lunes, 30 de abril de 2012

LUCHA LIBRE CONTRA DISCRIMINACIÓN DE GÉNERO

Por Jonathan Irineo

México (Aunam). El 21 de septiembre de 1933 en la Ciudad de México se inauguró la lucha libre y para los años 50 las mujeres en México comenzaron a practicar este deporte en especial con “La Dama Enmascarada”, la primera luchadora que usó una máscara. De esta manera la lucha femenil empezó a desarrollarse en un ambiente entre aceptación y discriminación.

La artista Nina Höechtl originaria de Austria, quien pertenece al Goldsmiths Collage de Londres, Inglaterra, presentó este viernes en el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) la conferencia ¡Lucha, lucha! ¡Como lucha libre!, en la cual habló sobre el rol de la mujer en la lucha libre femenil, así como la historia de este hecho en México.

La historia de la lucha femenil en México se remonta a las actuaciones que tuvieron las luchadoras estadounidenses en 1935, las cuales fueron traídas a este país por el hombre de negocios Frank Moser, después de que las observó pelear en Chicago. De esta manera “la llegada de mujeres extranjeras causó asombro y curiosidad al mismo tiempo” afirmó Höechtl.

La discriminación sobre la labor de las mujeres en la lucha libre es apreciable cuando el día 12 de julio de 1935, un día después de la primera función de lucha libre en la Arena México, Carlos Vera, director del diario deportivo La Afición, tituló en uno de sus artículos: “Mediocre fue la exhibición que dieron en su debut las luchadoras”.

Asimismo, el 1 de agosto de 1935, este mismo periódico publicó en una nota: “Ayer, afortunadamente, pues se demostró que no era espectáculo para México, terminó en la Arena México la cortísima temporada de lucha de mujeres”. Sin embargo, “esta nota no tenía razón porque la lucha femenil, afortunadamente, aún no ha terminado” comentó la investigadora.

Nina Höechtl explicó que para 1952 la primera generación de luchadoras mexicanas “estaba por hacer su entrada a la escena y ganarse el corazón del público”. Estas mujeres fueron Chabela Romero, Toña “La Tapatía”, Marina Rey, Irma González, “La Dama Enmascarada” y “La Jarochita” Rivero. También señaló que entre 1857 y 1986 se prohibió a las luchadoras pelear en el Distrito Federal.

Comentó que dentro de la lucha libre las mujeres son discriminadas por sus colegas varones, pues estos afirman que “es un deporte de hombres” y no de mujeres. “Las luchadoras tenían que lidiar y rechazar amenazas y acosos abiertamente sexuales, pero al mismo tiempo contaban con promotores que las defendían”, dijo Irma González, en una entrevista con Nina Höechtl, sobre la situación en los años cincuenta.

El problema de la discriminación contra las mujeres en este deporte, aseguró, queda ejemplificado con el caso de la luchadora ruda, “La Comandanta”, también conocida como “La Nazi”, a quien su padre le dijo que era un deporte sólo de hombres.

“La Comandanta” comenzó a luchar resistiendo “el entorno patriarcal y las reglas sociales impuestas a pesar de las atribuciones culturales y sociales inscritas a la feminidad y lo que significa ser mujer”, afirmó la académica del Goldsmiths Collage de Londres.

Se refirió a la humanización de las luchadoras fuera del ring, donde se desempeñan como amas de casa y familia, policías, activistas sociales, entre otras actividades, como es el caso de la luchadora Martha Villalobos.

Además mencionó seis filmes lucha libre femenil como Las luchadoras contra el Médico Asesino (1963) y Las lobas del ring (1965), por mencionar algunos.

Concluyó que las mexicanas superan poco a poco la discriminación al interior de la lucha libre; pero que a comparación de las luchadoras estadounidenses, realmente lo hacen por sus habilidades luchísticas.

Foto: Martha Villalobos \ Facebook



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