércoles, 2 de mayo de 2012

PECADOS Y MILAGROS EN LA UNAM


Por Yarely León Mogica
México (Aunam). Abre sus brazos como un Jesucristo con la mirada al cielo, en ellos se extiende, como si fueran alas, un rebozo color negro que destaca entre las flores mezcladas de colores rosa, amarillo, verde pero sobre todo, morado en aquél vestido abrazado a su cuerpo lo que da muestra del orgullo por ser de ascendencia mixteca.

Frente al edificio de Posgrado de la Universidad Nacional Autónoma de México, de cara a la famosa Biblioteca Central entre las Facultades de derecho y de ingeniería, el nombre de ésta Jesucristo que lleva “una Cruz de olvido” hace retumbar la vibra de la gente que comienza a amontonarse frente al escenario: Lila Downs planta una mirada altiva para dirigirse al público, un público de universitarios jóvenes y mayores, que este día la acompañan.

Como migrantes que llegan a tierra prometida, las personas se acercan abrazadas o de la mano al hormigueo de gente cerca de las bambalinas. A espaldas de ellos los últimos rayos del sol brillan como despidiéndose.

En el hormigueo algunos los universitarios, quienes terminan una semana más de clases, intentan olvidar el cansancio por un momento, para recordar que la flor que admiran tanto les canta “Cucurrucucú paloma” mientras ellos lloran de emoción y entonan a todo pulmón ésa tonadilla la cual seguramente les recuerda a sus relaciones sentimentales por la manera de expresarse.

El paisaje complementa ésta situación, pues de cara al escenario cruza una paloma en el momento justo cuando todos cantan y el olor a cigarro se propaga para acompañar la armonía generada en las islas de Ciudad Universitaria.

Lila Downs sonríe y se dirige a su público para preguntarle “¿Cuál ha sido su pecado o su milagro?” Lo que crea una ola de barullo entre los espectadores quienes quieren hablar con la cantante, algunas mujeres se suben en los hombros de sus acompañantes con tal de resaltar para que se les ceda la palabra, pero les gana un señor quien comenta sobre su milagro, “mi milagro fue encomendarme al señor de Chalma” personaje que “me curó el alma”, cosa que hace al público emocionarse, aplaudir y gritar.

Es entonces cuando ésta cantante de padre inglés, se adelanta a decir “yo te quiero con todo el cuerpo”, al compás de la guitarra que se escucha al fondo y hace resaltar ésa voz de leona que guarda en el corazón, cuando de repente cambia la música a un ska que hace a todos saltar en sus lugares.

Sin embargo, tanta armonía no podría durar para siempre o para toda la noche. El cielo está por llenarse de estrellas y la cantante decide decirle a su público que es hora de marcharse, el reloj apunta las 7:30 horas.

En tanto, las personas gritan como es costumbre en estos eventos, un rotundo “¡No!”, pero el milagro de su presencia por dos cortas horas está hecho, así que tiene que irse, su pecado: partir y dejar a su público contento y a la vez “muriéndose de hastío” pues “la vida es la ruleta en que apostamos todo”.




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