jueves, 3 de noviembre de 2016

LA ESPINOSA VIDA DE UNA FADADIENSE

Por Enrique Guerrero Flores
“Creen que el secreto de la originalidad consiste en el simple hecho de estar en desacuerdo con algo”: Ruby Hernández

Ciudad de México (Aunam). Ruby Hernández es una fadadiense, denominativo coloquial para los estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Ella vende cactus en Ciudad Universitaria para sustentar su carrera en una escuela que la ha decepcionado.


“Estoy vendiendo cactus, no sé si gustan verlos”, se acercó la universitaria ofreciendo una “suculenta”, un cactus sin espinas. Cabe en la palma de su mano, con una maceta improvisada hecha con una lata de cerveza cortada. Al recibir una negativa, vuelve a guardar la planta en un huacal que carga, lleno de varios tipos de cactus, todos presentados de la misma forma casera que el primero. “Cuando llego a ofrecerlos y les platico sobre cada uno, la mayoría me pregunta eso y sobre todo piensan que estoy en Biología pero no es así y se sorprenden de que estudio Artes visuales”, comenta la universitaria.

Ruby estudia la licenciatura en Artes y Diseño en la Facultad de Artes y Diseño (FAD), ubicada en la delegación Xochimilco. “Fueron muchos factores por los cuales quería estudiar artes y diseño. Aprendizajes y vivencias que me inclinaron a querer dedicarle mi vida a la producción, investigación y teorización del arte. Quizás fue que desde chica siempre se me facilitó el pasar algún objeto o imagen al papel en diferentes técnicas. A partir de la prepa fue cuando pensé más en verlo como una posibilidad de dedicarle mis estudios académicos e incluso más adelante mi vida”, declara Ruby.



Son las cuatro de la tarde en la explanada de rectoría, mejor conocida como Las Islas de Ciudad Universitaria. En el centro algún joven paseando a su perro, sin nadie que moleste en ese descampado. En las orillas, cobijados por las sombras que los arboles les proporcionan, varios jóvenes se encuentran conviviendo, ya sea acostados o sentados, por pareja o en grupos. Indiferentes al estrés académico y la cotidiana vida escolar que se suscita en los edificios que los rodean. Estos chicos son los potenciales clientes de Ruby. “Se venden más rápido si me acerco a la gente, que si estoy en un lugar fijo, además que es más difícil que los vendedores se sientan invadidos o que los de vigilancia se den cuenta. Aunque así es más cansado”.

Debido a que la FAD se encuentra ubicada en la delegación Xochimilco, es fácil que la fadadiense se surta de su mercancía en el mercado de plantas y flores Madre Selva. “Un par de amigos fueron los iniciadores de todo. Ellos me invitaron a participar porque se dieron cuenta que, al igual que ellos, necesitaba una alternativa para ganar dinero para los materiales de la escuela o pasajes, así que me contaron de su proyecto con las cactáceas. Me gustaban mucho los cactus. Y me empezaron a fascinar por un regalo que me dio una de mis amigas más cercanas, a quien quiero mucho, que estudia Biología. Me dio un cactus rarísimo que por cierto solo se puede tener con permiso porque está protegido, se llama Astrophytum Ornatum, no tiene un nombre coloquial. Afortunadamente me lo dio con tal permiso”, narra la fadadiense.


Ruby vive en el norte de la ciudad, en la colonia San Felipe de Jesus, famosa por su tianguis dominical, el segundo más grande del mundo, todo ello en las fronteras de la delegación Gustavo A. Madero con el municipio de Ecatepec. “Es mucho tiempo el que hago de mi casa a mi facultad son dos horas, de ahí a madre selva media hora y de madre selva a CU como una hora y media. Las cargo con los brazos, durante la micro y en el metro las bajo para que no estorben tanto y a veces las pongo sobre mi cabeza para descansar los brazos”.

“El plan actual de la FAD es muy “moderno”, Muy a las nuevas "exigencias". Forma artistas posmodernos. Siguen esa línea de arte degenerado y burgués O mejor dicho el oficial Y el que está de moda”, afirma Ruby. Un joven de pelo chino y largo, de playera negra con estampado de la banda británica Pink Floyd, unos pantalones de mezclilla muy ajustados y unos tenis sucios, se le acercó para preguntarle: ¿Y traes peyote?, molesta le respondió: “¿Traes cuatro mil pesos?”, dejando en claro una sarcástica negativa a la pregunta del chico, enojada por la frecuencia con la que le sucede esa petición del peyote, una planta (de origen) que encima es ilegal.


“Lo que hace falta es disciplina por parte de los alumnos. Un verdadero compromiso: Hay muchos que entran sin saber nada, Otros que ya vienen con sus ideas y se cierran al nuevo conocimiento”. Platica mientras se acerca a otros jóvenes, uno de ellos de pelo teñido de verde, lentes gruesos y chaqueta de lo que aparenta ser piel, solicita orientación: ¿Cuánto crece un cactus?, porque tengo uno, lleva mucho tiempo y no crece mucho, Ruby responde que es por la maceta, depende el tamaño de esta, para que se pueda desarrollar y crecer la planta.

“No todos los maestros son pésimos, me han tocado excelentes maestros. Pero existen otros que no enseñan debidamente, porque entonces el alumno superaría al maestro. Y lo he escuchado de voz viva de ellos: Es que si les enseño bien, después me van a quitar la chamba".

¿Por qué si tanta decepción tiene a la FAD, aun sigue en la escuela? “Como sea me va a abrir puertas el tener ese título y pertenecer a la universidad. Las clases, quizás no todas sean buenas, pero buscando le puedo exprimir bastante”, continúa relatando Ruby, y termina contando el porqué debe vender cactus y no sustentar sus estudios por medio de becas: “soy alumna irregular porque me salí de la escuela un semestre. El sistema no me dejó darme de baja temporal y me afectó en el historial.”.


Por fin termina el día para la joven vendedora. Toca caminar con su huacal hacia Copilco y emprender el viaje de regreso a casa, hacer tarea y así lograr dormir unas tres horas antes de que su despertador suene a las 4.30 de la madrugada para partir hacia la FAD y volver a la rutina.
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