viernes, 15 de junio de 2018

CANAL ONCE PRESENTA: TODOS A BORDO

  • Proyecto que celebra la riqueza social del país y el orgullo de ser mexicanos

Por Andrea Albarrán
Ciudad de México (Au8nam). Canal Once estrenó su nuevo programa: Todos a bordo, que en media hora resalta la importancia de los oficios y profesiones de México por medio de entrevistas a sus invitados.


La conductora es Marcela Pezet, quien desde niña deseó estar en la televisión. Su papá era productor de cine y hacía comerciales. Ella no sabía exactamente qué pero quería hacer algo. Empezó estudiando literatura pero por falta de dinero salió de la carrera y comenzó a trabajar en televisión y viajó fuera de México. En los Ángeles estuvo a cargo de un programa, siempre interesada por las historias donde se pone de manifiesto el valor humano.

A raíz de su experiencia en los Ángeles y después de producir Juicios Orales, otro programa de la emisora, la directora Jimena Saldaña confió en ella para realizar un proyecto diferente:

“La idea surgió desde 2004. Pero cuando ocurrió el temblor (en 2017), Jimena y yo convenimos que había que hacer algo para que no se nos olvide lo que es México”

“Después del temblor hubo este tema de amor por México, ahí no importaba quien viniera a tu casa a pedirte un cable para cargar. Si te pedían agua tú le habrías la puerta. Luego pasó tristemente el tema de la tragedia”.

Cuando se preguntaron ¿Qué podían hacer para rescatar ese sentimiento? Planteó de nuevo la propuesta:

“Siempre había tenido la idea de hacer un talk show donde poder entrevistar a gente normal. Para mi todos ellos son gente normal. Todos fueron tratados igual: el bolero, el barrendero, la actriz, vienen a representar su oficio”.

“Poder representarnos para que todos nos podamos ver como uno mismo sin etiquetas, me parece que es algo que realmente nos permite sumar valor. Porque nos hemos perdido esta parte humana por miedo. Nos da miedo confiar, pero una vez que conoces a estas personas, yo los veo en los parques y nos saludamos de beso y abrazo. Ya es mi familia. Yo misma cambié”.

En la grabación de 52 episodios participaron globeros, barrenderos, directores técnicos, actrices y algodoneros, entre otros. Además se incluirán 4 entrevisas más en forma de tributo a trabajadores del Once, que incluyen un camarógrafo, un floor manager, un jefe de la vídeo filmoteca y un productor.

¿Aquí nos tocó vivir?

La principal diferencia entre otros programas de la emisora y ¨¡Todos a bordo! Es que los entrevistados se llevan al estudio.

“No tuvimos el contacto con el oficio per sé. La idea del programa es presentar el oficio, mostrar el efecto que causa este en sus círculos cercanos, porque no siempre sabemos las repercusiones a las personas que están cerca de nosotros; y el público que tiene relación con el oficio platica también. Nos damos cuenta como somos ramificaciones en la vida, que las acciones que hacemos como mexicanos, como seres humanos, tienen efectos”.

Marcela Pezet se conmueve al recordar la entrevista con “el tortillero”, de notable alegría de quien sus hijos dicen que regala el 50% de su producto (a quien no puede pagarlo). Hombre amante de la música y la vida.

“Todas estas historias las puedes adoptar en tu vida”.

Pezet ya piensa en una segunda temporada pues menciona que se quedaron “muchas historias dentro del cajón” y en otras ideas que le permitan expresarse “una pequeña parte de lo que me gustaría hacer por México”.

El programa se transmitirá los lunes a las 11:30 horas con repetición los sábados a las 16:00 horas.





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jueves, 14 de junio de 2018

AHÍ VAMOS… A PASO LENTO PERO CON ESPERANZA

Por Natalia Antonia Castrejón Castillo y Adriana Jiménez Leocadio
Ciudad e México (Aunam). “Viejo quién sabe qué, aquí no crea que lo vamos a ver” le dijeron sus nueras al señor Ángel Martínez, de 77 años cuando lo echaron de su casa. Él experimentó la vida empiojado en albergues de la Ciudad de México y llegó a consumir alcohol desnaturalizado con refresco. Por fortuna fue canalizado a la Comunidad Participativa Tepito, una Institución de Asistencia Privada (I.A.P.) en la que le dieron un hogar. “y gracias a Dios que ahí voy, ahí voy” repite con insistencia.


El abandono de adultos mayores en México es un caso extremo de violencia que no sólo se materializa en golpes, arañazos, gritos o el hiriente ignoró; la infantilización y la desatención médica son otras variedades que duelen de igual manera.

El Instituto para la Atención de Adultos Mayores de la Ciudad de México (CDMX) clasifica a las variedades de violencia hacia este sector como psicoemocional, física, sexual, financiera, patrimonial o económica, estructural o societal. Todas ellas se asocian con discriminación, marginalidad y exclusión social.

En este contexto el 30 de octubre de 2017 entró en vigor en la CDMX la penalidad de tres meses hasta tres años por el abandono de personas incapaces de valerse por sí mismas entre quienes están los adultos mayores y personas con discapacidad.

Hasta el 2017, en México residían aproximadamente 12 millones de adultos mayores. El Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición asegura que un 16 por ciento de los adultos mayores mexicanos sufre algún grado de abandono y maltrato; a su vez Margarita Mass Moreno investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, afirma que 20 por ciento de ellos vive en soledad, no sólo olvidados por el gobierno, sino también por sus propias familias.

“Los dejan en las instituciones, los dejan en albergues, a veces hasta los pueden dejar en la calle, ha habido casos que los dejan en la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente, localizada en la Ciudad de México (TAPO) , en las centrales, lo más usual en las instituciones, en los asilos (...) los familiares dan información equivocada”, mencionó Guadalupe Cañongo León, profesora de gerontología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Guadalupe Cañongo León, profesora en el posgrado de Trabajo Social en la UNAM

El estigma que hay en la sociedad por ver al envejecimiento como un cúmulo de enfermedades, discapacidad y la creencias de la vulnerabilidad hacen que los adultos mayores se vean desvalorizados, y como consecuencia se presenten los mencionados tipos de violencia.

El deterioro físico y cognitivo son parte natural del proceso de envejecimiento; las discapacidades y enfermedades pueden provocar que las personas mayores requieran ayuda para hacer sus actividades cotidianas, pero no es una regla general que todas las personas mayores tengan que padecerlas; para muchos esto es difícil de entender.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Envejecimiento integrada en el estudio los mexicanos vistos por sí mismos de 2015, 74.1 por ciento de los entrevistados opinaron que el principal tipo de violencia que sufren las personas en esa etapa de la vida es la negligencia, es decir que quienes los cuidan no cubren sus necesidades, el 67.7, considera que el maltrato psicológico; 65.4, el abuso económico; 63.1 autonegligencia, y 61 por ciento maltrato físico.

Desafortunadamente la falta de comprensión y empatía supone en muchos casos una carga social y económica para los círculos sociales cercanos de los ancianitos, lo que llega a generar en ellos depresión o estrés y de esta forma puede propiciar el maltrato. Difícil de creer, pero el hogar, que debiera ser nicho de apoyo y comprensión es todo lo contrario, la familia es el principal verdugo.

En 2011, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, (ENDIREH) mostró que 18 por ciento de las mujeres adultas mayores mexicanas ha sufrido algún tipo de violencia por parte de sus hijos(as), sobrinos(as), nietos(as) u otros parientes o no parientes, el tipo de violencia más habitual es el emocional: a un 10.7 por ciento le han dejado de hablar, a 6 las han dejado solas y al 3.3 la han hecho sentir que es una molestia.

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“Cuando en una familia llega un bebé, ésta se adapta, cuando esos niños llegan a la adolescencia, la familia se adapta y lo hace también con el adolescente, sin embargo a las personas mayores no hay adaptación y ello deriva en violencia y abandono” declaró Guadalupe Cañongo.

“es más agradable ver a una persona joven, que aún camina ligerita que una viejita que anda con bastón” - María Pilar de Abiega

Después de una vida recorriendo las carreteras mexicanas como conductor de tráiler, Jesús Hernández de 66 años, perdió la pierna izquierda, hasta la rodilla, a causa del descuido ante el pie diabético. Pasó un año de su vida en su casa, en Tecámac Estado de México, atacado por la soledad y los reproches de antaño de su esposa.

Corroboró que sus largas ausencias y fortuitas aventuras amorosas en las carreteras no habían sido perdonadas. A pesar de que tenía alimento, atención médica y una de sus hijas le daba sus vueltas: no era feliz.

En México la vejez es un tema que tiene poca relevancia y que és importante de tratar, pues las estimaciones muestran que entre el 2000 y 2050 el monto de la población de personas adultas mayores se multiplicará cuatro veces y su participación porcentual pasará de 7.6% a 27.7 por ciento, es decir alrededor de 30 por ciento de la población tendrá más de 60 años un acelerado ritmo de crecimiento de las personas.

A pesar de que en un futuro se tiene demostrado que la población de adultos mayores será un gran porcentaje de la población total las alternativas y el apoyo que se les dan siguen siendo los mismos.

Entre las alternativas que tienen las personas adultas mayores que se encuentran solas por múltiples razones están asilos, casas de día y casas de noche; en éstos lugares los ayudan a encontrar un motor de vida, sin embargo eso no desaparece el hecho de que el abandono esté presente.

Datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el 2015, muestran que en la Ciudad de México hay 495 asilos entre privados y públicos, a nivel nacional se cuentan con 1020.

“¿Te pido un favor?: No han venido mis hijos … ¿sí le hablas a Lorena o a Martha, que no me han venido a ver?

El señor Jesús Hernández está delante del extintor rojo colgado en la pared

Dijo Maru, con un tono suplicante, una señora de aproximadamente 70 años de edad que es residente en la Casa Hogar Santa María de Guadalupe, dependiente del Instituto de Beneficencia Larrainzar, cercano a la Basílica de Guadalupe, a Lilia Almonaci, trabajadora social y directora del lugar.

La mirada llena de ternura de la mujer envuelta en su chamarra roja de tela polar y asistida de su fiel bastón hacía pensar en una pequeña niña perdida que lo único que deseaba era ver a su mamá.

En asilos de asistencia privada a los familiares de las personas mayores se les exige visitarlos una vez por semana. Pero para personas tan ávidas de cariño y comprensión, como la señora Maru, esto no siempre es suficiente.
“...no es falta de cariño, te quiero con el alma, te juro que te adoro, y en nombre de este amor, y por tu bien, te digo adiós”.

Lilia Almonaci explica que la mayoría de sus residentes vive ahí por necesidad; sus familias no disponen del tiempo debido para cubrir sus necesidades de manera integral.

Los familiares tienen que trabajar para solventar los gastos; no es cosa fácil dejar a sus progenitores a cargo de desconocidos. Lilia resume la cuestión con la siguiente frase “O trabajo para que te compre yo tus pañales, tus medicinas o me quedo a cuidarte. ¿Cómo le hacemos?” Es así como se presenta el abandono involuntario.

Las casas de reposo se han convertido en instituciones de necesidad, entre otros factores por los riesgos como el que los ancianos dejen abierta la flama de la estufa o la llave del agua y ocurran explosiones o inundaciones dentro de la casa; que se salgan de su hogar, se pierdan y no regresen; que dejen pasar a alguien desconocido a la vivienda o que no tomen el medicamento que necesitan y tengan complicaciones médicas.

Es innegable que la llegada a la ancianidad supone pérdidas: ya no se puede andar al mismo paso. El oído, la vista, el gusto se van se van y llegan a perderse. Almonaci describe como en las casas de reposo los longevos hombres y mujeres viven todas esas pérdidas además de complicadas situaciones de adaptación como el cambio de ropa interior normal a ropa desechable.


Casa Hogar Santa María de Guadalupe

Las paredes verde pistache brillantes, adornadas con indicaciones y señalamientos amables de a dónde deben dirigirse los mayores.Personas mayores agarrándose con confianza del brazo del personal de enfermería. Barandales empotrados en la pared para darles sostén a esas personas que viven ahí.

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Carolina y su esposo no pudieron tener hijos. Después de que este último muriera, ella se quedó viviendo sola; ahora su única compañía y continua escucha es su perrita. A pesar de que tiene tres hermanas, no es muy cercana a ellas, por lo que prefiere no darles molestia; sabe que están ocupadas, además, intuye que no se acostumbran a vivir juntas las unas con las otras.

Los cambios culturales que han habido entorno a la familia también han influido en el abandono, las familias extensas en México se han reducido. En los años 70 una mujer tenía 6.1 hijos en promedio mientras que en 2018 dicha cifra disminuyó a 2.15 esto debido a la situación política y cultural del país. Pero tener hijos no asegura que te cuidarán y querrán, “esa fórmula hace muchos años se rompió” expresó Lilia Almonaci.

La desintegración y desapego al núcleo familiar ha provocado que muchas personas mayores subsistan solas entre visitas y llamadas de teléfono breves y esporádicas además de que su existencia esté colmada de tardes de televisión y radio solitarias mientras ven a los demás ir y venir desde sus moradas.

“Como ahorita ya llego, me encierro y ya hasta mañana, a ver qué” - Ángel González

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Además de los asilos los centros de día son una alternativa para que las personas adultas mayores convivan con otras de su edad y participen en actividades que los ayuden a mantenerse activos en su vida cotidiana tanto en la esfera física como en la psicológica y social.

Los centros de día no son la única opción para que las necesidades del sector de la tercera edad sean atendidos de forma adecuada, existen también las casas de reposo en donde estas personas pasan día y noche; muchas de estas instituciones solicitan que las personas adultas sean autónomas física y cognitivamente.

También existen las casas especializadas o asistenciales en las cuales residen personas que necesitan supervisión especializada 24 horas los 365 días del año porque padecen enfermedades como Alzheimer.

El Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) cuenta con siete centros de día pero existen al menos seis instituciones de asistencia privada que prestan el servicio, entre ellos se encuentran La casa de la Divina Providencia, Fundación Vida Plena en la delegación Álvaro Obregón, Fundación Centro de Promoción Gerontológico Centro Histórico Ciudad de México (Cenprogiap) y Comparte.

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Comparte es un Instituto de Asistencia Privada fundado el 30 de abril de 1989 en el barrio de Tepito. Tiene un modelo de centro de día y otro de casa - hogar, que proporcionan viviendas a los adultos mayores que lo necesitan. A esta modalidad sólo pueden integrarse personas que sean autosuficientes pues no hay personal suficiente para atender afecciones especializadas.

Comparte surgió de la sensibilización de sus fundadores ante la difícil situación que pasaron las personas adultas mayores tras el sismo de 1985, muchas de ellas se quedaron solas y perdieron su casa.

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María Pilar de Abiega, una de las seis fundadoras, anima a personas de la tercera edad a ir a la institución para que a través de la conformación de una relación fraterna se ayuden unos a otros y creen redes de apoyo, que son de vital importancia.

La también misionera católica cree que las personas mayores tienen los mismos derechos de todos los seres humanos y no por cargar en su cuerpo y mente muchos años tienen que quedar relegados y aislados. Platicar con sus vecinos o ir los miércoles a las convivencias de Comparte puede ser un motor impulsor de vida para ellos.

“...no importan los años que uno tenga, sino lo que tenga uno dentro y ante Dios apenas vamos empezando [...] nuestra experiencia como seres humanos” - Jesús Hernández

A la señora Carolina le llega la tristeza cuando llega a su casa, donde permanece la mayor parte del tiempo, viendo la tele o hablando por teléfono aunque
“hay veces en que ni para nada suena [...] ora pues no me llamaron, será mañana”.

A pesar de que ya casi no sale por las secuelas que le dejaron unas fracturas de pierna y mano, las cuales cree fueron una señal de Diosito para que se pusiera en paz asiste dos o tres días a la semana a Comparte donde realiza actividades y convive con sus compañeros; así no se siente sola.

El abandono también es económico

Carolina, de Comparte

En México, conforme a los datos de la Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social (ENESS) levantada en 2013, una cuarta parte de los adultos mayores del páis se encontraba pensionada. De estos. 40.9% por jubilación, 33.9% por retiro o vejez , 17.5% por viudez y 3.6% por accidente o enfermedad de trabajo. Además de que gran cantidad de ellos sobreviven de remesas, donativos de otros hogares e instituciones públicas y programas gubernamentales.

“La población ocupada que tiene 60 y más años (4.8 millones), es que prácticamente la mitad labora por cuenta propia (49%) … población que no percibe remuneración alguna por su trabajo (4.4 por ciento). Por su parte, de los adultos mayores que se ocupan de manera subordinada y remunerada (37.8%), la mayoría no tiene acceso a instituciones de salud por su trabajo (60.8%); labora sin tener un contrato escrito (61.8%) y casi la mitad (47.7%) no cuenta con prestaciones. De hecho, 73.2% trabaja de manera informal”.

“Me llega mi despensita, voy compro mi mandadito, huevo y ahí voy y ahí voy”. Ángel González.

La señora Carolina, desde que su esposo vivía, sobrevivían vendiendo postres: gelatinas, flan napolitano, pasteles, cuando enviudó la cosa no cambió, tenía que trabajar aún. “yo sí quisiera ponerme a vender porque la verdad no me alcanza lo que me dan”. A pesar de que nunca le ha faltado de comer, el dinero que recibe del gobierno no es suficiente para cubrir sus gastos.

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¿Y para mañana? … lo que Dios diga

Saben que el panorama es complejo, pues a la par del envejecimiento sus habilidades físicas y cognitivas se ven limitadas; la posibilidad de hacer su vida por cuenta propia puede acabarse de un momento a otro, por ello viven al día con plena confianza y fe en los designios que Dios les tiene reservados.

“Yo lo único que le pido a Dios, que Dios nos de vida y que Dios nos de salud y ya, no a mí sino a todos, me hago mi oración y señor pues de mí no te olvides” - Ángel González.

Las imágenes religiosas son una constante en la Casa Hogar Santa María de Guadalupe: La fe de las personas mayores las mantiene motivadas para vivir

Con voz decidida y plena voluntad en la garganta Ángel González expone que no quiere volver andar otra vez pa’ y pa’ ya, aferrado al alcohol, más bien quiere disfrutar y aprovechar las oportunidades que la vida le dio: su casita y ser el asistente oficial de Comparte: Mientras él pueda, seguirá y seguirá.

La señora Carolina quien al contrario de sentirse grande se siente chiquita, dice estar preparada para morir cuando sea momento. Confía en que Dios le tiene algo reservado para ella pues es él mismo quien le da fuerza. Ella se siente contenta de ir a misa en todas las ocasiones que sea posible. Le gustaría que en el centro de día dieran clases de baile y manualidades que tanto disfruta hacer.

Por su parte María del Pilar de Abiega transmite a los adultos mayores la siguiente idea: “el señor nos regala la vida tratar de ser lo más feliz que se pueda y hacer a los demás lo más felices que se pueda”.

Las personas de la tercera edad, aún tienen sueños y expectativas, Jesús Hernández por ejemplo, anhela una prótesis para poder caminar y que alguna de sus compañeras de Comparte, a quienes “su corazón aún les trabaja muy fuerte” por lo que se ponen celosas por él comparta la vida con él.

Envejecer es un proceso natural continuo e irreversible, lograr a esa etapa de la forma más autónoma y digna posible supondrán una riqueza invaluable; mientras lo hacemos, apoyemos a los que ahora lo son y generemos redes de apoyo.

A veces una sonrisa y un oído atento y paciente bastan para darles felicidad a esos seres que han pasado largos años de vida, y cuya esperanza no se agota y si lo hace puede reanimarse a pesar de la incertidumbre que puedan experimentar.

La juventud es un hilo, un suspiro, que se acaba pronto comparado con lo alargado que puede ser el periodo de vejez: es muy probable que seamos viejos la mayor parte de nuestra vida, como señala el aumento en la esperanza de vida en México que pasó de 30 años en 1930 a 75 en el 2017 según informes del INEGI.

Como bien expresa el señor Ángel González, no siempre vamos a ser jóvenes. Él recuerda como en el año de 1957, se cayó el Ángel de la Independencia, era aquel y ahora esa juventud se le ha ido de las manos.

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Desmitifiquemos la vejez, entendámosla como parte del ciclo vital. Pensémosla desde hoy y vivámosla con orgullo; que las arrugas que podamos acumular sean el reflejo de gratos momentos llenos de vivencias e historias.

Dejemos de permanecer indiferentes y al margen ante las dificultades que enfrentan las personas mayores porque como dice el popular dicho “como te ves, me ví, como me ves, te verás”. Las personas mayores aún tienen mucho que aportar a la sociedad en todos los ámbitos de vida, dejemos de lado el estilo consumista y valoremos de nuevo todo eso que tiene que ofrecer.

Israel Muñoz director de Comparte mencionó que se puede revalorizar a las personas comenzando por “darse la oportunidad de conocerlas, de regalarles media hora, de platicar con ellas y ver quien es ese viejo que está enfrente de ti [...] conocer la historia de vida [...] así entenderás porqué tiene ese comportamiento.”

Tratar con personas mayores no es cosa sencilla. Se necesitan paciencia, empatía y calma en abundancia. La satisfacción es que son personas agradecidas que se ponen felices con ser escuchadas y miradas. Aunque no hay certezas ante la incertidumbre de la vida, estas personas tienen voluntad y ganas de vivir, de descubrir el sentido que tienen en esta vida.

Angel González

“... y ahí vamos y ahí vamos [...]” repite el señor Ángel, quien con su playera rosa, acompañado de una bolsa de plástico gris, de Walmart se preparaba para irse a ese su hogar, dentro una vecindad en la pesada zona de Tepito.






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miércoles, 13 de junio de 2018

BEBIDA DE LOS DIOSES, EN LA “FERIA DE TODOS”

  • Inauguran el tradicional Pabellón del Pulque en la Feria Patronal de Calpulalpan
Por Elizabeth Dorantes
Calpulalpan Tlaxcala (Aunam). Bajo el marco de la Feria Patronal Calpulalpan Tlaxcala 2018, el presidente municipal Neptalí Gutiérrez y la reina de feria Andrea I, inauguraron el viernes 8 de junio el Pabellón del Pulque, para promover la muestra gastronómica de la localidad y sus alrededores.


El Pabellón del Pulque se encuentra ubicado en el Salón Ejidal de la colonia Centro y la entrada es gratuita. Cuenta principalmente con la presencia de los dos productores más importantes de la región: Pulquería Torres y el rancho San Isidro, ambos negocios ofrecen un exquisito pulque natural y variedad de sabor en curados, como por ejemplo, beso de novia, maracuyá, nuez, pistache, piñón, zarzamora, mango o tomate.

En el lugar también puede disfrutarse de representaciones artísticas y culturales. Como lo son presentaciones de cantantes locales o la exposición histórica del pulque que incluye fotografías y herramientas de la producción; ambas prestadas por campesinos y proveedores de pulque.

Con el fin de resguardar la seguridad de los visitantes, el evento cuenta con la presencia de cuerpos de Protección Civil a su entrada, quienes tienen la tarea de vigilar el ingreso y salida de consumidores desde el día de la inauguración hasta la fecha de clausura, el domingo 17 de junio.




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INICIA TALLER DE CRÓNICA URBANA

Por Mirelle Mejía Pérez
Ciudad de México (Aunam). Comenzó la primera edición del taller de Crónica Urbana, organizado por el programa Ciudad Anfibia. Es impartido de forma gratuita con la finalidad de enseñar a crear narraciones basadas en la crónica, en el contexto de una ciudad que “cambia constantemente”.


Ciudad Anfibia es un programa de Radio en línea del grupo Código Radio, perteneciente a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Lo conducen Magali Tercero, presidenta de la asociación de Poetas, Ensayistas y Novelistas México (PEN México), y Jorge Eduardo Velasco, primer lugar en el Concurso Internacional de Narrativa Breve.

La crónica urbana, según los ponentes, es un género periodístico y literario que permite explorar los cambios de nuestra ciudad, basado en los sucesos y anécdotas de un personaje, acontecimiento e incluso un lugar. Argumentaron que la ciudad está en constante metamorfosis y, sin importar si se ejerce el periodismo o no, es interesante adquirir la habilidad de relatar historias.

El curso, del 9 de junio al 17 de julio, contará con 5 sesiones de dos horas. Se llevará a cabo en el Museo de la Memoria Indómita, ubicado en la calle Regina 66, del Centro Histórico. Cuenta con 19 asistentes que, al finalizar el Taller, tendrán la oportunidad de mostrar su trabajo en el programa de radio.



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martes, 12 de junio de 2018

MAKALA EN LA SALA JULIO BRACHO

Por Aimeé Renata Estrada Mendoza
Ciudad de México (Aunam). Desde la cabina apagaron las luces y subieron el telón que cubría la pantalla blanca donde proyectan los filmes. Las quince personas que estaban en la sala, tomaron asiento y la oscuridad los acogió mientras que una voz en off explicaba las medidas de seguridad que deberían de tomar en caso de un siniestro.


Las salas de cine del Centro Cultural Universitario, pertenecientes a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), recibieron desde el 3 hasta el 17 de mayo al festival Ambulante 2018.

En este evento, los documentales más representativos del año pasado, y los estrenos del presente, son proyectados en varios recintos de la Ciudad de México.

Un día antes de que finalizara Ambulante, en la Sala Julio Bracho fue exhibido el documental titulado Makala, a cargo del director francés Emmanuel Gras.

Dicha proyección fue de carácter gratuito gracias a Cultura UNAM. Por lo que el público fue diverso. Había jóvenes con sus mochilas debajo de las butacas, dos trabajadores con uniforme de la Hemeroteca Nacional y adultos mayores que se sentaron en las primeras filas de asientos para no subir tantas escaleras.

El documental trata acerca de la vida de un joven del Congo y los obstáculos que debe enfrentar para poder mantener a su familia con un trabajo digno.

La desigualdad social y económica que ha traído consigo el capitalismo com la acumulación de la riqueza en pocas manos, está presente durante el exhaustivo recorrido que tiene que realizar este hombre trabajador y poder adquirir medicina para su hija, además de construir un techo de lámina a su vivienda.

Con una fotografía que retrata la pobreza y sequía en la República de Congo, el director acompaña al joven en su travesía para llegar a la ciudad más cercana, a 50 kilómetros de distancia, y poder vender la leña que él mismo fabricó.

El cansansio que demuestra el protagonista, se transmite a la audiencia, a tal grado, que genera una empatía con él. Su recorrido a pie, la gente que quiere aprovecharse y obtener leña al pagarla a un bajo precio o tan solo robarla, son los elementos que el público reprocha de esta historia contada a través de imágenes desgarradoras.

La desafortunada vida marginada de estas personas, provocó que la audiencia quedara muda al reflexionar la situación de pobreza extrema que existe en pleno siglo XXI.

Sin embargo, hubo un elemento que contrastó con este silencio sublime del público en el desarrollo del documental y al final de éste. Una señora de aproximadamente sesenta años, sentada al centro, revisó su celular durante el largometraje.

Aunque la luz molestaba a los demás asistentes que estaban sentados detrás de ella, nadie le pidió que guardara su aparato electrónico, ya que el estímulo de su luz distraía la vista de los demás enfocada a la gran pantalla.

Dicha situación sucede de manera cotidiana en los cines comerciales, porque no hay una regulación que impida el uso de gadgets electrónicos por lo molesta que puede ser su luz para los demás espectadores.

Lo mismo ocurrió durante la proyección de la cinta independiente, aunque la gente tiene la concepción de que este en tipo de cine existe una mayor cultura de respeto al observar estos filmes que tienen el propósito de visibilizar problemáticas y que el público reflexione sobre éstas.

El cine documental se enfrenta a diferentes problemáticas, además de que la falta de atención a su proyección, la asistencia a este tipo de eventos es baja debido a que las personas están acostumbradas a la cultual visual que ha impuesto el cine hollywoodense.

Por esa razón, el cine independiente ha perdido fuerza al no tener ganancias o recuperar su inversión en las taquillas. Prueba de ello son las 345 butacas que contiene la sala Julio Bracho, de las cuales solo quince personas vieron la única proyección de Makala en la Ciudad de México.




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CASA ÁRBOL DE LA VIDA, SOMBRA PARA LOS NECESITADOS

Por: Nilsa Hernández
Ciudad de México (Aunam). Después de sufrir cuatro infartos y recibir la noticia que moriría a los tres meses, José Leonardo Romero, decidió entrar a una institución en donde se atendía a personas en situación de calle que se encontraban desahuciadas, en ese lugar entendió que sus compañeros lo comprendían y le enseñaron a buscar vida en lugar de esperar su muerte.


Al pasar el tiempo, Leonardo Romero quedó como director del lugar y durante 20 años se dedicó a ayudar a todos los pacientes en busca de consuelo, “primero murió el doctor que desahució a mí padre antes que él”, mencionó Elena Romero actual directora de la fundación.

Con el lema después de llorar, quejarte y sufrir ¿Qué más sabes hacer? La Fundación Casa Árbol de la Vida A.C es una institución sin fines de lucro que se mantiene solo con donaciones, fue fundada el seis de agosto de 1978, Leonardo Romero le dio ese nombre pues quería que los pacientes sintieran en ese lugar la sombra y el resguardo.

En este albergue, ubicado en calle aztecas #49 de la delegación Iztapalapa, se cuida a un máximo de 50 personas, en donde los pacientes con enfermedades como autismo, sida, cáncer, parálisis cerebral, Alzheimer, diabetes y otros padecimientos reciben techo, ropa y comida tres veces al día; así como una terapia grupal para que puedan integrarse, apoyarse entre ellos.

Los valores que quieren difundir en la fundación son: el amor mutuo, así como amar a la vida, valentía para enfrentar juntos todas las adversidades, la aceptación de cada uno de ellos, el perdón a sus errores y a las personas que los dañaron. Todo esto en doce pasos similares a los de la fundación Alcohólicos Anónimos (AA), pues Leonardo Romero tenía problemas para dejar el alcohol.

Todas estas personas tienen en común que son parte de un sector que sufre de discriminación en la ciudad, están en total abandono y no tienen un lugar donde quedarse, pero con la ayuda de Elena y Elva Romero pueden hablar sobre su enfermedad, así como encontrar alivio en su grupo de compañeros o en la religión.

Para la directora Romero, esa institución es parte fundamental de ella, pues aún cuando de joven nunca se le ocurrió que se haría cargo del proyecto de su padre, y en un principio le costo mucho trabajo acostumbrarse a los enfermos y que los desahuciados confiaran en ella, pues el trato de Elena hacia ellos no fue el mejor, ahora se encarga de subirles el ánimo y les enseña a superar la idea de una muerte cercana.

“Si piensas en la enfermedad del otro se te olvida tus propios males”, les decía José Romero a sus nueve hijos, cuando les enseñó su trabajo en la institución, después de muchas malas experiencias Elena comprendió que era una buena idea de apoyo para todos, no solo a los enfermos.

En el lugar se encuentran casos con diferentes razones del porqué están ahí, un ejemplo es Don Gerardo, él es un hombre de 63 años con una enfermedad en el sistema nervioso la cual es regenerativa, ahora solo encuentra consuelo en los libros mientras recuerda su juventud, así como sus inicios en las drogas y el alcohol, motivo por el cual su padre lo corrió de su casa.

Intentó pasar como inmigrante ilegal a Estados Unidos, pero al no poder cruzar la frontera se estableció en Tijuana, en donde en un principio se dedicó a asaltar personas debajo de un puente y tiempo después encontró un trabajo en un bar, ahí trabajo hasta que le detectaron la enfermedad, regresó a México y llamó a sus padres, pero lo rechazaron y en una delegación lo contactaron con Elena. Ahora lleva diez años en la institución.

Dado que el lugar lo mantienen con donaciones y ayuda voluntaria, no tiene la limpieza que se requiere para los pacientes, se necesita de pañales, cloro, toallitas húmedas y utensilios de limpieza, así como personas que puedan apoyar en el cuidado del lugar y de los enfermos o bien hablar con los albergados para que puedan expresar todo su sentir.

El señor Víctor, es el encargado de alimentar a sus compañeros, aun cuando él también se encuentra en el lugar en calidad de paciente, tiene condiciones diferentes a las demás personas del grupo, pues hace cuatro años durante unas vacaciones en Yucatán le detectaron una enfermedad intestinal, fue trasladaron a la ciudad de México y lo tuvieron que operar, sus heridas se infectaron y aún enfermo lo mandaron a Casa Árbol de La Vida.

Cuenta que vivía en Houston, Texas él era Chef de comida internacional del hotel Rick´s y aun cuando no puede establecer una relación directa con ninguno de sus compañeros pues es de origen chino y no domina el español, para él “su corazón es más grande que la institución”, ya que no quiere dejar la fundación sin personal que atienda las necesidades de los demás pacientes, por eso todos los días se levanta a las cinco de la mañana.

Considera que en la cocina necesita: café, azúcar, sopa, pasta, te, leche líquida, jugo, poca verdura, pollo y carne molida; así como ayudantes que sean responsables pues muchas personas han llegado a la institución solo para robar las cosas de los enfermos.

Jóvenes; ramas esenciales en Casa Árbol de La Vida


Jóvenes estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Universidad Tecnológica de México (Unitec); tienen dos proyectos diferentes, pero su meta en común es poder ayudar a los enfermos de la Fundación Casa Árbol de la vida, para poder difundir las necesidades, así como las carencias que padecen.

Los alumnos Mariana Mijares y Arturo Pérez pertenecientes a la FCPyS, junto a su equipo de trabajo de la materia de Análisis de las Organizaciones Públicas, iniciaron un plan de acción que consistió en realizar el manejo de una pagina en internet y la creación de redes sociales, para poder difundir la fundación, así llegar a más visitas y apoyo social.

Mariana Mijares conoció la institución porque su hermana Mónica egresada de la carrera de Administración Pública, tenía que realizar servicio a la comunidad para una materia escolar “me enganche con las historias de las personas y sentía la necesidad de ayudarlos” describió Mónica Mijares al recordar su estancia en Casa Árbol de La Vida.

Lo que empezó como un proyecto escolar, para Mariana Mijares se volvió un deseo de ayudar a las personas que se encuentran en la institución, motivo por el cual convoca compañeros de la UNAM y otras instituciones que estén dispuestos a ayudar a cualquier actividad necesaria en el albergue.

Por su parte los jóvenes de la Unitec realizan un reportaje, con el que quieren difundir cuales son las actividades que efectúan las personas en este lugar, Brandon Cabrera es él líder de su equipo y conoció la institución pues Brandon pertenece a la comunidad de AA, fue ahí que lo invitaron a conocer la fundación, tuvo una platica con Don Gerardo y sintió una identificación con él.

Los proyectos de estos jóvenes son parte importante para que más personas conozcan la institución, que realicen trabajo de voluntarios y así puedan juntos formar un lugar en donde les den vida a personas que solo esperan la muerte, así como una vez lo vivió Leonardo Romero.




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BAILE YRESISTENCIA: COREOGRAFÍA REFLEXIONA SOBRE IDENTIDAD MASCULINA

Por: Rafael Flores Hernández
Miguel Hidalgo, CDMX (Aunam). El Teatro de la Danza presentó el montaje “12 horas de vuelo: Hablando al chile de hombre a hombre”, propuesta del coreógrafo Juan Carlos Palma Velasco que invitó a la reflexión sobre cómo se construye la identidad masculina en la danza folclórica.


“Qué si un hombre es hombre por el tamaño de su pene” o “el 80 por ciento de las personas sin techo en el mundo son hombres”, fueron citas que reflejaron el enfoque testimonial y documental con el que se elaboró el programa coreográfico. Esta información era dicha por los bailarines o se presentaba a través de una proyección al fondo del escenario.

La coreografía se dividió en cinco momentos escénicos: Danza del ejido 20 Matamoros, pieza que posicionó el ser hombre como acto de empoderamiento; El gavilán; Fuga de sí, la cual presentó lo que hay detrás de la máscara del deber ser del hombre; Fragmentos; y Sembrando flores.

“Que si un hombre no puede regalarle flores a otro hombre”, frase que aperturó al último momento escénico, el cual propuso nuevas formas de relacionarse entre varones para ejercer lo masculino desde otra visión. El evento concluyó con cada bailarín regalándole una flor y un abrazo a un hombre del público presente en el Centro Cultural del Bosque.





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lunes, 11 de junio de 2018

SUEÑOS EN LA LÍNEA B

Por Alberto Valencia
Ciudad de México (Aunam). La gente lo usa primordialmente como transporte; para algunos es su lugar de trabajo a pesar de la represión de las autoridades; otros lo consideran su hogar. Todo tipo de cosas suceden ahí. Tantas escenas pintorescas se pueden observar: desde peleas que terminan en videos virales en la red, hasta gente que busca el amor entre andenes, vagones y transbordes. El metro es un gran anecdotario desde su inauguración en 1969.


Es hasta 1999 cuando se funda la primera parte de la Línea B y la segunda en el 2000. Es la línea con la más grande estructura, y de las pocas que tiene vista al exterior al salir de lo subterráneo.

El andén para esperar aquella ruta que va de Ciudad Azteca a Buenavista es pequeño; pocas veces se llena de gente (a excepción de horarios de labor como en la mañana y en la tarde) ya que son Tepito, San Lázaro y Oceanía las estaciones con más afluencia, y esto permite una circulación más rápida.

La línea B es especial, se destaca por lo multifacética que es al pasar por barrios populares como lo son Tepito y La Lagunilla, donde la gente puede ir a surtirse de todo tipo de mercancía; también con su terminal, Buenavista, da la primera entrada un pequeño mundo cultural: la Biblioteca Vasconcelos.

Pero hay algo que hace única a esta línea y es su capacidad de atraer soñadores, enamorados y bohemios que buscan perderse en extremos de la ciudad, en lugares alejados y con momentos esporádicos y efímeros.

Una muchacha espera en lo que parece ser la plataforma de transborde de la estación San Lázaro, aunque parece más una explanada por su magnitud. Ella anota en una libreta algunas cosas que la hacen sonreír de manera nerviosa; se nota impaciente; suspira y alza las manos para hacerle señas a un hombre mayor y así éste la identifique.

El hombre va vestido de manera casual: una camisa que no está fajada, pantalones de mezclilla y tenis. Es un ligero contraste a comparación de su compañera, pues ella lleva puesto un vestido floreado y zapatos de piso: es notorio que tomó un tiempo considerable para acicalarse, pues su pulcro peinado recogido y su maquillaje lo denotan.

La magnitud del recinto produce un sentimiento extraño de tristeza: como si lo imponente del tamaño de aquellos muros y el escenario de la ciudad que muestran fuesen agente catalizador para un remolino de sentimientos; un coctel de pensamientos sobre la pequeñez del ser humano, las ganas de querer comerse todo el mundo en la juventud, y el recuerdo de las ilusiones perdidas y las palabras fútiles que rememora algún viejo por ahí.


Es viernes por la tarde y está casi vacía la plataforma. El hombre toma la mano de la muchacha y con amabilidad la posa sobre su brazo y la conduce a la salida. Mientras caminan, ella besa su mejilla y ambos sonríen. “¿A dónde quieres ir?”, le pregunta él y ella responde “no sé, sólo quiero pasear contigo. Me gustaría leerte unas cosas que escribí para ti”.

La línea B ofrece placeres baratos. Con su ayuda, es posible conocer lugares mágicos con unos pocos pesos en la bolsa. Si uno es asiduo a la lectura, puede pasar una tarde entre todos los mundos posibles en la ya mencionada biblioteca que tiene toda variedad de libros en su vasto acervo; es posible también disfrutar una tarde en el Deportivo Oceanía.

De igual manera, para aquellos pocos que disfrutan de la soledad. Es relajante el hecho de sentarse en un lugar apartado y con los audífonos puestos con una música tranquila para ver el paisaje por la ventana. Muchas reflexiones sobre el amor, la vida y otras bagatelas se podrán realizar así, aunque tenga el costo de pasarse de la estación deseada al quedarse uno enfrascado.

Así pasa la vida en aquella línea: gente que regresa del trabajo, gente que apenas va. Un grupo de amigos se despide en la estación Oceanía, ya es noche. La adrenalina que produce salir de fiesta y disfrutar de la libertad se ve amainada al momento de pasar los torniquetes. Todos se separan y algunos salen, otros van a la línea verde y uno se queda mirándolos y se dirige hacia Ciudad Azteca.

El joven mira la ventana y observa las luces que ya encienden por la oscuridad que trae consigo la fase posterior al crepúsculo y recarga su cabeza en la ventana. Parece ser más sensible que los demás muchachos de su edad, y esta inferencia queda confirmada con una tierna, pero cruel escena.

Un niño descalzo le pide dinero al joven; es su última esperanza luego de ser ignorado por los demás pasajeros del vagón. Al recibir una moneda de parte del muchacho, él le da una estampa desgastada que tiene un corazón. Esto provoca el llanto inmediato del muchacho que decide cubrir su cara y esperar a que el metro se detenga en su destino.

Ya en unas horas finalizará la jornada y el metro cerrará sus puertas. Pasó un días más de sueños en la Línea B, pero ¿qué tipo de sueños? Algunos arrancados salvajemente de las pequeñas mentes que los elucubran, otros volátiles que se quedan atrapadas en las escaleras eléctricas y pocos, muy pocos que se ven cumplidos entre sus paredes; tan sólo para comenzar todo de nuevo al amanecer.



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DETALLES REMANENTES DE UN PASADO PREHISPÁNICO

Por: Carolina Morales González
Teotihuacan, EdoMex. (Aunam). La perfección geométrica de lo que pareciera ser una fortaleza que rodeaba una pirámide ha motivado especulaciones de que los vestigios arquitectónicos de los pueblos mesoamericanos fueron construidos con ayuda de alienígenas. Otros afirman que fueron resultado de sus avances tecnológicos, pero la pregunta nunca está de más al verlos en persona: ¿Cómo es posible que hayan logrado tal alineación en sus rocas, y tallado la dura piedra para materializar a sus dioses?


La Calzada de los Muertos es el primer paisaje que se revela ante los ojos de grupos de no más de quince turistas extranjeros y nacionales, mientras globos aerostáticos flotan suspendidos en el cielo.

El camino dirige a las personas a la Pirámide de la Serpiente Emplumada: Quetzalcóatl. Ésta refleja con sus pequeños letreros de prohibido el paso el desarrollo del descubrimiento arqueológico que, según un guía, es apenas del 8%. “¡Estamos viendo sólo la punta del iceberg!”, comenta un visitante. Como en un verdadero iceberg el frío comienza a repicar en los cuerpos al descender sus escaleras que llevan a la parte más cercana de la pirámide. A lo lejos humo blanco se alza en el cielo como si fuera una señal al mismo Tonatiuh quien de un momento a otro sale de entre las nubes en su clásica forma de Sol.

El camino por la Calzada puede ser lento por los productos de los vendedores que cautivan a cada paso. Desde collares y pulseras con motivos del Sol y la Luna o de un ocelotl, hasta cuchillos hechos de obsidiana que hacen a uno imaginarse como un sacerdote en un ritual sacando el corazón de un indio.

Más adelante otro vendedor atiende la curiosidad de una chica por su mercancía. Le da un masaje entre los omóplatos con un objeto de forma fálica hecho de obsidiana y al terminar le da la bendición. Es lo más cercano a un rito prehispánico que puede alguien experimentar en el lugar donde se hicieron los dioses, pero qué irónico es que haya sido una bendición católica, la misma religión que acabó con esa cultura politeísta.

Caminar en el tallo principal de la ciudad en ruinas que conecta todo a su alrededor es pisar huellas sobre huellas de generaciones que por allí han pasado, desde los mexicas, los españoles y hasta los exploradores que la encontraron en 1963.

Además, lleva a cabo un juego con los sentidos casi desapercibido si no se pone atención: en diversas ocasiones los vendedores soplan silbatos tallados en forma de “jaguar” con los cuales emiten el rugido del animal de manera artificial creando el ambiente de un lugar salvaje en el que o bien puedes ser bienvenido o puedes ser considerado un intruso.

Esto contrasta con la mata de gallo en el pasto que enmarca la Calzada, dándole un toque campirano y pacífico. Y de igual forma, de repente es percibido un olor a quemado, lo que hace recordar las ofrendas de los indios e indias a sus dioses. Olfato, vista y oído juegan un papel importante para poder imaginar los fantasmas que bien pudieran allí albergarse y vivir sus vidas normales como si nada hubiese pasado.

La pirámide del Sol se distingue a simple vista por ser la más imponente, la más grande, es la atracción principal. Todos los visitantes que llegan a la base de este basamento tiene una mezcla de emoción y fatiga anticipada en sus rostros al ver los escalones grandes y empinados que hay que subir. Para su fortuna, un barandal hecho con cuerdas permite que agarrarse, aunque su función es más para dar seguridad que para apoyarse en la subida y en la bajada.


Las personas que termina de subir la pirámide lo hacen con la respiración entrecortada, pero saben que el esfuerzo valió la pena porque en la cima pasan corrientes de aire fresco y no se oye nada más que los murmullos de la gente. Hay quienes suben las manos sobre su cabeza, cierran los ojos y echan la cabeza para atrás sintiendo el viento colándose entre su ropa, y hay otros que con sonrisas amplias se toman fotos teniendo a la pirámide de la Luna de fondo.

Esta última es menos concurrida porque la gente ya está cansada por haber subido previamente la del Sol. Aunque es más pequeña y no se puede llegar hasta la cima, ofrece una vista panorámica de la Calzada junto con las otras dos pirámides. Una vista que debió enorgullecer a cualquier tlatoani por la inmensidad brillantez de Teotihuacán.

Al final del recorrido hay un puesto en donde un señor con tos severa vende dijes, pulseras, filtros para ver el Sol y postales de Tenochtitlán guardadas en un sobre blanco con un dibujo semejante al astro pero con colores rojo, amarillo, azul, naranja y violeta sacados de la mezcla de la pulpa del nopal con el excremento de la cochinilla, de plantas y flores tales como el cempasúchil. A su vez este sobre es entregado en una bolsa de tela con grecas de colores.

Las técnicas de pintura prehispánica como la joyería y los ornamentos inspirados en esa cultura son hoy en día el sustento de muchos hombres y mujeres que cada día van a trabajar a lo que fue alguna vez fue la ciudad de los dioses.

Los souvenirs de Teotihuacán son productos que ayudan a recordar de alguna manera el pasado de México, pues los dijes de venturina, por ejemplo, parecen un cachito de universo, ¿y quien no desea un cachito de cosmos prehispánico contenido en algo pequeño para llevar a los antepasados y la cultura mexica a todos lados?



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