jueves, 30 de mayo de 2019

DEBEN DE IR POR SU PROPIO PIE

Por: Nilsa Hernández
Ciudad de México (Aunam). “Empieza uno como bebedor pasivo, que es una o dos cervezas al día, de ahí ya te va aumentando la obsesión”, dice Juan Crespo sin dirigir la mirada, tiene el cuerpo rígido y no parece cómodo hablando sobre el tema. Desde hace diez años él no ha consumido ni una gota de alcohol, pero el olor a cigarro que inunda su cuerpo y su hogar son prueba de un comportamiento problema para su salud.


Juan Crespo inició con el consumo de alcohol y tabaco a los 18 años, pues a esa edad inició a trabajar y quería descubrir “qué se sentía el sabor del vino”, él afirma que no hubo alguien que lo iniciará al alcohol. Es muy cortante al contestar, siempre responde con monosílabos.

Él estuvo internado durante dos meses en un Centro de Alcohólicos Anónimos, tiempo que considera adecuado para erradicar por completo una problemática que lo consumió por casi 20 años. Asegura que a través de técnicas de “amor y comprensión” que implementan en el anexo pudo formar una vida diferente.

Los Centros de Alcohólicos Anónimos surgen en Estados Unidos, en 1935, como una opción en donde las personas se reúnen y entre pláticas quitan su ansiedad por beber. La maestra en psicología, Leticia Echeverría San Vicente informó que los países donde estos centros tienen mucha importancia y fuerza son aquellos que no tienen más alternativas oficiales para el tratamiento, México es uno de ellos.

“No se sabe en realidad cual es la efectividad que tiene este tipo de programas”, aseguró Leticia Echeverría, pero afirmó que es un espacio que ha sido de ayuda para el problema; de ahí que surgieron otras alternativas con la misma base metodológica, como lo es Neuróticos Anónimos.

Los Centros AA se caracterizan por no tener un registro de los usuarios de las pláticas, ellos admiten no ser un lugar especializado para terminar con el consumo del alcohol, es por eso que no ofrecen una motivación inicial para la recuperación ni intentan persuadir a dejarlo, no tienen un historial clínico, no se unen a agencias sociales u otros institutos, no hacen diagnósticos médicos o psicológicos, no hay servicios de hospitalización u enfermería y no acepta dinero por parte de los integrantes de su comunidad.

Voy a dejar de consumir por hoy, es el lema de los Centros AA, esto significa que la persona que sea participante en uno de estos grupos se va a considerar como alcohólica toda su vida. “Esto no es independiente de que ya no consuma, es una buena opción (...) aunque pudiera ser utilizada junto a otras, como un tratamiento psicológico que le ayude a identificar a las situaciones problemas, no solo evitarlas”, informó la también coordinadora del Programa Bebedores Problema, del Centro de Prevención de Adicciones.

Juan Crespo afirma que entró al centro por voluntad propia, después de empezar a sentir alucinaciones de persecución (síntoma de una dependencia de las bebidas lascivas) gracias a la ayuda de su cuñada, quien lo llevó al anexo.

Su rutina diaria era levantarse e iniciar con las sesiones o juntas que son cada hora, entre junta y junta los usuarios tienen 15 minutos para reflexionar o descansar, también tienen 60 minutos para comer, esto por cada tres tiempos. Durante los fines de semana cada uno debe de hacer labores de limpieza.

El tiempo que alguien dure internado dependerá de su comportamiento, disposición y avance. Confiesa que no hay una revisión médica o psicológica en el centro y si los usuarios se sienten mal o enferman los encargados llaman a los familiares, que deben tomar una decisión.

Diferentes formas, un mismo problema

En los años 60 surgió una nueva forma para tratar este problema, pues antes los especialistas determinaban que si no consumes alcohol no eres alcohólico los demás eran internados, pero entre estos dos extremos hay un grupo de personas que no eran consideradas. “Lo único que se hacía era esperar a que la persona tuviera problemas de tipo físico para poder decir ‘ya eres un alcohólico, ya te puedo atender’”, mencionó la maestra Leticia Echeverría.

Según el “Manual de enfermería para la atención de personas con consumo nocivo de alcohol”, la población debe de ser agrupada y atendida dependiendo su nivel de riesgo para poder revisar o evitar el consumo de alcohol:

Existen cuatro grupos diferentes en donde: los usuarios que no beben también necesitan diferentes campañas de promoción de la salud, los usuarios que toman pero no tienen síntomas requieren psicoeducación, para las personas con síntomas pero sin dependencia deben de tener una intervención breve con especialistas, mientras que las personas con dependencia ya necesitan ayuda especializada.

La doctora Lydia Barragán Torres, jefa del Centro de Prevención en Adicciones “Dr Héctor Ayala Velázquez” de la UNAM, afirma que para poder tener un programa adecuado en torno a estos temas primero hay que identificar las características del problema cómo con qué intensidad la persona consume estas sustancias, si es ocasional o ya hay una dependencia.

Asegura que para obtener resultados eficaces las personas que dan la atención deben de tener una formación adecuada, debe haber un reporte de las estrategias que están llevando en el cual registren los cambios en la problemática del consumo. Cuestiones que en los Centros AA no tienen y pueden provocar desplazar una adicción por otra.

Juan Crespo asegura que en el centro donde se encontraba internado si le permitían fumar, pero que al no tener los recursos para poder sostener ese otro “vicio” una cajetilla podía durarle más de una semana. Pero ahora que ya tiene un trabajo estable puede fumar todos los días.

Las especialistas estuvieron de acuerdo en que las presiones y el estrés que provoca el dejar el consumo del alcohol pueden ocasionar que el usuario ingiera otras sustancias que siguen afectando su salud. Aseguraron que las estrategias cognitivo conductuales son las más eficaces para el tratamiento del problema, pues los pacientes pueden reconocer cuales son factores asociados a la conducta de su consumo, junto al especialista identifican la mejor manera de contrarrestarlo con otras prácticas adaptativas.

Lydia Barragán afirmó que para obtener los mejores resultados con este tratamiento, la persona que decide hacer el cambio en la conducta del consumo de alcohol debe tener motivación en esta meta desde el inicio del tratamiento hasta el final, “no sólo es decidirse hacer un cambio, también es trabajar para conseguirlo”.

Junto a esto, el especialista debe trabajar con los usuarios en alternativas que le permitan comprender que pueden convivir con las demás personas sin la necesidad de utilizar sustancias psicoactivas.

La maestra Echeverría señaló que son situaciones muy diferentes las que acercan a una persona al consumo de alcohol, los especialistas deben de identificar las situaciones de riesgo y juntos poder buscar alternativas que sean aplicadas en el exterior del centro.

El procedimiento entre el Centro de Prevención de Adicciones y los Centros AA son diferentes, pues los segundos cumplen con la parte de atención y apoyo dentro del grupo, porque en las sesiones puede sentirse integrado y escuchado, lo que provoca un refuerzo social que es importante para conseguir erradicar la conducta de consumo, pero no hay un monitoreo para observar el cambios de la persona y no hay una estrategia como tal.

“Cuando le enseñamos las estrategias (en el Centro de Prevención de adicciones) le explicamos en qué consisten, cómo se aplican y cómo pueden realizarla. Porque la evidencia nos señala que en usuarios que tiene problemática más severa es necesario (...) no solamente se le da consejo (...) se le enseña habilidades para obtener mejoras de su estilo de vida, ‘que yo no necesité de un grupo para que me digan que hago, sino que asumo mi responsabilidad que me corresponde trabajar para resolver el problema que tengo’”, señaló la doctora Lydia Barragán.

Leticia Echeverría señaló que las personas que quieran ingresar a un Centro AA, deben de buscar información con especialistas que les ayuden a localizar a un grupo adecuado para sus características, pues afirmó que hay diversos manejos de las estrategias base del centro y esto dependerá de una cuestión geográfica, socioeconómica y cultural. “Esto nos ha pasado mucho cuando las personas llegan con nosotros a ser atendidas y dicen ‘yo fui a las reuniones y me doy cuenta que yo no pertenezco’”.

Otra diferencia entre los dos centros es la integración y preparación de la familia, pues en los grupos AA no hay ninguna intervención hacía ellos, sólo si ven una cuestión que puede afectar a la recuperación del asistente, mientras que la doctora Lydia Barragán tiene un grupo de pláticas e información para que puedan ayudar cuando el usuario deje de ir al centro.


Factores de riesgo, la familia uno de ellos

Según datos de la última encuesta de la Organización Nacional de la Salud, de diez personas que necesitan atención para dejar su consumo de bebidas alcohólicas solo seis reciben la atención necesaria.

Los factores de riesgo para que una persona obtenga esta problemática de consumo es variado: puede influir el cómo se ve la persona, una cuestión hereditaria, la presión social, la habilidad que tenga la persona para resolver problemas, el apoyo de la familia. La doctora Lydia Barragán afirmó que es importante la edad en que el usuario inició con el consumo de estas sustancias.

Un rotundo “¡No!” salió de los labios de Juan Crespo, al pedirle que contara qué afectaciones personales tuvo cuando surgió su problema de beber, admite que tuvo muchos, principalmente con su familia, pero con una mueca responde que es una parte de su pasado que no quiere tocar.

En cuanto al consumo de otras sustancias mientras los usuarios están en tratamiento para dejar de consumir alcohol, las especialistas también lo atribuyen a la necesidad del cuerpo de una sustancia que haga los mismos efectos en su cuerpo y no resentir el síndrome de abstinencia, el cual se caracteriza por tener depresión, cambios de humor, ansiedad, sudoración y otras enfermedades.

Juan Crespo admite que no es necesario, en su caso, dejar de fumar, por esa razón nunca ha tomado una terapia o algún tratamiento. Menciona que para él no ha sido difícil dejar de tomar y que en las fiestas ya no se le antoja consumir bebidas alcohólicas, aun cuando sus familiares y amigos lo hagan. En cuanto al síndrome de abstinencia él dice que nunca padeció de estas enfermedades.

Guadalupe Ponciano, doctora en adicciones con especialidad en tabaquismo y encargada del departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, determinó que en los Centros AA es necesario regular y hacer cumplir la ley de control de tabaco, para que a los asistentes no les genere una necesidad de consumo u otras enfermedades ocasionadas por el humo.

También enfatizó que para cualquier terapia se debe dar seguimiento de un año después de ser terminada, pues es en el exterior donde las personas aplicaran estos conocimientos y podrán enfrentar las adicciones que antes tenían.

El Padrino

“Nunca pensé en ser padrino, para ser sincero yo sólo fui a mi rehabilitación, gracias a dios a mi me atendieron mi adicción y ya”, declaró Juan Crespo.

Durante las sesiones del centro hay una persona que es denominada como “padrino”, él es el usuario que lleva más tiempo en las pláticas y ya no consumen bebidas alcohólicas, pues quiere apoyar a sus compañeros contando su historia y cómo es que pudo superar su adicción.

En la sala 30 del Centro Universitario Cultural (CUC), ubicado en Odontología 35, Copilco Universidad, hay un Centro AA para jóvenes universitarios, aún cuando siguen el modelo religioso que caracteriza a estos grupos, tiene diferentes alternativas para las personas que no creen en una figura de dios, como seminarios para personas ateas o agnósticas que pueden reemplazar esta figura por un sentimiento de “amor o perseverancia”.

Las paredes son lisas de un color beige, en la parte trasera como si estuviera escondido se encuentra una cafetera y unas tres o cuatro bolsas de café, hay unas 20 butacas en donde las personas miran al frente al integrante que dirigirá la plática (todas las sesiones es una persona diferente) en la parte central hay unos cinco cuadros de color dorado que tienen las imágenes de los creadores de los Centros AA en 1935, Bill W. y el Doctor Bob S. los dos tenían problemas con la bebida pero se dieron cuenta que cuando intentaban ayudar a personas en su misma situación, podrían estar sobrios por más tiempo.

Enrique H. es el padrino del Centro AA que se encuentra en el CUC. Él admite que en estos grupos no tienen como finalidad solucionar el problema, pero si quieren ser de ayudar a las personas que quieren dejar de beber pero no encuentran cómo hacerlo. Ellos intentan platicar a sus problemas para no afectar a su entorno con ellos. Aunque no dijo cuántas personas participan en el centro, afirma que hay grupos numerosos que pueden llegar a las 50 personas.

En cuanto a los otros tipos de centros AA, como los anexos y los grupos de 24 horas, Enrique H menciona que él está en desacuerdo que se permita su funcionamiento, admite que si bien estas nuevas alternativas surgen de personas que han estado en los grupos AA oficiales y aún cuando ellos también siguen la base de los doce pasos, no cumplen con respetar a los derechos humanos, principalmente el de la libertad, menciona que sabe de personas que han dejado estos lugares por los malos tratos de parte de los padrinos, así como la mala alimentación que les proporciona, cuestionen que logran que las personas se alejen de los centros.

Ante esto, la doctora Guadalupe Ponciano cuestiona que hace falta una regulación a estos lugares, compartió la idea de la maestra Echeverría de que los centros AA tienen mucho impacto en países donde los gobiernos no se hacen responsables de estos problemas públicos y son los mismos afectados los que deben sugerir nuevas opciones.

También afirma que es por esta demanda que surgieron los anexos y que el Instituto de Atención y Prevención de Adicciones de la Ciudad de México (IAPA) intentó sin éxito regular y capacitar al personal para su funcionamiento y sólo emitió un directorio de los centros de atención de adicciones registrados que cumplen con la normatividad aplicable en la capital del país.

Juan Crespo menciona que él nunca tuvo intenciones de dejar el anexo, “yo iba a algo y gracias a dios yo pude cumplir lo que tenía que hacer, mis dos meses en aquel lugar”, también confirmó que nunca vio un mal trato departe de los padrinos o cuidadores para los usuarios del centro. “Fue un grupo de amor y comprensión”, repetía.

Menciona que siempre encontró comprensión de “su padrino”, pues él lo ve como un sacerdote ya que podía comentarle cualquier cosa sin temor a que esto fuera difundido.

“Alcohólico”, más que una palabra


“Cuando uno toma una gota de alcohol es un alcohólico, eso cualquier bebedor lo sabe. Hay personas que son volubles a la palabra, pero los que son conscientes no tienen ninguna reacción a estas”, afirmó Juan Crespo para recalcar que a él, en todo el proceso que lleva, nunca le han afectado las palabras o calificativos que las personas ajenas a los centros de rehabilitación puedan decir.

“Yo no podía dejar de beber, simplemente, porque me gustaba el sabor del vino”, confesó Juan Crespo. “Después empiezas a valorar y dices ¡ya no más!

Las especialistas señalaron que denominar a una persona como “alcohólico” determina un estigma para las personas con problemas en su consumo de sustancias nocivas, pues es una forma de etiquetarlos. La doctora Barragán lamentó que en la sociedad mexicana una persona que no puede dejar de beber son considerados como delincuentes, una persona sin fuerza de voluntad, alguien de quien cuidarse, alguien de quien no hay confiar.

Lydia Barragán aseguró que estos estigmas detienen el proceso de recuperación de las personas, pues en ocasiones impiden que quienes lo necesitan no se acercan a ningún centro y ya no tienen iniciativa, en cuanto a la atención psicológica consideran que “no están locos”, y no creen necesario tener un tratamiento.

Asimismo, Leticia Echeverría informó que cuando fueron creados los centros AA, tenían una base moralista en donde la sociedad creía que las personas con problemas en su consumo de alcohol no tenían fuerza de voluntad para dejarlo, pero que después de casi 85 años de su fundación los especialistas ya han tomado esta condición como una enfermedad.

Ante esto, la doctora Guadalupe Ponciano afirma que para estos tratamientos una persona que se autodenomina alcohólica puede lograr una mejor aceptación del problema que tiene con su ingesta de bebidas nocivas, pero por el contrario, una persona que no pertenece a este grupo y ocupa esta palabra como calificativo puede llegar a afectar a su tratamiento.

Juan Crespo considera que el dejar de beber debe de ser un propósito personal y afirma que los centros y anexos AA si funcionan, pero que los usuarios deben de “echarle ganas”, las especialistas en el tema determinaron que es posible que las personas vivan en un 100 por ciento libres de cualquier adicción pero deben de intentar realizar tanto una preparación psicológica y médica como una emocional.

Así como también la sociedad mexicana debe de saber identificar el problema y cómo tratarlo, quitando estigmas que existen de esta comunidad de personas que en su mayoría quieren dejar el alcohol u otras sustancias pero su cuerpo ya depende de esta y no encuentran una forma de salida.

A dos casas de donde viven Juan Crespo y su hija pequeña hay un hombre tirado en la acera con unos botes de cerveza; mis ojos se dirigen al señor Crespo que responde: “déjalo, recuerda que deben ir por su propio pie”.



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