lunes, 18 de abril de 2016

¿QUÉ VAMOS A SALIR CAMPEONES ESTE AÑO?

Por Armando Montes Ramírez
México (Aunam). El Estadio Azul. Sus paredes han sido testigo de la magia, pasión y entrega que han dejado jugadores del calibre de Carlos Hermosillo, Óscar ‘El Conejo’ Pérez, Miguel Marín, Javier ‘Kaliman’ Guzmán, Francisco Palencia… y también de una ‘barra brava’ que cada año tiene la ilusión de por fin terminar con la sequía de 18 años sin un campeonato de liga.


La Sangre Azul, la hinchada que nunca abandona, ni en las buenas ni en las malas; a pesar de estar vetada del estadio se da cita una hora antes de que empiece el partido contra Pachuca. “Que vamo’ a salir campeones este año, ustedes poniendo huevos y yo alentando…”, se escucha a lo lejos; es la señal de que la barra ha llegado por la calle de Maximino Ávila Camacho. Los bombos, las trompetas y las banderas empiezan aparecer, el carnaval ha comenzado.

El azul y blanco predomina en las playeras, gorros, tambores, pulseras y hasta en los tatuajes de los integrantes que prometen amor eterno. Con cánticos al ritmo de cumbia esperan la llegada de la hora anhelada, los trompetistas bailan al son de los bombos, los encargados de los tambores de izquierda a derecha se mueven y, las personas de las banderas y demás integrantes saltan, cantan, aplauden, sin muestras de cansancio alguno.

El retorno del “chingón”.

Hoy se jugaba un partido especial para toda la afición celeste y el arquero del Pachuca; Oscar Pérez regresaba a la cancha en la que se forjó como uno de los mejores cancerberos del fútbol mexicano, como ídolo de una afición que lo vio alzar la copa en aquella final de diciembre de 1997 contra la escuadra esmeralda de León.

La llegada del camión del equipo ‘tuzo’ fue primero, la afición se amontona tras la reja metálica que los separa, sólo había un jugador que querían ver: ‘El Conejo’ Pérez. “Chingón, chingón, chingón hay uno solo, se llama Óscar Pérez, él es el más chingón”, canta La Sangre, en honor a la leyenda que regresaba al Azul con escudo diferente.

El periodismo deportivo y la liga creyeron que su campaña contra el “eeeeeeeh puto” había funcionado en el azul, sin embargo la afición no gritó en señal de respeto a la leyenda celeste. Al final del partido fueron recompensados con los aplausos y reconocimiento por parte del portero de Pachuca.

“Que no caiga el canto banda”

El reloj ya sentenciaba las cuatro de la tarde con 45 minutos, el partido estaba a punto de comenzar. Las banderas, trompetas, tambores eran guardados. La incógnita entre la banda era ¿quién tiene boleto para entrar? Desde el veto los boletos para la barra son al doble, en esta jornada con un Sor Juana podías entrar sin problemas.

En la famosa ‘puerta 8’ del estadio está el pasillo que da directo a la zona de la porra local: el tablón que ha protagonizado los mejores mosaicos de la liga mexicana, poniendo a La Sangre Azul como una de las barras referentes en el país, hoy sólo aceptaba a no más de 300 personas.

La venta a la zona estaba prohibida, la única forma de conseguirlo era por medio de los capos de la barra, pero eso no importa con cualquier boleto que se compre en platea entras; “Con tal de que vengas con la porra, no hay falla”, dice uno de los encargados de seguridad del estadio.

Los tres filtros de seguridad parecen eficaces, los policías bolsean todo lo que se pueda y hasta lo que no. Obligan a las personas a quitarse los cinturones, revisan la gorra y todos los bolsillos posibles con el fin de no entrar con algún arma o droga al estadio; sin embargo los ‘toques’ de marihuana en la sección de la barra están a la orden del día.

El árbitro pita el inicio del partido, rueda el balón pese a que sólo son alrededor de 300 personas el canto se escucha en el estadio: “Vamos Cruz Azul queremos la copa, la hinchada está loca y yo quiero verte campeón, yo te voy alentar como todo los años…”. Como pasa el rumbo del partido cambian de cántico: “Yo soy celeste”, “Cruz Azul es un sentimiento”, “No importa que diga el periodismo, la policía” Todos los cantos desgastan la garganta de cada uno de los integrantes.

“Pongan huevos banda, canten chingada madre” es el grito que sale cada diez minutos cuando cae el cántico por la falta de gol por parte del Cruz Azul; es raro de ver en una hinchada que está acostumbrada a los constante fracasos de su equipo.

“Pongan huevos, celestes pongan huevos”

Después de un gol bien anulado a Joffre Guerrón y la expulsión de Aldo Leao lo único que le queda al equipo es responder a las exigencias de la afición y sacar mínimo el empate.

“Últimos 15 minutos, jalen todo lo que tienen adentro” se escucha en el extremo derecho de la barra. La máquina cementera empieza a echar toda la carne al asador, los jugadores comienza a llenarse de pasión y entrega, quieren llevarse los tres puntos que serán de mucha ayuda para la tabla general.

Hinchada y equipo comienzan a ser uno mismo, los celestes al son de: “Pongan huevos, celestes pongan huevos…”, aparecen con toques constantes, torean al rival, cobres de tiros de esquina, desbordes por las bandas, intentos de paredes y constantes regates fallados no hicieron daño al rival.

Con un par de donas en el marcador final, el abucheo del estadio fue tremendo para el equipo, que pone en duda si lucharán por el campeonato y destrozarán la premisa de cada torneo: “Este año es el bueno”, frase que al parecer, para la afición celeste, ya no tiene una gota de esperanza.








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