miércoles, 27 de junio de 2018

LATEUS VITAE, PRIMERA CASA DE DÍA PARA LA VEJEZ LGBT+ EN MÉXICO

  • El hogar para el adulto mayor fundado por Samantha Flores busca ser inclusivo con toda la población
Por: Chávez Pedroza Mariana Cristina y Estrada Mendoza Aimeé Renata
Ciudad México (Aunam). El rostro realizaba muecas de nervios, felicidad e incertidumbre. Después de 10 años de arduo trabajo, de ser una sobreviviente al sida y de haber anhelado llegar tan alto como fuese posible; por fin era el último día de donación que determinaría si los sueños se hacen realidad.

La meta de recaudación, que eran 400 mil pesos, iba a medias expectativas, después de dos meses de haber publicado la campaña Un hogar para la tercera edad LGBT+ en la plataforma digital de Donadora. La pregunta era evidente. ¿Cómo iba lograr concretar el sueño de una mujer trans de más de 80 años de edad que anhelaba formar una familia de adultos mayores LGBT en un espacio gratuito y seguro?

Samantha Flores abriendo la puerta de Lateus Vitae

Después de una comida en pleno sol de junio, estaba sentada en un teatro de la Ciudad de México, una de las pocas mujeres transgénero del país, quien, al terminar de gozar una función de teatro, se vio interceptada por un hombre joven que con entusiasmo y asombro le dijo a gritos: “¡Samantha, lo lograste, llegaste a la meta!”, clamores que marcarían el inicio del primer asilo LGBTTTIQ (lesbiana, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti, intersexual y queer) en México.

Esta es la historia del futuro asilo, hoy casa de día, Lateus Vitae que nació de la perseverancia de Samantha Aurelia Vicenta Flores García, mejor conocida como Samantha Flores, quien llegó como un joven veracruzano a la Ciudad de México en 1957, con el objetivo de estudiar en la Escuela Bancaria y Comercial, ubicada en Reforma; pero que, sin pensarlo, la ciudad le daría otro rumbo al decidir convertirse en una mujer transexual.

En ese tiempo, pertenecer a la comunidad LGBT+, era algo que las personas tenían que esconder. Pero Samantha jamás lo hizo, gracias a que su rostro tenía rasgos femeninos que despistaba a la gente, la cual no se percataba de que biológicamente era hombre, cosa que aún le causa risas.

Fue hasta el ofrecimiento de elaborar un libro sobre su vida, al ser una activista que colabora con la fundación Vida ser humano en favor de niñas y niños con VIH, al igual que participa con otros proyectos relacionados con la inclusión de la comunidad LGBT+ en la sociedad mexicana, que la idea del asilo Lateus Vitae vio su vida comenzar.

En México, se calcula que 13 millones de personas son de la tercera edad, de acuerdo al Consejo Nacional de Población (CONAPO), el cual estima que para el año 2030 la población esté alrededor de 20.4 millones; de esté un 15% de la población total estará envejecida, pues la esperanza de vida crecerá y el país aún es tierra de jóvenes.

En México, no hay suficientes políticas públicas orientadas a asegurar pensiones, salud, trabajo, de acuerdo al proceso de envejecimiento desigual del país, pues los estados que tienen un número mayor de habitantes con esta condición son: Veracruz, la Ciudad de México y el Estado México. Mientras las de población más joven viven en Campeche, Baja California Sur y Colima, lo que exige políticas públicas diferenciadas.

Antes de los años setenta en México no existía una política pública dirigida hacia el problema de los adultos mayores. Se consideraba que la vejez tenía que ser una condición individual de la gente. El cuidado de una persona en el proceso de envejecimiento sólo le correspondía al ámbito privado familiar. En caso de abandono o vulnerabilidad de un anciano, en algunas ocasiones, los amparaba las Instituciones religiosas.

En la actualidad, no existe un censo acerca de cuántos adultos y personas mayores pertenecen a la comunidad LGBTTTIQ. Únicamente existen datos de la Encuesta de Valores de la Juventud, del Instituto de Investigaciones Jurídicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el 2012, el 3.6% de los jóvenes se reconocen como bisexuales, gays o lesbianas.



La comunidad LGBTTTIQ, es aquella que es caracterizada por sentir atracción emocional, afectiva y sexual, por personas del mismo género o de más de uno, así como construir una identidad de acuerdo con un género que no corresponde al sexo que tenga la persona.

Es importante recalcar que la diversidad manifestada en esta comunidad no es una enfermedad mental, física o emocional, ni tampoco una desviación que pueda calificarse como antinatural. Muchas personas LGBT reportaron a Lambda Legal y a la asociación Child Welfare League of America (CWLA), que supieron su orientación sexual desde la niñez o mucho antes de sus primeras experiencias sexuales.

Otras lo identifican hasta la madurez o edad adulta, pero no porque no tengan manifestaciones a temprana edad como los otros, sino que hay una autocensura de estas preferencias o sentimientos, por la discriminación y presión que ejercen sus familias y la sociedad en general. Por ello, jamás se debe suponer que una persona es “demasiado joven” o “mayor” para declararse LGBT.

“Pasas de ser el hijo raro de la casa, a ser el viejo cochino ¿no?, el viejo perverso”, crea un silencio profundo el activista e integrante de la comunidad LGBT+ Alonso Hernández, el cual es cercano a Samantha y lucha por visibilizar dicha comunidad.

Para Alonso, el tema de los adultos mayores le es importante, porque cree que debido a su edad está más cerca de ser anciano que joven.

Hace muy poco tiempo, las personas politizadas en cuestiones de género observan las problemáticas que enfrentan la generación de los ochenta que sobrevivieron, a lo que en ese entonces le llamaban “el cáncer gay”.

El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), comenzó a esparcirse en todo el planeta después del primer caso conocido de Estados Unidos en 1980. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), al finalizar esta década, el organismo registró trece millones de casos en el mundo.



Por lo que Alonso enfatizó que los mexicanos sobrevivientes de la epidemia del Sida, actualmente forman parte de la población de la tercera edad.

Como Samantha Flores, estas personas lucharon en los primeros movimientos sociales para reconocer los derechos de la comunidad LGBT+. Por esa razón deben de ser considerados como miembros importantes de dicha comunidad y evitar que sean discriminados o relegados fuera y dentro de ésta.

Ejemplo de ello son las marchas de orgullo, en donde los adultos mayores no pueden participar porque implican una larga caminata y no existe otra posibilidad para recorrer el trayecto. Esto mismo sucede en los bares “de ambiente”, así como en todos los espacios donde conviven personas con una identidad de género o sexo distinta a la heteronormada, no hay condiciones especiales para ellos, como rampas de acceso.

No son considerados ni en las nuevas aplicaciones como Tinder, porque no conocen la utilización de estas plataformas, lo que para Alonso es un reflejo de la falta de consideración al grupo de la tercera edad de la comunidad.

La activista transexual Trixie Elizabeth, comparte la opinión de que existe una doble discriminación, uno por no ser heterosexual y otro por formar parte de la última etapa de la vida del ser humano.

Por esa razón, cree que la aspiración de Samantha Flores para instalar el primer asilo LGBT+ en México, es una decisión correcta para el contexto actual. Pero su propuesta ideal para el futuro sería que no hubiera divisiones entre un asilo para adultos mayores y un asilo para personas de la tercera edad pertenecientes a la comunidad, es decir, que toda la gente, sin importar su género o preferencia sexual, pudieran convivir en un mismo espacio.

Laetus Vitae está pensando para cualquier adulto mayor, ya que no discriminaran de la misma forma que esta comunidad lo ha sufrido, aunque pretende estar especializado para las necesidades particulares de la población LGBT+ en su etapa de vejez.

Para la activista trans Trixie, no es tan relevante el hecho que sean instalaciones de primer mundo, sino que entre los que laboran ahí y los internos haya un entendimiento mutuo. Que el personal sea sensible a lo humano, para que ayuden a finalizar la vida de estas personas mayores de edad de manera digna y feliz, al sentirse cómodos y aceptados.


Sin embargo, existe una perspectiva diferente a éstas. Luis Daniel Velázquez Bañales, un joven periodista quien conoció de lejos a Samanta Flores por su antiguo trabajo en una cafetería y librería de Reforma “Voces en tinta”; opina que hay aislamiento entre jóvenes y adultos de esta comunidad por diferencias de edad.

Pero también, afirma que hay un tipo de discriminación de los adultos hacia los jóvenes, debido a que existe una visión del adulto céntrica de más experiencia, en torno a los movimientos y la comunidad en general. Por lo que, denotan el trabajo activista de los más jóvenes.

Este contraste de perspectivas muestra que la comunidad LGBT+ no es uniforme en torno a su ideología, sino que existen diversas opiniones dentro de ésta.

No obstante, aunque estén ambas perspectivas acerca de la vejez LGBT+ en México, es un tema muy poco conocido, tanto dentro como fuera de ésta. Prueba de ello es el sondeo realizado vía electrónica a 41 personas, entre los 18 y 52 años, mostró que solo el diez por ciento, tenía conocimiento de la problemática que enfrentan los adultos mayores de dicha comunidad.

Por lo que el proyecto de Samantha Flores con Laetus Vitae, traducido como Vida Alegre, fue desconocido por el 83 por ciento de los participantes de la encuesta. No sabían de la campaña con la cual pudo fundarse la casa de día para el adulto mayor.

La falta de promoción en los medios tradicionales, fue una de las razones por las cuales los citadinos justificaron su desconocimiento en torno a la apertura de esta casa de día. Sin embargo, hay una gran cobertura, en torno a Samantha Flores y su proyecto, en medios de comunicación nacionales como La Jornada, El Universal, e internacionales como El País y la BBC.

En los medios digitales, el proyecto de Samantha fue publicado en Sopitas, PlayGround, BuzzFeed, AJ español, Milenio, Escandala, Más por más, Vice, W Radio, Huffpost, Animal Político y Chilango, que junto suman, entre 30 y 40 reportajes.

Dichas coberturas ayudaron a que la campaña realizada en la plataforma de Donadora, fuera un éxito y recaudaran el dinero necesario para dar el primer paso: encontrar un lugar en donde materializar el sueño de Samantha, ubicado en Av. Xola 184 B, en la colonia Álamos de la Ciudad de México.

Pero el sondeo dejó en claro que esta cuestión es tan nueva y necesitará un mayor apoyo de diversos grupos, incluida la propia comunidad LGBT+, medios de comunicación, especialistas y la sociedad civil para que la casa de día pueda convertirse en el asilo que ansía implementar su fundadora.

También una de las causas para el desconocimiento sobre el tema es que en México no existe la educación del respeto hacia las personas mayores, así como hay una clara omisión en políticas públicas a este sector de la población. Sin importar si estos individuos pertenecen a la comunidad o no, son abandonados por sus familias y el Estado, que no los considera como una parte importante para el desarrollo del país.


Los adultos mayores con diferente condición de género o sexual, la sociedad mexicana todavía no reconoce su existencia y frena la vivencia plena de sus derechos como ciudadanos de avanzada edad.

Lo cual afecta a la comunidad actual LGBT+ porque los adultos mayores pueden compartir sus experiencias de vida en torno a su sexualidad, género o los movimientos en los cuales han participado para aconsejar a las nuevas generaciones.

Por esa razón, el proyecto de Samantha es un paso muy importante para el activista Alonso Hernández, la casa de día puede ser este espacio recreativo donde exista el intercambio de perspectivas y una retroalimentación entre las personas mayores y los jóvenes.

En un lugar libre de estereotipos, donde puedan convivir sin prejuicios o actitudes de discriminación hacia su persona y preferencias sexuales, porque las bases ideológicas de esta casa día es que cualquier individuo pueda formar parte de ella.

Los jóvenes como voluntarios o visitantes y los adultos para poder desarrollar su identidad real sin ser juzgados. Esto, con la finalidad de que la gente LGBT+ pueda desarrollarse sin miedo, con libertad.

La fundadora dejó en claro que el espacio está abierto para cualquier adulto mayor que esté en un estado de soledad o abandono por parte de su familia y desee convivir con demás personas; la finalidad es que la última etapa de vida de cualquier ser humano sea disfrutable y llena de compañía para compartir historias o experiencias.

No obstante, el sueño no hubiera visto sus primeros frutos sin el apoyo de los 1150 donadores, o “ángeles” como les llama Samantha, de Donadora, una plataforma en la que los interesados, podían aportar al anhelo de Samatha desde 100 hasta más de 9,600 pesos mexicanos.

La plataforma digital Donadora, anteriormente Fondeadora gente, es un fondo colectivo a través de internet que funciona con base en la estrategia crowdfunding, es decir, consigue financiar proyectos personales o de impacto social a partir de personas comunes que comparten los sueños y las metas plasmadas en las diversas campañas que ayuda impulsar el mismo equipo.


Está plataforma digital tiene el propósito de facilitar el proceso de donación por medio de la tecnología, en este caso a través de la web, a cualquier persona que requiera de ingresos para proyectos de índole personal o social, siempre que sean sin fines de lucro. Solo requiere seguir tres pasos: creación de un perfil de compra, difusión de la campaña y firma del memorándum de entendimiento.

La campaña titulada Un hogar para la tercera edad LGBT+, tuvo como representante a Samantha Flores, pero quien la apoyó en el manejo en la web fue Alejandro Villalobos, quien puso en contacto a la activista veracruzana con Donadora e Ingrid Urdapilleta Rojas, asesora de campañas de comunidad, cultura y deporte en la plataforma.

Ingrid Urdapilleta describe el proyecto del asilo para adultos mayores LGBT+ como un caso único y de oro para Donadora, ya que rompió la mayoría de los esquemas promedio de la plataforma digital. En general, el 70 u 80 por ciento de las propuestas de campaña que envían los promotores a revisión, no se publican. Sin embargo, el caso de Laetus Vitae fue diferente por ya estar previamente planeado por Samantha Flores, Alejandro Villalobos y un equipo de trabajo experto en comunicación.

Gracias a esta estrategia comunicativa logró superar su meta de 400 mil pesos mexicanos, que es la recaudación más alta en la historia de Donadora, ya que el promedio es entre 50 mil y 100 mil pesos, a pesar de que tener campañas excepcionales en el rubro de salud que juntaron hasta 200 mil pesos, en especial para tratamientos oncológicos de niños, los cuales muchas veces no lograron su meta.

Ingrid Urdapilleta la califica como una campaña extraordinaria por apelar a dos públicos desarticulados, como son la comunidad LGBTTTIQ y los simpatizantes con las problemáticas de esta comunidad: “Con una campaña Samantha logró juntar a dos comunidades que podrían parecer peladas o que no se incluye la una con la otra y que finalmente lo hizo con un tema delicado como es la comunidad de adultos mayores”.

Sin embargo, el éxito real se debe a tres factores: la visibilidad mediática, que ninguna otra campaña de Donadora ha obtenido a través de los medios de comunicación masivos.

La figura y rostro de Samantha que representa a una comunidad invisible de adultos mayores LGBT+, plasmada de una energía alegre, optimista y jovial que transmite al contar la conmovedora historia del futuro asilo que ha buscado su realización con el apoyo de empresas, marcas e instituciones de gobierno durante 10 años. Así como que ambos factores anteriores volvieron el tema de Samatha viral en el mundo virtual de la web, al ser una noticia que compartía no solo la comunidad LGBT+.

La fecha de transferencia de las donaciones fue el 14 de agosto del año pasado, con un total entregado de 362 mil 931 pesos mexicanos, pues del total recaudado, el diez por ciento es parte de la comisión por los métodos de pago, es decir las transferencias, y los honorarios del seis punto cinco por ciento de Donadora.

A pesar de tantos esfuerzos, Lateus Vitae lleva algunos meses con deseos de operar. Samantha confiesa tener voluntarios para organizar actividades de yoga, cine o consultas médicas a domicilio, sin embargo, no hay gente que esté llegando al lugar. Sólo los fines de semana atiende psicológicamente a dos mujeres jóvenes, una con discapacidad y otra parte de la comunidad LGBT+.

Razón por la que falta la voz viva de los adultos mayores, así como donaciones para seguir operando, pues los ingresos obtenidos por Donadora alcanzan para el plazo de un año, tiempo que está por agotarse. Sin contar que la divulgación del tema no ha sido la más adecuada. No importa el número de noticias, sino que la temática no está realmente socializada, aún es invisible.


Compartir experiencias y sentirse escuchado es uno de los móviles del proyecto. Hay pocos lugares que tenga las condiciones necesarias para que conviva cualquier persona y más un adulto mayor LGBT+. Sin embargo, es importante mencionar que el lugar donde Alonso Hernández concedió la entrevista, el local Voces en Tinta, puede ser un ejemplo de inclusión.

El local está establecido en la primera planta de un recinto de tres pisos; cuenta con rampas en la entrada y sanitarios amplios de fácil acceso. Consideraciones que pueden ser vista como mínimas por algunas personas, pero que están pensadas para gente adulta; al ser un espacio que nació para dialogar puntos de vista, exponer experiencias y sentirse en un lugar libre de estereotipos, para convivir sin prejuicios o actitudes de discriminación hacia su persona y preferencias sexuales, porque las bases ideológicas de esta librería están asentadas en principios LGBT+.

La vejez es un tema escondido debajo del ropero para México, desde las instituciones del sector público de salud hasta lugares recreativos, que en personas de esta comunidad duplica sus dificultades. Pero es más desconocido y oculto las problemáticas de la vejez LGBT+, pues no son solo personas adultas mayores, son seres humanos pertenecientes a la generación que comenzó el movimiento de esta comunidad, al resistir el rechazo social y familiar, el juicio por parte de la autoridad y la ley, y la falta de papeles que les dieran identidad:

“Yo soy sobreviviente de la epidemia del Sida, vi a mis amigos y gente cercana morir de esto (...) no pensé que llegaría esta edad” Samanta Flores

“Imagínate yo en unos cuantos añitos, tendré que batallar, iré a un asilo, te ven y, “si nada más le quedan cinco años, que tanto le hacen” (...) digo he pagado mis impuestos, he convivido con la sociedad, creo que un término digno de mi vida es lo mejor”: Trixie Elizabeth.

“Las personas de la tercera edad, o adultos mayores, o viejos o como se quieran llamar a sí mismos, no se sienten seguros al ser de la población LGBTTTI, y por ende vuelven al closet. No viven ni su sexualidad, porque los ancianos tienen sexualidad, ni tampoco viven su vida plena por estos temores y prejuicios que hay alrededor de sus generaciones”: Alonso Hernández.

Ahora, el obstáculo que deben superar las personas mayores de setenta años, es el de la soledad durante su etapa de senectud, pero al ser parte de alguna de las letras LGBT+, es muy común que no estén casadas o casados, ni tengan hijos. En ocasiones su familia les abandona y olvida en un rincón del hogar en los mejores casos. Su única compañía, que eran amigos parte de la comunidad o respetuosos del tema LGBT+, ya no está, el adulto mayor queda solo, sin nadie con quien compartir su vida.

Las últimas investigaciones acerca de la comunidad LGBT, solo están enfocadas en la juventud; como dice la fundadora del asilo Laetus Vitae, los adultos mayores son olvidados tanto por el Estado como la población. Por lo que las oportunidades para que su último periodo de vida sea vivir con dignidad, son muy bajas. En algunos casos, para que sus familias los acepten de nuevo, las personas están obligadas a esconder su verdadero género y/o preferencia sexual.


Trixie Elizabeth afirma que los estudios LGBT+ están dirigidos a los jóvenes, porque ellos son los que tienen más oportunidad de cambiar el futuro, mientras los adultos mayores “ya van de salida, ya para qué”. Opinión que comparte Alonso Hernández. Aunque, jamás es notorio un gesto de molestia por ambos activistas, deja claro la necesidad de este tipo de estudios geriátricos especializados en la comunidad LGBT+.

Razones suficientes para que el plan actual de la fundadora de Lateus Vitae, quien tiene 86 años cumplidos, es ver convertir su casa de día en un asilo, donde los ancianos puedan dormir, hacer ejercicio y actividades recreativas, además de tener interacción con otras personas con las cuales pueden identificarse y compartir sus historias de vida: “Espero vivir más, unos diez años más” dice Samantha mientras ríe con esperanza.

Con la frente en alto y las arrugas adornando un rostro femenino, el proyecto Lateus Vitaes es también una forma de erradicar la discriminación en grupos minoritarios como es el LGBTTTIQ. No hay que olvidar que ni siquiera en la Ciudad de México, la más progresista del país, ha logrado erradicar el problema de discriminación hacia la comunidad LGBT+ que, de acuerdo con Huffington Post, alcanza a 42% de las mujeres y 38% de los hombres de la comunidad.

Motivo suficiente para continuar con cimentando proyectos como el asilo, pues las consecuencias de la discriminación hacia el colectivo LGBT+ son la pérdida de sus derechos y la igualdad de acceso a ellos. Además de vivir en un entorno de violencia y aislamiento que en casos extremos podría provocar la muerte. Violencia física y psicológica que no desaparece en la vejez, sino que muchas veces se ve intensificada.

El trabajo y el camino pintan kilómetros de recorrido, que comienza desde el aprender a envejecer con amor y aceptación hacia el cuerpo que se desgasta y que ha tenido las ganas de vivir.

Samantha comenta que los jóvenes deben aprender a disfrutar su juventud porque el futuro es incierto y el pasado no existe, lo que cuenta es el presente. Tiene una firme convicción que contagia la alegría por vivir y luchar por mejorar el mundo en que vivimos:

“Me estoy preparando para llegar a los 96 años, aunque sea con bastón, aunque sea con caminadora o silla de ruedas (...) quiero hacer mi proyecto de tener el albergue para el adulto mayor gay, y sé que lo voy a conseguir, si conseguí la casa de día voy a conseguir lo otro”, comenta sin perder por un momento el aliento, la risa y su característico olor a perfume de gardenias que inunda lo que hoy es la casa de día y que en algún momento será el asilo Lateus Vitae.








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