viernes, 9 de marzo de 2012

EL DERECHO DE SER MALAS

Por Ollin Velasco
México (Aunam). La tertulia Las mujeres y el narco reunió a varios asistentes a escuchar las ponencias de Sanjuana Martínez, Olivia Tena y Liliana Carvajal en la cafetería de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Factum

Lo narco también se lleva con lo femenino. El oficio no hace distinciones de género ni edad. Es un hecho: en México las mujeres se empoderan cada vez más en este ilegal pero prolífico ramo de la economía del país.

Entre órdenes de comida y simbólicamente al calor del tiroteo, tres mujeres y un público dominado numéricamente por el género revaloran la nueva incursión femenina en el negocio. Factum: actualmente 30 mil de ellas nutren las filas del narcotráfico.

Minas y estadísticas

Muchos asistentes comen mientras Liliana Carvajal (especialista en estudios de género y seguridad nacional, egresada de esta institución) mina con cifras el campo de batalla descubierto.

Con números y narcocorridos demuestra la relevancia del fenómeno surgido a partir de la década de los noventa y deja abierta la interrogante sobre sus causas e implicaciones. Asegura que “según la DEA (Agencia Antidroga de Estados Unidos) 10 mil de las relacionadas con el narco habitan las cárceles en México”.

El estereotipo de la mujer reducida a su faceta dulce y hogareña queda desfasado. El tiempo evoluciona al ritmo del fuego cruzado y ahora debe actualizarse con nuevos tipos de actividades que van desde quienes fungen como trofeo de capos, narcomenudistas, burreras o mulas (que cargan y transportan drogas), buchonas (informantes embellecidas con cirugías estéticas), mujeres sicario, consumidoras, combatientes del narco y las cada vez más frecuentemente levantadas “con fines de placer”.

“El derecho que tenemos al mal…”

El tema es espinoso, pero en especial genera polémica por la naturaleza feminista de las ponentes y la proximidad del Día Internacional de la Mujer. Aunque hablar de narcotráfico lleva aparejada una reprobación automática, Olivia Tena, psicóloga e investigadora feminista de la UNAM, se pregunta si el fenómeno en cuestión no constituye un logro de género.

Luego de aclarar que no se trata de una justificación, Liliana Carvajal apuntala que no todas eligen dedicarse a esas actividades. “Hay muchas que nacen en el seno de familias que se dedican a ello y tienen que adoptar esa postura como una forma de reaccionar ante su entorno y hasta de seguir con vida.” No obstante, también advierte que “tener cuerpo de mujer no nos hace buenas personas, también somos malas y corruptas.”

Olivia Tena, lo puso en términos del “derecho que tenemos al mal”. Para reforzar, un dato duro, cual tiro de gracia: se sabe de la existencia de la primera mujer con rango de capo en el narcotráfico. Es mexicana y se llama Enedina Arellano Félix.

Mientras el público toma notas y fotos, la conversación arriba a plazas imposibles de cruzar y pasar por alto. Luego de los disparos de datos duros, se hacen apuntes sobre el tipo de realidad que circunda esta fresca cara del crimen.

Vacíos injuriosos

Finalmente, Sanjuana Martínez da tregua al fuego y toma el micrófono. En el fondo suena la necia máquina registradora de la cafetería. “No todas son victimarias. Muchas son víctimas y resulta preocupante que se les acuse de su propia muerte”, dijo.

Momento de llegada a un lugar frecuentemente visitado en este tipo de charlas: el de los vacíos legales en la Constitución. Uno en especial: “el feminicidio no es un delito como tal en México. Sólo está tipificado en siete estados de la República”, apunta Martínez, quien confiesa haber crecido entre los tequilas y narcocorridos sabatinos de su abuela.

La periodista incluso considera que este 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) “no hay mucho que celebrar con la avalancha en ciernes de crímenes impunes contra nosotras.”

Las olvidadas

La tertulia casi desemboca en una conclusión en tono desolador de no ser por la intervención de una estudiante que aboga por no dejar fuera de la lista de de las mujeres relacionadas con el narcotráfico a las víctimas y sobrevivientes de la tragedia que ahora se dedican a la lucha social. “Nadie se ha acordado de mencionarlas”, reclamó.

Luego de más de dos horas de disparos, las sobrevivientes de esta refriega conservan su proporción y tienen un semblante diferente tras las consideraciones finales. La caja registradora persiste, incansable. Y mientras dos chicas se dirigen a la salida, una de ellas lanza un “¿Escuchaste eso de que tenemos derecho al mal…?”






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