martes, 12 de junio de 2018

CASA ÁRBOL DE LA VIDA, SOMBRA PARA LOS NECESITADOS

Por: Nilsa Hernández
Ciudad de México (Aunam). Después de sufrir cuatro infartos y recibir la noticia que moriría a los tres meses, José Leonardo Romero, decidió entrar a una institución en donde se atendía a personas en situación de calle que se encontraban desahuciadas, en ese lugar entendió que sus compañeros lo comprendían y le enseñaron a buscar vida en lugar de esperar su muerte.


Al pasar el tiempo, Leonardo Romero quedó como director del lugar y durante 20 años se dedicó a ayudar a todos los pacientes en busca de consuelo, “primero murió el doctor que desahució a mí padre antes que él”, mencionó Elena Romero actual directora de la fundación.

Con el lema después de llorar, quejarte y sufrir ¿Qué más sabes hacer? La Fundación Casa Árbol de la Vida A.C es una institución sin fines de lucro que se mantiene solo con donaciones, fue fundada el seis de agosto de 1978, Leonardo Romero le dio ese nombre pues quería que los pacientes sintieran en ese lugar la sombra y el resguardo.

En este albergue, ubicado en calle aztecas #49 de la delegación Iztapalapa, se cuida a un máximo de 50 personas, en donde los pacientes con enfermedades como autismo, sida, cáncer, parálisis cerebral, Alzheimer, diabetes y otros padecimientos reciben techo, ropa y comida tres veces al día; así como una terapia grupal para que puedan integrarse, apoyarse entre ellos.

Los valores que quieren difundir en la fundación son: el amor mutuo, así como amar a la vida, valentía para enfrentar juntos todas las adversidades, la aceptación de cada uno de ellos, el perdón a sus errores y a las personas que los dañaron. Todo esto en doce pasos similares a los de la fundación Alcohólicos Anónimos (AA), pues Leonardo Romero tenía problemas para dejar el alcohol.

Todas estas personas tienen en común que son parte de un sector que sufre de discriminación en la ciudad, están en total abandono y no tienen un lugar donde quedarse, pero con la ayuda de Elena y Elva Romero pueden hablar sobre su enfermedad, así como encontrar alivio en su grupo de compañeros o en la religión.

Para la directora Romero, esa institución es parte fundamental de ella, pues aún cuando de joven nunca se le ocurrió que se haría cargo del proyecto de su padre, y en un principio le costo mucho trabajo acostumbrarse a los enfermos y que los desahuciados confiaran en ella, pues el trato de Elena hacia ellos no fue el mejor, ahora se encarga de subirles el ánimo y les enseña a superar la idea de una muerte cercana.

“Si piensas en la enfermedad del otro se te olvida tus propios males”, les decía José Romero a sus nueve hijos, cuando les enseñó su trabajo en la institución, después de muchas malas experiencias Elena comprendió que era una buena idea de apoyo para todos, no solo a los enfermos.

En el lugar se encuentran casos con diferentes razones del porqué están ahí, un ejemplo es Don Gerardo, él es un hombre de 63 años con una enfermedad en el sistema nervioso la cual es regenerativa, ahora solo encuentra consuelo en los libros mientras recuerda su juventud, así como sus inicios en las drogas y el alcohol, motivo por el cual su padre lo corrió de su casa.

Intentó pasar como inmigrante ilegal a Estados Unidos, pero al no poder cruzar la frontera se estableció en Tijuana, en donde en un principio se dedicó a asaltar personas debajo de un puente y tiempo después encontró un trabajo en un bar, ahí trabajo hasta que le detectaron la enfermedad, regresó a México y llamó a sus padres, pero lo rechazaron y en una delegación lo contactaron con Elena. Ahora lleva diez años en la institución.

Dado que el lugar lo mantienen con donaciones y ayuda voluntaria, no tiene la limpieza que se requiere para los pacientes, se necesita de pañales, cloro, toallitas húmedas y utensilios de limpieza, así como personas que puedan apoyar en el cuidado del lugar y de los enfermos o bien hablar con los albergados para que puedan expresar todo su sentir.

El señor Víctor, es el encargado de alimentar a sus compañeros, aun cuando él también se encuentra en el lugar en calidad de paciente, tiene condiciones diferentes a las demás personas del grupo, pues hace cuatro años durante unas vacaciones en Yucatán le detectaron una enfermedad intestinal, fue trasladaron a la ciudad de México y lo tuvieron que operar, sus heridas se infectaron y aún enfermo lo mandaron a Casa Árbol de La Vida.

Cuenta que vivía en Houston, Texas él era Chef de comida internacional del hotel Rick´s y aun cuando no puede establecer una relación directa con ninguno de sus compañeros pues es de origen chino y no domina el español, para él “su corazón es más grande que la institución”, ya que no quiere dejar la fundación sin personal que atienda las necesidades de los demás pacientes, por eso todos los días se levanta a las cinco de la mañana.

Considera que en la cocina necesita: café, azúcar, sopa, pasta, te, leche líquida, jugo, poca verdura, pollo y carne molida; así como ayudantes que sean responsables pues muchas personas han llegado a la institución solo para robar las cosas de los enfermos.

Jóvenes; ramas esenciales en Casa Árbol de La Vida


Jóvenes estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Universidad Tecnológica de México (Unitec); tienen dos proyectos diferentes, pero su meta en común es poder ayudar a los enfermos de la Fundación Casa Árbol de la vida, para poder difundir las necesidades, así como las carencias que padecen.

Los alumnos Mariana Mijares y Arturo Pérez pertenecientes a la FCPyS, junto a su equipo de trabajo de la materia de Análisis de las Organizaciones Públicas, iniciaron un plan de acción que consistió en realizar el manejo de una pagina en internet y la creación de redes sociales, para poder difundir la fundación, así llegar a más visitas y apoyo social.

Mariana Mijares conoció la institución porque su hermana Mónica egresada de la carrera de Administración Pública, tenía que realizar servicio a la comunidad para una materia escolar “me enganche con las historias de las personas y sentía la necesidad de ayudarlos” describió Mónica Mijares al recordar su estancia en Casa Árbol de La Vida.

Lo que empezó como un proyecto escolar, para Mariana Mijares se volvió un deseo de ayudar a las personas que se encuentran en la institución, motivo por el cual convoca compañeros de la UNAM y otras instituciones que estén dispuestos a ayudar a cualquier actividad necesaria en el albergue.

Por su parte los jóvenes de la Unitec realizan un reportaje, con el que quieren difundir cuales son las actividades que efectúan las personas en este lugar, Brandon Cabrera es él líder de su equipo y conoció la institución pues Brandon pertenece a la comunidad de AA, fue ahí que lo invitaron a conocer la fundación, tuvo una platica con Don Gerardo y sintió una identificación con él.

Los proyectos de estos jóvenes son parte importante para que más personas conozcan la institución, que realicen trabajo de voluntarios y así puedan juntos formar un lugar en donde les den vida a personas que solo esperan la muerte, así como una vez lo vivió Leonardo Romero.




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