lunes, 11 de junio de 2018

DETALLES REMANENTES DE UN PASADO PREHISPÁNICO

Por: Carolina Morales González
Teotihuacan, EdoMex. (Aunam). La perfección geométrica de lo que pareciera ser una fortaleza que rodeaba una pirámide ha motivado especulaciones de que los vestigios arquitectónicos de los pueblos mesoamericanos fueron construidos con ayuda de alienígenas. Otros afirman que fueron resultado de sus avances tecnológicos, pero la pregunta nunca está de más al verlos en persona: ¿Cómo es posible que hayan logrado tal alineación en sus rocas, y tallado la dura piedra para materializar a sus dioses?


La Calzada de los Muertos es el primer paisaje que se revela ante los ojos de grupos de no más de quince turistas extranjeros y nacionales, mientras globos aerostáticos flotan suspendidos en el cielo.

El camino dirige a las personas a la Pirámide de la Serpiente Emplumada: Quetzalcóatl. Ésta refleja con sus pequeños letreros de prohibido el paso el desarrollo del descubrimiento arqueológico que, según un guía, es apenas del 8%. “¡Estamos viendo sólo la punta del iceberg!”, comenta un visitante. Como en un verdadero iceberg el frío comienza a repicar en los cuerpos al descender sus escaleras que llevan a la parte más cercana de la pirámide. A lo lejos humo blanco se alza en el cielo como si fuera una señal al mismo Tonatiuh quien de un momento a otro sale de entre las nubes en su clásica forma de Sol.

El camino por la Calzada puede ser lento por los productos de los vendedores que cautivan a cada paso. Desde collares y pulseras con motivos del Sol y la Luna o de un ocelotl, hasta cuchillos hechos de obsidiana que hacen a uno imaginarse como un sacerdote en un ritual sacando el corazón de un indio.

Más adelante otro vendedor atiende la curiosidad de una chica por su mercancía. Le da un masaje entre los omóplatos con un objeto de forma fálica hecho de obsidiana y al terminar le da la bendición. Es lo más cercano a un rito prehispánico que puede alguien experimentar en el lugar donde se hicieron los dioses, pero qué irónico es que haya sido una bendición católica, la misma religión que acabó con esa cultura politeísta.

Caminar en el tallo principal de la ciudad en ruinas que conecta todo a su alrededor es pisar huellas sobre huellas de generaciones que por allí han pasado, desde los mexicas, los españoles y hasta los exploradores que la encontraron en 1963.

Además, lleva a cabo un juego con los sentidos casi desapercibido si no se pone atención: en diversas ocasiones los vendedores soplan silbatos tallados en forma de “jaguar” con los cuales emiten el rugido del animal de manera artificial creando el ambiente de un lugar salvaje en el que o bien puedes ser bienvenido o puedes ser considerado un intruso.

Esto contrasta con la mata de gallo en el pasto que enmarca la Calzada, dándole un toque campirano y pacífico. Y de igual forma, de repente es percibido un olor a quemado, lo que hace recordar las ofrendas de los indios e indias a sus dioses. Olfato, vista y oído juegan un papel importante para poder imaginar los fantasmas que bien pudieran allí albergarse y vivir sus vidas normales como si nada hubiese pasado.

La pirámide del Sol se distingue a simple vista por ser la más imponente, la más grande, es la atracción principal. Todos los visitantes que llegan a la base de este basamento tiene una mezcla de emoción y fatiga anticipada en sus rostros al ver los escalones grandes y empinados que hay que subir. Para su fortuna, un barandal hecho con cuerdas permite que agarrarse, aunque su función es más para dar seguridad que para apoyarse en la subida y en la bajada.


Las personas que termina de subir la pirámide lo hacen con la respiración entrecortada, pero saben que el esfuerzo valió la pena porque en la cima pasan corrientes de aire fresco y no se oye nada más que los murmullos de la gente. Hay quienes suben las manos sobre su cabeza, cierran los ojos y echan la cabeza para atrás sintiendo el viento colándose entre su ropa, y hay otros que con sonrisas amplias se toman fotos teniendo a la pirámide de la Luna de fondo.

Esta última es menos concurrida porque la gente ya está cansada por haber subido previamente la del Sol. Aunque es más pequeña y no se puede llegar hasta la cima, ofrece una vista panorámica de la Calzada junto con las otras dos pirámides. Una vista que debió enorgullecer a cualquier tlatoani por la inmensidad brillantez de Teotihuacán.

Al final del recorrido hay un puesto en donde un señor con tos severa vende dijes, pulseras, filtros para ver el Sol y postales de Tenochtitlán guardadas en un sobre blanco con un dibujo semejante al astro pero con colores rojo, amarillo, azul, naranja y violeta sacados de la mezcla de la pulpa del nopal con el excremento de la cochinilla, de plantas y flores tales como el cempasúchil. A su vez este sobre es entregado en una bolsa de tela con grecas de colores.

Las técnicas de pintura prehispánica como la joyería y los ornamentos inspirados en esa cultura son hoy en día el sustento de muchos hombres y mujeres que cada día van a trabajar a lo que fue alguna vez fue la ciudad de los dioses.

Los souvenirs de Teotihuacán son productos que ayudan a recordar de alguna manera el pasado de México, pues los dijes de venturina, por ejemplo, parecen un cachito de universo, ¿y quien no desea un cachito de cosmos prehispánico contenido en algo pequeño para llevar a los antepasados y la cultura mexica a todos lados?



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